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Todo Menos Amigos

Todo Menos Amigos

Status: Terminada
Genre:Yaoi / Escuela / Amor-odio / Completas
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: CrisCastillo

Noah Sullivan lleva años preparándose para obtener la beca internacional más prestigiosa de la universidad. Cada examen, cada trabajo y cada sacrificio han tenido un único objetivo: ganar.

Todo parece ir según lo planeado hasta que aparece Leo Moreau.

Popular, talentoso y desesperadamente encantador, Leo se convierte en el único rival capaz de disputarle la beca. Desde el primer encuentro, la tensión entre ambos es inmediata. Cada clase se transforma en una competencia y cada conversación en un desafío.

Cuando el director del programa anuncia que los dos candidatos finales deberán colaborar en un proyecto conjunto para demostrar sus capacidades de liderazgo, Noah siente que es una condena.

Sin embargo, cuanto más tiempo pasan juntos, más difícil resulta ignorar lo que hay detrás de las máscaras que ambos han construido.

NovelToon tiene autorización de CrisCastillo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

13

El festival alcanzó su clímax con la actuación final de "Los Desubicados". El sol se había puesto por completo, y las luces de colores que Javier había diseñado bañaban el patio central en una atmósfera mágica. Noah, de pie junto al lateral del escenario, observaba a Leo en medio de la multitud, animando, riendo, completamente en su elemento. El éxito del evento era palpable, un zumbido eléctrico en el aire.

—Ha sido increíble —dijo Sarah, acercándose a Noah con una tablet—. Las donaciones en línea siguen llegando. Javier ya se ha quedado sin camisetas. Y la subasta... bueno, tú y Leo fueron las estrellas indiscutibles.

—Fue un esfuerzo de equipo —dijo Noah, y se sorprendió al darse cuenta de que lo decía en serio, no como una frase hecha—. Todos contribuyeron.

—Sí —dijo Sarah, con una sonrisa comprensiva—. Pero ustedes dos fueron los catalizadores. La chispa.

Mientras hablaban, el Dr. Henderson se acercó a ellos, su expresión era una mezcla de orgullo y sorpresa.

—Sullivan, Moreau —dijo, asintiendo a ambos—. Esto ha superado todas mis expectativas. Y las del comité. Han demostrado una capacidad de liderazgo y colaboración que es... excepcional.

—Gracias, Dr. Henderson —dijo Noah, sintiendo una calma satisfacción—. Solo hicimos lo que teníamos que hacer.

—No, hicieron más que eso —dijo el Dr. Henderson—. Vieron un problema y no solo lo resolvieron. Lo transformaron. Eso es algo que no se puede enseñar. Es algo innato. Y es exactamente lo que la beca Richardson busca.

La mención de la beca fue como un balde de agua fría para Noah. Todo este éxito, toda esta conexión, todavía se reducía a eso. A una competencia. A un ganador y un perdedor.

Leo se acercó en ese momento, su cara sonriente pero sus ojos buscando los de Noah. —¿Vieron esa energía? ¡Eso es de lo que hablaba! ¡Eso es comunidad!

—Es un éxito notable, Leo —dijo el Dr. Henderson—. Tanto tú como Noah deberían estar extremadamente orgullosos. Su proyecto conjunto será, sin duda, el factor decisivo en la decisión final de la beca.

Las palabras del Dr. Henderson colgaron en el aire, pesadas e incómodas. El festival, que se había sentido tan puramente suyo, de repente se sentía como el escenario final de su competencia.

Leo sonrió, pero Noah vio el ligero temblor en ella. —Gracias, doctor. Estamos orgullosos. Sobre todo del equipo.

—Por supuesto —dijo el Dr. Henderson—. Pero el liderazgo es clave. Y ustedes dos lo han demostrado. Tendrán una decisión para el lunes por la mañana. Disfruten del resto de la noche. Se lo han ganado.

Cuando el Dr. Henderson se fue, el silencio entre Noah y Leo se cargó de una nueva tensión. La misma que habían sentido en el laboratorio y en la pista de hielo, pero ahora era diferente. Ahora estaba mezclada con el afecto, el respeto y el conocimiento de lo que estaban a punto de perder.

—Bueno —dijo Leo, finalmente, su voz más forzada de lo habitual—. Parece que volvimos al principio. Tú y yo. Una competencia. Un ganador.

Noah asintió, incapaz de hablar. La idea de que todo esto, esta conexión, esta... amistad, se redujera a un paso más en su escalera hacia el éxito, era físicamente dolorosa.

—Noah —dijo Leo, su voz suave, acercándose—. Mírame.

Noah levantó la vista, y lo que vio en los ojos de Leo lo desarmó por completo. No había competencia. No había desafío. Había... tristeza. Y algo más. Algo que se parecía peligrosamente a lo que Noah mismo estaba sintiendo.

—Esto —dijo Leo, señalando a su alrededor, al festival, a ellos dos—. Esto ha sido más importante que cualquier beca. ¿Lo sabes, verdad?

Noah solo pudo asentir, la garganta apretada.

—No importa quién gane, Noah —dijo Leo, su voz apenas un susurro—. Lo que construimos aquí... eso no se lo puede llevar un comité. Eso es nuestro.

Y entonces, Leo hizo algo que Noah nunca esperó. En medio de la multitud que celebraba, bajo las luces del festival, tomó la mano de Noah. No fue un gesto romántico, no abiertamente. Fue un gesto de... conexión. De solidaridad. Un reconocimiento silencioso de que estaban juntos en esto, hasta el final, cualquiera que fuera.

Noah sintió una oleada de calor, una contradicción gloriosa a la frialdad de la realidad que enfrentaban. Apretó la mano de Leo, una respuesta silenciosa a su declaración no dicha. Por un momento, bloquearon el ruido, la multitud, la competición. Solo existían ellos dos, y la verdad de lo que habían encontrado.

—La última canción —dijo Maya por el micrófono, su voz rompiendo el momento—. La dedicamos a los dos locos que hicieron todo esto posible. A Noah y a Leo. Por demostrarnos que los rivales pueden ser los mejores compañeros.

La multitud aplaudió, y algunos gritaron sus nombres. Noah y Leo se quedaron allí, de la mano, mientras la primera nota de la última canción llenaba el aire. Era una balada melancólica pero esperanzadora, y mientras la escuchaban, Noah supo que esta noche, este festival, esta conexión, era algo que nunca olvidaría. Ganara o perdiera, había ganado algo mucho más valioso que la beca Richardson.

Había ganado a Leo Moreau. No como un rival vencido, sino como una parte indispensable de su propio corazón.

1
Fany Torres
bellísima historia me encantó felicito a la autora siga asi
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