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Bajo El Engaño Del Amor

Bajo El Engaño Del Amor

Status: En proceso
Genre:Embarazo no planeado / Malentendidos / CEO / Romance
Popularitas:9.7k
Nilai: 5
nombre de autor: MisterG028

Aurora, una joven de campo marcada por el miedo, huye hacia Londres junto a su pequeño hermano Charles, escapando de un pasado oscuro y de un padrastro que amenaza con destruirlo todo. En medio de una ciudad desconocida y desafiante, su dulzura e inocencia se convierten en su única fortaleza.

Su vida cambia cuando conoce a Christian Potter, un hombre que ella cree un simple chofer, sin imaginar que en realidad es un poderoso y frío CEO multimillonario. Acostumbrado al éxito, pero atrapado en una vida de soledad y amargura, Christian encuentra en Aurora una luz inesperada.

NovelToon tiene autorización de MisterG028 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

Aurora salió de la cafetería con los pies doloridos pero con una sonrisa cansada. Maggie le había pagado al final del día: ocho libras por el turno completo, más tres libras en propinas. Once libras en total. Era poco, pero para ella significaba el mundo.

Pasó por el pequeño supermercado del barrio y compró solo lo básico: medio kilo de arroz, un poco de papas, dos huevos, una botella pequeña de leche, pan y una manzana para Charles. Gastó seis libras y media. Guardó las cuatro libras y media restantes con mucho cuidado en el fondo de su bolsillo.

Cuando abrió la puerta del apartamento 503, Charles corrió hacia ella.

—¡Aurora! ¡Ya volviste!

Ella dejó la bolsa sobre la mesa vieja y lo abrazó fuerte, levantándolo un poco del suelo.

—Mi amor… mira lo que traje.

Sacó el pan fresco y los dos pasteles que Maggie le había permitido llevar de la vitrina. Charles abrió los ojos como platos.

—¡Pasteles! ¿De verdad son para nosotros?

—Claro que sí. Come, pero despacio. Hoy cenaremos bien.

Se sentaron juntos en el suelo, sobre el colchón viejo y delgado que había en la habitación principal. No tenían cama, solo ese colchón manchado y una manta fina, pero Charles se acurrucó contra ella con una sonrisa feliz.

—Esto es como en casa… pero mejor —dijo el niño mientras mordía el pastel—. Porque aquí nadie nos grita y tú sonríes más.

Aurora le besó la cabeza.

—Vamos a estar bien, Charlie. Poco a poco vamos a mejorar. Te lo prometo.

Esa noche durmieron abrazados en el colchón pequeño, con el estómago lleno por primera vez en muchos días. Eran pobres, cansados y sin casi nada, pero por primera vez en semanas sentían un poco de paz.

Una semana después, Aurora pudo juntar el dinero suficiente. Bajó al apartamento de Gregory y le pagó las dos mensualidades que debía.

—Aquí tiene, señor Gregory. Tres libras por este mes y tres por el anterior. Gracias por darnos la oportunidad.

Gregory contó el dinero y gruñó satisfecho.

—Bien. No te retrases el próximo mes o te echo. Pero… estás cumpliendo, muchacha. Sigue así.

Aurora subió las escaleras casi saltando. Por fin tenían un techo seguro por un mes más.

Mientras tanto, en el otro extremo de la ciudad, la situación en las Torres Potter se estaba volviendo crítica.

Christian entró al edificio viejo sin llamar. La puerta del 302 estaba entreabierta. Dentro encontró un verdadero cuchitril: botellas vacías, pilas de periódicos y cartones recogidos de la calle, ropa sucia tirada por todas partes. Dylan (Peluche) estaba sentado en una silla rota, separando aluminio y plástico para reciclar.

—Dylan —dijo Christian cerrando la puerta tras de sí.

Peluche ni siquiera levantó la vista.

—¿Otra vez tú? Creí que habíamos quedado en que no volverías.

Christian se acercó, ignorando el desorden.

—Esta vez es peor. No es una fuga pequeña. Se llevaron un porcentaje grande de una inversión importante. Casi doscientos mil libras en una sola operación. Si no lo detenemos pronto, va a salir a la luz y la empresa puede tambalearse. ¿Tienes algo? Cualquier cosa.

Dylan siguió separando el material sin mirarlo.

—Liam no es —dijo con voz ronca y seca—. He revisado sus movimientos. Es torpe, pero no tan estúpido. El que lo está haciendo es más inteligente y tiene acceso a niveles más altos. Robert sigue siendo el principal sospechoso, pero todavía no tengo pruebas concretas.

Christian se pasó una mano por el cabello, frustrado.

—¿Eso es todo? ¿Después de una semana solo me dices que Liam no es?

—Es lo que hay por ahora —respondió Dylan sin emoción—. Si quieres resultados rápidos, contrata a una firma cara. Yo trabajo lento y desde aquí.

Christian suspiró y miró alrededor.

—¿Necesitas algo? Este lugar es…

—No necesito nada —lo cortó Dylan—. Vete. Ya te dije lo que sé.

Christian salió del apartamento cuando ya estaba oscureciendo. Apenas había caminado dos calles cuando el cielo se abrió y empezó a llover con fuerza. Corrió hasta su coche negro, pero al intentar arrancar escuchó un ruido seco: la llanta delantera derecha se había pinchado.

—¡Maldición! —gruñó, golpeando el volante.

Sacó el teléfono y llamó furioso a su chofer.

—Andrew, ven ahora mismo. La llanta derecha se pinchó y estoy en medio de este maldito barrio.

—Lo siento, señor Potter —respondió el chofer—. Estoy al otro lado de la ciudad resolviendo un asunto para su madre. Puedo estar allí en unas dos horas, con este tráfico y la lluvia.

—¿Dos horas? —Christian apretó los dientes—. Está bien. Date prisa.

Colgó y miró a su alrededor. La lluvia caía cada vez más fuerte. Si se quedaba dentro del coche, era probable que lo robaran o lo rompieran. Entonces vio, a media cuadra, las luces aún encendidas de una pequeña cafetería: “El Rincón de Maggie”.

— Mejor eso que quedarme aquí —murmuró.

Bajó del coche, se subió el cuello del abrigo y caminó bajo la lluvia torrencial hasta la cafetería. Empujó la puerta, haciendo sonar la campanita.

Dentro, el lugar estaba casi vacío. Solo quedaban dos clientes terminando su café y, detrás del mostrador, Aurora limpiando las mesas con un trapo.

Maggie levantó la vista desde la caja.

—Estamos por cerrar, señor, pero aún puede sentarse si quiere algo rápido.

Christian se sacudió el agua del abrigo y se sentó en una mesa cerca de la ventana, sin decir una palabra.

Aurora, con su delantal gris y el cabello un poco despeinado por el día de trabajo, se acercó con la libreta en la mano.

—Buenas noches —dijo con voz suave y educada—. ¿Qué desea tomar, señor?

Christian levantó la mirada… y por primera vez en mucho tiempo, algo en su expresión fría se quebró ligeramente al ver aquellos ojos verdes grandes e inocentes.

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Maritza Marquez
bueno el amigo no lo ayuda con el robo?
Luz Maria Camino Almaraz
/Heart//Rose/
Maria Diosdado Velázquez
Muy bien narrada, muy emocionante y muy bonita 😉
Maria Diosdado Velázquez
Gracias, una muy interesante novela☺️
Liseth paola Mosquera mejia
excelente trabajo hasta el momento me ha encantado
Cristina Ovejero
es una historia muy buena, me gusta
Maria del Rocio Ovando Gomez
apenas comencé, aquí voy ❤️
MisterG028: Gracias por tu apoyo, espero que sea de tu agrado
total 1 replies
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