VOLÚMEN 2 LEER PRIMERO EL VOLUMEN 1
NovelToon tiene autorización de Ruczca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
VOLUMEN 2 — CAPÍTULO 15
Umiel me siguió poco después.
Entonces recordé algo importante.
Me volví hacia él.
—Umiel.
—¿Sí?
—¿Podrías dormir conmigo en tu forma de zorro?
El silencio fue absoluto.
Las colas detrás de él dejaron de moverse.
—¿Otra vez?
—Sí.
—¿Por qué?
Lo miré como si la respuesta fuera obvia.
—Porque me gusta tu forma de zorro, es muy adorable y... muy reconfortante.
Umiel cerró los ojos.
Respiró profundamente.
Luego volvió a abrirlos.
—Mi forma humana también es adorable.
—No.
Aquello pareció herirlo profundamente.
—...
—Pero el zorro sí.
Umiel permaneció inmóvil durante varios segundos.
Finalmente una luz rosada envolvió su cuerpo.
Segundos después, el pequeño zorro de siete colas apareció frente a mí.
—Gracias.
El pequeño zorro soltó un bufido.
Claramente no parecía feliz.
Me acosté sobre la cama mientras él daba un salto elegante y se acomodaba junto a mí.
Como siempre.
Me resultaba extrañamente reconfortante.
Con cuidado lo acerqué un poco más.
El pequeño zorro fingió indiferencia.
Pero tampoco intentó alejarse.
La habitación quedó en silencio.
Las luces fueron apagándose poco a poco.
Antes de cerrar los ojos, incliné ligeramente la cabeza y deposité un suave beso sobre la frente del pequeño zorro.
......................
El cuerpo de Umiel se tensó de inmediato.
Sus orejas se movieron.
Una de sus colas se erizó ligeramente.
Sin embargo, fingió que no había ocurrido nada.
Como si aquel gesto no hubiera provocado ninguna reacción.
Nerissa no se dió cuenta.
Simplemente acomodó la manta sobre ambos.
—Buenas noches, Umiel.
El pequeño zorro tardó unos segundos en responder.
—...Buenas noches.
Poco después, el cansancio terminó venciendo a ambos.
Y mientras Nerissa dormía tranquilamente abrazando al pequeño zorro, Umiel permaneció despierto algunos minutos más observando el techo.
Por alguna razón que no lograba comprender, seguía sintiendo el lugar donde ella le había dado aquel beso.
Finalmente cerró los ojos.
Y esa noche, ambos se quedaron dormidos en la misma cama, envueltos por la tranquilidad de la habitación.
.
.
.
Con el paso de las semanas, Nerissa terminó convirtiéndose en una presencia habitual dentro del burdel.
Al principio los cortesanos todavía la trataban como una invitada temporal.
Después comenzaron a saludarla cada mañana.
Y finalmente llegó el punto en que todos asumían que ella simplemente formaba parte del lugar.
Nerissa tampoco se dio cuenta exactamente cuándo ocurrió.
Simplemente empezó a sentirse cómoda allí.
Los días transcurrían entre entrenamientos, ayudar en algunas tareas sencillas y largas conversaciones con los cortesanos cuando el trabajo disminuía.
A veces escuchaba historias sobre clientas extrañas.
Otras veces escuchaba anécdotas de cuando los cortesanos eran más jóvenes.
La mayoría de ellas eran ridículas.
Y sorprendentemente divertidas.
Aquello le ayudaba a olvidar.
Aunque fuera solo por unas horas.
Porque cuando estaba sola los recuerdos siempre regresaban.
Azariel.
El Reino Marino.
La noche que cambió todo.
Y aquella sensación constante de no saber quién era realmente.
Por eso agradecía el ruido cotidiano del burdel.
Le impedía pensar demasiado.
Sin darse cuenta, los cortesanos comenzaron a acudir a ella para pedirle opinión sobre cosas absurdas.
—Señorita Nerissa, ¿cree que este color me favorece?
—No.
—¿Por qué?
—Porque pareces una cortina.
Aunque Nerissa no lo dijo con intención de lastimar el orgullo del cortesano su respuesta había provocado que media sala estallara en carcajadas.
El pobre cortesano tardó varios días en superar el golpe a su orgullo.
......................
Lo que Nerissa no sabía era que Umiel empezó a notar su ausencia cuando ella no estaba.
La primera vez ocurrió por accidente.
Había bajado al salón principal para revisar unas cuentas.
Normalmente ignoraba todo lo que ocurría a su alrededor.
Pero aquel día algo se sentía extraño.
Molesto.
Incompleto.
Pasó varios minutos intentando descubrir qué era hasta que finalmente preguntó:
—¿Dónde está Nerissa?
El cortesano conejo lo observó unos segundos.
—Fue al pueblo.
—¿A qué?
—A comprar ingredientes.
Umiel guardó silencio.
Luego continuó caminando como si nada.
Sin embargo, una hora después volvió a preguntar.
Y otra vez dos horas más tarde.
Cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo, se enfadó consigo mismo.
No tenía ninguna razón para estar pendiente de ella.
Absolutamente ninguna.
......................
Mientras tanto, Nerissa empezó a descubrir aspectos de Umiel que él jamás mostraba delante de los demás.
La mayoría lo veía como alguien arrogante, seductor y excesivamente seguro de sí mismo.
Pero ella comenzó a notar pequeños detalles.
Como la forma en que ayudaba económicamente a algunos cortesanos sin que ellos lo supieran.
O cómo se aseguraba de que ningún empleado enfermo trabajara más de la cuenta.
O la facilidad con la que resolvía problemas cuando surgían.
Jamás buscaba reconocimiento.
De hecho parecía molestarle recibirlo.
Una noche, después de verlo resolver discretamente un problema entre dos cortesanos, Nerissa lo observó durante varios segundos.
—Eres más amable de lo que aparentas.
Umiel casi se atragantó con la bebida que estaba tomando.
—¿Perdón?
—Nada.
—No. Repite eso.
—Dije que eres amable.
—Debes estar confundida.
—No lo estoy.
—Definitivamente lo estás.
Nerissa soltó una pequeña risa.
Y por alguna razón aquella risa permaneció en la mente de Umiel durante el resto de la noche.
......................
Poco a poco la rutina comenzó a cambiar.
Si Nerissa desaparecía durante demasiado tiempo, Umiel terminaba buscándola.
Si Umiel se encerraba demasiado tiempo en su despacho, Nerissa terminaba apareciendo para molestarlo.
Y aunque ninguno de los dos lo admitía, los momentos de silencio compartido se volvieron cada vez más frecuentes.
Algunas tardes simplemente se sentaban junto a una ventana observando la nieve caer sobre las montañas de la Zona 2.
Sin hablar.
Sin necesidad de hacerlo.
La mayoría de las personas encontraban incómodos esos silencios.
Ellos no.
Y quizás fue precisamente allí donde empezó a cambiar algo.
No en los momentos dramáticos.
Ni en los intentos de seducción.
Ni en las bromas.
Sino en aquellas pequeñas costumbres que fueron construyéndose día tras día.
Porque cuando dos personas comienzan a formar parte de la rutina del otro, a veces el corazón se da cuenta de algo mucho antes que la mente.
.
.
.
— ACTUALMENTE —
La noche había caído sobre la Zona 2 y, como ocurría cada día, el burdel estaba lleno de vida.
La música resonaba suavemente por los amplios salones mientras varios instrumentos acompañaban las risas de las clientas. Algunas observaban los espectáculos preparados por los cortesanos, otras disfrutaban de conversaciones privadas, vino costoso y compañía agradable.
Las lámparas de cristal iluminaban el lugar con una luz cálida que hacía olvidar por completo el frío mortal que existía más allá de aquellas paredes.
Aquella noche, sin embargo, el ambiente era especialmente animado.
Había llegado una clienta VIP.