Tras una dolorosa traición amarosa, Jane Macdogal ha cerrado las puertas de su corazon y se ha refugiado por completo en su trabajo como directora de una prestigiosa revista de moda en Nueva York. Sin embargo, su mundo se tambalea cuando el dueño de la empresa le anuncia un auditoria de emergencia para vender la compañia. El encargado de revisarlo todo es Adam Preston, un misterioso y actractivo experto en financias que revoluciona la vida de Jane desde su desastroso primer encuentro en el aeropuerto. Obligados a convivir dia y noche, y tras un accidentado viaje a la semana de la moda de París, la innegable atracción fisica da paso a un secreto mucho mas peligroso. Lo que comenzaba como una simple revision de numeros se convertira en una carrera a contrareloj para salvar la empresa. En un juego donde las apariencias engañan y los enemigos acechan en las sombras, Jane y Adam deberan aprender a confiar el uno en el otro si quieren salvar la empresa y sus propias vidas.
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CAPITULO 19. DESEOS BAJO LA TORMENTA
Llegamos al hotel con el corazón en un puño y la memoria USB de Salazar bien oculta en la americana de Adam. Subimos al ascensor en absoluto silencio, devorados por la tensión de lo que acabábamos de descubrir sobre el señor Stone. Sin embargo, toda esa rigidez se transformó en puro pánico cuando atravesamos el umbral de nuestra habitación. Los cajones del escritorio estaban abiertos, la ropa de nuestras maletas yacía revuelta sobre la alfombra y los documentos que habíamos dejado sobre la mesa de noche habían desaparecido. Alguien había registrado la suite mientras estábamos en El Retiro.
—Saben que estamos aquí, Jane —susurró Adam, cerrando la puerta con pestillo y rodeándome la cintura con un brazo al notar el violento temblor que me sacudía el cuerpo—. No te muevas. Llama a Álvaro desde tu móvil para que prepare el coche, tenemos que salir de este hotel ahora mismo.
El miedo me impedía reaccionar; las piernas me fallaron y me apoyé contra su pecho, buscando desesperadamente el aire que parecía faltarme. Ver mi intimidad violada de aquel modo, a miles de kilómetros de mi hogar, derribó mis últimas defensas racionales. Pero cuando levanté la mirada para encontrar sus ojos azules, no vi derrota en ellos, sino una determinación feroz y una urgencia que no tenía nada que ver con la auditoría de la empresa.
—No voy a dejar que te pase nada —prometió con voz ronca, acortando la mínima distancia que nos separaba—. Te lo juro por mi vida.
La adrenalina del peligro se mezcló de golpe con la intensa atracción que llevábamos semanas conteniendo. Ya no importaban los secretos de Stone, ni las mentiras de Víctor, ni el fantasma de mi exnovio Chris. En medio de aquella habitación desordenada, la necesidad de sentirnos vivos y protegidos borró cualquier pizca de prudencia. Adam me tomó el rostro entre las manos y me besó con una pasión salvaje que me hizo olvidar el mundo exterior.
Le respondí con la misma urgencia, enredando mis dedos en su pelo mientras nos dirigíamos a tientas hacia la cama gigante que tantas noches habíamos compartido en la distancia. Sus manos recorrieron mis curvas con una ternura devoradora, despojándome de los miedos y de la ropa con la misma facilidad. Cada caricia, cada beso que Adam me entrega me hacia sentir mas y mas cerca de él, sus manos borraron cada una de las caricias que alguna vez Chris me dio y yo todavia guardaba con recelo en mi interior. Cuando por fin lleno mi interior con una certera estocada el placer me nublo la mente y solo supe pedirle que no parara que me envistiera una y otra vez, llegamos casi juntos al extasis y suave lagríma se deslizo por mi cara como muestra del momento tan intimo y especial que habia sdo para mi.
Esa tarde, mientras una tormenta repentina comenzaba a golpear los cristales de la ventana de Madrid, nos entregamos el uno al otro en una unión intensa y desesperada, transformando el temor a las sombras en una promesa de amor absoluta.