En un mundo donde hombres lobo, vampiros y humanos conviven bajo una alianza sagrada, Lyra creció sin saber quién era realmente. Criada entre humanos, ella es mucho más especial de lo que imagina: es una híbrida, la mezcla perfecta entre la fuerza del lobo y la magia del vampiro, dotada de poderes únicos: puede leer la mente, ver el futuro y controlar las emociones, tal como lo anunció una antigua profecía.
Todo cambia el día que conoce al Alfa Cael, el líder más poderoso de todos los lobos. Desde el primer instante, el destino los une: ella es su pareja predestinada, su otra mitad, el amor que esperó toda su vida. Pero no todo es paz. Existen clanes oscuros de vampiros y lobos malvados que odian la alianza y quieren apoderarse del inmenso poder de Lyra para dominar todo el mundo.
Ahora, juntos deberán enfrentar traiciones, peligros y guerras, mientras viven un amor épico, intenso e irrompible que nada podrá romper. ¿Podrán proteger su amor y su destino, o la oscuridad logrará separa
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La revelación de Elara
Vlad y sus hombres, guiados por Elara, avanzaban despacio pero sin detenerse por ese mar de niebla espesa y blanca que lo tapaba todo. No se veía nada más allá de unos pocos metros, ni árboles, ni piedras, ni el cielo, ni el sol… solo esa niebla blanca que parecía envolverlos, protegerlos, y al mismo tiempo esconder mil secretos. Pero nadie tenía miedo, porque la anciana caminaba al frente, segura, firme, como si estuviera caminando por un camino de su propia casa. Cada paso que daba ella, era un paso seguro para todos. El aire estaba frío, húmedo, pero no molestaba, al contrario: se sentía limpio, puro, como si estuvieran respirando algo que nadie más podía respirar en otros lugares.
El silencio era inmenso, solo se escuchaba el ruido suave de los cascos de los caballos sobre la tierra blanda y la respiración tranquila de los hombres. Todos iban atentos, con las armas listas, pero confiados en la anciana que los guiaba. De pronto, Elara levantó la mano despacio, y todos se detuvieron en seco, sin hacer ni un ruido. Se dio vuelta para mirarlos, con esos ojos brillantes y profundos que parecían ver mucho más allá de lo que los demás podían ver, y empezó a hablar con esa voz suave y profunda que entraba directo al corazón, que se sentía como si siempre la hubieran conocido.
—Escúchenme bien, guerreros, porque lo que les voy a contar ahora es algo que muy pocas personas en toda la historia han sabido, algo que ha estado escondido y guardado con mucho cuidado durante siglos y siglos, y que es la clave de todo lo que está pasando ahora, de todo el peligro que corre el reino, de todo lo que ustedes han venido a hacer acá —empezó ella, mirando a cada uno de los hombres a los ojos, para que entendieran la importancia de sus palabras—. Esta niebla que nos rodea, este manto blanco y espeso que parece solo nube y aire y humo… **no es nada de eso. Es magia antigua, magia pura, creada hace muchísimos años por los primeros guardianes de estas tierras, mucho antes de que existieran los pueblos, mucho antes de que nadie viviera por acá, para proteger este lugar de todo lo que es malo, oscuro, peligroso y dañino.**
Vlad la escuchaba con mucha atención, con la mente muy despierta, sin perderse ni una sola sílaba, entendiendo que lo que le decía era algo que cambiaría todo lo que él creía saber. Se acercó un poco más, bajó la voz y le preguntó con mucho respeto:
—¿Querés decirme, Elara, que esta niebla tiene vida propia? ¿Que nos está protegiendo ella sola, por sí misma, de algo que nosotros no podemos ver ni sentir? ¿Que sabe quiénes somos y qué traemos en el corazón?
—Exacto, hijo mío, justo eso —le respondió ella con una sonrisa triste pero llena de sabiduría, como una madre que le explica algo a su hijo—. Esta niebla es inteligente, tiene alma, tiene luz. Sabe perfectamente quién viene con buenas intenciones, quién viene con amor, con verdad, con ganas de proteger y ayudar… y sabe también quién viene con el corazón lleno de odio, de ambición, de maldad, de ganas de destruir y robar. A los buenos, a los que tienen luz, los deja pasar, los guía, los cuida de todo mal, los hace caminar seguros… pero a los malos, a los que vienen a hacer daño… **esta niebla los confunde, los pierde, los hace caminar en círculos por siempre sin encontrar la salida, o los lleva directo a la muerte sin que puedan hacer nada para evitarlo.** Por eso Dargan nunca pudo entrar acá, por eso él sabía que no podía pasar por este lado, y por eso puso todas esas trampas terribles en el otro camino, sabiendo que nadie se atrevería a pasar por la niebla. Él sabe muy bien que esta magia antigua es mucho más fuerte que toda su magia oscura, y eso le da rabia, mucha rabia, porque no puede dominarla ni controlarla.
Hizo una pausa corta, miró hacia adelante, hacia la nada blanca que tenían delante, y siguió hablando con más fuerza, con más seriedad, con una voz que pesaba mucho:
—Y ahora les voy a contar la verdad completa, la historia entera, lo que nadie se animó a contarles nunca, lo que se calló por miedo durante tantos años. Dargan no es solo un hombre malo y ambicioso, no es solo un enemigo cualquiera… **Dargan fue hace muchísimos años uno de nosotros, uno de los guardianes, igual que yo, igual que los que vinieron antes que nosotros.** Él conocía todos los secretos, todos los caminos, toda la magia antigua, todos los poderes que hay en estas tierras… pero se dejó vencer por la ambición, por el deseo de tener más poder que nadie, de ser el dueño absoluto de todo el mundo, de que todos lo obedecieran como si fuera un dios. Quiso apoderarse de la Piedra del Infinito, creyendo que con ella podría cambiar todo a su gusto, que podría hacer lo que quisiera, que nadie podría detenerlo nunca más.
Un murmullo de asombro y de miedo se escapó de entre todos los hombres. No podían creer lo que estaban escuchando: el enemigo más grande, el hombre más malo y peligroso que existía, había sido uno de los suyos, alguien que conocía todo lo bueno y lo sagrado, alguien que había jurado proteger, y lo había tirado todo por la borda por pura maldad y egoísmo.
—Lo echamos, lo expulsamos de nuestras tierras, lo desterramos para siempre, porque traicionó todo lo que éramos, todo lo que creíamos, todo lo que defendíamos —siguió contando Elara, con voz llena de dolor, como si le doliera en el alma recordarlo—. Pero el odio que le quedó adentro, la rabia de haber sido echado, fue más fuerte que todo lo que le habíamos enseñado, más fuerte que cualquier cosa buena que alguna vez tuvo. Se fue a vivir a las montañas más altas, más oscuras, más solas, se fue a buscar todo lo que es malo, todo lo que está escondido, todo lo que nadie quiere, todo lo que todos rechazan… y lo usó para volverse lo que es hoy, para volverse el ser oscuro y terrible que ahora tenemos enfrente. **Y ahora, después de cientos de años escondido, preparándose, llenándose de magia negra y de odio, volvió, más fuerte que nunca, decidido a terminar lo que empezó hace tanto tiempo: apoderarse de todo, destruir todo lo que es bueno y sagrado, y vengarse de todo el mundo por haberlo echado.**
Vlad apretó los puños con tanta fuerza que se le pusieron los nudillos blancos, entendiendo ahora mucho mejor todo lo que estaba pasando, todo lo que tenían enfrente, todo lo que estaba en juego.
—Entonces nuestra misión es todavía más importante y más grande de lo que creíamos —dijo él con voz grave y decidida, con una fuerza que se sentía hasta en el aire—. No solo tenemos que proteger una piedra mágica, ni solo salvar a nuestro reino… tenemos que proteger la memoria de nuestros antepasados, proteger todo lo que es bueno y verdadero, y evitar que ese hombre, que traicionó todo lo que valía la pena, se quede con el poder de dominar y destruir todo el mundo. Te agradezco, Elara, de todo corazón, por habernos contado esto. Ahora sabemos contra quién peleamos, y eso nos hace el doble de fuertes, porque sabemos que peleamos por la verdad.
En ese momento, la niebla de golpe empezó a moverse, a girar rápido, como si de repente hubiera un viento fuerte que antes no estaba, un viento frío, cortante, que traía olor a muerte y a podrido. La luz se puso más oscura, más pesada, y se empezaron a escuchar ruidos extraños, ruidos que no eran de nada que ellos conocieran: siseos, crujidos, sonidos de cosas que se arrastraban despacio por la tierra, y unos ojos rojos, pequeños y brillantes como carbones encendidos, que empezaron a aparecer por todos lados, flotando en la niebla, acercándose poco a poco.
—¡PREPAREN LAS ARMAS AHORA MISMO! —gritó Vlad de golpe, sacando su espada brillante que de inmediato se iluminó con una luz azul y fuerte, que alumbraba todo alrededor como un faro—. ¡NOS ESTÁN ATACANDO! ¡CUIDADO, SON CRIATURAS OSCURAS, SON SUS BESTIAS!
Elara se paró en el medio de todos, levantó su bastón viejo y de la punta salió una luz dorada, hermosa y potente, que iluminó todo el espacio, alejando un poco la niebla y esas cosas que se acercaban cada vez más rápido.
—¡SON CRIATURAS DE DARGAN! —gritó ella por encima del ruido y del viento—. ¡ÉL SABE QUE ESTAMOS ACÁ, SABE QUE PASAMOS POR ESTE CAMINO, Y MANDÓ A SUS BESTIAS PARA DETENERNOS ANTES DE QUE LLEGUEMOS AL TEMPLO! ¡LUCHEN, NO LES TENGAN MIEDO! ¡LA LUZ LAS QUEMA, LA LUZ LAS DESTRUYE, USEN LA LUZ QUE LLEVAN ADENTRO!
De entre la niebla salieron disparadas unas criaturas horribles, espantosas: parecían mezcla de perros, lobos, sombras y pesadillas, con el cuerpo todo negro, piel dura como piedra, dientes largos y afilados como cuchillos, garras que brillaban con veneno, y esos ojos rojos que brillaban como fuego. Eran muy rápidos, saltaban de todos lados, atacaban en grupo, y se oía cómo gruñían con rabia y odio, con ganas de matar y destruir todo lo que tocaban.
Empezó una batalla feroz, dura, en medio de esa niebla blanca, donde solo se veían las espadas brillantes, la luz dorada de Elara, y esos ojos rojos que iban y venían por todos lados. Los hombres de Vlad peleaban con coraje, con fuerza, protegiéndose unos a otros, recordando lo que Elara les había dicho: **la luz es lo único que los puede vencer, la luz que ellos llevaban adentro, la luz de Lyra, la luz de la verdad y el amor**. Y cada vez que golpeaban, cada vez que levantaban sus armas, salía un brillo fuerte que hacía retroceder y deshacerse a esas bestias horribles, que se convertían en polvo negro al tocarlas la luz.
Vlad estaba al frente de todos, peleando como un león, cortando y golpeando a todo lo que se le acercaba, con una destreza y una fuerza impresionantes, como si tuviera fuerza de diez hombres. No tenía miedo, al contrario: sentía que cada golpe que daba era por Lyra, por el reino, por todos los que amaban la paz y la vida, por todo lo bueno que querían proteger.
—¡NO SE RINDAN, SIGAN LUCHANDO, NO DEJEN QUE SE ACERQUEN! —gritaba él, mientras cortaba de un golpe a una criatura enorme que saltaba sobre él—. ¡ESTO ES SOLO EL COMIENZO! ¡TENEMOS QUE LLEGAR A LA MONTAÑA! ¡NO PODEMOS PARAR AHORA, NO PODEMOS FALLAR!
Elara, mientras tanto, movía su bastón con fuerza y con palabras antiguas que nadie entendía, creaba barreras de luz que protegían a los hombres de los golpes, y lanzaba rayos dorados que partían en dos a las bestias más grandes y fuertes. Ella parecía frágil, vieja, pequeña… pero en ese momento se veía inmensa, poderosa, una verdadera guardiana de la luz, con más fuerza que todos los hombres juntos.
La batalla duró unos minutos que parecieron horas, hasta que de golpe, todas las criaturas empezaron a gritar al mismo tiempo, un grito agudo, fuerte y terrible que dolía en los oídos, y se deshicieron en polvo negro que el viento se llevó rápido, dejando todo limpio otra vez. La niebla volvió a calmarse, se puso otra vez tranquila y blanca, y todo quedó en silencio otra vez, solo con el ruido de la respiración agitada y cansada de los guerreros.
Vlad se limpió el sudor de la frente, miró a todos sus hombres, vio que estaban bien, solo con pequeños raspones y cortes sin importancia, y se acercó a Elara con mucho respeto y admiración, con gratitud en cada paso.
—Gracias, Elara —le dijo él con el corazón lleno de emoción—. Sin vos, sin tu magia, sin tu ayuda, no lo hubiéramos logrado. Son más fuertes de lo que creíamos, y si ya nos atacaron acá, tan lejos del final… no me quiero imaginar qué nos espera cuando lleguemos a la puerta del templo.
La anciana le sonrió con ternura, le tocó el brazo con cariño y le dijo bajito:
—Lo que les espera es lo más difícil, lo más peligroso, lo más fuerte, hijo mío… pero escuchame bien, y grabalo en tu corazón para siempre: **siempre que estén unidos, siempre que tengan el corazón lleno de luz y de amor, siempre que peleen por la verdad… ninguna fuerza oscura en todo el mundo, ni la magia más fuerte, ni el ser más terrible, va a poder vencerlos.** Dargan tiene poder, tiene criaturas, tiene magia mala, tiene fuerza… pero le falta lo más importante, lo que hace fuerte a cualquiera: le falta amor, le falta verdad, le falta fe, le falta bondad. Y eso, guerreros míos… eso es lo que los va a hacer ganar al final, pase lo que pase.
Hizo una señal para que siguieran caminando, y todos avanzaron otra vez, con más fuerza, con más coraje, sabiendo ahora mucho mejor qué era lo que defendían, y contra quién peleaban.
Y muy lejos, en su torre oscura y fría, Dargan golpeó con rabia su mesa de piedra, lleno de furia y de impotencia al ver que sus bestias no habían podido detenerlos, que habían pasado, que estaban cada vez más cerca de lo que él quería proteger con su vida.
—¡NO ES POSIBLE! —gritó con voz ronca y terrible, que retumbó por toda la montaña—. ¡ESOS MALDITOS, ESA LUZ, SIEMPRE SE SALEN CON LA SUYA! ¡PERO YA VEREMOS CUANDO LLEGUEN A LA PUERTA DEL TEMPLO! AHÍ SÍ QUE VAN A DESEAR NO HABER NACIDO, AHÍ SÍ QUE VAN A SABER LO QUE ES EL VERDADERO TERROR Y EL DOLOR! ¡YO MISMO LOS VOY A ESPERAR ALLÁ, YO MISMO LOS VOY A RECIBIR! ¡Y NADIE, NINGUNA LUZ, NINGÚN PODER, NINGUNA ANCIANA, LOS VA A PODER SALVAR DE MÍ!