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Sangre Y Garras En El Nido De Piedra

Sangre Y Garras En El Nido De Piedra

Status: Terminada
Genre:Hombre lobo / Fantasía LGBT / Completas
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

⚠️🔞El duque Marek Kizilbash gobierna un territorio sitiado por la peste y las bestias. Dispuesto a todo para salvar a su pueblo, compra en el mercado negro a Naim, un peligroso y orgulloso licántropo de pura sangre.
Lo que el duque ignora es que el contacto carnal despertará la magia ancestral del bosque, desatando un embarazo místico tan acelerado como violento. Atado a Marek por una marca de sangre inquebrantable, el cuerpo trigueño del indomable shou se transformará para gestar al heredero de una nueva era.
Con el consejo de nobles traidores conspirando en las sombras y la Iglesia del Sur avanzando con carros de fuego para destruir la "abominación", Marek y Naim transformarán la torre del castillo en un santuario sagrado. Una historia de dominación absoluta, erotismo salvaje, masacres en las colinas y un amor que se bautizará con la sangre de sus enemigos. Esta novela es sucia y grotesca. Están advertidos.🔞⚠️

NovelToon tiene autorización de Skay P. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El consejo de nobles

Marek Kizilbash se ajustó las correas de los brazales de hierro negro. Su cuerpo todavía irradiaba el calor de la entrega absoluta en el nido. En el aire de la torre oeste, el olor a semen espeso, sudor y el almizcle dulce del vientre de Naim seguía flotando como una bruma invisible. En el nido, el licántropo descansaba bocarriba, completamente desnudo. La marca de la mordida en su cuello lucía como una cicatriz de carne viva, brillante y purpúrea, mientras que la curva hinchada de su vientre bajo subía y bajaba con una respiración profunda y satisfecha.

—Quédate aquí, Naim —ordenó Marek, colocándose la pesada capa azul—. La marca ha sellado tu flujo. El cachorro está a salvo. Ahora me toca a mí limpiar el patio.

Naim abrió sus ojos de oro puro, que brillaron con un destello asesino en la penumbra.

—Si uno de esos cerdos de la cruz pasa de la puerta, le arrancaré la tráquea con mis propios dientes, Marek. Mi cuerpo está pesado por tu simiente, pero mi instinto es más rápido que sus lanzas de plata.

Marek asintió. Salió de la habitación, pasó el cerrojo de hierro y descendió por la escalera de caracol. En la base de la torre, oculto tras la sombra de una columna de piedra movediza, el capitán Gregor lo esperaba con una antorcha apagada en la mano y el rostro pálido por la tensión.

—Excelencia —susurró Gregor, acercándose con pasos rápidos—. Los tambores de la Iglesia están a menos de diez minutos del puente levadizo. Pero el peligro no viene solo de afuera. El barón Von Stern y el conde Malik han reunido a veinte de sus guardias personales en el granero del ala este. Tienen ballestas pesadas. Planean abrir la poterna trasera en cuanto el Gran Inquisidor exija vuestra rendición. Quieren entregar al licántropo en bandeja de plata para salvar sus propios pellejos.

Marek sintió que la runa de la espiral en su palma derecha daba un latido hiriente de pura rabia. Su instinto posesivo de macho dominante se encendió con violencia. Nadie iba a tocar al shou que acababa de marcar, ni al heredero que crecía en sus entrañas.

—No habrá rendición, Gregor —sentenció el duque con voz gélida—. Y no dejaremos que la Iglesia encuentre aliados dentro de estos muros. Vamos a masacrarlos ahora mismo, antes de que el Inquisidor pise el patio de armas.

—¿A los nobles, señor? —Gregor abrió los ojos de par en par, asombrado por la crudeza de la orden—. Si los matamos, la corte del sur nos declarará traidores oficiales.

—Ya somos traidores desde el momento en que metí a Naim en mi cama, capitán —respondió Marek, sacando su espada de plata del cinto. La hoja brilló con un destello azulado bajo la antorcha—. Trae a los diez hombres más fieles de la guardia personal. Los que no le rezan a la Iglesia. Nos vemos en el pasadizo del granero. Moveros en absoluto silencio.

El granero del ala este era una estructura inmensa de madera y piedra, utilizada para almacenar las pocas pacas de paja seca que quedaban para el invierno. El ambiente estaba oscuro, iluminado apenas por un par de faroles de aceite colgados de las vigas del techo.

Allí, el barón Von Stern, con su armadura de gala manchada de grasa, revisaba las puntas de las flechas de sus guardias. El conde Malik caminaba de un lado a otro, frotándose las manos secas por el frío.

—En cuanto los arietes de la fe toquen la puerta principal, abrimos la poterna —siseó el barón Von Stern, con una sonrisa maliciosa—. Subiremos a la torre oeste con cinco hombres, romperemos el cerrojo y arrastraremos al monstruo del duque por los cabellos. Cuando el Inquisidor vea el vientre hinchado de esa bestia, Marek Kizilbash será decapitado por herejía en este mismo patio. El ducado será nuestro.

—¿Estás seguro de que la bestia está preñada? —preguntó el conde Malik, temblando.

—Silas lo vio antes de desaparecer. El duque ha sembrado su semilla en la carne del demonio. Es una abominación que la Iglesia quemará con gusto —declaró el barón, apretando el puño.

—La única abominación aquí es vuestra existencia, barón —la voz de Marek Kizilbash resonó como el golpe de un hacha en el silencio del granero.

Los nobles y sus guardias se dieron la vuelta con horror. Desde la entrada principal y las trampillas del heno, el duque Marek, el capitán Gregor y diez caballeros armados con armaduras pesadas irrumpieron con las espadas desenvainadas. Las puertas de madera del granero se cerraron por detrás con un cerrojo pesado, atrapándolos a todos en una jaula de muerte.

—¡Fuego! ¡Disparadles! —gritó el barón Von Stern, retrocediendo hacia la paja.

Tres guardias rebeldes intentaron levantar sus ballestas, pero los hombres de Gregor fueron más rápidos. Las espadas del duque cortaron el aire con violencia. Marek se abalanzó sobre el primer ballestero; con un movimiento seco y certero, hundió su hoja de plata directamente en la garganta del soldado. La sangre roja y caliente brotó a borbotones, salpicando el rostro del duque y las pacas de paja seca. El hombre cayó al suelo, ahogándose en su propio fluido.

Gregor avanzó por el flanco izquierdo, decapitando a otro de los traidores de un solo tajo que hizo volar la cabeza contra los postes de madera. La carnicería fue rápida, ruda y sin piedad. Los guardias de los nobles, tomados por sorpresa en la penumbra, no tuvieron oportunidad de formar una línea de defensa. Eran destripados y ensartados contra las paredes de piedra por los caballeros fieles al duque.

Marek caminaba entre los cadáveres con los ojos oscuros fijos en el barón Von Stern. Su camisa de lino estaba empapada de la sangre de sus enemigos, y la runa de su mano derecha brillaba con una luz roja incandescente, alimentándose de la adrenalina del combate. El olor a hierro fresco y tripas abiertas llenó el granero, tapando por completo el frío del invierno.

El conde Malik cayó de rodillas sobre la paja manchada de sangre, llorando y suplicando con las manos en alto.

—¡Piedad, excelencia! ¡Fue idea de Von Stern! ¡Nosotros solo queríamos proteger al ducado de la Iglesia! —chilló el viejo.

Marek no se detuvo. Pasó al lado del conde y, sin siquiera mirarlo, cruzó la hoja de su espada por el cuello de Malik, cortándole la yugular de un solo tajo frío. El cuerpo del conde se desplomó hacia adelante, espasmando sobre el suelo cubierto de lodo y sangre.

El barón Von Stern quedó acorralado contra la puerta trasera de la poterna. Su espada temblaba en su mano sudorosa. Miró al duque, que se acercaba como un verdugo cubierto de la carnicería de sus hombres.

—¡Eres un monstruo, Kizilbash! —rugió el barón, con la voz rota por el terror—. ¡Has vendido tu alma a la bestia del bosque! ¡La Iglesia destruirá cada piedra de este castillo cuando sepa que has asesinado al consejo!

Marek se detuvo a dos pasos de él. El duque levantó su mano derecha vendada, mostrando la runa que brillaba bajo la tela húmeda de sangre.

—La Iglesia puede venir con todo su ejército, Von Stern —sentenció Marek con una voz que helaba la sangre—. Pero tú no vivirás para ver el amanecer de su fe. Has intentado envenenar a mi shou. Has intentado matar a mi hijo. Tu cabeza será la primera decoración que el Gran Inquisidor verá cuando cruce mi puente levadizo.

Marek dio un paso al frente. El barón intentó lanzar un estocada desesperada hacia el pecho del duque, pero Marek esquivó el golpe con la agilidad de un guerrero veterano. Tomó la muñeca del barón con su mano izquierda, apretándola hasta que los huesos crujieron y la espada cayó al suelo. Luego, con un movimiento brutal y ascendente, Marek hundió su espada de plata por debajo de la barbilla de Von Stern, atravesándole el paladar y el cráneo por completo.

Los ojos del barón se quedaron en blanco, y un espeso chorro de sangre negra y roja corrió por la hoja de la espada del duque. Marek retiró el arma con un tirón seco, dejando que el cadáver del traidor se desplomara sobre la paja empapada.

El granero quedó en un silencio, interrumpido solo por las respiraciones agitadas de Marek y los hombres de Gregor. Veintidós cadáveres yacían en el suelo, destripados y masacrados de forma asquerosa en medio de las sombras. El plan interno se había cumplido: el consejo de nobles ya no existía.

—Gregor —dijo Marek, limpiando la hoja de su espada con un paño de lana ensangrentado—. Corta la cabeza de Von Stern y colócala en una pica sobre la puerta principal del castillo. Que el Inquisidor sepa exactamente qué tipo de gobernante lo está esperando.

—Entendido, excelencia —respondió el capitán, jadeando por el esfuerzo—. ¿Y el resto de los cuerpos?

—Déjalos aquí. Limpiaremos el granero después de la batalla. Ahora, regresad a vuestras posiciones en los muros. Los tambores se han detenido. Eso significa que están a la puerta.

En ese preciso instante, un eco profundo y metálico resonó desde el patio exterior. El primer golpe del ariete de la Iglesia del Sur había impactado contra el puente levadizo del castillo de Alva. El asedio exterior había comenzado, pero dentro de la fortaleza, el nido del lobo y el duque estaban listos para ahogar a los caballeros de la fe de su propia sangre.

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pryz
Excelente trabajo belleza, omo siempre muy complacida
pryz: Te la puedo recordar, pero soy única, bien loca pero principalmente amente del talento, muchos lectores se dedican a ver donde esta el error y se pierde de una maravillosa experiencia y asi son tus historias para mi maravillosas, chao😉
total 4 replies
pryz
Me encantó demasiado
pryz
Oye naim dime el secreto tu tienes aguante para recibir tanto mai gassh
Skay P.: Jajajaja
total 1 replies
pryz
😱 Ni un día y ya hubo acción, fuerte🤩
pryz: Yo quiero ese poder místico
total 2 replies
pryz
Acaba con ellos marek protege lo tuyo!!!!!!!!
pryz
Ellos ni el vientre enorme los detuvo, son fuego🥵
pryz: Ni modo, toco😜
total 4 replies
Sauce
analizandolo bien es un poco turbio
Skay P.: Es por eso, que se aclara siempre en la portada, Chikis 😅
total 1 replies
Sauce
entonces lo de shou si se refería eso🤔
Skay P.: Tal cual...🫃
total 1 replies
Sauce
de dónde yo vengo shou significa otra cosa 😏
pryz
Ese viejo me cae mal todo por que el no tiene un lobito calenturiento
pryz
Salvaje, sin control este por me encantan
pryz
Nunca falta un sapo, pero un sapo es mucho para que lo comparen con esa cosa
pryz
Metanse contó menos con mi macho ese es Marek
pryz
Dios, fuego, fuego. Excelente 🤩
pryz
Lo preño🫨
pryz
Oyeeeeeeee esta pareja es fuego🥵🤩 me encanta
pryz
Calenturientos, ya querían andar en el mete y saca
pryz
Como así ahora se hecen los locos después de tanto
pryz
Aaaaaaaaaaaa, buenísimo
pryz
Hay ya lo trata bonito que emoción
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