accidente… y despierta en el cuerpo de un personaje dentro de la novela que estaba leyendo.
No es una heroína.
No es alguien importante.
Es alguien destinada a morir.
Y lo peor… es saber exactamente a manos de quién.
El duque.
Frío, implacable y peligroso, el mismo hombre que en la historia original termina con su vida. Decidida a cambiar su destino, ella hará todo lo posible por mantenerse lejos de él.
Pero hay algo que no estaba en la novela.
Una conexión inexplicable.
Una mirada que la reconoce.
Un lazo que no puede romper.
Porque mientras ella intenta huir de su muerte…
él comienza a acercarse como si siempre le hubiera pertenecido.
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plan 1
Pero matarlo…
No era una opción.
Demasiado directo.
Demasiado peligroso.
Demasiado evidente.
Negué lentamente.
—No… eso solo me convertiría en sospechosa.
Necesitaba algo mejor.
Algo más limpio.
Más inteligente.
Caminé lentamente por la habitación.
—Si no puedo eliminarlo…
Entonces lo haré caer.
Una leve sonrisa apareció en mis labios.
—Haré que se destruya solo.
El plan comenzó a tomar forma.
Ese hombre…
No era leal.
No realmente.
Ambicioso.
Fácil de manipular.
Y lo más importante…
Con debilidades.
Muchas.
—Si alguien supiera dónde mirar…
Todo su valor desaparecería.
Me apoyé en el escritorio.
—Escándalo…
Eso era.
No sangre.
No violencia.
Reputación.
Si caía socialmente…
Dejaría de ser útil para la princesa.
Y sin utilidad…
Sería descartado.
—Laura.
Mi sirvienta apareció en silencio.
—Necesito información.
—Sí, señorita.
—Quiero saber todo sobre él.
Dónde va.
Con quién se reúne.
Qué oculta.
Una pausa.
—Especialmente… sus errores.
Laura asintió.
—Entendido.
Los días siguientes…
Las piezas comenzaron a moverse.
Rumores.
Susurros.
Detalles.
Y entonces…
Lo encontramos.
Mi mirada se oscureció.
—Perfecto…
Un secreto.
Uno lo suficientemente sucio…
Como para destruirlo.
—No voy a exponerlo directamente —murmuré.
No.
Eso sería demasiado obvio.
En cambio…
Lo dejaría caer… poco a poco.
En el momento adecuado.
En el lugar correcto.
Frente a las personas correctas.
Me giré hacia la ventana.
La reunión estaba cerca.
La despedida antes de la guerra.
Donde todos estarían presentes.
Donde las apariencias importaban más que nunca.
—Ahí…
Ahí sería.
Una leve sonrisa apareció en mis labios.
—Y mientras todos miran hacia Marian…
Nadie verá cómo otra pieza cae.
Cerré los ojos un segundo.
—Selena…
—Nyra…
Creen que están un paso adelante.
Pero no.
No esta vez.
Abrí los ojos.
Firmes.
Decididos.
—Voy a salvarla…
Y en el proceso…
Voy a destruir su plan.
Había una pieza más.
Una que en la novela apenas se mencionaba.
Pero que ahora…
Podía cambiarlo todo.
Apoyé los dedos sobre el escritorio.
—Marcos Charo…
Hijo del duque Charo.
Un noble respetado.
Influyente.
Cercano al palacio.
Pero lo verdaderamente importante…
No era su posición.
Era su pasado.
Mi mirada se oscureció.
—La reina…
Antes de convertirse en reina…
Antes incluso de que la princesa Selena naciera.
Había tenido una relación.
Secreta.
Prohibida.
Con él.
Un error.
Uno que nunca debió salir a la luz.
Pero en la corte…
Nada desaparece para siempre.
Solo espera el momento adecuado.
Cerré los ojos un instante.
—Si esto se revela…
El escándalo sería enorme.
La reputación de la reina…
Se vería afectada.
La estabilidad del palacio…
Se tambalearía.
Y lo más importante…
La atención cambiaría.
Abrí los ojos lentamente.
—Marian dejaría de ser el centro.
Exactamente lo que necesitaba.
Pero había un detalle.
Uno importante.
—No puedo ser yo quien lo exponga…
Sería demasiado evidente.
Demasiado arriesgado.
No.
Tenía que parecer…
Un accidente.
Una filtración.
Algo que escapó de control.
Me levanté lentamente.
—Si hago esto bien…
No solo salvo a Marian…
También debilito a la reina.
Y por consecuencia…
A Selena.
Una leve sonrisa apareció en mis labios.
—Dos golpes… con un solo movimiento.
Pero sabía el riesgo.
Si algo salía mal…
No solo caería Marcos.
También podría caer yo.
Y esta vez…
Nadie me salvaría.
Miré hacia la ventana.
La noche estaba en silencio.
Pero no por mucho tiempo.
—En la reunión…
Todo se decidirá.
Mi mirada se volvió firme.
—Voy a desviar su atención.
—Voy a romper su equilibrio.
—Y voy a obligarlos a cometer errores.
Porque esta vez…
No soy la víctima.
Soy quien mueve el tablero.
ya quiero saber que sige ☺️☺️☺️