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VOTOS DE TRAICIÓN

VOTOS DE TRAICIÓN

Status: En proceso
Genre:Amante arrepentido / Mafia / Matrimonio arreglado
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Leidy Ocampo

Rachell Takahashi Zhang nunca creyó en el amor, solo en el poder. Pero cuando su boda se derrumba y es obligada a casarse con un desconocido, no imagina que ese hombre perfecto es, en realidad, su peor enemigo. Damien Bloodworth no llegó para amarla... llegó para vengarse. Y mientras ella le entrega su confianza, él se acerca cada vez más al momento de destruirlo todo.
"Se casó con su enemigo...
y terminó entregándole el arma perfecta para destruirla: su corazón."
¿El amor puede vencer el odio?

NovelToon tiene autorización de Leidy Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Sangre y orgullo

El lobby entero parece un maldito circo.

La zorra que estaba con Damien parece llamarse Miranda y sigue gritándole a Pierce mientras Yuri, apoyada contra una de las columnas de mármol, la observa con una sonrisa burlona que claramente significa problemas.

—¡No puedes sacarme así! —grita la rubia acomodándose el vestido diminuto que apenas le cubre el cuerpo—. ¡Damien no dijo que me fuera!

Pierce masajea el puente de su nariz.

—Miranda, créeme, este no es el momento.

—¿Y quién demonios se cree esa china?

Mis pasos resuenan sobre el suelo brillante del lobby.

La mujer gira apenas la cabeza hacia mí.

Error.

—Miranda —dice Pierce rápidamente—, te recomiendo cerrar la boca.

Ella ignora la advertencia.

—¿Qué? ¿Ahora tengo que tenerle miedo?

Yuri suelta una pequeña risa.

—Ay no... ya empezó.

Paso junto a ellos sin intención de detenerme.

No vale mi tiempo.

Pero entonces siento una mano sujetarme del brazo.

Todo ocurre rápido.

Demasiado rápido.

Yuri ya tiene una pistola apuntándole a la frente.

Los hombres de seguridad detrás de mí desenfundan al mismo tiempo.

El lobby entero queda en silencio.

Miranda palidece de inmediato.

Perfecto.

Bajo lentamente la mirada hacia su mano aferrada a mi brazo.

Luego vuelvo a verla a los ojos.

—Te equivocaste de persona.

Ella me suelta al instante.

—Yo no—

—¿Sabes cuál es tu problema? —me acerco lentamente—. Hablas demasiado para alguien tan reemplazable.

Su expresión cambia.

Rabia.

Humillación.

Miedo.

—Damien estaba conmigo primero.

Suelto una risa baja.

Yuri literalmente se atraganta intentando no reírse.

—¿Primero? —repito—. Qué adorable.

Miranda aprieta la mandíbula.

—Por lo menos él me desea.

Eso me hace inclinar apenas la cabeza.

—Y aun así aquí estás... mientras él sigue casado conmigo.

Silencio.

Pesado.

Pierce se tapa la boca apenas para ocultar una sonrisa.

—Escucha bien —digo finalmente acercándome más—. No vuelvas a tocarme. No vuelvas a hablarme. Y jamás vuelvas a confundirte pensando que estás a mi nivel.

Miranda intenta sostenerme la mirada.

Fracasa miserablemente.

—Yuri.

—¿Sí?

—Baja el arma antes de que llore.

Yuri sonríe.

—Me estaba divirtiendo.

Los hombres guardan las armas lentamente.

Yo doy media vuelta.

—Pierce —digo caminando hacia la salida—. ¿La mansión queda lejos?

Él suspira.

—No lo suficiente para la cantidad de problemas que esto traerá.

Nueva York de noche brilla como algo podrido.

Hermoso.

Violento.

Perfecto para Damien.

Voy sentada atrás junto a Yuri mientras Pierce conduce. El silencio dura exactamente cuarenta segundos.

—Bueno... —dice Yuri finalmente—. Casi le disparo.

—Lo noté.

—Lo merecía.

Pierce suelta una risa.

—Definitivamente ustedes dos son un problema.

—Y tú definitivamente toleras demasiadas mujeres rubias insoportables —respondo.

—Créeme, yo tampoco la soporto.

Yuri sonríe.

—Entonces Damien sí tiene mal gusto.

—No empecemos —murmura Pierce.

Me recuesto contra el asiento observando las luces de la ciudad.

—¿Siempre desaparece así? —pregunto finalmente.

Pierce me mira por el retrovisor.

—Cuando algo sale mal... sí.

Eso llama mi atención.

—¿Qué salió mal?

Él duda apenas un segundo.

—No puedo decirte eso.

—Sí puedes.

—Damien me mata si hablo.

—Yo puedo matarte más rápido.

Yuri asiente con total tranquilidad.

—Eso es cierto.

Pierce suspira cansado.

—Hay problemas con una de las rutas de armas en el puerto.

—¿Ataques?

—Posiblemente.

Cruzo los brazos.

—Y aun así decide perder el tiempo con mujeres semidesnudas.

—Eso fue antes del problema.

—Peor todavía.

Yuri sonríe apenas mirándome.

Maldita sea.

—No hagas esa cara —le advierto.

—¿Cuál? ¿La de "mi amiga está celosa y no quiere aceptarlo"?

—No estoy celosa.

Pierce literalmente empieza a toser para ocultar la risa.

Le lanzo una mirada fría.

—Conduce.

La mansión de Damien en Nueva York es exactamente como él.

Oscura.

Elegante.

Demasiado silenciosa.

Entramos y los empleados inmediatamente bajan la mirada.

Bien entrenados.

Pierce recibe una llamada apenas cruzamos la entrada.

Su expresión cambia.

—¿Qué pasó?

Silencio.

Luego maldice por lo bajo.

—Voy para allá.

Cuelga y nos mira.

—Necesito irme.

—¿Qué ocurrió? —pregunto.

—Problemas en el puerto.

Claro.

—Volveremos rápido.

Asiento apenas.

Él duda unos segundos antes de irse.

—Intenten no destruir la casa.

Yuri sonríe.

—No prometemos nada.

La puerta se cierra.

Y el silencio vuelve.

Horas después sigo despierta.

Yuri está sentada en la cocina comiendo algo mientras revisamos documentos sobre las nuevas rutas.

—Creo que Pierce me agrada —dice de repente.

Levanto la vista.

—Tienes problemas.

—Sí, pero él también.

Suelto una pequeña risa.

Entonces la puerta principal se abre bruscamente.

Voces.

Pierce y Damien entran discutiendo.

—Te dije que revisaran el maldito cargamento antes de moverlo —gruñe Damien.

—No podíamos detener todo el puerto.

—Pues ahora tenemos un problema peor.

—Ya lo sé.

Damien se quita la chaqueta con evidente furia mientras avanza...

Y entonces me ve.

Se detiene.

Sorprendido.

—¿Sigues aquí?

Entrecierro los ojos.

—Qué romántico.

Pierce suspira al notar la tensión.

—Voy arriba.

Nadie lo detiene.

Damien se queda de pie frente a mí.

Y es ahí cuando noto la sangre.

En su costado.

Oscura.

Manchando la camisa negra.

—Estás herido.

—No es nada.

—Ajá.

Él intenta seguir caminando.

Lo detengo.

—Siéntate.

—No necesito ayuda.

—Entonces desángrate solo.

Silencio.

Sus ojos se clavan en los míos.

Orgulloso.

Terco.

Idiota.

Finalmente resopla y se deja caer en una de las sillas.

—Odio cuando haces eso.

—¿Qué cosa?

—Dar órdenes como si fueras dueña del mundo.

Busco el botiquín sin mirarlo.

—Y yo odio cuando actúas como si fueras inmortal.

—Casi lo soy.

—Lástima que no.

Regreso y dejo las cosas sobre la mesa.

Damien empieza a desabotonarse la camisa lentamente.

Mi respiración se corta apenas un segundo.

Molesto.

Muy molesto.

Porque debería estar acostumbrada a verlo.

Pero no así.

Sin camisa.

La piel marcada por cicatrices.

Golpes viejos.

Heridas que cuentan historias que probablemente nunca dirá.

Yuri me mira desde la cocina.

Sonríe.

La odio.

—¿Piensas ayudarme o analizarme? —pregunta Damien.

—Estoy decidiendo si empeorar la herida.

Él suelta una risa baja.

—Eso sonó honesto.

Me arrodillo frente a él para revisar el corte.

No es superficial.

—Esto necesita puntos.

—No.

—Sí.

—Rachell—

—Cállate.

Limpio la sangre con cuidado.

Él se tensa apenas.

—¿Desde cuándo sabes hacer esto?

—Estudié medicina.

Eso lo sorprende.

—¿Qué?

—No me especialicé. Pero aprendí suficiente.

—¿Por qué medicina?

Levanto apenas la vista hacia él.

—Porque entender cómo funciona el cuerpo también ayuda a destruirlo.

Silencio.

—Eso fue perturbador.

—Gracias.

Continúo limpiando la herida.

Muy cerca.

Demasiado cerca.

Puedo sentir su respiración.

El calor de su piel.

Sus ojos sobre mí todo el tiempo.

—No sabía eso de ti —dice finalmente.

—No sabes muchas cosas.

—Empiezo a notarlo.

Levanto la aguja.

—No te muevas.

—No me gustan las agujas.

Lo miro incrédula.

—¿El gran Damien Bloodworth le teme a una aguja?

—No exageres.

Sonrío apenas.

—Esto es oro puro.

Él rueda los ojos.

Pero no aparta la mirada de mí.

Y eso empieza a sentirse peligroso.

Mucho.

Termino el último punto lentamente.

Mis dedos rozan apenas su abdomen al apartar la sangre.

Silencio.

Pesado.

Ninguno se mueve.

Levanto la mirada.

Y él ya me está mirando.

Fijo.

Demasiado intenso.

El aire cambia.

Otra vez.

Mi respiración se vuelve más lenta.

La suya también.

Estamos demasiado cerca.

Peligrosamente cerca.

Sus ojos bajan apenas hacia mis labios.

Solo un segundo.

Pero suficiente.

Maldita sea.

Y entonces Yuri aparece desde la cocina.

—Bueno... esto está extrañamente tenso y necesito agua.

El momento se rompe de inmediato.

Me aparto rápidamente.

Damien también.

Perfecto.

Porque eso...

Eso estuvo demasiado cerca de convertirse en un problema.

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Angeles 😈😇
me encanta
Angeles 😈😇
cada vez se está poniendo más interesante 🥰
Angeles 😈😇
hola! muy interesante hasta el momento ☺️
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