Ella huye de un pasado mágico y de un alma gemela que se convirtió en monstruo. Él es un humano de hierro, capitán de inteligencia, que solo vive para su trabajo. Ella caza abusadores por las noches; él los persigue por el día. Un caso los une, la necesidad de justicia los mantiene juntos, y un amor inesperado los acecha en medio de la investigación más peligrosa de sus vidas. En esta cacería, nadie es lo que parece y el amor es el único misterio que no saben cómo resolver.
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Capitulo 16: La griega entre dos mundos
El aire no se mueve, esta estático, cargado con una estática que eriza la piel. La barrera de energía violeta, una cúpula traslúcida que emana de las manos de Zoe, sigue vibrando ante el asombro aturdido de Alarik. Sin embargo, el capitán no es el único que observa. Nain, o lo que queda de él, no mostro sorpresa, sino una furia primigenia, un odio que no le pertenece a un simple líder de cartel.
"Un Fragmento de la Destrucción", pensó Zoe, sintiendo la resonancia oscura que emana del pecho de Nain. El pacto es claro: el mundo mágico debe permanecer oculto, pero el hecho de que ese ente estuviera usando a un humano para escalar en el submundo del crimen es una violación imperdonable. La decisión esta tomada: él debe caer. Pero Nain no esta solo, y el Fragmento, como una parásito astuto, comenzó a tomar el control total.
__¡Vas a morir, maga!__. La voz de Nain sonó distorsionada, una superposición de su tono natural con un siseo metálico y cavernoso.
__Ni tú ni nadie detendrá lo que viene. Nos apoderaremos del mundo humano y, ceniza a ceniza, destruiremos el reino sobrenatural que tanto se esfuerzan por ocultar__.
El Fragmento de la Destrucción no solo amenaza; esta reclamando su territorio. Zoe, sin embargo, mantuvo la calma gélida de una depredadora. Sabe que su señal de emergencia ya ha sido enviada. Zarthus y Nayana deben estar en camino.
__A diferencia tuya, yo sí tengo apoyo__. Replicó ella con una serenidad que desarmó al enemigo.
En el instante, el tejido de la realidad se desgarró. Un portal dorado, similar al sol de la mañana atravesando una tormenta, se abrió en el centro de la nave. De él emergieron dos figuras que parecieron absorber toda la luz del lugar. Nayana, la diosa de la creación, viste un traje marfil con bordados que parecen moverse por voluntad propia, su cabello semi-recogido destacando una elegancia atemporal. A su lado, Zarthus, el dios protector, irradia una autoridad que obliga a las rodillas a doblarse; su capa dorada, al igual que su aura, desafia las leyes de la física, ondeando como si estuviera bajo una brisa divina.
El Fragmento dentro de Nain se tensó, liberando una onda de choque oscura. Reconoce a sus verdugos. Intentó huir, buscando desesperadamente una salida, pero Nayana fue más rápida. Con un movimiento elegante de sus dedos, selló el perímetro con una barrera de luz esmeralda, invisible para el ojo humano, pero impenetrable para cualquier entidad.
__Misma técnica de la vez pasada__. Ordenó Zarthus con voz de trueno controlado.
Zoe y Nayana asintieron. La coordinación es perfecta, fruto de siglos de existencia. Mientras Nayana se enfoca en mantener el escudo que aisla la nave del exterior, asegurándose de que ningún transeúnte o satélite detecte la anomalía, Zoe y Zarthus se lanzaron a la ofensiva.
El combate fue una danza de colores letales. El Fragmento lanza ráfagas de maná oscuro, proyectiles de sombras puras diseñados para corromper y destruir. Pero su objetivo principal cambió: al notar la importancia de Alarik para la maga, el Fragmento concentró sus ataques hacia el capitán. Zoe, viendo la intención, no dudó. Rompió su posición ofensiva para interponerse, creando un escudo violeta denso que absorbió el impacto con un gemido de energía pura.
Alarik, atrapado en la periferia, observa con el corazón martilleando contra sus costillas. Sus ojos, entrenados para notar detalles en la escena del crimen, ahora luchan por procesar lo imposible: magia, dioses, y el hecho de que la mujer que trabaja con él es, en esencia, un arma de destrucción.
__¡Zoe!__. Gritó, pero ella esta enfocada, sus ojos brillando con una intensidad.
Zarthus, aprovechando la distracción, lanzó dardos de maná dorado que se entrelazan con el aire mismo. Cada impacto debilita la conexión del Fragmento con el cuerpo de Nain. El ser se retuerce, un cascarón vacío siendo vaciado de su energía oscura. Nayana invocó una cápsula de runas antiguas, un artefacto capaz de contener la destrucción misma.
__¡Ahora!__. Sentenció Nayana.
Zarthus disparó un último rayo, aturdiendo al Fragmento. En un parpadeo, la cápsula se cerró sobre la entidad. Un alarido sordo, una resonancia que no salió de una garganta humana sino de un vacío cósmico, inundó la habitación cuando el Fragmento fue arrancado del pecho de Nain. El hombre cayó al suelo, inerte, gimiendo de dolor mientras su consciencia volvió a un cuerpo vacío.
El silencio volvió a reinar. Zarthus caminó hacia su hermana y, rompiendo la tensión del momento, le dio un abrazo protector antes de sonreírle.
__Encerrar a estos fragmentos con marionetas humanas es casi aburrido__. Comentó Zarthus, limpiándose una mota de polvo invisible de su hombro.
__El del Alfa Draven fue mucho más problemático; el pobre Dante terminó con tres costillas rotas__.
Alarik, cerca de ellos, sigue en estado de shock. Su mente, habituada a la lógica, intenta encajar las piezas: el gobernador corrupto de Veridia, los esclavistas, la facilidad con la que Zoe los derrotó… todo tiene sentido ahora. Ella no es una superhumana de laboratorio; es algo más.
A unos metros, Walter, el hombre de confianza de Nain, se arrastra entre los escombros. Al ver a su jefe derrotado y a los extraños seres, su cerebro procesó la derrota no como el fin, sino como una última oportunidad de odio. Vio a Alarik, distraído y vulnerable, y su mano se cerró sobre el arma que había dejado caer. Apuntó al corazón del capitán.
__Si no puedo tenerla…__. Masculló Walter, disparando.
El sonido del percutor resonó en el aire, pero la bala nunca llegó a su destino. Zarthus, sin siquiera girar la cabeza, movió un dedo. La bala se detuvo en el aire, suspendida por una fuerza invisible, y luego se desintegró en polvo metálico.
__¿Qué hacemos con ellos?__. Preguntó Zarthus, mirando a los mercenarios inconscientes y a Walter, que ahora tiembla en el suelo.
__Son humanos culpables, sí, pero saben demasiado. ¿Borrado de memoria?__.
Zoe asintió, pero su mirada se posó en Alarik. El capitán se tensó al escuchar las palabras. ¿Borrarle la memoria? ¿Olvidar este momento, olvidar la verdadera identidad de la sargento? El pensamiento le provocó una angustia repentina. No quiere perder esa parte de la realidad.
Zarthus se encargó de poner fuera de combate a Walter y los hombres de seguridad con un leve gesto que los sumió en un sueño profundo. Luego, se acercó a Alarik, escaneándolo con una mirada curiosa.
__¿Y con él qué haremos, hermana?__. Preguntó Zarthus, señalando al capitán.
Alarik contuvo la respiración. Hermana. La palabra hizo clic en su cabeza, iluminando recuerdos olvidados: la vez en el estacionamiento, la extraña aura que siempre rodea a Zoe, la confianza absoluta que ella le deposita sin dudar. No son amantes ni aliados secretos; son familia.
Zoe miró a Alarik. Vio el miedo en sus ojos, pero también la curiosidad insaciable de un investigador que ha descubierto el caso de su vida. Él no esta huyendo; esta esperando su juicio.
__Es el capitán Alarik Black__. Dijo Zoe, su voz firme.
__Es de mi total confianza. Yo me haré cargo de él__.
Zarthus arqueó una ceja, evaluando a Alarik una vez más antes de soltar una media sonrisa, la de un hermano que aprueba una elección difícil.
__Tú sabrás, Zoe. Pero recuerda que las leyes del mundo mágico son celosas__.
Sin añadir más, Zarthus y Nayana se despidieron con la misma elegancia con la que llegaron. Se fundieron con la luz de un segundo portal que se abrió en el aire, dejando tras de sí solo el eco de una energía estelar.
El silencio regresó, pero el mundo, para Alarik, ya nunca volverá a ser el mismo. Zoe se quedó allí, de pie en medio del caos, esperando la primera pregunta de su capitán.
se vuelven justicieros en un mundo decadente.
que buena esta está historia y lo que falta