Reencarna en una época antigua, en la cual es invisible para su familia y con un trágico final, pero decidida a cambiar su destino.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
** Todas las novelas son independientes**
NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Mansion Knapp 2
El pasillo volvió a envolverla en ese silencio elegante que ya comenzaba a resultarle… útil.
No acogedor.
No cálido.
Pero sí útil.
Eloise caminó de regreso a su habitación con pasos medidos, la mente trabajando con una claridad que no había tenido en su vida anterior. Cada detalle de la casa, cada gesto en la mesa, cada palabra no dicha… todo encajaba en un mismo patrón.
Aquí no necesitaba permiso para existir.
Porque nadie estaba mirando lo suficiente como para negárselo.
Al cerrar la puerta tras de sí, apoyó la espalda contra la madera y soltó el aire lentamente.
—Bien… —murmuró.
No podía cambiar a su familia.
No podía forzar afecto.
Pero sí podía… moverse dentro de las grietas de ese mundo.
Se alejó de la puerta y comenzó a revisar su habitación con otros ojos. Abrió el armario una vez más, esta vez no para observar vestidos bonitos… sino para evaluar recursos.
—Demasiado… —susurró al ver la cantidad.
Telas finas.
Colores suaves.
Vestidos que claramente ya no usaba.
Algunos eran más pequeños, de cuando Eloise había sido aún más joven… o quizás más delgada.
Los tocó.
Y una idea comenzó a tomar forma.
Lenta.
Simple.
Eficaz.
Esa misma tarde, eligió varios de los vestidos más antiguos. No los más lujosos.. no era tonta.. pero sí lo suficientemente bonitos como para ser valiosos para alguien más.
Los dobló con cuidado.
Y esperó.
No podía moverse con prisa.
No en una casa donde las apariencias lo eran todo.
Cuando el movimiento en los pasillos disminuyó, salió.
Esta vez, no hacia el comedor.
Sino hacia otro lugar.
Las cocinas.
El contraste fue inmediato.
Calor.
Movimiento.
Voces.
Olores intensos y reales, muy distintos a la elegancia distante del comedor.
Las mujeres que trabajaban allí se movían con rapidez, coordinadas, acostumbradas al ritmo del servicio.
Cuando Eloise apareció en la entrada, varias se detuvieron, sorprendidas.
No era común verla allí.
—Señorita… —dijo una de ellas, secándose las manos rápidamente.
Eloise dio un pequeño paso adelante, sosteniendo los vestidos.
Por un segundo… sintió la antigua timidez de Eloise intentar aflorar.
Pero no la dejó.
—Yo.. quería darles esto.
Extendió los vestidos.
Las mujeres se miraron entre ellas, confundidas.
—Son… antiguos.. Ya no los uso. Pensé que… tal vez… podrían servir para sus hijas.
El silencio duró apenas un instante.
Luego…
—¿De verdad…? —preguntó una de ellas, acercándose con incredulidad.
Eloise asintió.
Y entonces, el ambiente cambió.
Las expresiones se iluminaron.
Sonrisas sinceras.
Agradecimiento real.
—¡Son hermosos!
—Mi niña estará feliz… parecerá una princesa
—Señorita, esto es demasiado…
Las manos tomaban la tela con cuidado, como si fuera un tesoro.
Y para ellas… lo era.
Eloise observó en silencio.
Ese tipo de reacción…
No lo había visto en el comedor.
No con su familia.
Aquí… sí.
Aquí había algo real.
Cuando el entusiasmo bajó un poco, Eloise habló nuevamente.
—Quería… pedirles algo.
Las mujeres la miraron de inmediato.
Atentas.
Receptivas.
—¿Podrían… llevarme comida a mi habitación? Todos los días.
Hubo un pequeño silencio.
Sorpresa.
Duda.
—Pero, señorita… usted ya come con su familia… —dijo una de ellas con cautela.
Eloise asintió.
—Sí. Y seguiré haciéndolo.
No había contradicción en su voz.
Solo estrategia.
—Pero necesito… más alimento.
No explicó demasiado.
No hacía falta.
Se miraron entre ellas.. con cierta duda..
No era una petición común.
Y tampoco… completamente segura.
—No tienen que decirle a nadie —añadió Eloise suavemente.
Eso hizo que la duda aumentara.
El silencio se tensó un poco.
Entonces…
Eloise inclinó ligeramente la cabeza.
—Y… si me ayudan.. podría seguir trayendo cosas como estas.
No era una amenaza.
No era manipulación agresiva.
Era un acuerdo.
Claro.
Honesto… dentro de lo que podía ser.
Las mujeres intercambiaron miradas.
Sabían lo que eso significaba.
Sabían lo que estaban aceptando.
Y aun así…
—…Está bien —dijo finalmente una de ellas.
Las demás asintieron.
—Lo haremos, señorita.
Eloise sonrió levemente.
No una sonrisa amplia.
Pero sí… genuina.
—Gracias.. sus hijas estarán muy felices..
Así comenzó.
Un pequeño acuerdo silencioso.
Invisible para quienes no prestaban atención.
Perfecto para alguien como ella.
La primera noche, después de la cena formal, Eloise regresó a su habitación como siempre.
Sin ser detenida.
Sin ser observada.
Al cerrar la puerta…
El aroma la recibió.
Se detuvo.
Sobre la mesa…
Había comida.
No elegante.
No decorativa.
Real.
Pan.
Carne.
Verduras.
Porciones… normales.
Suficientes.
Su estómago reaccionó de inmediato.
Pero esta vez…
No dudó.
Se sentó.
Y comió.
Despacio al inicio.
Luego con más seguridad.
Sintiendo cómo su cuerpo… respondía.
Cómo algo dentro de ella despertaba.
No era solo hambre saciada.
Era recuperación.
Era construcción.
Era vida.
Los días se convirtieron en una semana.
Y la semana… en un cambio.
Eloise seguía bajando al comedor.
Seguía comiendo porciones pequeñas frente a su familia.
Seguía siendo invisible.
Pero ahora…
Al volver a su habitación…
Siempre había más.
Siempre lo suficiente.
Y poco a poco…
Su cuerpo empezó a cambiar.
No de forma drástica.
Pero sí real.
Un poco más de fuerza en sus manos.
Menos mareos.
Más estabilidad al caminar.
Más energía al despertar.
Cada pequeño avance…
Era una victoria.
Una noche, frente al espejo, levantó ligeramente el brazo.
Aún delgado.
Pero ya no tan frágil.
Apretó el puño.
Y esta vez…
Sintió algo.
Fuerza.
Pequeña.
Pero suya.
Una sonrisa leve apareció en sus labios.
—Bien… vamos poco a poco —susurró.
Su mirada se volvió más firme.
Más decidida.
—Este es solo el comienzo.
Porque ahora lo tenía claro.
Primero… Su cuerpo.
Luego… Su defensa.
Aunque fuera poco.
Aunque fuera lento.
Aunque tuviera que aprender en secreto.
—Cuando esté lista… voy a empezar a entrenar.
No necesitaba ser fuerte de inmediato.
Solo… lo suficiente.
Lo suficiente para resistir.
Lo suficiente para escapar.
Lo suficiente para no morir como en esa historia.
Apagó la vela junto a su cama.
La habitación quedó en penumbra.
Pero esta vez…
La oscuridad no era miedo.
Era preparación..
Era esperanza..
Y en medio de ese silencio…
Eloise Knapp, la hija invisible…
Comenzaba, por fin…
A volverse alguien que no podría ser ignorada.
Autora...sigo tus historias...muchas gracias por compartir tu imaginación!!!
Felicitaciones!!!