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Bajo El Nombre Valemont

Bajo El Nombre Valemont

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Magia
Popularitas:857
Nilai: 5
nombre de autor: Araknealeg

En la Casa Valemont, el amor es una debilidad y la sangre solo tiene valor mientras sea útil.
Seraphine Valemont, la hija menor de uno de los ducados más poderosos del reino, ha crecido rodeada de conspiraciones, rivalidades y silencios capaces de destruir familias enteras. Mientras sus hermanos luchan entre sí por poder y supervivencia bajo la mirada implacable de su padre, ella oculta un secreto que bastaría para condenarla a la hoguera: magia.
Pero sobrevivir en la nobleza exige algo peor que esconderse.
Exige aprender a manipular, mentir y convertirse en aquello que más detesta.
Mientras la aristocracia persigue brujas públicamente y las utiliza en secreto, Seraphine comenzará a construir una red clandestina de poder entre sombras, traiciones y pactos peligrosos.
Porque en la Casa Valemont, los monstruos no nacen.
Se crean.

NovelToon tiene autorización de Araknealeg para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cap 18. Lo Que Respira en la Oscuridad.

......................

Los pasos sobre el techo de piedra se alejaron lentamente.

Seraphine permaneció completamente inmóvil dentro de la oscuridad absoluta.

Podía escuchar su propia respiración.

Demasiado rápida.

Demasiado fuerte.

Las sombras seguían rodeándola.

No como simples manchas oscuras proyectadas por ausencia de luz.

Se movían.

Lentas. Silenciosas. Casi vivas.

El frío bajo su piel aumentó poco a poco hasta hacerle doler los dedos.

Controla las emociones.

La voz de su propia mente sonó firme.

O lo intentó.

Porque el miedo estaba comenzando a mezclarse con algo peor:

fascinación.

Las sombras cubrían parcialmente sus brazos y espalda como humo negro extendiéndose sobre tela y piel.

Y lo más aterrador era que se sentía… natural.

Como si la oscuridad reconociera algo dentro de ella.

Seraphine cerró los ojos un segundo.

Respira.

Concentración.

Lentamente intentó recuperar control consciente.

Las sombras reaccionaron enseguida.

Retrocedieron apenas.

No desaparecieron por completo. Solo obedecieron.

El corazón le golpeó más fuerte todavía.

Mierda.

Eso ya no era únicamente “mover sombras”.

Había algo más profundo ocurriendo.

Algo que todavía no entendía.

Esperó unos segundos adicionales hasta asegurarse de que los guardias realmente se habían alejado.

Luego encendió nuevamente la pequeña lámpara.

La tenue luz dorada reveló otra vez la cámara oculta.

El escritorio. Las telas cubiertas de polvo. Las velas consumidas.

Y el medallón plateado entre sus manos.

Seraphine lo observó cuidadosamente.

El símbolo Morvane estaba grabado en el centro con una precisión elegante.

Antiguo.

Importante.

Quizá perteneció realmente a su madre.

La idea produjo una sensación extraña en su pecho.

Porque Lyra Morvane seguía siendo más un misterio que una persona.

Rumores. Fragmentos. Silencios incómodos.

Nada más.

Y aun así…

Aquello había sido suyo.

Seraphine abrió lentamente el medallón.

Vacío.

No.

Esperó.

Luego notó algo pequeño dentro: una delgada lámina plegada cuidadosamente.

La sacó con extremo cuidado.

Papel viejo.

Muy viejo.

Desdobló lentamente el pequeño fragmento.

La letra era elegante. Fina.

“Si encuentras esto, significa que la oscuridad ya comenzó a responderte.”

El aire pareció desaparecer de golpe.

Seraphine volvió a leer la frase.

Otra vez.

Y otra.

No.

No podía ser.

La mano le tembló apenas.

Porque eso significaba que su madre sabía.

Sabía exactamente qué ocurriría.

El corazón comenzó a latirle más rápido mientras seguía leyendo.

“No confíes en quienes temen las sombras pero las usan en secreto.”

La respiración se le cortó lentamente.

La aristocracia.

Mierda.

Entonces había sido verdad.

Parte de la nobleza realmente utilizaba magia ocultamente.

Las piezas comenzaron a encajar demasiado rápido.

Las ejecuciones públicas. El miedo. Los registros escondidos. La desesperación del duque cuando apareció el símbolo Morvane.

Todo olía a algo mucho más grande.

Seraphine continuó leyendo.

“El poder no vive en las sombras. Las sombras obedecen aquello que vive dentro de ti.”

La tinta terminaba ahí.

No había firma.

Pero no hacía falta.

La habitación se volvió sofocante de pronto.

Porque por primera vez aquello dejaba de sentirse como coincidencia.

Su madre había esperado esto.

Había dejado ese lugar preparado.

Quizá incluso esperando que Seraphine lo encontrara algún día.

Demasiadas preguntas.

Y ninguna respuesta.

Guardó cuidadosamente el papel dentro del medallón y lo ocultó bajo la manga del vestido.

Necesitaba salir antes de que alguien notara su ausencia.

Pero justo cuando iba a girarse…

Escuchó algo.

Un sonido leve.

Metálico.

Detrás de ella.

Seraphine se tensó inmediatamente y levantó la lámpara.

Nada.

Solo oscuridad y muebles viejos.

Silencio.

Entonces otra vez.

Clink.

Como una cadena moviéndose lentamente.

El estómago se le heló.

La sombra bajo el escritorio comenzó a extenderse apenas.

No.

No ahora.

Retrocedió un paso instintivamente.

La lámpara tembló entre sus dedos.

Y entonces vio algo.

Una figura.

No completamente visible.

Solo una silueta oscura al fondo de la habitación.

Alta.

Inmóvil.

Seraphine dejó de respirar un segundo.

Las sombras alrededor parecieron reaccionar violentamente a su miedo.

La oscuridad se agitó sobre las paredes.

La figura desapareció inmediatamente.

Nada.

Solo vacío.

Silencio absoluto.

El corazón le golpeaba tan fuerte que dolía.

¿Había alguien ahí?

¿O la magia comenzaba a afectar su percepción?

Necesitaba irse.

Ahora.

Salió rápidamente de la cámara oculta y cerró el pasadizo detrás de ella.

Solo cuando volvió al corredor abandonado consiguió respirar parcialmente normal.

Pero incluso entonces seguía sintiendo algo incómodo.

Como si la oscuridad continuara observándola.

La mañana siguiente llegó cubierta por niebla espesa.

El castillo parecía más silencioso que de costumbre.

No tranquilo.

Tenso.

Como un animal herido esperando otro golpe.

Seraphine descendió al salón principal manteniendo expresión perfectamente neutra pese al agotamiento.

Había dormido poco.

Demasiado poco.

Cada vez que cerraba los ojos recordaba la silueta al fondo de la cámara.

Y la frase de la carta.

“La oscuridad ya comenzó a responderte.”

Cassian ya estaba desayunando cuando ella llegó.

Tenía ojeras marcadas y expresión endurecida.

Alaric apareció poco después.

Sonriendo apenas.

Por supuesto.

Ese hombre parecía disfrutar el caos.

—Nuestro encantador castillo sigue mejorando —comentó mientras tomaba asiento—. Dos cadáveres más y comenzaremos a cobrar entrada.

Cassian levantó lentamente la vista.

—¿Qué demonios te ocurre?

—Muchas cosas. ¿Quieres la lista completa?

—Algún día vas a decir algo incorrecto frente a padre.

Alaric tomó una copa de vino tranquilamente.

—Y ese día será entretenido.

Seraphine observó la interacción en silencio.

Pero notó algo importante.

Cassian estaba llegando a su límite.

Su control comenzaba a fracturarse lentamente.

Y eso era peligroso.

Porque el heredero Valemont vivía únicamente gracias a su capacidad de controlar emociones.

Cedric Arden entró entonces al salón acompañado por Octavian.

Aeron apareció unos segundos después.

Y otra vez esa sensación incómoda volvió inmediatamente.

Porque Aeron seguía observando demasiado.

Esta vez notó algo peor:

él parecía cansado también.

Como si tampoco hubiera dormido bien.

Interesante.

Lady Vivienne tomó asiento elegantemente.

—Espero que hoy resulte menos dramático que anoche.

—No haré promesas —respondió Alaric.

Evelyne apareció finalmente.

Perfecta como siempre.

Aunque Seraphine detectó tensión bajo la elegancia impecable de su hermana.

Todos estaban comenzando a romperse un poco.

El desayuno avanzó entre conversaciones políticas superficiales y tensión apenas contenida.

Hasta que Octavian habló.

—Los rumores ya comenzaron a extenderse fuera del ducado.

Silencio.

Cassian dejó lentamente los cubiertos sobre el plato.

—¿Qué rumores exactamente?

Octavian sostuvo su mirada.

—Brujería.

El ambiente se congeló.

Seraphine sintió el frío recorrerle la espalda.

Mierda.

Cedric frunció ligeramente el ceño.

—Padre.

Pero Octavian continuó.

—No vine a insultar a tu familia. Vine porque la situación empieza a atraer demasiada atención.

El duque apareció entonces entrando al salón.

Y claramente alcanzó a escuchar la última parte.

Su expresión se endureció inmediatamente.

—¿Atención de quién?

Octavian no apartó la mirada.

—De personas peligrosas.

Eso hizo que Seraphine levantara apenas la vista.

Interesante.

Muy interesante.

Porque la frase sonó demasiado específica.

El duque tomó asiento lentamente en la cabecera.

—Explícate.

Octavian apoyó ambas manos sobre la mesa.

—En la capital comenzaron a circular historias sobre símbolos antiguos apareciendo dentro de Valemont.

Silencio absoluto.

Nadie habló.

Nadie se movió.

Y Seraphine entendió inmediatamente el verdadero problema.

Si los rumores llegaban a la Iglesia…

Todo terminaría.

Octavian continuó.

—La Orden de la Llama ya mostró interés.

El pulso de Seraphine se aceleró violentamente.

Mierda.

La Orden.

Los cazadores de brujas.

Incluso Alaric dejó de sonreír completamente.

Cassian tensó la mandíbula.

El duque permaneció inmóvil unos segundos.

Luego habló con calma peligrosa.

—Los rumores son herramientas políticas.

—Sí —respondió Octavian—. Pero a veces basta una sospecha para destruir familias enteras.

Aeron permanecía en silencio observando las reacciones.

Y Seraphine tuvo la horrible sensación de que estaba memorizándolo todo.

Cada gesto. Cada pausa. Cada mirada.

El duque finalmente habló otra vez.

—Valemont no tiene nada que ocultar.

Mentira.

La frase atravesó el pecho de Seraphine como hielo.

Porque ella literalmente escondía magia bajo la piel mientras todos hablaban de exterminar brujas.

Y lo peor era otra cosa.

La Orden de la Llama significaba peligro real.

No rumores. No política.

Muerte.

Horas después Seraphine caminaba rápidamente por los jardines interiores intentando pensar.

La niebla cubría parcialmente las esculturas y senderos de piedra.

Todo parecía distante. Frío.

Necesitaba entrenar más.

La magia estaba creciendo demasiado rápido y apenas podía controlarla.

Eso terminaría matándola.

O exponiéndola.

Escuchó pasos detrás.

Se giró inmediatamente.

Aeron.

Otra vez.

Perfecto.

—Empiezo a creer que me sigues —dijo ella.

Eso provocó una pequeña sonrisa en él.

—El castillo no es tan grande.

Mentira. Era enorme.

Pero Seraphine decidió no discutirlo.

Aeron observó la niebla cubriendo los jardines.

—Tu padre parece preocupado.

—Mi padre parece preocupado incluso cuando duerme.

—No por esto.

Silencio.

Él continuó caminando lentamente junto a ella.

—La Orden de la Llama no se moviliza por simples rumores.

La tensión volvió inmediatamente al cuerpo de Seraphine.

—Hablas como si supieras mucho sobre ellos.

Aeron tardó un segundo en responder.

—Mi madre perdió familiares durante las purgas del norte.

Eso la sorprendió genuinamente.

No esperaba honestidad.

Él observó una estatua parcialmente cubierta por niebla.

—La Iglesia llama “protección” a muchas cosas horribles.

Interesante.

Muy interesante.

Porque aquello no sonó como propaganda noble.

Sonó personal.

Seraphine lo estudió cuidadosamente.

—¿Y tú qué piensas sobre las brujas?

Aeron la miró directamente.

—Creo que la gente teme aquello que no puede controlar.

La misma idea otra vez.

Pero ahora sonaba distinta.

Más seria.

Más real.

El viento frío cruzó los jardines lentamente.

Y Seraphine sintió algo incómodo por primera vez.

No peligro.

Peor.

La sensación de que Aeron quizá entendería demasiado… si seguía observando.

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