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Volumen 1: El Eco De Los Pasillos

Volumen 1: El Eco De Los Pasillos

Status: En proceso
Genre:Romance / Escuela / Amor eterno
Popularitas:159
Nilai: 5
nombre de autor: yoch

Dos salones, un pasillo y un futuro que está a punto de cambiar.
Valeria es la definición de la perfección académica en el 3º A. Con sus apuntes organizados por colores y la mirada fija en su título profesional, no tiene tiempo para distracciones. Para ella, la Escuela Normal es un peldaño más hacia el éxito, un lugar donde cada minuto debe ser aprovechado.
Al otro lado de la pared, en el 3º B, vive Julián. Él no busca las mejores notas, sino los mejores momentos. Relajado, carismático y con la habilidad de encontrar belleza en el caos, Julián cree que la vida sucede en los descansos, no en los libros.
Cuando un choque accidental en el pasillo cruza sus mundos, se desencadena una reacción en cadena que ninguno de los dos puede controlar. Lo que empieza como una curiosidad incómoda se transforma en una serie de encuentros robados bajo la sombra de los almendros y susurros en la biblioteca. Sin embargo, el camino no será fácil: las expectativas sociales, la presión de la graduación y la

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Capítulo 16: La Geometría de un Suspiro

El sol del mediodía en Riohacha no daba tregua, pero el ambiente en las gradas era tan refrescante como una brisa marina. Tras el primer gol de Mateo, el estadio se había convertido en un hervidero de emociones. Valeria sentía que el mundo finalmente se movía en la dirección correcta. Estaba sentada entre Sofía y Daniel, con la mano de Julián aún rozando la suya sobre el cemento caliente de la gradería. Ya no era la estudiante que calculaba riesgos; era una chica disfrutando de un sábado con sus amigos, sintiendo que cada grito de gol era una pequeña victoria contra la monotonía de los años pasados.

—¡Eso es! ¡Muerdan el polvo de la derrota! —gritaba El Chino, que ahora llevaba una bandera de la escuela atada al cuello como si fuera una capa de superhéroe—. ¡Mateo, si metes otro gol, te juro que te hago un monumento de plastilina en el salón de artes!

Daniel, que estaba concentrado en su cronómetro, no podía evitar reírse del entusiasmo de su amigo.

—Chino, por favor, siéntate. Estás tapándole la vista a los de atrás y van a terminar lanzándote un raspado en la cabeza.

—Que lo lancen, Daniel. El arte requiere sacrificios —respondió El Chino, aunque finalmente se sentó, procediendo a abrir una bolsa de mangos con sal y limón que inundó el aire con un aroma ácido y delicioso—. ¿Quieren? Es comida para el alma competitiva.

Valeria declinó con un gesto, demasiado concentrada en la figura de Mateo en la cancha. El partido estaba empatado tras un gol de Lucas, quien celebraba cada jugada con una arrogancia que ya no molestaba a Valeria, sino que le parecía casi pintoresca. A lo lejos, vio a Camila aplaudir con elegancia, pero sus ojos ya no buscaban a Valeria para intimidarla. La tregua, aunque frágil, se mantenía bajo el calor del sol.

Julián se inclinó hacia ella, rompiendo la barrera del sonido ambiental.

—¿Estás aburrida de tanto fútbol, capitana? —le preguntó con esa voz suave que siempre la hacía vibrar.

—Para nada —respondió ella, girándose para verlo—. Es fascinante ver cómo la dinámica de grupo cambia bajo presión física. Es como... como un sistema de fuerzas en equilibrio.

Julián sonrió y sacó su cuaderno de bocetos, que siempre llevaba escondido en la parte de atrás de sus jeans.

—Sigues analizando todo como si fuera un laboratorio, Val. Mira a Mateo —señaló con el lápiz hacia el campo—. Él no está pensando en fuerzas en equilibrio. Está pensando en que si gana este partido, por fin tendrá el valor de pedirle a Sofía que vaya con él al baile de clausura.

Valeria abrió los ojos de par en par y miró a Sofía, que estaba ocupada tomando fotos de las porristas.

—¿Sofía? ¿En serio? Ella nunca me dijo nada.

—Porque tú estabas muy ocupada con tus diagramas de química y ella no quería distraerte —dijo Julián, empezando a trazar líneas rápidas en el papel—. Pero todo el equipo lo sabe. El festival deportivo es la época de las grandes confesiones, Valeria. Es cuando el corazón corre más rápido que las piernas.

Valeria se quedó en silencio, procesando la información. Miró a su alrededor y empezó a ver la escuela con otros ojos. Vio a Daniel compartiendo sus notas con una chica de décimo que lo miraba con admiración; vio a Valkra, allá arriba en la última fila, compartiendo un refresco con uno de los entrenadores veteranos, riendo por primera vez en años. La Escuela Normal no era solo un edificio de concreto y reglas; era un organismo vivo lleno de historias que ella apenas estaba empezando a leer.

De repente, el árbitro pitó el final del primer tiempo. Los jugadores corrieron hacia las zonas de hidratación. Elena, que lideraba el equipo de apoyo, se acercó a Mateo con una toalla y agua, cumpliendo su labor con una eficiencia impecable. Al pasar cerca de las gradas donde estaban ellos, Elena se detuvo un segundo. Miró a Julián, luego a Valeria, y por primera vez, su mirada no fue de despecho, sino de aceptación. Asintió levemente y siguió su camino.

—Parece que todos estamos madurando un poco hoy —comentó Sofía, bajando la cámara y sentándose junto a Valeria—. ¿Vieron la cara de Elena? Creo que por fin entendió que el mundo no se acaba porque un chico cambie de opinión.

—O porque una genio decida divertirse —añadió El Chino, ofreciéndole un pedazo de mango a Sofía—. Vamos, Sofi, come algo. Necesitas energía para cuando Mateo meta el gol de la victoria y tengas que correr a abrazarlo.

Sofía se sonrojó intensamente, algo casi imposible de ver en ella.

—¡Cállate, Chino! Solo somos amigos.

—Sí, claro. Y yo soy el próximo campeón olímpico de salto alto —se burló El Chino, ganándose un empujón amistoso de Sofía.

Durante el descanso, Julián y Valeria decidieron caminar un poco para estirar las piernas. Se alejaron del ruido del estadio hacia el pasillo de los laureles, un sendero rodeado de árboles que conectaba el área deportiva con las aulas. Allí, el sonido del festival se convertía en un murmullo lejano y agradable.

—Valeria, quiero mostrarte algo —dijo Julián, deteniéndose bajo la sombra de un gran árbol de mango.

Le extendió el cuaderno de bocetos. Valeria lo tomó y pasó las páginas. Había dibujos del Chino cayendo en la pista, de Daniel concentrado en su reloj, de Valkra vigilando desde las sombras... y entonces llegó a la última página. Era un dibujo de ella, pero no como la chica de los libros. Estaba dibujada hoy, con su cinta azul en la muñeca, gritando de alegría en las gradas. El dibujo captaba una luz en sus ojos que ella misma no sabía que poseía.

—Es... es hermoso, Julián —susurró ella, sintiendo un nudo en la garganta—. Me haces ver como si fuera alguien importante.

—Eres la persona más importante de este festival para mí —respondió él, dando un paso hacia ella—. No por tus notas, ni por tu investigación. Sino porque hoy te vi ser tú misma por primera vez. Y me gusta mucho lo que vi.

Valeria cerró el cuaderno y se lo devolvió, sus manos rozándose de nuevo. En ese momento, la campana que anunciaba el inicio del segundo tiempo resonó en la distancia, pero ninguno de los dos se movió. La geometría del momento era perfecta: el ángulo de la luz, el silencio del pasillo y la cercanía de sus respiraciones.

—Julián... —comenzó ella, pero las palabras se quedaron atrapadas en un suspiro.

—No digas nada, Val. Los teoremas a veces se explican solos —dijo él, acercándose lo suficiente como para que ella pudiera sentir el calor de su piel.

Justo cuando el momento parecía culminar en algo más, un grito ensordecedor llegó desde la cancha.

—¡DANIEL, NO TE QUEDES AHÍ! ¡MIRA EL RELOJ! —era la voz del Chino, probablemente metido en algún nuevo lío de logística.

Ambos soltaron una carcajada y el hechizo se transformó en una complicidad alegre. Se tomaron de la mano y empezaron a caminar de regreso al estadio. El festival deportivo seguía su curso, lleno de sudor, risas y rivalidades, pero para Valeria y Julián, el verdadero trofeo ya estaba en sus manos. El Capítulo 16 terminaba con ellos dos regresando a las gradas justo a tiempo para ver a Mateo prepararse para un tiro libre decisivo, bajo la mirada atenta de una Sofía que ya no podía ocultar su nerviosismo. La tarde apenas comenzaba, y el romance escolar estaba ganando por goleada.

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