En medio de una guerra que destruyó mundos, un niño será preparado para proteger un Imperio y una heredera será enviada a la Tierra para sobrevivir.
Mientras que él creció para aceptar su destino, ella creció sin saber quién era realmente ni por qué el universo parecía perseguirla en silencio.
Pero la mayor batalla que librarían ambos no sería por un trono, sería por el amor.
A lo largo de sus vidas, amarán con una intensidad que los llevará a tocar el cielo y a enfrentarse a pérdidas que marcarán su historia para siempre.
Descubrirán que no todo amor basta, que no siempre es suficiente querer quedarse, y que hay destinos que se interponen incluso cuando nadie está dispuesto a rendirse.
Mientras fuerzas antiguas despiertan y el poder que duerme en ellos reclaman su lugar, tendrán que decidir qué significa realmente ser fuerte, porque gobernar un imperio es sencillo comparado con proteger aquello que amas, aun cuando amar también tenga un precio.
NovelToon tiene autorización de R Torres para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
16. Una triste canción
Kamloops quedó atrás y Yamileth tuvo que regresar a casa, con su madre Sabrina y con sus amigos, aún con el corazón adolorido, porque la vida contunuaba y el mundo no se detenía para nadie. Tampoco, tenía como saber lo que estaba ocurriendo en un planeta en dónde no sabía que había nacido, y los padecimientos de su
El parque estaba casi vacío aquella tarde. Las hojas se movían suavemente con el viento mientras el cielo comenzaba a teñirse de tonos anaranjados sobre la ciudad. A unos metros, algunos niños corrían cerca de la fuente central, ajenos al pequeño mundo que Yamileth parecía haber construido alrededor suyo.
La guitarra descansaba sobre sus piernas. Y varias hojas llenas de correcciones, acordes tachados y frases incompletas estaban esparcidas sobre la banca.
Llevaba semanas trabajando en aquella canción. Semanas intentando ordenar algo que todavía dolía demasiado. Y aun así, ninguna palabra parecía suficiente.
Yamileth respiró profundamente, después cerró los ojos, y comenzó a tocar. Las notas suaves de la guitarra se mezclaron con el sonido del viento mientras su voz llenaba lentamente el parque.
Era una canción melancólica, pero también cálida.
Hablaba de estrellas lejanas, de promesas bajo la lluvia, de alguien que pertenecía a otro lugar y aun así se convirtió en hogar.
Cada palabra parecía salir directamente de su pecho, como si cantar fuera la única forma de soportar el vacío que había dejado Alnair..Cuando terminó, el silencio alrededor se sintió inmenso.
Yamileth abrió lentamente los ojos, una lágrima cayó silenciosamente por su mejilla, pero también sonrió, porque por un instante, mientras cantaba, sintió que él seguía cerca.
- “Está muy bonita”, dijo la joven de larga cabellera negra que se acercó a ella.
Yamileth giró ligeramente el rostro. Suni acababa de sentarse a su lado sosteniendo dos vasos de café caliente. Yamileth se limpió rápidamente la lágrima.
- “Gracias”, manifestó Yamileth.
Suni la observó unos segundos antes de entregarle uno de los vasos.
- “Creo que es exactamente lo que él te habría dicho”, dijo Suni.
Eso hizo que Yamileth bajara apenas la mirada hacia la guitarra.
- “Me hubiera gustado tener más tiempo con él. Tenía una voz que jamás voy a olvidar”, manifestó Yamileth.
Suni apoyó los brazos sobre sus piernas observándola con calma.
- “¿Qué podrías haber hecho para retenerlo?”, preguntó Suni. Yamileth soltó una pequeña risa triste.
- “Tal vez no tenía que detenerlo. (Levantó lentamente la mirada hacia el cielo) Tal vez tenía que seguirlo”, respondió Yamileth. Suni guardó silencio unos segundos antes de preguntar suavemente:
- “¿De verdad crees que todo lo que te dijo era cierto?”, preguntó Suni. Yamileth ni siquiera dudó.
- “Sí”, afirmó Yamileth. “No habría nada que él me dijera que yo no pudiera creer”.
Sus dedos acariciaron distraídamente la pulsera de cuentas de colores que seguía llevando en la muñeca.
- “Siempre hablaba con el corazón”, añadió Yamileth.
El viento movió suavemente el cabello de ambas. Después de unos segundos, Suni volvió a hablar.
- “¿Habrías sido capaz de dejarlo todo?”, preguntó Suni. Yamileth levantó la mirada confundida.
- “¿Qué cosa?”, dijo Yamileth.
- “Tus padres. Tus amigos, incluso a mí”, manifestó Suni.
Aquella pregunta la dejó en silencio, porque una parte de ella sabía la respuesta. Y precisamente por eso dolía tanto.
Finalmente dejó la guitarra a un lado y abrazó suavemente a su amiga.
- “Habría sido muy difícil dejarte a ti”, dijo Yamileth.
Suni sonrió apenas abrazándola también. Yamileth apoyó el mentón sobre su hombro.
- “Supongo que lo nuestro era como esas historias tristes de amor imposible”, manifestó Yamileth.
- “¿Romeo y Julieta?”, ironizó Suni.
- “Sí, algo así”, respondió Yamileth. Suni suspiró suavemente.
- “Eres demasiado joven para morir de amor, Yami”, replicó Suni. Eso hizo que Yamileth soltara una pequeña risa nasal.
- “Gracias por la motivación”, dijo Yamileth.
- “Estoy hablando en serio”, expresó Suni y se apartó apenas para mirarla directamente. “Que él se haya ido no significa que tu vida terminó”.
Yamileth bajó la mirada, todavía había días donde el vacío se volvía insoportable. Días donde esperaba absurdamente verlo aparecer entre la gente. Días donde la lluvia o incluso una canción eran suficientes para romperle el corazón otra vez.
- “Escuché bien tu canción”, dijo Suni, tomando suavemente las manos de su amiga. “Está llena de tristeza, pero también de luz. Tal vez eso era lo que él quería dejarte”.
Yamileth sintió el pecho apretarse, porque sí. Eso sonaba exactamente como algo que Alnair diría.
- “Sigue adelante”, continuó Suni. “Que amar a alguien así se convierta en tu fuerza, no en tu prisión”.
El viento volvió a mover las hojas alrededor de ellas. Yamileth respiró profundamente. Después sonrió apenas, una sonrisa todavía triste, pero más ligera. Tomó nuevamente la guitarra entre sus brazos, y empezó a tocar otra vez.
La melodía se elevó suavemente sobre el parque mientras Suni la observaba sonriendo y acompañando el ritmo con pequeños movimientos de cabeza.
Aquella canción se convirtió en algo importante para Yamileth durante mucho tiempo; era un recuerdo, una despedida y también una promesa silenciosa de que, aunque una parte de su corazón siempre pertenecería a aquel muchacho de ojos ámbar, ella seguiría brillando.