NovelToon NovelToon
1 Soy Mitad Humana Y Demonio

1 Soy Mitad Humana Y Demonio

Status: Terminada
Genre:Venganza / Demonios / Romance / Completas
Popularitas:1k
Nilai: 5
nombre de autor: cristy182021

Estrella Cloe Pattison Evans siempre supo que era diferente. Mitad humana y mitad demonio, vive ocultando una oscuridad que apenas puede controlar mientras Gabriel, un ángel y amigo de su padre, intenta protegerla del peligro que la rodea. Pero todo cambia cuando conoce a Adrik, un misterioso vampiro ligado al enemigo de su familia.
Su presencia despierta poderes inestables, secretos ocultos y una conexión imposible de ignorar. Mientras fuerzas peligrosas comienzan a buscarla, Estrella descubrirá que su destino podría cambiar el equilibrio entre la luz y la oscuridad.
Ahora deberá decidir si luchar contra lo que es… o aceptar el poder que corre por su sangre.

NovelToon tiene autorización de cristy182021 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

No fui con el profesor.

Otra vez.

Y esta vez ni siquiera lo intenté.

Salí de la escuela antes de que sonara el último timbre, mezclándome con la gente lo suficiente para no llamar la atención… aunque una parte de mí sabía que ya era tarde para eso.

El aire afuera debería haber sido diferente.

Más ligero.

Más normal.

No lo fue.

Caminé sin rumbo claro, con la mochila colgando de un solo hombro y la mente demasiado llena como para pensar en algo concreto.

Pero todo regresaba al mismo punto.

A él.

A su voz.

A su mano.

A lo que dijo.

“Aprende a usarlo.”

Solté una risa baja, sin humor.

—Claro… facilísimo.

Mis pasos se hicieron más lentos.

No porque quisiera.

Porque algo dentro de mí…

no quería avanzar.

La sensación volvió.

No como un golpe.

No como antes.

Peor.

Constante.

Silenciosa.

Como si ya no necesitara esconderse.

Me detuve.

Otra vez.

Respiré hondo.

Una vez.

Otra.

Intentando aplicar lo que él me había enseñado.

Funcionó.

Un poco.

Pero no eliminó la sensación.

Solo la hizo… más clara.

Más definida.

Como si ahora pudiera distinguirla mejor.

Y eso no era bueno.

Porque significaba que estaba aprendiendo.

Pero también…

que algo más estaba aprendiendo de mí.

Levanté la mirada.

La calle seguía igual.

Autos pasando.

Gente caminando.

Una señora hablando por teléfono.

Un niño riendo a lo lejos.

Todo normal.

Todo perfectamente normal.

Y completamente falso.

Porque debajo de eso…

había algo más.

Algo que no encajaba.

Algo que no pertenecía a ese lugar.

—Esto no está pasando —murmuré.

Pero mi voz no tuvo convicción.

Seguí caminando.

Más rápido ahora.

Como si alejarme fuera a cambiar algo.

No lo hizo.

El frío aumentó apenas.

No en la piel.

Más profundo.

Como si viniera desde adentro… o desde algo que me estaba mirando.

Apreté la mandíbula.

—No —susurré—. No otra vez.

Pero esta vez…

no hubo advertencia.

No hubo pausa.

Solo—

un cambio.

Sutil.

Pero suficiente.

La calle se sintió… más silenciosa.

No porque el ruido desapareciera.

Sino porque dejó de importar.

Como si todo lo demás se hubiera vuelto irrelevante de repente.

Mi respiración se volvió más lenta.

No por control.

Por instinto.

Algo estaba mal.

Muy mal.

Y entonces—

lo sentí.

Más cerca.

Mucho más cerca.

No como antes.

No observando.

No esperando.

Esto—

estaba aquí.

No me moví.

No porque no quisiera.

Porque mi cuerpo decidió antes que yo.

Esa sensación…

ya no era solo presencia.

Era dirección.

Venía hacia mí.

Lenta.

Segura.

Como si supiera exactamente dónde estaba… sin necesidad de buscar.

Mi respiración se volvió más superficial.

—No… —susurré.

Intenté concentrarme.

Como él me dijo.

Respira.

Inhala.

Exhala.

Pero esta vez no era igual.

Porque ahora no estaba sola con eso.

Algo más…

estaba respondiendo.

El aire cambió.

No de golpe.

Gradual.

Como si la temperatura bajara solo en el espacio que me rodeaba.

Un paso.

Eso fue lo primero que hice.

Pequeño.

Casi insignificante.

Pero suficiente para confirmar algo.

La sensación se movió conmigo.

No estaba en un lugar.

Estaba siguiéndome.

Mi pulso se disparó.

—Genial… —murmuré sin aire—. Eso es exactamente lo que necesitaba.

Otro paso.

Más rápido.

Y entonces—

lo vi.

No claramente.

No como una persona.

Fue más bien…

una distorsión.

Como si el aire se doblara ligeramente en un punto específico.

Como calor en el asfalto.

Pero frío.

Antinatural.

Parpadeé.

Seguía ahí.

Y esta vez…

se acercó.

Un centímetro.

Tal vez menos.

Pero lo suficiente para que mi cuerpo reaccionara.

Mi energía subió de golpe.

Sin permiso.

Sin control.

—No, no, no—

La presión regresó.

Más fuerte.

Más agresiva que antes.

Mi respiración se rompió.

El entorno vibró apenas.

Un bote de basura cercano tembló.

Las hojas de un árbol se agitaron sin viento.

—Detente… —susurré, llevándome una mano al pecho.

Pero no se detuvo.

Porque no era solo miedo.

Era respuesta.

Mi energía…

estaba reaccionando a eso.

Y eso—

estaba reaccionando a mí.

La distorsión avanzó otro poco.

Más clara ahora.

Más definida.

Como si empezara a tomar forma.

No humana.

No completamente.

Pero suficiente para que mi instinto gritara:

peligro.

Retrocedí.

Un paso.

Dos.

—Aléjate —dije.

No sabía si me escuchaba.

No sabía si podía.

Pero necesitaba decirlo.

La presión aumentó.

Mi energía se elevó más.

El aire crujió.

Literalmente.

Un sonido seco, casi imperceptible.

Como si algo invisible estuviera a punto de romperse.

—No puedo… —murmuré.

Otra vez.

El mismo punto.

El mismo límite.

Y entonces—

la distorsión se detuvo.

No retrocedió.

No avanzó.

Solo…

se quedó.

Como si estuviera observándome.

Midiendo.

Esperando algo.

Mi respiración era un desastre.

Mi mente peor.

—¿Qué eres…? —susurré.

No hubo respuesta.

Pero la sensación cambió.

Más enfocada.

Más directa.

Y por primera vez…

entendí algo.

No estaba intentando atacarme.

No todavía.

Estaba intentando…

acercarse.

No debía acercarse.

Lo sabía.

Cada parte de mí lo sabía.

Y aun así…

no podía moverme.

La distorsión se tensó.

Como si el aire mismo se comprimiera en ese punto.

Y entonces—

dio un paso.

No físico.

Pero real.

La distancia entre nosotros se redujo sin que nada visible se moviera.

Mi respiración se cortó.

Mi energía reaccionó.

Violenta.

Desordenada.

Subió de golpe, expandiéndose desde mi pecho hacia afuera como una onda que no podía detener.

—No—

El sonido salió roto.

Demasiado tarde.

La presión explotó.

El suelo vibró levemente.

Un vidrio cercano tembló.

La distorsión respondió.

No retrocedió.

Se deformó.

Como si intentara tomar forma con lo que yo estaba liberando.

—¡Aléjate! —grité, ahora sí.

Pero no era una orden.

Era desesperación.

La cosa se acercó más.

Demasiado.

Ahora la sentía.

No solo como presencia.

Como contacto.

Frío.

Profundo.

Como si algo intentara atravesar mi energía… y entenderla desde dentro.

Mi cuerpo reaccionó de inmediato.

Dolor.

No físico.

Peor.

Algo dentro de mí se tensó al límite.

—¡No me toques! —jadeé.

Mi energía explotó otra vez.

Más fuerte.

Más peligrosa.

El aire a mi alrededor se distorsionó.

Un pulso invisible salió de mí.

Y por un segundo—

todo se detuvo.

La cosa también.

Silencio.

Total.

Y entonces—

la sentí cambiar.

No agresiva.

No retirada.

Interesada.

Eso fue lo peor.

Porque significaba que no estaba perdiendo.

Estaba aprendiendo.

—Perfecto… —susurré, con la respiración rota.

Mi cuerpo ya no estaba respondiendo bien.

Mis manos temblaban más.

Mi visión se volvió ligeramente borrosa.

—No puedo…

Otra vez.

Otra vez en ese punto.

Y esta vez…

no había nadie.

Nadie que—

—Suficiente.

La voz cortó el aire.

Directa.

Fría.

Inconfundible.

Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente.

Giré apenas.

Y él ya estaba ahí.

Entre eso y yo.

No lo vi llegar.

No lo sentí acercarse.

Simplemente—

estaba.

Su presencia cambió todo.

No el ambiente.

La dinámica.

La distorsión se tensó.

Como si lo reconociera.

Como si supiera que ahora…

no era tan fácil.

—Retrocede —dijo él.

No a mí.

A eso.

Silencio.

Pero no vacío.

Tenso.

El tipo de silencio que se sostiene antes de romperse.

—No te pertenece —añadió.

Su voz no subió.

Pero algo en ella…

pesó.

La cosa no respondió.

Pero tampoco avanzó.

Se quedó ahí.

Oscilando.

Como si estuviera decidiendo.

Yo no podía moverme.

No podía pensar.

Solo podía sentir.

Mi energía.

Él.

Eso.

Todo al mismo tiempo.

Demasiado.

—Estrella.

Mi nombre.

Otra vez.

Más cerca.

—Mírame.

Intenté.

Fallé.

—Ahora.

Levanté la mirada.

Con esfuerzo.

Y lo vi.

Diferente.

No solo serio.

No solo calmado.

Más oscuro.

Más… real.

—Respira.

Negué apenas.

—No puedo…

—Sí puedes.

Su voz bajó.

Más firme.

Más directa.

—Pero no sola.

Eso—

me detuvo.

Mi respiración tembló.

Pero obedeció.

Inhalé.

Mal.

Exhalé.

Peor.

—Otra vez.

Lo hice.

Y otra.

Y otra.

Mi energía seguía fuera de control.

Pero ya no estaba explotando.

Se contenía.

Apenas.

Suficiente.

La presión bajó un poco.

Lo suficiente para no romper algo más.

—Eso es —murmuró.

La cosa seguía ahí.

Pero ya no avanzaba.

No podía.

No mientras él estuviera.

Y eso…

lo sentí.

Por primera vez.

Claramente.

Él no solo estaba ayudando.

Estaba—

protegiéndome.

La cosa no desapareció de inmediato.

No retrocedió.

No huyó.

Solo… cambió.

La distorsión se contrajo ligeramente, como si el aire volviera a acomodarse en su lugar… pero no del todo.

Como si algo aún estuviera ahí.

Observando.

Calculando.

Mi respiración seguía inestable.

Pero ya no estaba al borde de romperlo todo.

No mientras él estuviera frente a mí.

—No puede sostenerse —murmuró él, sin apartar la mirada de eso—. No aquí.

—¿Qué…? —mi voz salió baja, rota.

—No completamente —añadió—. Aún no.

Eso no me tranquilizó.

Para nada.

La distorsión vibró una última vez.

Más débil.

Más… difusa.

Y entonces—

se deshizo.

No como algo que se rompe.

Como algo que decide irse.

El aire volvió.

Los sonidos regresaron.

Los autos.

Las voces.

El mundo.

Pero nada se sentía igual.

Porque yo sí lo había visto.

Sí lo había sentido.

Y eso…

no se podía borrar.

Mis piernas fallaron apenas.

Un paso atrás.

Dos.

Él reaccionó antes de que cayera.

Su mano volvió a sujetarme.

Esta vez más firme.

Más real.

—Hey —murmuró—. No te desconectes ahora.

Mi respiración se desordenó otra vez.

Pero por otra razón.

Porque estaba demasiado cerca.

Porque todo seguía demasiado intenso.

—Estoy bien… —mentí.

No lo estaba.

Ni cerca.

Él no discutió.

Pero tampoco me soltó de inmediato.

Esperó.

A que mi respiración encontrara un ritmo.

A que mi cuerpo dejara de temblar tanto.

A que volviera… lo suficiente.

—No lo está —dijo al final.

No fue pregunta.

No fue juicio.

Solo verdad.

Cerré los ojos un segundo.

—¿Qué era eso…?

Silencio.

Pero esta vez sí respondió.

—Un rastreador.

El frío regresó.

—¿Un qué?

—Algo que busca… y aprende —explicó—. No ataca primero.

Mi estómago se tensó.

—Entonces ¿por qué se fue?

Sus ojos se movieron apenas hacia mí.

—Porque ahora sabe dónde estás.

Eso fue peor.

Mucho peor.

—¿Va a volver?

Silencio.

Corto.

Directo.

—Sí.

Tragué saliva.

—Perfecto…

Mi voz no tenía fuerza.

Ni sarcasmo real.

Solo cansancio.

—Pero no igual —añadió—. La próxima vez… va a entender mejor cómo acercarse.

Un escalofrío recorrió mi espalda.

—¿Y eso qué significa para mí?

Ahora sí me miró directamente.

Sin rodeos.

—Que no puedes permitirte perder el control otra vez.

El golpe fue inmediato.

—No es como si lo hiciera a propósito.

—Lo sé.

—Entonces deja de decirlo como si fuera tan fácil.

Silencio.

Tenso.

Cargado.

—No es fácil —dijo—. Es necesario.

Eso me hizo reír.

Pero sin humor.

—Genial. Me siento mucho mejor.

Él no reaccionó.

Solo sostuvo mi mirada.

—Si no aprendes a controlarlo —añadió— no solo te vas a exponer…

hizo una pausa leve.

—vas a atraer cosas peores.

Mi respiración se detuvo.

—¿Peores que eso?

No respondió.

Y eso fue respuesta suficiente.

Miré alrededor.

Todo seguía igual.

Pero ya no podía verlo igual.

Nada lo era.

—Entonces enséñame —dije.

La decisión salió antes que el miedo.

Antes que la duda.

Lo miré directo.

—Porque no voy a esperar a que algo más aparezca.

Silencio.

Pero diferente.

Más profundo.

Más… definitivo.

Él me observó.

Como si estuviera midiendo algo más que mis palabras.

Como si estuviera decidiendo si creerme… o no.

—Esto no es un juego —dijo finalmente.

—Lo sé.

—No puedes detenerlo a la mitad.

—No voy a hacerlo.

Silencio.

Otra vez.

Pero esta vez…

se sintió como un punto de quiebre.

—Entonces mañana —murmuró—. Después de clases.

Mi pulso se aceleró.

—¿Dónde?

Una leve pausa.

Y luego—

—Donde nadie pueda ver lo que eres.

El aire se tensó otra vez.

No por miedo.

Por lo que eso significaba.

Cuando parpadeé—

ya no estaba.

Otra vez.

Pero ahora no se sentía como desaparición.

Se sentía como… inicio.

Miré mis manos.

Aún temblaban.

Pero menos.

Mucho menos.

Y por primera vez…

no sentí solo miedo.

Sentí algo más.

Expectativa.

Y eso—

podía ser igual de peligroso.

1
Maria De Jesus Tirado Rodriguez
quedó inconclusa tan interesante que estaba 😭
CristyGry: también te invito a leer el libro 0.5 que es como la historia de los papás de estrella y de cómo Federico se hizo malo
total 1 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play