Alana Díaz es una estudiante decidida a graduarse por sus propios méritos, lejos de los lujos y el caos de la gran ciudad. Pero su vida da un giro irreversible al entrar como pasante en el imperio de Leonardo Salvatore, un CEO tan influyente como implacable que no está acostumbrado a que le digan que no.
Lo que comienza como una relación profesional se convierte en un juego de seducción y peligro. Tras un violento "accidente" que deja a Alana vulnerable y bajo el cuidado personal de Leonardo en su lujoso Penthouse, la barrera entre el jefe y el protector se desvanece, dando paso a una pasión que ambos intentaron contener.
Sin embargo, el amor no es lo único que crece entre ellos. Mientras Alana lucha por mantener su independencia, una red de envidias, secretos de élite y una madre dispuesta a todo por mantener el "apellido" amenazan con destruirlo todo. En un mundo donde el dinero lo compra todo, ¿podrá el amor de una "pueblerina" sobrevivir a la furia de quienes lo quieren ver cae
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CAPITULO 16
ALANA DÍAZ
Miércoles, día de ir a la empresa.
Me levanté un poco antes y me puse los zapatos de tacón y empecé a andar de un lado a otro. Después de una hora dominé la técnica. Me di una ducha.
Me puse el uniforme. Se veía los arañazos en la cara, no tenía maquillaje porque no usaba, me solté el cabello.
Alguien tocó la puerta.
Al abrir la puerta era el chófer de Leonardo.
— Buenos días, señorita Díaz, el señor Salvatore le envía esto. Por favor úselo. La espero abajo.
Lo tomé. El chófer se retiró.
Abrí la caja, era maquillaje, labial, cremas y unos bodys. En mi vida normal con mi poco salario jamás lo lo hubiese comprado.
Siendo sincera, aunque me gusta Leonardo, me siento que me está comprando. Y aquí es donde no sé si sentirme halagada o sentirme mal porque al final los chismes terminarían siendo verdad.
Tomé el maquillaje y fui al baño. Me puse base tapando el aruño. Al final, no se notaba para nada.
Bajé. Ahí me esperaba el chófer.
— No hay necesidad, voy a ir en bus.
— Señorita, si no la llevo, el CEO me va a regañar. Por favor suba al auto.
— Me subo, pero con una condición, que me dejes a una o dos cuadras antes. No quiero crear controversia en la empresa.
—Está bien.
Y así fue. Me bajé una cuadra antes. Caminé hasta la empresa. Iba dos minutos tardes.
Caminaba despacio por los tacones. Cuando me veían, sentía que me iba a caer.
Llegué a la oficina de Leonardo.
— Buenos días. Mil disculpas porque vine tarde.
Él se levantó de su silla, se dirigió a la puerta y la cerró.
Me abrazó.
— ¿Cómo te sientes? — lo miré a sus ojos. Él tenía una mirada distinta, como si mirara a cachorro.
— Estoy bien. Señor Leonardo, no quiero que aquí también haya chisme.
— Nadie nos ve — acarició mi mejilla y me dio un beso tierno. No me negué. Mi corazón palpitaba tan rápido que hasta la presión se me bajó.
— Acostúmbrate a esto. Porque voy en serio contigo. Me gustas más de lo que imaginas.
— Pero yo soy pobre. No soy como usted.
— ¿Te he juzgado alguna vez por eso?
— No.
— Después de mucho tiempo, siento que tú me has devuelto la vida. Así que, deja que cuide de ti.
No dije nada. La que se perdía en estos momentos era yo. Me estaba enamorando de Salvatore.
Después de unos minutos abrazados. Él me delegó el trabajo de hoy. Después de todo, vengo a trabajar. Él se sentó en su escritorio, abrió su laptop y empezó a revisar documentos. Yo, desde mi lugar trabajaba en lo asignado.
De vez en cuando él me miraba sin disimulo. Por primera vez, alguien me hacía sentir humana.
Leonardo recibió una llamada.
— Está bien, madre. Ahí estaré — él colgó. Revisó su reloj.
— Es hora de almorzar. No te quedes aquí — se levantó y se acercó a mi escritorio. Me extendió la mano, la tomé y me puse de pie — iré a almorzar con mi madre.
Me tomó de la cintura. Nos miramos un rato. Nos dimos un beso. A estas alturas siento que ya no puedo seguir negando a lo que quiero.
— Siento que usted me gusta mucho — lo dije bajito como si quisiera que fuera secreto de los dos.
Él sonrió.
— Esto es mutuo, mi Alana. Sé que cuando regrese ya no estarás aquí, iré a la universidad a la 5 porque iré a saludar al profesor. Daré una conferencia la semana que viene. Espero verte.
— La universidad es otra cosa. Ya te dije, si nos ven juntos esos chismes serán peores y yo solo quiero terminar la carrera tranquila. Si me ves, por favor pasa de largo. Perdón por eso.
— Me entristece escuchar eso. Pero respetaré tu decisión. Entonces salimos a caminar esta noche, prometo que será en un lugar donde nadie nos molestara.
— Está bien.
Me dio un beso de despedida y se fue.
Terminé de ordenar los documentos y todo lo dejé en su escritorio. Salí al comedor.
Ahí estaban las dos chicas del baño, Sofía y Leticia. Me incomodaban con sus miradas, me revisaban de pie a cabeza. Tomé mi almuerzo y me senté lejos de ellas. Terminé lo más rápido que pude.
Regresé a la oficina y tomé mi bolso. Camino a la universidad.
LEONARDO SALVATORE
Conduje hasta la dirección que me había enviado mi madre por mensaje.
Restaurante Gold, mesa 7.
Llegué. Me acerqué a la recepción.
— Buenas tardes. Mesa 7. Indica por favor.
La recepción llamó aún mesero y este me llevó a la mesa 7. Al ver que no estaba mi madre, sino una mujer de mi edad más o menos, llamé a mi mamá. Ella no me respondió.
📨 Disfruta de tu compañía. Atte. mamá.
— Leonardo — la miré — no me recuerdas.
— No. Me disculpas, vine porque pensé que iba a almorzar con mi madre.
—Soy Irán. Fuimos juntos a la secundaria.
La recordé. Ella ha cambiado mucho, desde el color del cabello hasta su cuerpo.
— Me disculpo si fui grosero. No te reconocí.
— Siéntate sí. Ayer regresé al país. Y tu mamá me llamó. No podía negarme.
Me senté.
— ¿Cómo te ha ido? — le pregunté.
— Bien, vivir en el extranjero no es tan malo. Tu mamá me contó de Nataly. No lo podía creer.
— Dejemos el pasado ahí. Más bien, cuéntame qué haces aquí.
— Vengo por negocios — Sonrió — seré clara desde un inicio. Vengo por ti. Antes con Nataly presente en tu vida, no podía acercarme por respeto a ella, pero ahora, estás soltero. Así que, vengo por ti.
— No pierdas tu tiempo — revisé mi reloj — yo ya tengo a alguien.
Me levanté y me fui del restaurante.
Cuando llegué a la empresa, alana ya no estaba.
pobre leo cuando lo sepa 🥺🥺
leo
creen que eres un niño que pueden jugar contigo demuestrsles que no
debe pagar