Cande, ceo de una gran empresa, muere y reencarna en Fiorella. Volviéndose la niñera del hijo del villano. El frívolo Giovanni. Tiene que proteger al niño para que no muera de una traición por parte de la corona. De lo contrario, ella es quien morirá. ¿lo malo a parte de que su vida depende de un niño? Es que nunca tuvo uno o cuido tan siquiera. Por eso, el joven amo le resulta tan estresante.
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Capitulo 18: La herida se abre.
La habitación de Alan había quedado en silencio después de que los cuerpos de los Tivanes fueron apartados. Giovanni no permitió que ningún sirviente entrara todavía; dio la orden de que nadie se acercara al pasillo, luego cerró la puerta principal y se apoyó un momento contra la mesa de estudio.
Fiorella seguía allí con Alan cerca de ella. El muchacho todavía estaba pálido, pero trataba de mantenerse firme. No había llorado ni gritado cuando todo ocurrió; solo había observado en silencio mientras su tío eliminaba a los dos hombres.
Giovanni extendió la mano.
—Supongo que tienes algo para mí ¿No?
Fiorella sacó los documentos que había escondido dentro de su ropa. Los colocó sobre la mesa sin decir nada.
Alan miró los papeles con una mezcla de miedo y alivio.
—Son esas —dijo—. Todo lo que él me dió.
Giovanni tomó el primer sobre. No parecía apurado, pero su forma de leer era intensa, como si cada palabra fuera importante y es que lo era.
Nadie habló durante varios segundos.
El sonido del papel moviéndose era lo único que se escuchaba. Fiorella se apoyó contra la mesa, observando el rostro de Giovanni. Lo conocía lo suficiente para notar los cambios más pequeños en su expresión. Al principio su mirada era fría y concentrada; luego comenzó a endurecerse.
Pasó a la siguiente carta.
Los nombres de los intermediarios estaban escritos con cuidado. Había instrucciones para pagos, rutas de contacto, órdenes que hablaban de “resolver asuntos pendientes con el hijo del gran duque” dentro del castillo.
Giovanni continuó leyendo sin levantar la cabeza.
—Con esto es suficiente —dijo finalmente con voz baja—. Más que suficiente.
Alan soltó el aire que había estado reteniendo.
—Entonces… ¿mi madre no podrá negarlo?
Giovanni no respondió de inmediato.
Tomó otro documento.
Era una carta más antigua, el papel amarillento y doblado varias veces.
La abrió.
Sus ojos recorrieron las líneas lentamente.
Fiorella notó el cambio antes de que él dijera algo. La mandíbula de Giovanni se tensó de golpe. Sus dedos apretaron el papel con más fuerza de la necesaria.
Algo en esa carta era distinto.
Fiorella se acercó un poco más.
—¿Qué dice?
Giovanni no respondió.
Sus ojos siguieron leyendo.
Y entonces su expresión cambió de una forma que Fiorella nunca había visto con tanta claridad. Dolor.
Giovanni dejó la carta sobre la mesa de golpe. La silla se movió con brusquedad cuando se levantó.
Alan dio un pequeño paso atrás.
—Tío Giovanni…
Pero el hombre ya estaba caminando hacia la puerta.
Fiorella frunció el ceño.
—Giovanni.
Él no se detuvo. Abrió la puerta con fuerza y salió al pasillo.
—¡Giovanni! —volvió a llamarlo.
No respondió. Fiorella miró a Alan. El muchacho parecía confundido.
—Quédate aquí —le dijo con firmeza—. No salgas.
Alan asintió sin discutir. Fiorella salió al pasillo. Giovanni ya estaba varios metros adelante, caminando con pasos largos y rápidos.
—¡Giovanni!
Esta vez levantó más la voz. Él no se detuvo. Fiorella apretó el paso para alcanzarlo.
—¿Qué dice esa carta?
No respondió. Su silencio era más preocupante que cualquier grito. Giraron por el pasillo que llevaba hacia el salón principal del ala real.
Y entonces Fiorella lo vio. Lorin. La reina estaba de pie cerca de una mesa, conversando con dos nobles. Parecía tranquila, incluso sonreía mientras hablaba.
Giovanni no dudó. Caminó directo hacia ella.bUno de los nobles intentó decir algo al verlo acercarse con esa expresión.
—Príncipe Giovanni…
Pero no terminó la frase. Giovanni tomó a Lorin por el cuello. El movimiento fue tan rápido que nadie reaccionó a tiempo. Levantó a la reina apenas del suelo y la empujó contra la pared.
El golpe resonó en el pasillo. Los nobles retrocedieron de inmediato.
Lorin abrió los ojos con sorpresa y miedo.
—¡Giovanni!
Pero él no aflojó la presión. Sus ojos estaban llenos de furia.
—¡Tú!—su voz salió cargada de dolor—¡Tú me quitaste a Claudia!
El nombre cayó como una acusación que nadie esperaba escuchar. Lorin comenzó a llorar de inmediato.
—¡No sé de qué hablas!—intentó agarrar la muñeca de Giovanni, pero no pudo moverla—¡Suéltame!
Varias personas comenzaron a reunirse alrededor. Los guardias llegaron corriendo desde el pasillo cercano.
—¡Mi señor!
Dos de ellos sujetaron el brazo de Giovanni.
—¡Suéltela!
Les tomó esfuerzo separarlo. Giovanni resistió un segundo más antes de soltarla. Lorin cayó contra la pared, respirando con dificultad, una mano en su cuello mientras las lágrimas corrían por su rostro.
—¡Está loco! —dijo entre sollozos—. ¡No sé qué le pasa!
En ese momento otra voz se escuchó desde el extremo del pasillo.
—¿Qué está ocurriendo aquí?
Era el rey.
Massimo apareció acompañado por dos guardias más. Gabriel caminaba cerca de él, mirando la escena con los ojos muy abiertos.
Fiorella había visto todo desde unos metros atrás. Massimo miró primero a Lorin.
—Lorin...
Ella asintió llorando.
—Tu hermano me atacó sin razón.
Massimo giró hacia Giovanni. Su expresión era seria.
—¿Qué significa esto?
Giovanni estaba respirando con fuerza, pero poco a poco recuperó el control.
Miró a su hermano. Luego tomó las cartas que había llevado consigo.
—Esto significa que tu esposa está intentando asesinar a mi hijo. Y me quitó a la mujer a la que amé.
El silencio fue inmediato. Massimo frunció el ceño.
—Cuidado con lo que dices.
Giovanni extendió los documentos.
—Lee.
Massimo dudó un segundo antes de tomarlos.bComenzó a revisar las cartas. Su expresión cambió lentamente a medida que avanzaba.
Lorin observaba la escena con incredulidad.
—Eso es absurdo —dijo de inmediato—. ¡No sé de dónde sacó esas cosas!
Massimo siguió leyendo. Luego levantó la mirada.
—¿De dónde obtuviste esto?
Giovanni respondió sin apartar los ojos de Lorin.
—De la habitación de su hijo.
Lorin se quedó inmóvil.
—Eso es mentira.—ella negó con la cabeza—. Alguien está intentando incriminarme.
Massimo volvió a mirar los documentos. Lorin respiró con dificultad.
—Eso puede falsificarse.— continúo ella.
Giovanni dio un paso adelante.
—No si hay un testigo presente.
Alan se acerca poco a poco a la multitud. Y sabía muy en fondo que las cosas no podían mejorar entre él y ella. Aún así, debe hacer lo correcto por el bien de todos.
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