Jessica trabaja como secretaria en una empresa de comida enlatada. Su vida es rutinaria, predecible… segura.
Aquella mañana, como cualquier otra, estaba en el comedor desayunando junto a sus compañeros, ajena a lo que estaba a punto de ocurrir.
Entonces, un escándalo estalló en la recepción.
Gritos. Golpes. Algo no estaba bien.
Movida por la curiosidad, Jessica se acercó con los demás, sin imaginar que ese sería el último momento de normalidad en sus vidas.
Porque lo que vieron… no era humano.
Ese día, el mundo cambió.
Y nadie estaba preparado para sobrevivir.
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CAPÍTULO 1
Caminaba por el pasillo mientras, a unos metros, una compañera hablaba por teléfono con entusiasmo desbordado. Su voz se alzaba entre risas, presumiendo cómo se había casado con un hombre rico… y cómo él le había pedido que renunciara al trabajo.
Hablaba también de como le compro...
Ropa de marca.
Joyas.
Un auto nuevo.
Todo dicho con una ligereza que casi dolía escuchar.
No pude evitar suspirar para mí misma.
Ah… yo también quiero un hombre rico.
Trabajar dieciséis horas al día es muy agotador… demasiado.
Giré en el pasillo, todavía atrapada en ese pensamiento—
—¡BUU!
El susto me arrancó un grito inmediato.
—¡AHHH!
Una risa fuerte, descarada, rompió el momento.
Levanté la mirada.
Era Enrique el contador.
Alto, de cabello rubio y ojos verdes, con esa apariencia de gringo que siempre llamaba la atención. Y, por supuesto, con esa sonrisa… esa que en ese instante solo me provocaba ganas de golpearlo.
—¡Eh, tranquila, Jessica! Soy yo—dijo entre risas—. ¿En serio te asusté?
Lo miré fijamente, con una expresión que fácilmente podía pasar por homicida.
—¡Idiota! ¡Me asustaste!
Por dentro, sin embargo, otra cosa hervía.
Genial… míralo, ni siquiera puede dejar de sonreír.
Pero me las va a pagar.
Crucé los brazos, fingiendo una indignación más formal.
—¡Enrique! ¿En qué estabas pensando? ¡Casi me da un paro cardíaco! No vuelvas a hacerlo, ¿sí? Está mal. Tienes que disculparte por tus errores.
Hmp… te haré disculparte como se debe.
Él soltó otra risa, aunque esta vez un poco más contenida.
—Es que te veías tan perdida en tus pensamientos que no pude resistirme…
Fruncí el ceño, inflando ligeramente las mejillas.
—Eso no es una disculpa, Enrique.
Su expresión cambió apenas, como si finalmente entendiera.
—Lo siento… No quería asustarte tanto. Solo fue una broma. No pensé que reaccionarías así.
Entrecerré los ojos.
No sé por qué… pero siento que todavía se está burlando de mí.
—Hmp. Ya estamos muy grandes para esas cosas.
De repente, hizo una cara de cachorro regañado, exageradamente inocente.
Y, contra toda lógica…
Je… se ve lindo así.
Desvié la mirada un segundo, ocultando la traición de mi propia mente.
—Nunca somos demasiado grandes para una buena broma—respondió él, recuperando la sonrisa—. Además, te ves muy graciosa cuando te asustas.
Suspiré, derrotada.
—Oh, Dios… no tienes remedio.
—¿Me llamaste? —respondió de inmediato.
Parpadeé, confundida.
—¿Eh?
—Acabas de hablarle a Dios… así que te contesto.
Rodé los ojos, incapaz de evitarlo.
—En verdad que eres…
Pero dejé la frase morir. No valía la pena seguir.
Respiré hondo y cambié de tema.
—Voy a desayunar. ¿Y tú?
Enrique sonrió, caminando a mi lado como si siempre hubiera estado destinado a hacerlo.
—Vamos. Te acompaño.
Mientras caminábamos por el pasillo, el ambiente ya no se sentía tan ligero como antes.
Enrique giró ligeramente hacia mí.
—Jessica… ¿ya viste las noticias?
Negué con la cabeza, aún distraída.
—No. ¿Qué pasó?
Sin decir mucho más, sacó su teléfono y lo acercó hacia mí.
—Ten, échales un vistazo.
Bajé la mirada a la pantalla.
El titular me heló al instante.
“¡Desaparecidos! ¿Dos nuevas víctimas? ¿Quién será el misterioso asesino?”
Fruncí el ceño, sintiendo cómo algo incómodo se asentaba en mi pecho.
—Espera… ¿y esto?
Enrique dejó escapar un suspiro más serio de lo habitual.
—Dicen que al menos una docena de personas fueron asesinadas anoche… y el doble está desaparecida. Nadie tiene idea de quién pudo haber sido.
Un escalofrío me recorrió la espalda.
Sin pensarlo demasiado, saqué mi propio teléfono.
—Déjame ver…
Busqué rápidamente el canal de noticias y abrí la transmisión en vivo.
La voz del presentador llenó la pantalla con una calma inquietante.
—Aún no tenemos explicación alguna para estos eventos, y la policía no ha identificado a ningún sospechoso.
Las imágenes comenzaron a aparecer.
—Se cree que los primeros asesinatos ocurrieron en lo que ahora se considera una guarida criminal, donde se realizaban apuestas y peleas ilegales…
Tragué saliva.
—No está claro cómo el agresor seleccionó a sus víctimas.
Las escenas cambiaron.
Personas protestando.
Carteles alzados.
Rostros llenos de miedo y rabia.
—Los ciudadanos han respondido con protestas pacíficas, exigiendo atención ante esta ola de violencia…
Y entonces…
cambio de imágenes.
Las imágenes apesar de estar censuradas se volvieron imposibles de ignorar.
Cuerpos desmembrados.
Pies sin cuerpo.
Manos.
Cuerpos sin abdomen.
—Las víctimas fueron mutiladas hasta tal punto que los restos resultan irreconocibles…
No pude más.
Aparté la mirada y cerré la transmisión de golpe, sintiendo el estómago revuelto.
—No puedo creer esto…
Mi voz salió más baja de lo que esperaba.
Enrique también había dejado de sonreír.
—Lo sé… —murmuró—. Pobre gente.
Me abracé a mí misma sin darme cuenta, como si eso pudiera protegerme de algo que ni siquiera entendía.
¿Y si…?
¿Y si esto no se detiene?
¿Y si… me pasa a mí?
Un pensamiento más claro se impuso, frío y directo.
No quiero regresar sola a casa.
Enrique me observó en silencio por un momento, como si leyera exactamente lo que pasaba por mi mente.
—Jessica… —dijo con suavidad—. ¿Quieres que te lleve a tu casa cuando salgamos?
Levanté la mirada, sorprendida.
—¿En serio… me llevarías?
Su sonrisa regresó, ligera, casi tranquilizadora.
—Claro. Te dejo rápido en tu casa…
Hizo una pequeña pausa, como si no tuviera idea del peso que vendría después.
—…y luego me voy a una cita con una chica que conocí en Tinder.
Algo en mi pecho se tensó.
Pequeño.
Silencioso.
Pero imposible de ignorar.
Entonces… irá a conocer a una chica.
La idea apareció sin permiso.
Y dolió más de lo que debería.
Negué levemente para mí misma.
No. No pienses en eso.
No tiene sentido.
No tengo tiempo para el amor.
Mi trabajo consumía cada hora de mi día, cada pensamiento, cada respiro.
El amor… simplemente no encaja en mi vida.
Cuando llegamos al comedor de empleados, el bullicio habitual me envolvió de inmediato. Voces, bandejas, el olor a comida recién hecha.
Me acerqué al mostrador.
—Una hamburguesa y una coca, por favor.
La empleada asintió mientras comenzaba a preparar el pedido.
A mi lado, Enrique estaba a punto de ordenar cuando su teléfono vibró. Bastó un segundo para que su atención cambiara por completo.
Miró la pantalla… y sonrió.
—Es la chica de Tinder —dijo con naturalidad—. Iré a responderle en un lugar más tranquilo. Tú desayuna, ¿sí?
Ni siquiera me dio tiempo de responder.
Se dio la vuelta y se fue.
Así de simple.
Lo vi alejarse entre la gente hasta que desapareció.
Y entonces…
El ruido del comedor se sintió distinto.
Más vacío.
Más lejano.
Me quedé sola.
Tomé mi bandeja cuando estuvo lista y avancé buscando un lugar donde sentarme, pero algo llamó mi atención.
En una de las mesas, apartado del resto, había alguien sentado.
Solo.
Con la mirada baja.
Era Omar el supervisor.
Un chino.
Cabello negro.
Ojos oscuros, rasgados, siempre inexpresivos.
Ese aire frío que parecía mantener a todos a distancia.
Un hombre obsesionado con la eficiencia… con el control.
Fruncí ligeramente el ceño.
¿Qué hace aquí?
Ya debería haber terminado su turno…
Debería estar descansando.
Pero ahí estaba.
Inmóvil.
Bebiendo.
absurdo pelearle a la mujer que básicamente se salvó sola de morir en último minuto.
😒😒
en fin, se creen que la mujer es de hierro.
que goze hasta que se transforme otra vez
es que tonsentia que iba a estar con Jackson alias dos
bello
autora aaaaa necesitamos más capitulos, en qué altar te ponemos ? 🤣🤣🤣
cómo me dejas con semejante evento 🤩🤩🤩🤩🤩
necesito más capitulos esto está intensoooo