La perdida de un ser amado es difícil de superar; pero al final siempre llega una pequeña luz que comienza a iluminar nuestras vidas hasta cambiarlo todo.
NovelToon tiene autorización de Luna stars para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Un nuevo año lleno de vida.
El jardín resplandecía con guirnaldas en tonos pastel y una gran cantidad de globos amarillos, los preferidos de Amelie. En el centro, una mesa alargada vestida de blanco, que se convertía en el escenario de una dulce exhibición: pasteles caseros, cupcakes y bocadillos, todo acompañado de risas compartidas, ayuda familiar y, hay que admitirlo, también hubieron varios percances culinarios.
Emiliano, por su parte, supervisaba cada detalle con un palpable nerviosismo. Había repasado innumerables veces la letra de la canción de cumpleaños y había creado la piñata, una original forma de dino-volcán, ideada por la propia Amelie. En el centro de la mesa se encontraba un pastel de tres niveles, un encargo especial para ella, coronado con una pequeña figura de azúcar: la representación de Amelie luciendo su característico lazo amarillo.
— ¡Papá, papá! ¡Ya llegaron! — Gritó la pequeña desde la ventana, con los ojos brillantes.
Uno tras otro, los invitados fueron llegando al encuentro en el jardín. Cada uno traía un regalo y una sonrisa genuina. Leandro y Susana, los padres de Emiliano, fueron los primeros. Apenas llegaron, se apresuraron a abrazar a su nieta con un cariño efusivo, como si hubiera pasado una eternidad desde la última vez que la vieron.
— ¡Nuestra princesa cumple cinco años! — Exclamó Susana, con los ojos llenos de ternura.
Leandro, discreto como siempre, solo la cargó y le besó la frente con gran cariño.
— Eres más alta que ayer. — Le dijo con orgullo.
Mateo apareció con una bicicleta nueva, de color rojo, con cintas y hasta bocina. Emiliano, al verlo, solo pudo negar con la cabeza. Parecía que, gracias a su tío Mateo, su hija pronto tendría una colección entera de bicicletas en el garaje.
— Esto es para que vueles sin alas, pequeña valiente. — Dijo haciendo sonar la bocina mientras Amelie saltaba de emoción.
Luego llegó Natalia, con su bebé en brazos, junto a Elías su esposo, caminando a su lado. El pequeño se llamaba Liam, un bebé de mejillas regordetas y ojos tranquilos.
— ¡Miren quién vino a cantar el cumpleaños! — Dijo Natalia, alzando a su hijo.
Amelie corrió a abrazarla sin miedo. Había construido con Natalia un vínculo silencioso y especial. Una mezcla de amistad, admiración y algo parecido a lo que su madre podría haber sido, si su vida hubiera sido distinta.
Stefan, el padre de Natalia, llegó último, con un libro de cuentos ilustrado entre las manos.
— Este fue de tu mamá cuando era niña. — Le dijo a Amelie. — Ahora es tuyo.
Ella lo tomó con sumo cuidado entre sus manos, observando de cerca sus colores brillantes, como si con ese solo gesto pudiera conocer más sobre su madre. En un silencio lleno de emoción, lo abrazó fuertemente. Hay momentos en que la emoción no necesita palabras.
Luego, todos juntos cantaron la canción de cumpleaños. Emiliano ayudó a su hija para que soplara las velas, pero no sin antes pedir el tradicional deseo..
— Pide un deseo. — Le susurró.
— Ya se me cumplió. — Respondió ella en voz baja. — Están todos aquí.
Entre risas, la piñata estalló. Elías tropezó con una silla al intentar consolar al pequeño Liam, que había llorado del susto. Natalia no podía contener la risa. Mientras tanto, a la sombra de un árbol, Susana y Leandro veían a su nieta bailar con Mateo y correr alegremente entre los globos.
— No me acostumbro… — Dijo Susana, con una sonrisa emocionada. — …a verla tan feliz.
Leandro, al ver a Emiliano, asintió con una mezcla de alivio y orgullo. Su hijo siempre había sido un joven serio y poco dado a mostrar sus emociones, pero ahora, al verlo, Leandro sentía una profunda tranquilidad.
— Él también cambió. Ya no camina solo, ahora tiene alguien por quien luchar, alguien que lo hace sentirse feliz.
— Amelie lo rescató sin saberlo. — Habló Susana mientras le tomaba la mano a su esposo.
Al final del día el jardín estaba cubierto de envolturas y risas dormidas. Emiliano se sentó en el sofá con Amelie acurrucada a su lado, medio dormida.
— ¿Fue tu mejor cumpleaños?
Ella asintió, abrazando fuerte su nuevo peluche de dinosaurio volador.
— Pero el próximo tiene que tener globos que floten. Como si volaran hacía el cielo, para que mamá también pueda verlos.
— Entonces el próximo será todavía más especial. — Dijo mientras le acariciaba el cabello.
Y mientras ella cerraba los ojos, envuelta en amor y sueños, él entendió que no había mayor regalo que verla crecer sintiéndose amada.
—------------------------------------------------ ************ —-----------------------------------------
Los años, inevitablemente iban pasando sin más. Amelie, ahora de siete años, había crecido mucho más, al igual que sus travesuras.. Su sonrisa, con los huecos de los dientes de leche recién caídos, era a la vez desordenada y encantadora. Su risa, esa melodía que Emiliano nunca se cansaba de oír, solía inundar cada rincón de la casa.
Sin embargo, esa noche el silencio reinaba. La puerta de la habitación se deslizó lentamente, revelando a Amelie en el umbral. Llevaba su pijama de estrellas y sus ojos estaban completamente abiertos.
— Papá…
Al escucharla, Emiliano se incorporó de golpe en la cama. Desde su llegada, era como si él llevara consigo un mecanismo de alerta constante.
— ¿Otra pesadilla?
Ella asintió y, sin pedir permiso, se acercó a él, subiéndose en la cama. Un ligero temblor la recorría, producto del miedo que a veces se manifestaba como oscuridad y otras veces como silencio.
— ¿Qué pasó esta vez? — Le preguntó con ternura.
— Soñé que te ibas. Que yo gritaba tu nombre pero tú no me oías. — Habló con su voz entrecortada. — Y entonces estaba sola… como antes.
Una opresión invadió el pecho de Emiliano, quien reaccionó instintivamente y la abrazó. Pese a cuánto había crecido, la sintió tan pequeña como siempre.
— No voy a irme, Amelie. Nunca. Y si alguna vez no me escuchas, es porque estoy corriendo para llegar más rápido a ti.
Ella se abrazó a él con más fuerza. A pesar de los años que había pasado con su padre, no podía evitar sentir miedo a quedarse sola cada vez que tenía esos sueños.
— ¿Lo prometes?
— Con todo lo que soy. — Le respondió acariciando su cabeza.
A la mañana siguiente, el temor regresó a Amelie justo antes de su presentación escolar. A pesar de haber ensayado la lectura en voz alta con Emiliano en casa durante semanas, el miedo bloqueaba su garganta al pensar que tenía que hablar frente a toda la clase.
— ¿Y si se me olvida? ¿Y si se ríen de mí? ¿Y si… tartamudeo?
Arrodillándose ante ella, Emiliano sacó de su bolsillo un trozo de papel cuidadosamente doblado. Al abrirlo, se lo mostró; este era el mismo dibujo de un árbol con enormes raíces que ella había hecho cuando tenía solo cinco años. Él lo había conservado desde entonces.
— ¿Ves este árbol? — Ella asintió. — Es fuerte, incluso cuando tiembla, y tú también puedes serlo. El miedo no se va a ir, pero tú puedes hacer lo que te propongas, aunque él esté presente.
Amelie respiró profundo. Tomó el dibujo y lo guardó en el bolsillo de su vestido.
— Entonces voy a ser un árbol con trenzas. — Dijo con una sonrisa.
— El mejor tipo de árbol. — Respondió Emiliano con una sonrisa.
Horas más tarde, en la escuela, Amelie concluyó su exposición de forma impecable, con voz clara y sin apoyo de las hojas. Al alzar la vista, buscó a Emiliano entre el público y lo encontró de pie, aplaudiendo con los ojos llenos de emoción.
Ella no necesitó hablar. Simplemente sonrió, segura de que su mirada siempre estaría sobre ella. Esa noche, cuando Amelie se acostó sola, sin buscar compañía, Emiliano supo que el amor había empezado a vencer a los miedos. Y que finalmente, Amelie había empezado a echar raíces propias.