🌙 CASADA CON EL ERROR PERFECTO
Es una novela romántica intensa que mezcla drama, pasión, traición y segundas oportunidades, donde el amor no nace de lo correcto… sino de lo inevitable.
La historia sigue a Yzzi, una brillante doctora que ha construido una vida aparentemente perfecta: una carrera sólida, estabilidad emocional y un prometido ideal, Gerald, un hombre exitoso y respetado que encaja perfectamente en el futuro que todos esperan de ella. Todo parece estar bajo control… hasta el día de su boda.
“Casada con el Error Perfecto” no es solo una historia de amor,
es una historia de identidad, elección… y del valor de enfrentarse a lo que el corazón nunca olvidó. 💔🔥
NovelToon tiene autorización de Yas Pino para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 18 Donde comienza el deseo
La puerta del departamento se cerró con un clic suave, pero en el aire quedó una sensación de encierro… como si el mundo exterior dejara de existir.
Valeria retrocedió un paso, mirándolo fijamente. Su respiración era irregular, sus manos ligeramente temblorosas. Gerald no dijo nada. No hacía falta. Su mirada oscura, fija en ella, hablaba por sí sola.
Se acercó despacio.
Demasiado despacio.
Como si disfrutara cada segundo de la anticipación.
Valeria sintió cómo el calor le subía por el cuello. Su pulso se aceleró cuando él alzó una mano y rozó su mejilla con los dedos… apenas un contacto, pero suficiente para hacerla estremecer.
—¿Estás segura? —murmuró él, su voz grave, baja… peligrosa.
Ella asintió, sin poder hablar.
Eso fue todo lo que necesitó.
Gerald la tomó de la cintura y la atrajo hacia él con firmeza. El beso esta vez no fue tímido… fue profundo, exigente, cargado de una intensidad que la dejó sin aliento. Valeria respondió casi de inmediato, aferrándose a su camisa, como si necesitara sostenerse.
El mundo se redujo a ese momento.
A sus respiraciones mezclándose.
Al roce de sus cuerpos.
A esa tensión que ya no pedía permiso.
Gerald descendió lentamente por su cuello, dejando besos que no eran suaves… eran provocadores, calculados, como si supiera exactamente lo que hacía. Valeria cerró los ojos, dejándose llevar, sintiendo cómo cada contacto encendía algo dentro de ella que no podía —ni quería— controlar.
—Gerald… —susurró, apenas audible.
Él respondió con una leve sonrisa contra su piel.
La guió sin prisa, pero sin duda, hacia el interior del departamento. Cada paso parecía medido, cada mirada cargada de intención. No había prisa… solo un juego silencioso donde ambos sabían exactamente lo que estaba pasando.
Las manos de Gerald no eran invasivas, pero sí firmes, seguras… marcando presencia, dejando claro que él llevaba el ritmo. Y Valeria, lejos de resistirse, se rendía poco a poco a esa intensidad que la envolvía.
La tensión crecía.
El aire se volvía más denso.
Más caliente.
Más peligroso.
Cuando finalmente sus miradas se encontraron otra vez, ya no había dudas… solo deseo contenido, listo para desbordarse.
Y la noche… apenas comenzaba.
---
Yzzi — El peso del presentimiento
El departamento estaba envuelto en una calma artificial.
No era paz.
Era esa clase de silencio que aparece antes de una tormenta.
Yzzi permanecía de pie frente al ventanal, abrazándose a sí misma, como si intentara contener algo que no lograba nombrar. La ciudad brillaba abajo, indiferente a su miedo.
Sus ojos estaban cansados.
No había dormido bien en días.
No desde que entendió que esto ya no era un conflicto… era una persecución.
Detrás de ella, John permanecía en su posición habitual, cerca de la puerta. No invadía el espacio, pero su presencia era firme, constante, casi como una sombra protectora.
Observaba todo.
Cada sonido.
Cada movimiento.
Cada posible amenaza.
—No deberías quedarte tan cerca de la ventana —dijo finalmente, con voz baja pero firme.
Yzzi no volteó. —¿Crees que alguien vendrá hasta aquí?
John no dudó. —Creo que si alguien quiere hacer daño… no le importa dónde.
Ese tipo de respuestas no tranquilizaban.
Pero eran reales.
Y eso, en ese momento, era más importante.
Aby salió de la cocina con dos tazas de café. Su expresión era distinta… más dura, más enfocada. Ya no era solo la amiga.
Era la abogada.
—Toma —dijo, extendiéndole una taza.
Yzzi la recibió sin apartar la vista de la ciudad. —No puedo dejar de pensar en mis padres…
Aby se sentó frente a ella. —Están protegidos.
—Sí… —susurró Yzzi—. Pero eso no quita el miedo.
Silencio.
Pesado.
Incómodo.
Real.
Entonces…
El teléfono de Aby vibró.
Una sola notificación.
Pero suficiente.
Su expresión cambió al instante.
Se tensó.
Leyó una vez.
Luego otra.
—No… —murmuró.
Yzzi se giró de inmediato. —¿Qué pasa?
Aby levantó la mirada.
Y en sus ojos… ya no había duda.
Había guerra.
—Filtraron información de la empresa Valmont.
El corazón de Yzzi se desplomó. —¿Qué tipo de información?
—Estados financieros manipulados… movimientos irregulares… contratos alterados.
Pausa.
—Lo hicieron parecer real.
El aire se volvió más pesado.
Yzzi negó lentamente. —Eso no es verdad…
—Lo sé —respondió Aby—. Pero no importa lo que sea verdad… importa lo que la gente crea.
John dio un paso adelante, alerta. —¿De dónde viene la filtración?
Aby no dudó. —Gerald.
El nombre cayó como una sentencia.
Yzzi cerró los ojos.
Y por primera vez…
El miedo empezó a transformarse en algo más oscuro.
—Entonces… —susurró— esto ya comenzó.
---
El momento en que todo cambia
El despacho estaba en penumbra.
Solo las pantallas iluminaban el rostro de Ethan.
Gráficas en rojo.
Alertas financieras.
Titulares emergentes.
La caída… comenzando.
Pero él no se movía.
Observaba.
Procesaba.
Calculaba.
La puerta se abrió.
Bret entró, sin anunciarse.
Traje impecable.
Mirada fría.
Control absoluto.
—Ya lo vi —dijo, dejando una carpeta sobre el escritorio—. Movimiento agresivo.
Ethan no apartó la vista de las pantallas. —Desesperado.
Bret asintió levemente. —Y mal ejecutado.
Antes de que pudiera continuar…
Una nueva alerta apareció en pantalla.
Más fuerte.
Más directa.
VALMONT GROUP INVESTIGATED FOR FINANCIAL IRREGULARITIES”
Otra.
“CLIENTES RETIRAN CONTRATOS”
Otra más.
“ACCIONES EN CAÍDA”
El ataque ya no era discreto.
Era público.
Era masivo.
Era directo.
El silencio se tensó.
Bret observó la reacción de Ethan.
Esperando.
Midiendo.
Pero Ethan…
No reaccionó con furia.
Ni con sorpresa.
Solo dejó el vaso de whisky sobre el escritorio.
Lentamente.
Controladamente.
Y entonces habló.
—Activar protocolo Black.
La frase cayó pesada.
Definitiva.
Irrevocable.
Bret alzó apenas una ceja. —¿Estás seguro?
Ethan giró el rostro hacia él.
Y en su mirada… ya no había duda.
Había decisión.
—Quiero auditorías externas en todas las divisiones. —Quiero comunicados oficiales en menos de una hora. —Quiero a cada cliente clave recibiendo una llamada directa.
Pausa.
Su voz bajó.
Más fría.
Más peligrosa.
—Y quiero que empiecen a escarbar en cada movimiento financiero de Gerald.
Bret sonrió apenas.
Ahora sí.
—Entonces… vamos a la guerra.
Ethan lo corrigió, sin elevar la voz.
—No.
Pausa.
—Vamos a terminarla.
---
El inicio de la caída
Gerald observaba las noticias desde su oficina.
Una sonrisa lenta se dibujaba en su rostro.
—Ahí está… —murmuró.
Caída de reputación.
Clientes dudando.
Rumores creciendo.
Exactamente como lo planeó.
Valeria lo miraba desde atrás, inquieta. —Esto se está moviendo demasiado rápido…
Él no se giró. —Eso significa que está funcionando.
Pero entonces…
La puerta se abrió con fuerza.
Ramiro entró.
Sin protocolo.
Sin calma.
—Gerald… tenemos un problema serio.
El ambiente cambió.
De inmediato.
—Habla.
Ramiro dejó una carpeta sobre el escritorio. —Están investigando tus cuentas.
Silencio.
Gerald se giró lentamente. —¿Qué?
—Transferencias irregulares. Empresas fantasma. Movimientos que no puedes justificar.
Cada palabra era un golpe.
—Esto… —continuó Ramiro— se suma a la demanda que ya tienes: abuso de poder, manipulación administrativa, corrupción interna…
Pausa.
Lo miró directo.
—Si esto se confirma… no es solo una caída empresarial.
Su voz bajó.
—Es prisión.
La sonrisa de Gerald desapareció.
Por completo.
—¿Quién lo hizo?
Ramiro no dudó.
—Ethan.
Y en ese instante…
Gerald entendió algo que no había considerado.
No estaba atacando a alguien débil.
Estaba provocando a alguien que no perdía.
---
El choque — Dos hombres, una guerra
El hospital parecía igual.
Pero no lo era.
Ethan caminó por el pasillo con una calma peligrosa.
No venía a hablar.
Venía a marcar territorio.
Gerald salió de su oficina.
Y cuando sus miradas se encontraron…
Todo se detuvo.
No había ruido.
No había gente.
Solo ellos.
—Esto se terminó —dijo Ethan.
Su voz era baja.
Pero absoluta.
Gerald sonrió… pero ya no con la misma seguridad. —Apenas comienza.
Ethan avanzó un paso.
Invadiendo.
Dominando.
—No entiendes en qué te metiste.
—Sigo de pie —respondió Gerald.
Ethan inclinó ligeramente la cabeza.
—Por ahora.
Pausa.
Silencio.
Denso.
Insoportable.
—Pero cuando todo salga… —continuó Ethan— no solo vas a perder el hospital.
Se acercó lo suficiente para que no hubiera espacio entre palabras y amenaza.
—Vas a perderlo todo.
Y esta vez…
Gerald no respondió de inmediato.
Porque por primera vez…
Sintió que eso podía ser verdad.
---
Esa noche…
Las piezas se movieron.
Las máscaras cayeron.
Las intenciones se hicieron claras.
Y la guerra…
Dejó de ser un juego.
Ahora era supervivencia.
Y en ese tablero…
Solo hay dos tipos de personas:
Los que caen.
Y los que hacen caer.
Atente a pan y no comas cabe pues, como decimos aquí en mi país VENEZUELA 🥰