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La Esposa Del Ceo Ciego

La Esposa Del Ceo Ciego

Status: Terminada
Genre:Enfermizo / Amor-odio / Romance / Completas
Popularitas:71.9k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Lobelia

Francisco Valois, un magnate que perdió la vista y su imperio tras un atentado, acepta un matrimonio de conveniencia con Andrea, quien promete ser sus ojos y devolverle el poder. Mientras Francisco la desprecia creyéndola una oportunista, Andrea oculta una verdad devastadora: padece una enfermedad terminal y ha planeado su muerte para donarle sus córneas y asegurar el futuro del hombre que ama en secreto.

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capitulo 11

​El despertar de Andrea fue un regreso lento desde una neblina gris y fría. Lo primero que sintió no fue dolor, sino una presión cálida y constante en su mano derecha. Al abrir los ojos, la opulencia del salón principal de la mansión se sentía extrañamente lejana, desenfocada. Solo había una certeza: Francisco.

​Él estaba sentado en una silla baja, pegada al sofá donde ella yacía. Su rostro, habitualmente una máscara de control y mando, estaba surcado por sombras de agotamiento. Al sentir el leve movimiento de los dedos de Andrea, Francisco se inclinó hacia adelante, su respiración entrecortándose.

​—Andrea… —su voz fue un susurro cargado de una angustia que ella nunca le había escuchado.

​Andrea intentó incorporarse, pero un mareo súbito la obligó a caer de nuevo contra los cojines. El recuerdo del jardín, de la lluvia y de ese latido que pareció detenerse por un siglo, la golpeó de golpe. Tenía que reaccionar. Tenía que reconstruir el muro antes de que él viera las ruinas de su salud.

​—Estoy bien —mintió ella, forzando una sonrisa que no llegó a sus ojos—. Solo… ha sido demasiado. La junta, los archivos, la lluvia. Mi presión siempre ha sido caprichosa, Francisco. No he dormido nada en tres días.

​Él guardó silencio. Su mano se movió por el brazo de ella hasta tocarle el cuello, buscando desesperadamente el pulso. Lo encontró, débil y rápido, pero presente.

​—Casi te pierdo —dijo él, ignorando su explicación—. No fue un simple mareo, Andrea. Tu corazón se detuvo. Lo sentí. Sentí cómo te vaciabas en mis brazos.

​—Fue el frío —insistió ella, su tono volviéndose más firme, casi profesional—. El choque térmico del agua helada. Francisco, mírame… o al menos, siénteme. Estoy aquí. No me voy a ir a ninguna parte. Solo necesito descansar.

​Andrea vio la lucha en las facciones de él. Francisco quería interrogarla, quería confrontarla con lo que Marcos le había dicho sobre la Digoxina, pero la vulnerabilidad de la mujer que tenía delante lo desarmó. Por primera vez en su vida, Francisco Valdivia eligió la paz de una mentira compartida sobre la violencia de una verdad devastadora.

​—Está bien —cedió él, aunque su mandíbula seguía tensa—. Pero de ahora en adelante, las reglas cambian.

​Francisco no permitió que los empleados la llevaran a su habitación de servicio. Contra las protestas de Andrea, él mismo la guio —esta vez con ella apoyada pesadamente en su hombro— hasta una de las suites de invitados de la planta principal, una estancia bañada en sedas color crema y con vistas al jardín que casi se convierte en su tumba.

​—No pertenezco aquí, Francisco —susurró ella mientras él la ayudaba a sentarse en la cama.

​—Perteneces a donde yo diga que perteneces —respondió él, recuperando un poco de su arrogancia, aunque esta vez no tenía veneno, sino protección—. Hoy no eres mi asistente. Hoy eres el centro de esta casa.

​Lo que siguió fue una danza de ternura que Andrea jamás creyó posible del hombre de mármol. Francisco, que apenas sabía dónde estaban las cosas en su propia cocina, ordenó que trajeran una bandeja con caldo caliente y frutas frescas. Él mismo se encargó de colocar la bandeja sobre sus piernas.

​—Yo puedo sola —dijo ella, estirando la mano hacia la cuchara.

​—No —lo cortó él. Sus dedos buscaron la cuchara con una torpeza elegante.

​Fue un momento de una intimidad cruda. Francisco, el hombre que controlaba imperios con un gesto, buscaba con cuidado el borde del cuenco, probaba la temperatura con el dorso de su mano y luego acercaba la cuchara a los labios de Andrea. Ella bebió, sintiendo que el calor del caldo era nada comparado con el fuego que ese gesto encendía en su pecho.

​Ver con las manos, cuidar con el alma

​Mientras ella comía, Francisco se sentó en el borde de la cama. Sus dedos, que antes solo tocaban para identificar obstáculos, ahora exploraban el espacio alrededor de ella con una suavidad casi dolorosa. Le acomodó la manta, sus yemas rozando la lana como si temiera que el contacto pudiera romperla.

​—Tus manos siguen frías —observó él, tomando ambas manos de Andrea entre las suyas y frotándolas suavemente—. Es como si estuvieras hecha de escarcha.

​—Es mi naturaleza, supongo —bromeó ella con tristeza.

​—No lo es. Recuerdo el primer día que llegaste. Había una chispa en ti, un calor que me quemaba. Ahora es como si estuvieras intentando apagar tu propia luz para que yo no me dé cuenta de que te estás consumiendo.

​Andrea se quedó sin palabras. Francisco estaba aprendiendo a leerla de formas que la vista nunca le permitió. Él no veía su palidez, pero sentía la fragilidad de su pulso; no veía sus ojeras, pero escuchaba el cansancio en la cadencia de sus palabras.

​—Francisco… ¿por qué haces esto? —preguntó ella.

​Él dejó de frotar sus manos y se quedó inmóvil. La luz de la lámpara de noche creaba sombras dramáticas en su rostro.

—Porque durante meses fui un ciego que se negaba a caminar. Y tú me obligaste a correr. Me devolviste mi empresa, mi orgullo y mi voz. Y ahora que finalmente puedo "verte", no voy a permitir que la oscuridad te lleve a ti. Si tengo que ser yo quien te sostenga, lo haré. Aprenderé a ser tus ojos, tus manos o lo que sea necesario.

​Andrea sintió una lágrima correr por su mejilla. Francisco, detectando el ligero cambio en su respiración, extendió la mano y atrapó la gota con su pulgar. El contacto fue eléctrico, una conexión de piel sobre piel que hablaba de una lealtad que iba mucho más allá de un contrato de trabajo.

​—No llores —le pidió él, su voz volviéndose ronca—. No me queda mucha paciencia para las lágrimas, Andrea. Solo para las soluciones. Mañana vendrá un especialista de mi confianza.

​Andrea se tensó. El miedo volvió a asomar por su garganta.

—No es necesario, Francisco. De verdad.

​—Es necesario para mí —sentenció él—. No puedo gobernar un imperio si mi base está en peligro. Y mi base, Andrea… eres tú.

​Él se quedó a su lado hasta que ella, vencida por el cansancio y el efecto de los medicamentos que se tomó a escondidas cuando él fue a buscar agua, cerró los ojos. Francisco no se movió de la silla. Escuchó el ritmo de su respiración, contando cada segundo como si fuera una moneda de oro que se le escapaba entre los dedos.

​En la penumbra de la habitación, el "León Herido" se dio cuenta de que su mayor victoria no había sido humillar a sus tíos, sino este momento de quietud. Pero también sabía que el "sabor de la verdad" seguía siendo amargo. Andrea le mentía para protegerlo del dolor, y él aceptaba la mentira para no tener que enfrentar la posibilidad de un final.

​Francisco inclinándose sobre ella para darle un beso casto en la frente, un juramento silencioso en la oscuridad. Andrea estaba a salvo por ahora, pero la tormenta del jardín solo había sido el primer aviso. El reloj seguía corriendo, y Francisco Valdivia estaba decidido a detener el tiempo, aunque tuviera que usar toda su fortuna para comprar un solo latido más.

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Ricardo Ramon Carrizo
excelente felicitaciones 👏 👏 👏
Elia María Ramírez Rodríguez
Bonita novela felicidades que sigan los éxitos .....♥️👀♥️
Elia María Ramírez Rodríguez
Al fin entendió Francisco cual era la intención de Andrea al querer darle sus ojos.....♥️👀♥️
Elia María Ramírez Rodríguez
Ya estan en casa cuando se entere ellos dos.....♥️👀♥️
Elia María Ramírez Rodríguez
Deben agradecer que los dos tienen otra oportunidad....♥️👀♥️
Elia María Ramírez Rodríguez
Qué bien qué pudo ir cobrar cuenta con ese par de desgraciado Beatríz y su esposo falta Elías.....♥️👀♥️
Elia María Ramírez Rodríguez
Hay que bueno que no tuvo que pasar una desgracia para que Francisco recupere la vista.....♥️👀♥️
Elia María Ramírez Rodríguez
Hay que bárbara autora ya estaba llorando pensando que si se avía muerto Andrea los milagros si existen.....♥️👀♥️
Elia María Ramírez Rodríguez
Francisco le dijo Andrea qué iban a caer uno por uno los que estaban impidiendo que ella logrará su deseó donar sus ojos a Francisco como es qué ahorita es una fuerte impresión saber que ella va a morir par donarle sus órgano.....♥️👀♥️
Elia María Ramírez Rodríguez
En este capitulo me perdí creo que Francisco y Andrea estaban de acuerdo con donar y recibir ♥️👀♥️
Elia María Ramírez Rodríguez
No puede ser si va a morir Andrea.....♥️👀♥️
Elia María Ramírez Rodríguez
Francisco va con todo para quitar el estorbó de Beatriz su tía y de Elías ojalá que pueda lograr obtener el deseo de Andrea.....♥️👀♥️
Elia María Ramírez Rodríguez
Cómo hay personas tan tóxicas como Elías.... ♥️👀♥️
Elia María Ramírez Rodríguez
Autora no sea mala que no se muera Andrea que llegue un corazón y su tipo sangre a tiempo para salvarla...

♥️👀♥️
Elia María Ramírez Rodríguez
Cuánto sufrimiento para un ser inocente cuando es porque lo traen genéticamente no se puede hacer nada contra eso, cuando la medicina no puede.....♥️👀♥️
Elia María Ramírez Rodríguez
Que duro es lo que está pasando Andrea saber que su final está cerca demasiado cerca que va a pasar no autora que no se vaya a morir.....♥️👀♥️
Elia María Ramírez Rodríguez
Escritora la novela está bonita pero me pierdo en la narración.....♥️👀♥️
Elia María Ramírez Rodríguez
No, no, no, que no se valla a morir que logren conseguir un corazón para ella....♥️👀♥️
Elia María Ramírez Rodríguez
Ahora como se le puede ayudar va contra reloj ⌛ me gusta la novela no me gustaría que Adriana muera......♥️👀♥️
Elia María Ramírez Rodríguez
Cuando sabes que estás enferma de algo delicado como es el corazón, es una angustia insoportable ❤️‍🩹a veces es muy duro aceptar lo que estás pasando.....♥️👀♥️
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