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Mi Mundo Arde Por Ti (Vindicta Dinasty II)

Mi Mundo Arde Por Ti (Vindicta Dinasty II)

Status: Terminada
Genre:Mafia / Traiciones y engaños / Amor en la guerra / Completas
Popularitas:745
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Romero

Tras la muerte de Salvatore Vindicta, el imperio criminal queda en el aire. Contra todo pronóstico, Chiara debe asumir el control del negocio familiar. Muchos capos no aceptan que una mujer lidere la organización, y las traiciones comienzan a surgir desde dentro.

Mientras intenta mantener unido el imperio de su padre, la guerra con las familias rivales se intensifica. Markus Becker permanece a su lado, pero su relación también se ve puesta a prueba por el poder, los secretos y las decisiones que Chiara debe tomar para sobrevivir.

En este libro, Chiara pasa de ser la hija del capo a convertirse en una líder temida, mientras su mundo literalmente arde entre violencia, alianzas rotas y sacrificios que podrán en juego su nuevo imperio.

NovelToon tiene autorización de Paula Romero para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitolo 6

...⚔️...

Para ella el cansancio ya no era algo pasajero era constante. Se notaba en su mirada, en la rigidez de sus movimientos, en la forma en la que sus manos descansaban unos segundos de más sobre el teclado antes de volver a moverse. Ser capo di tutti no era solo un título… era una carga que no daba tregua, sabía en lo que se metía por lo que observaba del trabajo de su padre pero todo era notorio

Y más ahora.

Con los alemanes pisándole los talones, con los Becker moviendo piezas en cada rincón… cada decisión podía costar vidas.

Sus manos dolían de tanto escribir.

Su voz, desgastada, apenas soportaba otra llamada más a través de líneas interceptadas e imposibles de rastrear.

El único lugar donde podía respirar… era su mansión.

Esa noche llegó completamente agotada.

Dejó caer su cuerpo en el sofá de la sala de estar, inclinando la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos… intentando, aunque fuera por unos segundos, sentirse una persona normal.

Sin guerra.

Sin decisiones.

Sin sangre.

Pero la paz nunca duraba.

Un aroma familiar invadió el aire.

Chiara abrió los ojos lentamente y giró la cabeza.

—¿Muy cansada, nieta?

Ahí estaba.

—El trabajo me tiene agotada, nonno —respondió, sin moverse.

Eduardo la observó con una mezcla de preocupación y firmeza.

—La situación es crítica. He hablado con algunos viejos contactos… los Becker te tienen contra las cuerdas.

Chiara soltó una leve sonrisa, cansada.

—Pero ya estoy moviendo soluciones.

—¿Ah, ¿sí? —preguntó él—¿Qué tipo de soluciones?

—Un ruso —respondió sin rodeos—Me reuniré con él. Tiene poder… armamento… influencia.

El abuelo frunció el ceño.

—¿Tu idea es seguir alimentando esta guerra?

Chiara lo miró directamente.

—Hasta que caiga Bruno Becker… o Markus Becker… esto no termina.

—¿Y si te equivocas? —insistió él—. ¿Si todo sale mal y terminas muerta… o en una cárcel?

—No pasará nada.

Eduardo negó con la cabeza.

—Te conozco. Eres tan terca como tu padre.

Eso hizo que Chiara se incorporara ligeramente.

—Mi padre no era terco —dijo con firmeza—Pensaba antes de actuar. Me enseñó a estar tres pasos adelante.

—Entonces no confíes en los rusos.

Chiara soltó una risa seca.

—No confío ni en mi sombra, nonno. Por eso sigo viva.

Hizo una pausa.

—Mi error fue confiarme una vez… y ya viste cómo terminó.

Eduardo la observó con más profundidad.

—¿Confiarte… o enamorarte?

Silencio.

—El amor vuelve idiota a cualquiera —continuó él—Y a ti te pasó.

Chiara sostuvo su mirada.

—Y a ti confiar en mi padre te costó un manicomio.

Un golpe directo.

Pero cierto.

Eduardo suspiró.

—En eso… tienes razón.

Horas después, Chiara se fue a dormir.

O al menos lo intentó.

Se movía de un lado a otro, incapaz de apagar su mente. La conversación seguía

repitiéndose… mezclándose con recuerdos que no quería revivir.

*—me dijeron que no quieres comer—dijo observando los restos en el piso—¿quieres morir de hambre?*

—no tengo hambre. Y no confió.

Markus activo un dispositivo y la celda se selló, aislándolos del resto.

—nuestra tecnología es avanzada. Nadie tocara tu comida sin que yo lo sepa.

—¿aunque me odies por haber provocado la muerte de tu madre?

*—No puedo odiarte—admitió—y eso es lo que más me duele.*

Chiara abrió los ojos de golpe.

Agitada.

Respirando con dificultad.

—Abbastanza… —murmuró.

Pero los recuerdos no obedecían órdenes.

A la mañana siguiente apenas había dormido.

Bajó a desayunar con ojeras marcadas, encontrándose con su madre, tranquila, leyendo las noticias mientras tomaba cappuccino.

Al verla, dejó todo de inmediato.

—No comerás nada—dijo al notar que solo pedía café—Te vas a enfermar.

—No tengo hambre —respondió Chiara—Tengo mucho que hacer.

Su madre la observó con preocupación.

—Estás más delgada… no te veo bien, figlia.

—No tengo tiempo para eso.

—Cuida tu salud… por favor.

Chiara suavizó apenas el gesto.

—No pasará nada.

En ese momento, su teléfono vibró.

Un mensaje.

Leonid.

"Llego esta tarde."

Chiara dejó el café sobre la mesa.

Perfecto.

—Hoy recibo a alguien importante —dijo levantándose.

Llamó a uno de sus guardaespaldas.

—dígame signorina vindicta.

—Quiero todo listo. Seguridad máxima. Nadie puede cometer errores hoy sabiendo la magnitud del invitado que recibiré por lo que necesito que todo quede perfecto.

—Como usted ordene.

Las horas pasaron entre llamadas, informes y ajustes.

Palermo seguía en reconstrucción parcial. No podía levantar la sede aún, pero al menos había cubierto compensaciones para las familias afectadas.

Era lo mínimo.

Cuando todo estuvo en marcha, salió al jardín.

Vestía tonos crema. Elegante. Impecable.

Pero su mirada… seguía siendo la de alguien en guerra.

Pasaron dos horas.

Fumaba en silencio cuando uno de sus hombres se acercó.

—Signorina… ya llegó.

—¿Revisión?

—En proceso.

—Cuando esté limpio… tráelo.

Chiara fue hacia la sala la cual estaba con dos estatuas de un león bañado en oro, decoraciones modernas y costosas tal y como ella quería tomo asiento en un sillón negro mientras fumaba al lado de sus hombres quienes tenían sus armas en sus manos y lentes oscuros.

De pronto vio cómo se acercaba un hombre tenía facciones duras y bien marcadas: mandíbula firme, pómulos altos y una mirada fría que imponía respeto. Sus ojos claros, casi grises, analizaban todo con una calma inquietante.

Su cabello pelirrojo, de un tono cobrizo intenso, contrastaba con su expresión severa. Llevaba una barba espesa y cuidada que acentuaba su aire dominante.

Alto, de complexión fuerte y cubierto de tatuajes, su presencia era tan imponente que no necesitaba hablar para saber quién era.

—Dlya nachal'nitsy…skazala ona s poluulybkoy, u vas opasnaya krasota (Para ser una capo usted tiene una belleza única, bella vendetta.)

Chiara exhaló el humo con calma.

—Debe ser Leonid Ivanov.

Él inclinó ligeramente la cabeza.

—El mismo.

Sus ojos recorrieron la sala.

Evaluando.

Midiendo.

—He oído que Alemania arde… —continuó— y que tú eres la responsable.

Se detuvo frente a ella.

Ahora entiendo por qué me has llamado

… Chiara Vindicta Medici.

El silencio se volvió pesado.

Denso.

El juego había comenzado.

Y ninguno de los dos pensaba perder.

...CONTINUARÁ…...

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