Mi nombre es Katherine, soy maestra sustituta en la universidad de Ozark las cosas se me complican cuando mi vida se topa con un Estudiante de nombre Teo, ese chico es la rebeldía en persona y el Diablo salido del Infierno.
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capítulo 8
La oscuridad de la habitación era absoluta, rota solo por la silueta de Teo cerniéndose sobre ella. Katherine sentía el peso de su cuerpo y la presión de su mano sobre su boca, una advertencia silenciosa que le helaba la sangre.
—No grite... —susurró él, con una voz tan baja que parecía una vibración en el aire. Sus ojos morados descendieron lentamente hacia el escote de su pijama de seda.
Katherine asintió levemente, con el corazón martilleando contra sus costillas. En cuanto él retiró la mano, ella tomó una bocanada de aire temblorosa.
—Buena chica —murmuró Teo con una sonrisa ladeada.
—¿Qué haces aquí? —siseó ella en un susurro desesperado—. Pensé que ya te habías ido con Kay...
Teo no respondió con palabras. Con un movimiento lento y posesivo, tiró de las sábanas, dejando el cuerpo de Katherine al descubierto. Su mirada estaba cargada de una lujuria tan explícita que ella sintió que se quemaba bajo su escrutinio.
—¿Q-qué crees que haces? —tartamudeó, intentando cubrirse.
—Shhh... —Teo subió a la cama, posicionándose entre sus piernas mientras colocaba un dedo sobre los labios de ella, sellando cualquier protesta.
Katherine se quedó paralizada. "¿Por qué... por qué no puedo negarme?", se preguntó con angustia, sintiendo cómo su voluntad se desmoronaba. Él elevó la blusa de tirantes de su pijama, comenzando un rastro de besos húmedos que ascendían desde su vientre hasta sus pechos. Katherine se cubrió la boca con su propia mano, ahogando cualquier sonido por miedo a que sus padres, al otro lado del pasillo, escucharan su traición.
Teo descubrió uno de sus pechos, pasando su lengua húmeda por el pezón mientras su otra mano apretaba el otro con una fuerza exigente.
—Aah... —Katherine intentó empujarlo, pero sus fuerzas flaquearon. Terminó mordiendo el dorso de su propia mano para ahogar los gemidos mientras su cuerpo se contraía involuntariamente.
Él pasó de un pecho a otro, succionando y lamiendo con un hambre voraz, antes de subir a su cuello. Al mismo tiempo, su mano libre bajó hasta la intimidad de ella, dibujando su figura por encima de las bragas, estimulándola con una precisión que la hacía arder. Katherine estaba completamente sonrojada, debatiéndose entre el deseo de alejarlo y la necesidad de entregarse.
Teo se enderezó, liberando su miembro, listo para poseerla finalmente.
—Deja de resistirte, Katherine... —susurró en su oído, su voz ronca de pura necesidad.
—Me... me falta el aire... —alcanzó a decir ella, sintiendo que el mundo se desvanecía.
Momentos antes: La cruda realidad
Teo estaba de pie frente a la cama, observando a Katherine dormir. Ella se movía inquieta entre las sábanas, con el rostro encendido y gotas de sudor perlando su frente. Sus piernas se apretaban entre sí en un gesto inequívoco de placer inconsciente.
"¿Qué diablos estás soñando?", pensó Teo, sintiendo una punzada de celos irracionales. "¿Acaso estás soñando con el tipo ese del piano? ¿Tanto te gusta?".
La mandíbula de Teo se tensó. No podía soportar que ella tuviera pensamientos que no le pertenecieran a él, ni siquiera en sueños.
—Maestra... cambiemos ese sueño —murmuró con frialdad.
Estiró su mano y rodeó el cuello de Katherine, apretando poco a poco, ejerciendo una presión medida pero firme.
—Despierta... Katherine.
Katherine abrió los ojos de golpe, encontrándose con la mirada gélida de Teo mientras sentía que el aire se le escapaba. Él no dejó de presionar de inmediato, observando cómo el pánico reemplazaba el placer en sus ojos azules.
—¿Soñó rico? —preguntó él con una crueldad silenciosa antes de retirar la mano.
Katherine se ladeó, tosiendo con violencia mientras intentaba recuperar el aliento.
—Cof, cof... ¿Estás loco? —logró decir, mirándolo con terror—. ¿Querías matarme?
Teo se inclinó sobre ella, apoyando ambas manos sobre el colchón, a cada lado de la cabeza de ella, atrapándola.
—¿Qué estabas soñando? —exigió saber.
Katherine desvió la mirada, el rubor de su sueño aún presente en sus mejillas. El contraste entre la fantasía placentera y la realidad violenta la tenía desorientada.
—¡Qué te importa! —estalló—. ¡Fuera de mi habitación!
—¡No me iré si no respondes!
Se hizo un silencio denso. Katherine lo miró durante unos minutos que parecieron eternos. Sabía que él no se detendría, que su obsesión no conocía límites. Entonces, impulsada por un instinto de supervivencia o quizás por el residuo de su propio sueño, lo sujetó de la camisa y lo atrajo hacia ella.
—Esto... —susurró cerca de sus labios, antes de pasar su lengua por ellos y sellar el encuentro con un beso profundo y cargado de una rabia hambrienta. "Espero que esto sea suficiente para que te calles", pensó con desesperación.
Teo se quedó petrificado por un segundo, con los ojos muy abiertos por la sorpresa. Pero rápidamente sus párpados cayeron y correspondió al beso con la misma intensidad, rodeando su cuerpo con sus brazos.
"Así que la maestra estaba...", pensó él con una satisfacción oscura mientras sus lenguas se entrelazaban en un murmullo de deseo compartido.