Victoria Davenport lo tenía todo: un matrimonio perfecto ante los ojos del mundo y una vida rodeada de lujo. Pero tras las paredes de cristal, su esposo Mathews Sinclair la había condenado al olvido. Fue entonces cuando apareció Jhonatan Blake, un hombre tan prohibido como irresistible, que le devolvió el fuego que creía muerto. Entre la culpa, el deseo y una verdad que amenaza con destruirlo todo, Victoria deberá elegir entre la jaula dorada de su matrimonio o el abismo ardiente de una pasión imposible.
NovelToon tiene autorización de Leidy Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Confesiones entre amigas
El teléfono vibró en mi bolso mientras acomodaba unos papeles en la sala de Merlina. Al instante, supe quién era: Jonathan. Su voz surgió del auricular, cálida, intensa, y por un momento todo lo demás desapareció.
—Hola, Vic —dijo, con esa familiaridad que me hacía sonreír casi sin darme cuenta—. ¿Cómo estuvo tu día?
—Hola... bueno, normal... reuniones, trabajo, nada especial —respondí, tratando de sonar casual, aunque mi corazón latía con fuerza.
Nos contamos los detalles de la semana como si fuéramos amigas de toda la vida, pero cada palabra, cada risa compartida, tenía un trasfondo diferente, peligroso, electrizante. Sabía que no debía, que cada conversación nos acercaba más a un fuego que prometía consumirnos, pero no podía evitarlo. Me sentía viva, escuchando su voz, dejándome llevar.
De repente, la puerta se abrió y allí estaba Merlina, cargando a su hija Kris. Su pequeña me miró con esos ojos grandes y curiosos, y Merlina me pasó a la niña entre risas. La sostuve, sintiendo su calor, su suavidad contra mi pecho.
—¡Mírame, Vic! —dijo Kris, golpeándome suavemente la mejilla con sus manitas pequeñas—. ¡Ya casi camino sola!
—Vaya, Kris... estás enorme —reí mientras la apoyaba sobre mis piernas y la miraba explorar mis dedos con sus manitas diminutas—. ¿Y tu mamá te ha enseñado a no morder?
—A veces sí... pero no hoy —dijo Merlina con una sonrisa traviesa—. Parece que hoy solo quiere jugar contigo.
La ternura de aquel instante contrastaba con el torbellino que Jhonatan había despertado en mí. Lo miraba jugar, reír, y por un momento sentí paz, como si todo lo demás pudiera esperar.
—Mer... —dije, respirando hondo—. Hay algo que necesito contarte.
Merlina me miró, arqueando una ceja, curiosa.
—¿Qué pasa? —preguntó, mientras Kris se balanceaba entre mis brazos y mis piernas—. No me digas que es algo de Mathews, ya estoy harta de tus dramas matrimoniales.
—No... es alguien más —susurré, con un nudo en la garganta que me impedía hablar con normalidad—. Es Jhonatan... Blake. He estado hablando con él por teléfono.
Merlina se quedó boquiabierta, sosteniendo a su hija mientras su expresión de sorpresa se transformaba en calma comprensiva.
—¿Jonathan Blake? —dijo, sorprendida pero sin reproche—. ¿¡Y tú hablas con él!? Vic... ¿estás loca?
—Lo sé, Mer... —dije, abrazando a Kris un poco más fuerte, buscando refugio en su calor—. No debería, pero no puedo evitarlo. Me hace sentir viva.
Merlina suspiró y se sentó junto a mí en el sofá, acomodando a Kris entre nosotras. La niña se rió mientras tomaba mis dedos y los movía, jugando.
—Bueno, Vic... —dijo Merlina, mirándome a los ojos con ternura—. Solo te advierto que tengas cuidado. Nadie quiere verte lastimada. Pero... no te juzgo. Solo... sé consciente de lo que estás haciendo.
—Gracias, Mer... —susurré, acariciando la cabeza de Kris mientras ella jugaba con mis anillos—. De verdad necesitaba hablar con alguien que me entendiera.
Nos quedamos conversando un buen rato, entre risas, confidencias y consejos. Merlina me contó sobre su relación con su novio, sobre cómo criaba a Kris, y cómo a veces la felicidad no depende de tener todo perfecto, sino de aceptar los momentos y cuidarlos.
—Al fin... ¿Cómo le fue a Mathews en el contrato anoche? —preguntó, cambiando de tema con naturalidad, mientras Kris se agarraba de mi cabello y lo estiraba suavemente.
No pude evitar sonrojarme, recordando a Jhonatan, su mirada, la manera en que me había hecho sentir durante la cena. Le conté a Merlina cómo era él, su atractivo, su seguridad, su coqueteo sutil. Merlina escuchaba atenta, sus ojos brillando con sorpresa y diversión, mientras Kris se balanceaba en mis piernas, riendo y tirando de mis uñas pintadas.
—Vaya, Vic... —dijo Merlina con una sonrisa traviesa—. Nunca imaginé que mi amiga perfecta estuviera hablando con un hombre así. Debes tener cuidado, ¿eh?
—Lo sé —dije, suspirando—. Lo sé... pero es imposible. No puedo evitarlo.
A lo lejos, escuchamos la puerta abrirse de nuevo: el novio de Merlina llegaba, con una sonrisa cálida y bromas para Kris. Nos acomodamos en el sofá, viendo películas, jugando con la niña y dejando que el tiempo pasara, mientras yo sentía ese torbellino interno que Jhonatan había encendido en mí, mezclándose con la ternura de aquel instante maternal.
Al despedirme, abracé a Merlina y luego a Kris, sintiendo el calor de sus pequeños brazos rodeándome. Caminé hacia mi coche, el recuerdo de sus risas y palabras grabado en mí, y mientras conducía de regreso a casa, no podía evitar pensar en Jonathan. Cada mensaje, cada conversación, cada pensamiento me acercaba más a un juego peligroso, y aunque intentaba mantener el control, sabía que estaba atrapada en algo que cambiaría mi vida para siempre.
Me atrapo, y me encanto.
Tienes mucho talento 👏👏👏🥰🥰