Hola, soy CubeThings.
Me gusta escribir historias que se sienten… más que solo leerse. Historias que mezclan fantasía, romance y emoción, donde los personajes no son perfectos, pero sí intensos.
Amo los mundos tipo anime: yokais, magia, destinos entrelazados… y amores que no se construyen de un día para otro.
Mis historias suelen ser slow burn, con tensión, misterio y personajes que se marcan entre sí de formas que no siempre entienden.
Si te gustan las historias que te hacen sentir, que te envuelven poco a poco… entonces estás en el lugar correcto.
NovelToon tiene autorización de Cube Things para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
La atención que no debía llamar
Hikari abrió el libro que le había dado Rie. En él venían los nombres de todos los huéspedes del ryokan, junto con sus especificaciones.
Decidió empezar por memorizar a los huéspedes actuales y luego revisar la lista de los anteriores.
—Rie… ¿no tendrás un cuaderno nuevo que me puedas regalar? —preguntó.
Rie sonrió con suavidad.
—Claro, aquí tienes uno… y una pluma también, con tinta.
Hikari lo tomó con cuidado.
—Gracias.
Decidió llevar su propio registro de cada tipo de huésped. Los separó por categorías y por frecuencia de visitas, organizando la información de una manera que le resultara más fácil de entender.
Después de unos minutos, volvió a levantar la mirada.
—Rie… ¿me puedo llevar el cuaderno? Aún tengo mucho que revisar.
Rie asintió con tranquilidad.
—Está bien, pero debes regresarlo en la mañana, ¿de acuerdo?
Hikari asintió.
—Sí, lo haré.
Rie le dedicó una pequeña sonrisa, pero no dijo nada más. Solo la observó un segundo… como si supiera que ese pequeño gesto significaba más de lo que parecía.
Hikari se giró y caminó hacia una de las mesas laterales del área común. El ryokan estaba en calma, el murmullo de la lluvia aún presente, pero lejano.
Se sentó.
Colocó el cuaderno frente a ella.
Y lo abrió.
La hoja en blanco la miró de vuelta.
—…ok…
Tomó la pluma.
Dudó apenas un segundo.
Y comenzó.
“Registro de huéspedes.”
Su letra no era perfecta, pero era clara.
Debajo, trazó una línea.
“Clasificación.”
Hizo una pausa, recordando el libro de Rie.
—Yokai de fuego… de agua… errantes… residuales…
Sus ojos recorrieron rápidamente las páginas del registro oficial mientras iba copiando lo que consideraba importante.
No todo.
Solo lo necesario.
Lo útil.
—Frecuencia de visita… comportamiento… riesgos…
Escribía más rápido ahora.
Más concentrada.
Como si su mente hubiera encontrado algo en qué sostenerse.
Pasó de una página a otra.
Anotando nombres.
Características.
Pequeños detalles.
Algunos huéspedes regresaban constantemente.
Otros aparecían una vez… y desaparecían.
—…qué extraño…
murmuró.
Se detuvo en una sección.
“Huéspedes irregulares.”
Su ceño se frunció.
—Esto… no estaba antes…
Pasó el dedo por la lista.
Algunos nombres estaban tachados.
Otros… simplemente tenían símbolos que no entendía.
Y uno—
no tenía nombre.
Solo una marca.
Un trazo irregular.
Como tinta corrida.
Hikari inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Qué es esto…?
Acercó un poco más el cuaderno.
Y entonces—
la tinta se movió.
Muy leve.
Pero lo suficiente.
—…¿?
Hikari se quedó completamente quieta.
La marca… parecía vibrar.
Como si no fuera solo tinta.
Como si—
“Recuerda.”
La palabra cruzó su mente.
De golpe.
—¡—!
Hikari cerró el cuaderno de golpe.
Su respiración se agitó.
—…no…
Miró sus manos.
Luego el cuaderno.
—…otra vez…
El silencio a su alrededor se sintió más pesado.
Pero esta vez—
no huyó.
Respiró hondo.
Lento.
—…no voy a ignorarlo…
susurró.
Volvió a abrir el cuaderno.
Con más cuidado.
La marca seguía ahí.
Inmóvil ahora.
Como si nada hubiera pasado.
Hikari apretó ligeramente los labios.
Y tomó la pluma otra vez.
Debajo de la marca—
escribió:
“Entidad desconocida. Posible vínculo con memoria.”
Su pulso era más firme ahora.
Más decidido.
—Si voy a estar aquí…
murmuró—
—voy a entenderlo todo.
Desde el fondo del pasillo—
unos ojos la observaban.
En silencio.
Kuro.
No se movía.
No intervenía.
Pero no apartaba la mirada.
Y esta vez…
no parecía molesto.
Parecía—
atento.
Unos pasos suaves se detuvieron a su lado.
Tomoe.
—Vaya… —murmuró con una ligera sonrisa—. Te estás tomando esto muy en serio.
Hikari levantó la mirada.
—Tengo que hacerlo.
Tomoe inclinó apenas la cabeza.
Sus ojos bajaron al cuaderno.
—Eso puede ser peligroso.
Silencio.
Hikari no lo cerró.
—Ignorarlo también.
La respuesta fue inmediata.
Tomoe sonrió.
Pero esta vez…
no fue del todo ligera.
—…interesante.
Y en ese momento—
sin que Hikari lo supiera—
acababa de dar el primer paso.
No como empleada del ryokan.
Sino como algo más.
Algo que…
aún no entendía.
Hikari pasó toda la noche escribiendo en su cuaderno.
A la mañana siguiente, fue a entregárselo a Rie.
—Muchas gracias por el cuaderno, Rie. Me fue de mucha utilidad.
Rie sonrió con suavidad.
—Qué bueno, me alegra. Cuando tengas alguna duda, pregúntame. A veces Rita no tiene la paciencia para explicar todo.
Hikari dudó un momento.
—Había unos símbolos que no entendí… y otros que… se movían.
Rie soltó una pequeña risa.
—Algunos yokai pequeños se esconden en los libros viejos. No son dañinos, pero pronto los empezarás a reconocer.
Hikari parpadeó, sorprendida.
Rie la observó con una expresión más suave.
—Eres muy dedicada, Hikari. Eso es bueno.
Hizo una pequeña pausa.
—Kuro estará muy complacido.
Por alguna razón que Hikari no entendió, se sonrojó sin poder evitarlo tras el comentario de Rie.
—¿Tú… tú crees? —murmuró, un poco nerviosa—. Sabes… le he dado muchos problemas desde que llegué, y a veces siento cosas contradictorias…
Se detuvo de pronto.
Sintió que estaba diciendo demasiado.
Demasiado de ella.
Bajó ligeramente la mirada.
—Pero no importa —añadió, recuperando un poco la compostura—. Daré mi mejor esfuerzo.
Le dedicó una pequeña sonrisa.
—Gracias, Rie. Que tengas un buen día.
Y con eso… se marchó.
Lista para continuar con sus obligaciones.
Hikari decidió que, después de terminar con la limpieza, ayudaría con los clientes, llevándoles sus alimentos preferidos… o cualquier cosa que necesitaran.
Y así lo hizo.
Con el paso de las horas, comenzó a moverse con más seguridad entre las habitaciones, tocando con suavidad antes de entrar, observando, aprendiendo.
Los clientes respondían.
Sonrisas.
Agradecimientos.
Miradas más cálidas.
Y poco a poco… Hikari empezó a conocerlos de primera mano.
—Eres muy amable, pequeña —le dijo una semidiosa del bosque, de presencia serena y ojos profundos como raíces antiguas.
Antes de irse, colocó algo en su mano.
Una semilla.
Pequeña.
Pero cálida.
Hikari la miró, sorprendida.
—Gracias…
La semidiosa sonrió, y sin decir nada más… desapareció entre la luz que se filtraba por la ventana.
Desde el pasillo—
Kuro observaba.
En silencio.
Sin intervenir.
Sus ojos violetas seguían cada movimiento de Hikari.
Su forma de hablar.
De moverse.
De acercarse a los demás.
Y por un instante—
una pequeña sonrisa apareció en la comisura de sus labios.
Casi imperceptible.
—Así que también sonríes…
La voz llegó desde atrás.
Tomoe.
Apoyado contra la pared, con esa sonrisa ligera que nunca parecía desaparecer.
Kuro no se giró.
—No molestes, Tomoe.
Tomoe levantó ambas manos en señal de rendición.
—Yo solo decía, jefe…
Una pausa.
Sus ojos se deslizaron hacia Hikari.
—Pero déjame decirte algo.
Su tono cambió apenas.
Más bajo.
Más serio.
—Hikari tiene mucho potencial.
Silencio.
—Y eso… llama mucho la atención.
Kuro no respondió.
Pero su mandíbula se tensó apenas.
Tomoe ladeó la cabeza.
—Yo que tú… tendría cuidado.
Una pequeña sonrisa volvió a su rostro.
—No vaya a ser que alguien quiera quedársela para sí mismo.
Y sin añadir nada más—
se dio la vuelta.
Y se marchó.
El silencio que dejó… fue distinto.
Pesado.
Kuro permaneció inmóvil un segundo más.
Sus ojos seguían donde estaba Hikari.
Pero su expresión ya no era la misma.
—…maldito kitsune.
El murmullo fue bajo.
Pero cargado.
Y por primera vez—
no era solo molestia.
Era algo más.
Algo que… apenas comenzaba a tomar forma.