El destino teje hilos oscuros, pero el poder verdadero reside en decidir qué nudos desatar y cuáles cortar con tu propia voluntad
NovelToon tiene autorización de Leydis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 15
El viento en las Tierras del Olvido no soplaba; aullaba como una legión de almas condenadas que buscaban una salida que no existía. Tras la huida de la capital, Alessia no había permitido que su ejército se detuviera. Cabalgaban hacia el norte profundo, más allá de los Picos de Hierro, hacia un lugar que solo aparecía en los mapas prohibidos de la Inquisición: el Templo de la Luna Sollozante.
Alessia encabezaba la marcha, pero su mente estaba a leguas de distancia, atrapada en las palabras de Valerius. *Un contrato. No una maldición, sino una deuda.* Esa idea golpeaba contra las paredes de su cráneo con la fuerza de un ariete. Cada vez que cerraba los ojos, veía el rostro de su padre, no con la tristeza del hombre que pierde a una hija, sino con el alivio del deudor que entrega una moneda para salvar su cuello.
Valerius cabalgaba a su lado, observándola con una mezcla de preocupación y respeto. El Lobo Negro rara vez mostraba sus emociones, pero el vínculo de sangre que compartían le permitía sentir la tormenta de hielo que se desataba en el interior de Alessia.
—Estás a punto de romperte, Alessia —dijo Valerius, rompiendo el silencio que había durado horas—. Y si te rompes ahora, los Sombríos se dispersarán como ceniza. Ellos no siguen a una mujer herida; siguen a una fuerza de la naturaleza.
Alessia no lo miró. Sus ojos violetas estaban fijos en el horizonte, donde una estructura de piedra negra empezaba a emerger de la niebla.
—No estoy rota, Valerius. Estoy... vacía —su voz sonó como el crujido de la nieve bajo una bota—. Toda mi vida me sentí como una aberración. Me castigué por existir, pensando que mi mera presencia era una afrenta a los dioses. Si lo que dijiste es cierto, si mi propia existencia fue diseñada como una moneda de cambio... entonces el vacío que siento es el espacio que la piedad ocupaba. Y ya no queda nada de ella.
—La verdad es un arma de doble filo —advirtió él—. Algunos hombres prefieren morir en la ignorancia que vivir con el peso de lo que realmente son.
—Yo ya morí una vez, Valerius. En el Banquete de las Mil Espadas. Lo que ves ahora es el fantasma que regresó a cobrar la cuenta.
°°°
El Templo de la Luna Sollozante
Llegaron al templo al atardecer. Era una estructura colosal tallada directamente en una montaña de obsidiana. No había puertas, solo una boca abierta en la roca que exhalaba un aire gélido y antiguo. Según las leyendas, aquí residía el Oráculo de las Sombras, una entidad que existía desde antes de que los hombres aprendieran a mentir.
Silas se acercó, su mano en el pomo de su espada, mirando con desconfianza las estatuas sin rostro que custodiaban la entrada.
—Mi señora, este lugar tiene un olor a magia vieja... de la que no se olvida. Mis hombres no entrarán ahí. Dicen que el aire mismo te roba los recuerdos.
—Quédate con ellos, Silas —ordenó Alessia, desmontando de su caballo—. Estableced un perímetro. Si algo sale de aquí que no sea yo o Valerius, quemad la montaña entera.
Valerius la siguió sin decir palabra. Entraron en la penumbra del templo, iluminados solo por el brillo tenue de las marcas de sangre en sus manos. El silencio era absoluto, una presión física que les zumbaba en los oídos.
Caminaron por pasillos donde el tiempo parecía haberse detenido. Las paredes estaban cubiertas de frescos que se movían bajo la mirada: escenas de guerras olvidadas, de cielos cayendo y de un trono de sombras que esperaba a su ocupante.
—Sientes eso, ¿verdad? —susurró Valerius, su mano buscando instintivamente la de Alessia.
—Es el Abismo —respondió ella. Su propia sombra se alargaba de forma antinatural, fundiéndose con la oscuridad del templo—. No es un lugar. Es una presencia. Nos está observando.
Llegaron a una cámara central donde el techo se abría al cielo estrellado. En el centro, un estanque de mercurio líquido reflejaba no las estrellas, sino los pecados de quienes se asomaban a él. Sentado al borde del estanque, había una figura envuelta en harapos grises que parecían estar hechos de humo.
—La Deuda ha regresado —dijo el Oráculo. Su voz no venía de su boca, sino que resonaba directamente en sus huesos—. Alessia de la Sombra, hija de la Codicia y la Traición. Has tardado mucho en venir a reclamar tu herencia.
Alessia se adelantó, sus botas resonando en el suelo de obsidiana.
—Déjate de acertijos, espectro. Valerius encontró el contrato. Quiero verlo. Quiero la verdad sin adornos de profecías o miedos palaciegos.
El Oráculo soltó una risa seca, como el roce de hojas muertas.
—La verdad no tiene adornos, pequeña reina. Solo tiene sangre. —El espectro extendió una mano huesuda hacia el estanque de mercurio—. Mira. Mira cómo se forjó tu destino en la oscuridad de una noche hace veinte años.
°°°
La Visión del Pasado: El Pacto de los Cobardes
El mercurio empezó a agitarse, creando imágenes tan nítidas que Alessia sintió que podía tocarlas. Se vio transportada a una sala de guerra secreta en el antiguo palacio de Vyrwel. Era una noche de tormenta.