Daniela perdió a su madre a la edad de 3 años, su padre se vuelve a casar y le da una perversa madrastra que la maltrata y encierra en el sótano, sótano que guarda grandes secretos.
Acompáñame en mi nueva historia, que sé que será de su agrado.
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MALVADA
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Estimados lectores, acá un paréntesis de la historia, hay lectores que me piden que cuente las historias de cada personaje, así que a pedido de ellos, aquí viene la historia de la malvada de Renata.
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****** RENATA
Renata y César se conocieron en la universidad, en las aulas llenas de jóvenes que soñaban con un futuro mejor. Ambos venían de familias muy humildes, de esas que tienen que esforzarse el doble para conseguir lo básico, y que desde pequeños aprendieron que la vida es dura y que el dinero lo es todo. Se hicieron novios muy pronto, unidos por esa misma ambición desmedida, por la necesidad de salir de la pobreza y por la convicción de que ellos valían para mucho más de lo que su origen les permitía tener. Eran inteligentes, astutos, pero también fríos, calculadores y sin escrúpulos: para ellos, el amor era un lujo, y el poder y la riqueza eran la única meta que valía la pena alcanzar.
Estaban decididos a escalar posiciones, a dejar atrás su pasado modesto, pero no querían hacerlo trabajando duro ni esperando años. Querían todo ya, todo de golpe, todo fácil. Fue entonces cuando, por medio de un amigo en común, conocieron a Mariela.
Ella era todo lo que ellos no eran: nacida en la riqueza, heredera de un imperio construido por sus antepasados, hermosa, generosa, brillante y con un corazón inmenso. Poseía una fortuna inmensa, propiedades, empresas, tierras y un apellido que abría todas las puertas. Al verla, Renata y César entendieron al instante que ella era su oportunidad de oro, la llave para salir de la miseria y vivir como reyes por el resto de sus vidas.
Esa misma noche, en una conversación en voz baja y llena de maldad, llegaron a un acuerdo perverso, planeado al detalle entre los dos:
—Tú te acercarás a ella —le dijo Renata a César, con la mirada brillando de codicia—. Te harás pasar por un joven bueno, trabajador, enamorado, de esos que ella admira. La conquistarás, te casarás con ella, te ganarás toda su confianza… y cuando ya sea tuya, cuando tengas acceso a todo, la haremos desaparecer. Un accidente, una enfermedad, lo que sea. Nadie nos verá, nadie nos culpará. Y entonces, todo lo que es suyo pasará a ser tuyo. Nos casaremos, seremos dueños de todo, y nadie sabrá nunca que fuimos pobres.
César asintió sin dudar. Para él, Mariela no era una persona, era solo un premio, un trofeo, el billete que los sacaría de la vida difícil que odiaban. Comenzó su plan con maestría: se mostró amable, atento, caballeroso, escuchaba sus sueños, fingía admiración y cariño, y poco a poco fue ganándose el corazón de la joven millonaria. Mariela, que creía en la bondad humana, que era noble y sincera, se enamoró perdidamente de él, creyendo haber encontrado el amor verdadero, alguien que la quería por ella misma y no por su dinero.
Todo iba saliendo tal como lo habían planeado. Se casaron en una gran ceremonia, y Renata, fingiendo ser solo una vieja amiga de la universidad, estaba siempre cerca, aconsejando, vigilando, esperando el momento exacto para ejecutar el plan final: la desaparición de Mariela.
Pero no contaron con algo que destruyó todos sus cálculos: Mariela era una mujer extraordinaria, hermosa por fuera pero mucho más por dentro. Tenía una inteligencia, una dulzura, una fuerza y una magia que cautivaban a cualquiera que la tratara de verdad. Y César, que había ido solo por interés, que había fingido amor, terminó cayendo realmente rendido a sus encantos.
Cuanto más tiempo pasaba con ella, más la admiraba, más la quería, más se daba cuenta de que era la mujer más maravillosa del mundo. El plan de matarla o hacerla desaparecer se le hizo cada vez más imposible, más lejano, más monstruoso. Empezó a sentir remordimientos, cariño, respeto, y un amor real que nunca esperó sentir. Renata, furiosa e impaciente, le reclamaba una y otra vez: “¡Recuerda el trato! ¡Recuerda de dónde venimos! ¡Ella es solo un objeto para conseguir lo que queremos!”, pero César ya no la escuchaba. Su corazón había cambiado de bando.
Y para colmo de males, poco tiempo después, Mariela quedó embarazada. Fue una noticia maravillosa para ella y para César, que estaba lleno de alegría y orgullo, pero para Renata fue un golpe durísimo. Y lo peor llegó poco después: siendo una mujer inteligente y precavida, Mariela revisó todos sus bienes, escribió su testamento y lo dejó todo bien claro: todo su patrimonio, cada propiedad, cada centavo, cada empresa, pertenecería exclusivamente a su hija que estaba por nacer. César tendría derecho a usufructuar mientras fuera viudo y tutor, pero nada sería suyo. Todo era para Daniela.
El plan de Renata y César se vino abajo por completo. Si hacían desaparecer a Mariela entonces, no ganarían nada: la fortuna pasaría automáticamente a la niña, y César solo sería el administrador, pero nunca el dueño absoluto, ni podría gastar ni disponer a su antojo como querían. Además, César ya no quería hacerle daño a su esposa, a la mujer que amaba y que le estaba dando una hija.
Renata, llena de rabia, decepción y odio, no se rindió. Cambió entonces su estrategia. Sabía que Mariela no viviría para siempre, y que la pequeña Daniela era el verdadero dueño de todo. Así que, con más maldad aún, decidió quedarse al lado de ellos, esperar su momento, y actuar sobre la niña.
Cuando ocurrió el trágico accidente que le quitó la vida a Mariela —un accidente muy conveniente, del que nunca se supo bien la verdad—, Renata aprovechó la debilidad y la tristeza de César. Él, destrozado por la pérdida, había olvidado todo el plan original, pero ya estaba débil, sin voluntad, roto por el dolor. Renata se le acercó, lo consoló, lo manipuló, lo convenció de que ella era lo único que le quedaba, y poco a poco fue ocupando el lugar de Mariela, convirtiéndose en la dueña de la casa, de la vida de César y, sobre todo, de la pequeña Daniela.
Entonces fue cuando ideó la nueva maldad: encerrar a la niña, borrarla del mundo, hacerla pasar por una tonta, por una enferma, por alguien que no servía para nada. Así, ella podía gastar, disfrutar y actuar como si todo fuera suyo, sabiendo que mientras la niña viviera y estuviera "escondida", nadie reclamaría nada, y ellos podrían vivir como reyes.
El plan original de matar a Mariela falló porque César se enamoró de verdad y porque ella protegió todo a favor de su hija. Pero la ambición de Renata fue más fuerte, y decidió quedarse, mentir, manipular y causar el infierno a una niña inocente, todo por el mismo objetivo de siempre: quedarse con lo que no le pertenecía, salir de su pobreza original y vivir una vida de lujos que nunca mereció.
Y aunque creyó haber ganado durante años, nunca imaginó que Daniela, la niña que encerraron, que creció en secreto y que conocía la verdad, regresaría convertida en la mujer más fuerte y poderosa, para cobrarles cada uno de esos pasos malvados que ellos dieron desde la universidad, por culpa de su ambición sin límites.
Ella misma les puso la trampa y tanto Alvaro como Mirian cayeron
Pobre Javier, todo lo que sufrió, por suerte volvió Daniela
Ojalá Alvaro también pague