Para el mundo, Ada Medina de 35 años es una ingeniera en sistema muy exitosa en un campo dominado por hombres, pero para su familia, es solo la hermana que nunca superó a su amor de la infancia Sebastián Hernández, sin embargo, bajo la sombra de la etiqueta de “pagafantas” que su hermana Victoria con malicia se encargó de difundir, la realidad es que Ada guarda un secreto.
Desde hace años Ada vive un romance clandestino con Damián Hernández un valiente bombero de 37 años, y hermano mayor de Sebastián.
Al ser ambos los eternos postergados y los “segundos” de sus respectivas familias, han preferido mantener en secreto su “vínculo” bajo la imagen de una simple amistad para evitar el estallido de conflictos muy dolorosos.
Pero el silencio tiene un límite y Ada está a punto de demostrar que no es el plan B de nadie, y que el amor de su vida siempre estuvo ahí, esperando el momento adecuado para salir a la luz.
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Capítulo VI: Migajas y Tesoros
Sebastián salió de puntillas de la habitación de Victoria, ajustándose la ropa con una satisfacción que le llenaba el pecho, aunque esta no era su primera vez, el esfuerzo que le costó convencer a Victoria de darle una oportunidad hacía que el triunfo le supiera muy dulce.
—Resultó más salvaje de lo que imaginaba—murmuró con una media sonrisa de suficiencia.
Él no sentía ni un solo atisbo de arrepentimiento; porque para él tomar de la mano a la ingenua Ada y expresarle palabras ambiguas de amor, mientras seducía a su hermana, no era más que un juego, el único problema era que consideraba a Ada como una persona demasiado inocente, predecible y lo más importante muy fácil de manipular.
—Si tan solo Ada tuviera un poco de la pasión de Victoria, sería la mujer perfecta—admitió Sebastián para sí mismo sin notar el tono de ironía en su voz.
Sebastián se detuvo frente a la puerta de Ada por unos segundos, y notó que tras la puerta había un silencio sepulcral, lo cual contrastaba con el escándalo de la guitarra de hace unos momentos, lo que le hizo preguntarse en cómo estaría ella o si, por casualidad, ya había descubierto lo que acababa de suceder en la habitación de Victoria, porque ellos no fueron precisamente muy discretos.
Él sabía que estaba actuando mal, sin embargo, su arrogancia era tan grande, que asumió que Ada era fuerte, además de que lo quería tanto que jamás lo dejaría, así que negó con la cabeza y esbozó una sonrisa de suficiencia; y se convenció a sí mismo de que Ada solo estaba teniendo un berrinche por la "broma" del laxante que le arruinó la noche.
Dentro de la habitación a pesar de la oscuridad Ada notó la sombra de Sebastián recortada bajo su puerta, y sintió repulsión, se volvió hacia la pared, y se cubrió la cabeza con su colcha favorita, cerró los ojos obligándose a olvidar toda esa toxicidad y quedarse dormida, lo cual finalmente consiguió después de media hora.
Sebastián siguió de largo y salió de la casa de la familia Medina, sin sentir que había hecho algo malo porque para él, Ada seguía siendo la chica predecible de siempre a la cual podía manipular con un par de palabras dulces.
Lo que él no tenía la menor idea era que, tras esa puerta, la joven que creía conocer había desaparecido, y que la mujer que acababa de nacer ya no tenía espacio en su vida para un traidor como él.
Sebastián silbaba una tonta tonada mientras cruzaba la calle para entrar a su casa, a un lado notó que el Chevette verde de su hermano estaba parado en el estacionamiento, y se sonrió pensando en que era un auto horrible, comparado con el Toyota Corolla que la próxima semana su papá le daría como regalo de graduación.
Caminaba por el segundo piso y fijó su mirada al fondo en el lugar más apartado del pasillo, y allí estaba la puerta de la habitación de su hermano, se sonrió con satisfacción, porque siempre se sintió superior a Damián, negó con la cabeza pensando en que era un perdedor que apenas obtuvo un certificado de secundaria y como sus promedios no le permitían estudiar en una universidad se había decantado por lo que él consideraba “el camino más fácil”.
Y en medio de su prepotencia, Sebastián no consideraba que no solo era una profesión muy honorable, sino que tras cada miembro del cuerpo de bomberos había años de una ardua formación técnica.
—Inútil… — murmuró antes de entrar a su cuarto.
Lo que Sebastián ignoraba era que el «bruto» de su hermano acababa de rescatar lo único valioso que él alguna vez tuvo en su vida: el cariño sincero de Ada.
Damián mantenía la disciplina de levantarse muy temprano y esa mañana, no fue la excepción, tomó una ducha rápida, preparó su equipaje, y observó su habitación de la infancia, y era irónico, pero poco a poco sus cosas iban desapareciendo de ese lugar al que alguna vez llamó hogar.
Sus medallas y trofeos de sus competencias deportivas, sus discos de acetato, CDs, incluso sus libros de fantasía— esos que nadie de su familia creía que leía—con cada viaje se llevaba algo más porque temía que la próxima vez que regresara todos sus recuerdos hubieran sido desechados como trastos viejos.
Fue hasta la cocina de forma sigilosa porque sabía que sus padres odiaban cuando él hacía ruido, no lo había notado, pero era como si él nunca perteneció a ese lugar.
Encendió la cafetera y cuando su madre aun bostezando se lo encontró en la cocina preparando café no lo saludó con la amabilidad que se espera luego de varios meses sin verse sino con un simple asentimiento.
—Deberías avisar cuando vienes de visita —soltó ella sin mirarlo—Comes demasiado y hay que estar preparado.
—Entiendo, mamá... solo quería verlos, es que tenía mucho tiempo sin verlos, ya sabes, la academia consume todo mi tiempo —intentó explicar Damián, mendigando un poco de afecto que nunca llegó.
—Es de lo único que hablas, Damián —le cortó ella con desinterés descarado—Sabías que Sebastián ...
Damián perdió la paciencia cuando su madre desvió la conversación para hablar de los méritos de Sebastián, interrumpiendo su conversación.
—Así como tú solo hablas de los logros de Sebastián —replicó él, incapaz de tolerar el agravio.
En ese momento, su padre y su hermano entraron en la estancia, cerrando filas contra él.
—Como siempre, conviertes tu estadía en la casa en todo un drama —sentenció su padre con fastidio.
—Realmente, hermano, eres tan infantil... parece que tanto trabajo físico te está atrofiando el cerebro —se burló Sebastián.
Las risas de sus padres ante la "ocurrencia" del hijo menor calaron en Damián más que cualquier extenuante jornada de entrenamiento, y se maldijo internamente por no haber dormido en el auto para marcharse al amanecer.
—Descuiden, en el futuro notificaré mi visita y traeré mi propia comida —dijo Damián con voz tensa—Parece que tenemos problemas de dinero, aunque no los suficientes como para no comprarle un Corolla a Sebastián mientras a mí no pudiste apoyarme ni con un vehículo usado.
El padre de Damián frunció el ceño y dio un golpe seco en la mesa, porque en el fondo sabía que era verdad.
—Él lo necesita más que tú, además, se lo merece —respondió su padre con una frialdad final.
Esa era la rutina de la familia Hernández, la abundancia para el "inteligente" Sebastián y las migajas para el "fuerte" Damián, el desayuno a Damián le supo a cartón; porque su madre cocinaba muy bien, pero solo preparaba los platos favoritos de los otros dos … después de todo, Damián era "fuerte" y podía comer cualquier cosa.
Ada permaneció en su habitación porque no deseaba ver a Victoria, su estómago rugía, pero prefería el hambre antes que toparse con ella, se acercó a la ventana justo a tiempo para ver a Damián cargando su bolso en el auto; su lenguaje corporal delataba el mal humor provocado, seguramente, por la hostilidad de sus padres.
Sin embargo, en cuanto él alzó la vista y sus ojos se encontraron, la tensión de sus hombros desapareció y su rostro se suavizó en una sonrisa genuina, y ella agitó la mano en un silencioso "hasta luego" que él devolvió antes de arrancar y alejarse de la urbanización.
A pesar del vacío en su estómago, Ada volvió a su escritorio para organizar sus ideas, y fue entonces cuando revisando entre sus pertenencias encontró un trozo de papel con un número de teléfono.
Se preguntó cuando Damián lo había colocado entre sus cosas, sintiendo una calidez inexplicable, lo estrechó contra su pecho y con una sonrisa se prometió llamarlo más tarde para preguntarle si había tenido un viaje de regreso tranquilo.
hermosa me encantó 💕
en ningún momento ella se dejó almedendrar x esos atorrantes poca cosa , dejan mucho q desear como personas especialmente el padre