En el juego de cupido no hay reglas hasta el más frío puede terminar enamorándose.
Alexander Davis no es la excepción, el también caéra en las garras del amor aunque parezca muy díficil.
FRÍO.
ARROGANTE.
EGOCÉNTRICO.
Eso es lo que describe a Alex Davis.
Y Lily Walker es la única que puede controlarlo y dominarlo.
Primer libro de la biología ( EL QUE SE ENAMORE PRIMERO PIERDE)
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16...
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El ambiente tenso quedó atrás; ahora estaban frente a uno de los lugares turísticos más conocidos del país.
Un gran lago los rodeaba, flanqueado por árboles y montañas. El cielo se tiñó de pequeñas auroras boreales en tonos verdes, fucsias y celestes, cuya luz parecía detenerse sobre la nieve.
--¡Wow! —exclamó Lily con sorpresa—. Esto es hermoso.
Alex la observó, atento a cada detalle: la emoción en sus ojos, la sonrisa que hacía tiempo deseaba ver. No pudo evitar sonreír.
--Sí, es hermoso —murmuró él, sin apartar la mirada de ella.
Lily giró hacia él, comprendiendo el significado de sus palabras, y le dedicó una sonrisa radiante.
--Me encanta tu sonrisa —dijo Alex con sinceridad.
Ambos se acercaron hasta quedar a pocos centímetros. Él tomó sus mejillas con delicadeza; Lily se tensó, pero permitió que lo hiciera. Sus dedos rozaron los labios de ella a través de los guantes de lana.
--Señor Davis, esto no… —intentó protestar Lily.
Él colocó un dedo sobre sus labios, silenciándola. Su objetivo era claro: aprovechar el momento. Por primera vez, ella lo permitía sin defensas.
--Lily, quiero hacer las cosas bien —susurró Alex—. Pero ahora mismo, déjame informarte que voy a besarte. ¿Estás de acuerdo?
Era la primera vez que alguien le pedía permiso para un beso.
--Siendo así, entonces, Señor Davis, hágalo —respondió ella, con una leve sonrisa.
Se fundieron en un beso profundo. Millones de explosiones de emociones recorrieron sus cuerpos. El tiempo pareció detenerse; el viento parecía susurrar más claro que nunca. Finalmente, se separaron, uniendo sus frentes para recuperar el aire.
Ambos sabían que aquel beso marcaría el inicio de su perdición.
Lily dio un paso atrás, aparentando huir, pero en realidad tomó una pequeña bola de nieve y se la lanzó. Alex se sorprendió y ella, con picardía, continuó la guerra, lanzando otra bola. Él intentó atraparla, pero ella esquivó con agilidad hasta que, finalmente, sus grandes brazos la cubrieron y cayeron juntos sobre la nieve.
Reían a carcajadas. Lily, acostada boca arriba con los brazos abiertos, contempló el cielo y el paisaje nevado. El frío recorría sus cuerpos, pero la belleza del lugar y la cercanía de Alex lo hacía irrelevante.
--¿Sabías que las auroras boreales se conocen como “brillo del sol naciente”? —comentó Alex, mirando el cielo.
--Qué interesante… —respondió Lily con una leve sonrisa.
--Se han observado durante más de 4,000 años —continuó él, girando hacia ella—. Y aparte de bellas, permanecen resplandeciendo en un lugar por mucho tiempo. Eso tiene mucho que ver contigo…
--¿Conmigo? —preguntó Lily, confundida.
--Sí —dijo él, sonriendo—. Llegas a un lugar, resplandeces y permaneces, convirtiéndote en alguien hermoso e importante.
A Lily se le sonrojaron las mejillas. Alex le abrió los brazos, invitándola a acercarse. Dudó unos segundos, sabiendo que este momento sería breve; él no solía prolongar este tipo de intimidad. Sin embargo, no pudo resistirse.
Se acercó y se hundió en sus brazos, apoyando el rostro en su pecho y escuchando los latidos de su corazón. Ambos se perdieron en el calor del otro, disfrutando cada segundo.
En ese instante, Lily deseó que el tiempo se detuviera. Alex, por su parte, deseó aprovechar cada instante con ella. Pequeños momentos como este serían su perdición, pero ninguno quería apartarse.