Derek Greco, líder de una poderosa mafia italiana, sufre un atentado que lo deja en silla de ruedas, con pocas esperanzas de recuperar su antiguo poder. En su lucha por recuperarse, rechaza a todos los especialistas que se acercan, hasta que su padrino recurre a Alexa Clark D'Amico, una fisioterapeuta excepcional y la hija de un mafioso despreciable, responsable del atentado que cambió su vida. Aunque Alexa sabe que su vínculo con el hombre que destruyó a Derek podría ponerla en peligro, acepta el reto de rehabilitarlo y mudarse a su mansión. Desde el primer encuentro, Derek hace todo lo posible por hacerla huir, pero Alexa, con su determinación y talento, empieza a provocar avances en su recuperación. A medida que el tiempo pasa, entre ambos surgen sentimientos más profundos que van más allá de la amistad, mientras los secretos y el rencor amenazan con separarlos, ¿pero el amor podrá curar las heridas de sus pasados tan oscuros?
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CAPITULO 16
CAPÍTULO 16.
Por Derek.
—De verdad que me alegra verlos aquí juntos. Pero de nuevo, ¿qué fue lo que paso? —Pregunto mi cuñado que acababa de aparecer con Regi y escuchaba atentamente lo relatado por mis amigos. Antes de responder, solté un suspiro; y recordándolo todo comencé a relatar:
—Estábamos aquí, como todos los años en la reunión. Acababa de llegar, estaba recorriendo los alrededores con Franco, James y Alexey cuando de repente comenzamos a encontrarnos con uno que otro conocido, termine de saludar a Óscar, un amigo muy íntimo de mi padrino, los muchachos pueden dar fe de eso. —Todos asintieron. —Luego cuando él se fue, me gire para reencontrarme con los chicos y tope con una de las meseras que llevaba una copa de champaña. La bebí. Luego me sentí mal, se lo dije a Alexey. Decidí ir a mi habitación para darme una ducha y recomponerme. Comencé a marearme, llegue a la habitación porque alguien me tomo y me arrastro hasta ahí. Escuche la voz de James. Creí que fue el quién me ayudaba. Recuerdo que apenas toque la cama me quede dormido y luego me desperté con ese dolor de cabeza de los mil demonios.
—Pues de buenas a primeras me sorprende que hayas tomado champaña, ese no es tu estilo. —Exclamo Sebas.
—¿Es una broma? Las bebidas fuertes las sirven hasta después de la cena. —Exclame. —No es como si hubiese tenido opción.
—Tienes razón. —Respondió.
—Alexa, ¿tú como sabías que me habían drogado?
—Acababa de llegar y me cruce a los muchachos, pregunte por ti, Alexey me dijo que la champaña te cayó mal y eso me pareció extraño. Te he visto beber cosas más fuertes y no te han afectado jamás. Me acompañaron para ver como estabas. Al llegar a la habitación vi a James a punto de perder la cabeza y confirme que ocurría algo extraño. —Dijo ella y fue interrumpida por James.
—Acababa de ver entrar a mi amigo con una mujer que no eras tú y por más que gritaba y golpeaba la puerta él no me hacía caso, a los pocos minutos llegaste tú y no supe como manejar la situación.
—No te preocupes James. No desconfiaré de ti por eso. —Exclamo ella con una sonrisa. —Bueno, luego a pesar de que James me impedía entrar, lo evadí y cuando entre a la habitación te vi acostado de una manera impecable y estaba esa mujer a tu lado, desnuda, la muy desvergonzada.
—¿De qué mujer hablas? —Pregunte.
—Victoria.
—¿Qué? ¿Y como entro ella aquí? Se supone que es un evento de máxima seguridad.
—Dijiste que tomaste la copa de una mesera. Supongo que era ella disfrazada. Lo digo por el vestido que traía, parecía el que usan todas las damas que están de servicio. —Dijo Alexey quien hasta ahora intentaba hablar lo menos posible. —Prosigue, Alexa.
—No lo sé. Estabas demasiado dormido, te conozco tienes el sueño liviano. A pesar de los gritos, el escándalo, los golpes de James, la voz chillona de esa estúpida y dado porque tu traje lucia impecable supuse que te habían drogado. Nos costó un poco despertarte y pues nada más. Los muchachos se encargaron de ella.
—¿Y qué la hicieron?
—Nosotros la... —Dijo Alexey, pero pronto fue interrumpido por Alexa.
—Le dieron la orden a los hombres de seguridad para subirla a un avión y dejarle claro que no vuelva a cruzarse en nuestro camino.
—Debieron asesinarla. —Dije. Note miradas extrañas entre Alexey, Franco y James y mi novia. Pero pronto me distraje, ya que nos habían llamado para servir la cena.
—¿Cómo te sientes? —Pregunto ella.
—Aún me duele la cabeza, pero se me pasará una vez que meta algo en mi estómago.
A pesar de los hechos, estaba feliz por tener a Alexa a mi lado. Luego le pediré los detalles de porque está aquí. Ahora quiero disfrutar con mis amigos y con ella. Después de lo que paso con Antony, los asuntos han estado tranquilos, pero esto no durara por mucho tiempo. Alexa se ve extremadamente hermosa, y mis amigos están encantados con ella. Realmente este cumpleaños ha sido una gran sorpresa. Claro que ella no tiene idea de que lo es. No me siento cómodo festejando mi cumpleaños, pero este, ha sido uno de los mejores.
La cena estaba increíble. En repetidas oportunidades Alex le preguntaba a Regi por su sobrino Bruno. Al igual que a mí, a Alexa le encantan los niños. Eso hacía que se me estruja el corazón. Yo no podre darle hijos. Y eso es algo que me afecta. Pero antes de que todo esto se complique más, tendré que hablar con ella y contarle la verdad.
—¿Ocurre algo cariño? —Pregunto Alexa, leyéndome el pensamiento.
—Hay... hay algo que necesito hablar contigo.
—Bueno... Habla.
—No aquí. —Dije. —Hablaremos luego, a solas. —Exclame. Ella me miraba confundida, pero la saque de esos pensamientos, invitándola a bailar. —¿Bailamos? —No lo hago. Soy un tronco. Pero quería hacerla sentir bien. Ella asintió con una sonrisa y la lleve a la pista de baile. Bailamos ante la vista de todos, amaba y admiraba a esta hermosa mujer y me encantaba que todo el mundo tenga la vista puesta en ella. Me importaba una mierda que mis enemigos estén aquí. Que puedan ver que estoy bien acompañado.
—Todos nos están mirando. —Dijo ella.
—No... Te están mirando a ti. —Respondí.
—Cuando venía hacia aquí me imagine que sería horroroso. Que en algún momento uno se levante de su silla y arme una balacera.
—No lo harán. Por eso nos reunimos aquí. Es un territorio neutral, está prohibido enfrentarse.
—Vaya. Este mundo cada vez me sorprende más.
—No tienes que dejar que te sorprendan. Debes estar siempre alerta Alexa. Sobre todo ahora, que todos saben que estás conmigo.
—¿Tienes miedo?
Sonreí.
—Esta gente no dudará en hacerte daño para llegar a mí.
—No te olvides que mi padre fue un mafioso. Al igual que mi hermano. Sé cómo defenderme.
—Asesinaste a tu padre Alexa.
—Bueno. Eso me hace ser mejor que él, ¿no lo crees?
—Solo recuerda que si tú mueres yo muero contigo.
—No tengo pensado morir pronto. Puedes calmarte. —Dijo. La música había terminado y la lleve hacia un lugar un poco alejado para hablar con ella. Ya no podía guardar más este secreto. Cada minuto que pasaba la veía más ilusionada.
Nos sentamos en uno de los sillones que estaban en el salón, alejado de la gente, me asegure de que no había nadie alrededor. Allí podíamos hablar calmados sin que nos interrumpan, al menos por un rato.
—¿Por qué estamos aquí Derek?
—Alexa, hay algo que tienes que saber sobre mí. No sé cómo lo tomes. Quizás te desilusiones de mí y quieras alejarte y prometo que de ser así, no lo impediría. Solo te quiero pedir discreción.
—Derek, dime que ocurre. Me estás asustando.
—Alexa, cuando era pequeño mi padre me sometía a torturas de las que tú ni siquiera te imaginas. Sé que tu padre lo hacía contigo, pero las que yo sufría eran peores. Te lo aseguro. Me sometió a golpes, disparos, puñaladas. Varias veces tuve que ser internado. Claro que no tenía a nadie que me saque de aquellas torturas, hasta que apareció Alfonso y se enteró de todo. El vino a rescatarme y justo a tiempo. Yo era algo mayor en ese entonces, pero aún era niño. En una de sus últimas torturas me encerró en la jaula con sus perros de caza. Unos animales que, te juro que eran demasiado rabiosos, no los culpo, fueron sometidos a miles de torturas para que sean de esa manera. Esos animales casi acaban conmigo. —Dije y apenas podía contener las lágrimas.
—Derek, ¿por qué me cuentas eso? —pregunto ella, muy afligida.
—Porque después de esa vez estuve algunos días en el hospital, fui sometido a algunos estudios y en ellos se reflejó que yo...
—Derek, cálmate. —Interrumpió ella. —No necesitas hablar de eso si te afecta.
—Alexa, tienes que saber que yo… soy estéril. No podre darte hijos. —Dije rompiéndome definitivamente, viendo como su cara reflejaba sorpresa y miedo.
—Derek. —Susurro ella.
—Alex, quiero que sepas que te entendería si tú quieres alejarte de mí y...
—Mi amor, ¿cómo puedes pensar que te dejaré por eso? Te amo, eso no es un problema para mí. Podemos ser felices sin tener hijos o podemos buscar otra solución en el futuro. —Exclamo ella. —Cariño, ¿cómo puedes torturarte de esa manera?
—No sabes lo difícil que es esto para mí.
—No tiene por qué serlo...
—Es que te gustan tanto los niños... Veo ese brillo en tus ojos cuando ves a Brunito y yo... Me sentí inseguro. —Dije.
—Pues para ser un mafioso tú eres demasiado sentimental. —Dijo ella.
—Ese es otro secreto que tendrás que guardar.
—Amor, me encantan los niños, pero no más que tú. Pero gracias por decírmelo. Juro que me moría de los nervios pensando en que esa estúpida nos podría engatusar con un embarazo falso.
—Pues ahora sabes que será imposible. —Dije sonriendo.
—Hay algo que me gustaría mostrarte. —Dijo ella.
—¿Y qué es?
Ella corrió de a poco la manga de su vestido, viendo que nadie nos viera, y cuando llego a la altura de sus senos me mostró un tatuaje que tenía poco más arriba de su pecho, el cual decía: "You die, I die".
—¿Qué es esto Alexa? —Dije con una media sonrisa. —¿Te tatuaste una promesa?
—Feliz cumpleaños Derek. —Dijo ella.
Y sin esperar a que la fiesta termine la lleve a mi habitación de hotel y no dejaba de besarla, tocarla y hacerla mía. Estaba tan satisfecho de ella que caí dormido como un tronco. Sumado que aún sentía los efectos de esa droga sobre mi organismo.