Del odio al amor solo hay un paso.
Cual camino eligieron nuestros protagonistas?
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Cuando el amor se rompe
Al día siguiente, Noor desapareció.
Su ausencia fue descubierta por Maximiliano poco después de las ocho de la mañana. Había intentado llamarla varias veces, pero su teléfono estaba apagado.
Al principio quiso pensar que simplemente necesitaba estar sola.
Después recibió un mensaje.
*"Si quieres volver a verla, deja de investigar."*
Maximiliano sintió que el corazón se le detenía.
Volvió a leerlo varias veces.
No podía pensar.
No podía respirar con normalidad.
—Noor...
Inmediatamente llamó a la policía.
Explicó todo lo que había ocurrido durante los últimos días: las amenazas, Sebastián, las fotografías, los documentos falsificados y la grabación que habían encontrado.
Mientras esperaba ayuda, llamó a Valentina.
Ella contestó después de varios tonos.
—¿Qué pasó?
—Noor desapareció.
Hubo un silencio.
—¿Qué?
—¡Sebastián la tiene!
Valentina respiró profundamente.
—Maximiliano...
—¿Dónde está?
—No lo sé.
—¡Tienes que saberlo!
—No.
—Tú estuviste trabajando con él.
—Sí, pero nunca me dijo dónde llevaba a Noor.
Maximiliano apretó los puños.
—Todo esto comenzó por ti.
Valentina comenzó a llorar.
—Lo sé.
—Tú fuiste quien empezó a destruir nuestra relación.
—Sí.
—Entonces ayúdame a terminarlo.
Valentina permaneció en silencio.
Finalmente respondió:
—Lo haré.
—¿Por qué?
—Porque me di cuenta demasiado tarde de lo que estaba haciendo.
Maximiliano no respondió.
—Yo quería recuperarte —continuó ella—. Quería que volvieras conmigo. Pensé que si lograba separarte de Noor, tú volverías a verme como antes.
—Nunca iba a volver contigo.
Las palabras dolieron.
Pero Valentina sabía que eran ciertas.
—Ahora lo entiendo.
—Entonces ayúdame a encontrarla.
—Lo haré.
Mientras tanto, Noor despertó en una casa desconocida.
La habitación estaba en penumbra.
Por unos segundos no recordó cómo había llegado allí.
Después comenzaron a regresar los recuerdos.
La noche anterior.
El mensaje.
La puerta.
Y luego, el miedo.
Intentó levantarse.
La puerta se abrió.
Sebastián apareció frente a ella.
Noor retrocedió.
—¿Dónde estoy?
—En un lugar donde nadie podrá encontrarte fácilmente.
—¿Qué quieres?
Sebastián cerró la puerta.
—Necesito que Maximiliano deje de investigar.
—No va a hacerlo.
—Entonces tendrá que sufrir las consecuencias.
Noor lo miró fijamente.
—¿Qué quieres realmente?
Sebastián permaneció callado.
—Quiero que pague.
—¿Por qué?
—Por todo lo que hizo su familia.
—Maximiliano no hizo nada.
—Lleva el apellido de ellos.
—Y tú llevas el apellido de tu padre.
Sebastián frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
—Que estás juzgando a una persona por los errores de alguien más.
Sebastián apartó la mirada.
—No entiendes.
—Sí entiendo.
Noor dio un paso hacia él.
—Te hicieron daño. Te mintieron. Te hicieron crecer creyendo una historia que no era cierta.
Sebastián permaneció inmóvil.
—Pero ahora estás haciendo exactamente lo mismo.
—No.
—Sí.
Noor levantó la voz.
—Estás utilizando a una persona inocente para castigar a otra. Estás haciendo que alguien pague por errores que no cometió.
Sebastián cerró los ojos.
—Mi familia lo perdió todo.
—¿Y qué vas a ganar tú?
No respondió.
Noor continuó:
—¿La satisfacción de destruirnos?
—Quiero justicia.
—Esto no es justicia.
Sebastián la miró.
—¿Entonces qué es?
—Venganza.
La palabra quedó suspendida en el aire.
Por primera vez, Sebastián pareció afectado.
—La venganza no va a devolverte los años que perdiste.
—No sabes nada.
—Sé que llevas veinticinco años viviendo en una historia que no empezaste tú.
Sebastián permaneció en silencio.
—Mira lo que te has convertido —continuó Noor—. ¿Esto es lo que quieres ser?
Sebastián no respondió.
En otro lugar de la ciudad, Maximiliano seguía investigando junto a las autoridades.
La policía había comenzado a rastrear el teléfono de Noor.
Valentina entregó toda la información que tenía sobre Sebastián.
Direcciones.
Números.
Nombres.
Cuentas.
Todo.
Horas después, apareció una posible ubicación.
Maximiliano no esperó.
—Voy con ustedes.
Uno de los agentes intentó detenerlo.
—Es peligroso.
—Ella está ahí.
Finalmente llegaron a la casa.
Maximiliano sintió que el corazón le golpeaba el pecho.
La puerta estaba cerrada.
Las autoridades entraron primero.
Se escucharon voces.
Pasos.
Después, un grito.
—¡Noor!
Maximiliano corrió.
La encontró sentada en una habitación.
Estaba asustada, pero ilesa.
—Maximiliano...
Él la abrazó.
—Pensé que te había perdido.
Noor comenzó a llorar.
—Estoy aquí.
Maximiliano la sostuvo con fuerza.
Durante unos segundos ninguno pudo hablar.
Sebastián intentó escapar por una puerta trasera, pero fue detenido por las autoridades.
Antes de que se lo llevaran, miró a Noor.
—Lo siento.
Ella no respondió.
Todavía no sabía si podía creerle.
Cuando finalmente regresaron a casa, Noor permaneció en silencio durante todo el camino.
Maximiliano intentó hablar.
—¿Quieres agua?
—No.
—¿Quieres descansar?
—Sí.
Él asintió.
Pero antes de entrar, Noor se detuvo.
—Maximiliano.
—¿Sí?
Ella lo miró.
Tenía lágrimas en los ojos.
—Necesito decirte algo.
—Lo que sea.
—Quiero alejarme.
Maximiliano sintió que el cuerpo se le quedaba inmóvil.
—¿Por qué?
—Porque estoy cansada.
—Podemos superar esto.
—No sé si puedo.
—Noor...
—Estoy agotada de tener miedo. Agotada de desconfiar. Agotada de que nuestro amor siempre esté rodeado de problemas.
Maximiliano se acercó.
—No es culpa nuestra.
—Lo sé.
—Entonces quédate.
Noor negó lentamente.
—Precisamente porque te amo.
—¿Qué significa eso?
—Que no quiero seguir viéndote sufrir por mi culpa.
—Tú no eres la causa de esto.
—Pero desde que llegué a tu vida todo cambió.
Maximiliano sintió lágrimas en sus ojos.
—También cambió para bien.
Noor sonrió con tristeza.
—Y por eso duele más.
Él tomó sus manos.
—No quiero perderte.
—Yo tampoco quiero perderte.
—Entonces no te vayas.
Noor cerró los ojos.
—Tengo miedo de que volvamos a vivir lo mismo.
—No tiene por qué ocurrir.
—¿Cómo puedes estar seguro?
Maximiliano no respondió.
Porque, en el fondo, él también tenía miedo.
Noor se acercó y apoyó la frente contra la suya.
—Te amo.
—Entonces quédate.
—Te amo demasiado.
—Eso debería ser suficiente.
Ella comenzó a llorar.
—A veces amar a alguien no significa que puedas seguir a su lado.
Maximiliano entendió que había perdido aquella batalla.
No porque hubiera dejado de amarla.
Sino porque Noor necesitaba recuperar la paz que había perdido.
Ella se alejó lentamente.
Antes de marcharse, lo miró una última vez.
—Gracias por haberme amado.
Maximiliano tragó saliva.
—Siempre voy a hacerlo.
Noor dio media vuelta.
Caminó unos pasos.
Y después se detuvo.
—Maximiliano.
Él levantó la mirada.
—¿Sí?
—No conviertas esto en un final.
Él la miró confundido.
—¿Entonces qué es?
Noor sonrió entre lágrimas.
—Una pausa para aprender a vivir sin miedo.
Y se marchó.
Maximiliano quedó solo.
Se sentó lentamente.
Miró el lugar donde Noor había estado unos segundos antes.
Por primera vez comprendió que quizá el enemigo había conseguido exactamente lo que quería.
No había destruido su amor.
Había hecho algo mucho más doloroso.
Había conseguido que ellos mismos creyeran que separarse era la única manera de sobrevivir.
Mientras Noor se alejaba, las lágrimas no dejaban de caer.
Ella también sufría.
Pero sabía que necesitaba descubrir quién era sin depender de aquel amor.
Esa noche, ambos miraron el mismo cielo desde lugares diferentes.
Los dos estaban separados.
Los dos estaban heridos.
Y los dos seguían amándose.
Pero el destino todavía no había terminado con ellos.
Porque algunas historias de amor necesitan una separación antes de encontrar la manera correcta de volver a comenzar.
Y aunque ninguno lo sabía todavía, aquella despedida no sería el final de Noor y Maximiliano.
Sería el comienzo de la prueba más grande de su amor.