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Poseída Por El Diablo. Imperio De Pasión

Poseída Por El Diablo. Imperio De Pasión

Status: En proceso
Genre:CEO / Posesivo / Mafia
Popularitas:12.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

Tradición, armas y sangre: la mafia tiene reglas claras, y la primera es que ninguna mujer gobierna. Valeria Rossi vino a destruirlas todas. Acostumbrada a dominar el mundo empresarial, su vida da un vuelco cuando cae en las garras de Dante Volkov, un líder despiadado que no perdona ni comparte lo que es suyo. Entre noches de placer salvaje que le hacen olvidar a su novio y una posesión rabiosa que la quema por dentro, Valeria y Dante transformarán la atracción en una guerra de poder. Porque ella no se rinde ante nadie... y si Dante la quiere a su lado, tendrá que aprender a gobernar con una reina por delante.

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 11: Hermandad, culpa y el mapa del placer

Faltaba exactamente media hora para la famosa comida ejecutiva en el restaurant del club náutico. En el piso de la alta dirección de Rossi Corp, los pasillos se iban vaciando a medida que los empleados salían a almorzar.

Adentro de su despacho, Valeria estaba parada frente al espejo flotante del antebaño privado. Con la mano temblorosa, intentaba retocarse el maquillaje por tercera vez en la mañana. Su reflejo le devuelvía una imagen que no reconocía del todo: la postura firme de siempre, sí, pero con unos ojos claros cargados de una tormenta de ansiedad, culpa y un fuego subterráneo que no lograbas apagar con nada.

Dos golpetes secos y familiares en la puerta la hicieron dar un salto.

—Vale, soy yo. Abrí un segundo —resonó la voz de Alexis desde el pasillo.

Valeria respiró profundo, se pasó los dedos por la seda del saco azul noche y caminó a abrir. Alexis entró a paso rápido, se dio vuelta, le pasó la traba a la puerta con naturalidad y se volvió hacia su hermana con los brazos cruzados sobre el pecho y una expresión donde se mezclaban la preocupación y una agudeza absoluta.

—Bueno, hermanita —empezó Alexis, mirándola de arriba abajo sin rodeos—. Quedan veinte minutos para que tengamos que bajar a poner cara de familia perfecta con los rusos. Así que hablá de una vez: ¿qué carajo está pasando entre vos y Dante Volkov?

Valeria trancó la boca, sintiendo que el corazón le daba un vuelco salvaje.

—No pasa nada, Alexis. Ya te dije que solo estamos ajustando los números de la flota y...

—A mí no me vengas con el versito corporativo, Valeria —la interrumpió él, dando un paso adelante y bajando el tono de voz para que no saliera de la oficina—. No soy papá y no soy el gil de Martín. Te vi la cara ayer cuando entramos a la sala de juntas, te vi cómo te temblaban las manos cuando el tipo te agarró la mano para saludarte y vi cómo te dejó la boca después de quedarse a solas con vos. Pero eso no es todo...

Alexis soltó una risita seca y negó con la cabeza.

—Me acabo de cruzar a la víbora de Gianna en el pasillo de presidencia. Está hecha un mar de lágrimas, llorándole a mamá porque dice que el ruso la trató como a un trapo de piso en el ascensor. Parece que la primita intentó tirársele encima con esa sonrisita de ingenua que pone siempre, le quiso hacer el juego de la seducción y Volkov la rebotó como a una pelota de goma. Le dijo en la cara que era una basura y que no jodiera.

En un microsegundo, una punzada negra, ardiente e incontrolable le atravesó la boca del estómago. Un ataque de celos instantáneo y brutal le quemó la sangre al imaginarse a Gianna cerca de Dante, intentando llamar su atención, buscando que esos ojos azules la miraran a ella. La sola idea de otra mujer recibiendo la atención del ruso le produjo una rabia tan violenta que tuvo que apretar los puños para que no le temblaran las manos.

Alexis vio la reacción de su hermana al instante. Vio cómo la mandíbula de Valeria se tensaba y cómo sus ojos brillaban con un peligro ciego.

—Mirá cómo te pusiste solo de escuchar que Gianna se le acercó... —murmuró Alexis con tono suave, perdiendo la postura burlona—. Confirmado. Te cruzaste de bando, Vale. Estás hasta las manos.

Esa frase fue el detonante final. La coraza de la ejecutiva intocable, la barrera de autocontrol que Valeria había sostenido con uñas y dientes durante los últimos dos días, se desmoronó por completo.

Un sollozo ahogado se le escapó del pecho. Valeria se llevó las manos a la cara y rompió en un llanto amargo, de pura frustración, cansancio y una culpa aplastante que la estaba destruyendo por dentro. Alexis no dudó un segundo: dio dos pasos largos, la envolvió en sus brazos y la pegó a su pecho, dejando que su hermana descargara todo el peso que llevaba encima.

—Tranquila, enana... tranquila —le susurró Alexis, acariciándole la espalda con el afecto incondicional que solo un hermano podía ofrecerle—. Desahogate. Acá no te va a juzgar nadie.

—Es que soy una basura, Alexis... —articuló Valeria entre sollozos, apoyando la frente contra el hombro de su hermano, respirando con dificultad—. Martín es un buen hombre. Es un tipo bueno, leal, me quiere, sueña con armar una vida conmigo... No se merece esto. No se merece que lo engañe, no se merece que le mienta en la cara... Hace un rato vino a buscarme, me dio un beso y... y no sentí nada. ¡Nada! Me dio un asco terrible darme cuenta de que su beso no me mueve ni un pelo.

Valeria se separó apenas unos centímetros, secándose las lágrimas con la manga de la blusa, mirando a su hermano con los ojos rojos y una desesperación cruda.

—El problema no es solo que lo engañé —continuó ella, confesando la verdad sin ningún tipo de filtro—. El problema es que con Martín jamás en tres años sentí ni el diez por ciento del fuego que este maldito ruso me despertó en una sola noche. Es que no hay comparación, Alexis... es enfermizo.

—Hablá, Vale. Desahogate de verdad —la animó Alexis, tomándola de los hombros con firmeza—. Decime qué carajo pasó.

Valeria tomó un aire pesado, sintiendo que las mejillas le ardían por la franqueza brutal de lo que estaba a punto de verbalizar, pero necesitaba sacárselo del cuerpo.

—Dante me tocó sin ningún tipo de pudor —soltó ella, con la voz temblorosa pero directa—. Desde el primer segundo en la penumbra del club, ese hombre no me pidió permiso para nada. Me recorrió entera... usó los labios, la lengua, las manos, sin dejar un solo rincón de mi piel sin reclamar. Me hizo sentir cosas que ni sabía que existían en el sexo. Me buscó el placer de una forma salvaje, desesperada, hasta hacerme perder la cabeza y el control de mi propio cuerpo...

Valeria hizo una pausa, tragando saliva con dificultad, mientras el contraste destructivo le golpeaba la memoria.

—En cambio Martín... Martín siempre fue básico, Alexis. Siempre fue lo mismo: dos besos de rutina, un par de caricias tibias, entrar en mí, buscar su propio placer, acabar él y listo. Se termina la historia y a dormir. Y yo pensaba que eso era lo normal, pensaba que el sexo era eso y nada más... Pero vino Dante y me destruyó el mapa entero. Me mostró un nivel de fuego y de placer que me da miedo, porque ahora mi cuerpo me pide a gritos volver a sentir esa locura.

Valeria miró a su hermano con el rostro desencajado, con los ojos bien abiertos y una angustia que le quemaba la garganta.

—¿Estoy loca, Alexis? —le preguntó con la voz quebrada—. ¿Soy una loca de mierda por pensar así? ¿Por desear a un tipo peligroso que me arruina la vida en vez de quedarme con el hombre bueno que me ofrece tranquilidad?

¿esto está mal?

Alexis se la quedó mirando durante dos segundos en completo silencio. Luego, una sonrisa cálida, honesta y llena de soltura se le dibujó en los labios. Soltó una risita baja y le revolvió el pelo con cariño, aflojando la tensión del despacho.

—Siempre fuiste una loca de mierda, Vale —le respondió Alexis con total libertad y afecto—. Desde que éramos chicos fuiste testaruda, impulsiva y te metías en líos por no querer aceptar lo evidente. Pero en esto... en esto tenés toda la razón del mundo.

Valeria lo miró, parpadeando para secarse las últimas lágrimas.

—El inú....osea tu novio solo busca el placer para él solo y chau —sentenció Alexis con una claridad aplastante—. Es cómodo, es egoísta a su manera y te acostumbró a conformarte con las sobras. En cambio, el ruso ese... el ruso fue el primer hombre de verdad que te buscó el placer a vos. Te demostró lo que es sentir fuego en serio, te enseñó un camino del que no se vuelve. No estás loca por querer sentirte viva, hermanita. Estás reaccionando como cualquier mujer a la que le acaban de encender la sangre por primera vez en la vida.

Valeria bajó la vista hacia sus manos, sintiendo que las palabras de Alexis caían como un bálsamo amargo sobre su conciencia. Su hermano no la estaba condenando; le estaba confirmando la verdad inevitable que ella no quería aceptar.

Su relación con Martín estaba muerta y enterrada, aunque todavía no lo hubieran hecho oficial frente al mundo. El compromiso, los planes de casamiento y la vida tranquila en su departamento eran solo un espejismo del pasado.

Sintió un escalofrío recorriéndole la espina dorsal al comprender su destino. La sombra de Dante Volkov, con su presencia masiva, su barba marcada, sus ojos claros de cazador y su posesividad implacable, ya se había instalado en cada rincón de su mente. No había escape posible. La tormenta que se avecinaba la iba a arrastrar por completo, y Valeria sabía, en lo más profundo de sus entrañas, que tarde o temprano no le quedaría otra opción que entregarse al fuego del ruso.

—Bueno —dijo Alexis, acomodándose el saco y extendiéndole un pañuelito de papel a su hermana—. Límpiate la cara, maquillate de vuelta y ponete la armadura. Papá y los rusos deben estar esperando abajo en la camioneta.

Valeria agarró el papel, se secó las pestañas y respiró profundo. Se miró una última vez al espejo, erguía la espalda con esa elegancia natural que llevaba en la sangre y miró a su hermano.

—Gracias, Alexis —murmuró ella con sinceridad.

—Siempre, enana —le sonrió él, abriéndole la puerta del despacho—. Ahora vamos a ese almuerzo... que esto recién empieza.

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Mine Romero
Excelente novela, muchas gracias por actualizar 🙂🙂
Dulce maria Canelon
pobre Dante te compadezco cariño😘😘😘
Maria Mongelos
Par de idiotas, no saben con quien se mete
Isabel Fernández
Me gusta Dante 🤣🤣
Milagros Medina
Dios mío me tenéis sufriendo esa novedad buenísima más capítulo
Maria Mongelos
Gianni, ese hombre ya tiene dueña, él la eligió, llegaste tarde
Maria Mongelos
Está muy buena esta historia
Maria Mongelos
Interesante comienzo 💕
Yura Ran
😁😁😁😁😁😁😁🤪🤪🤪 dale pues lo suyo
Milagros Medina
me encanta cada capítulo mas xfa
Milagros Medina
Buenos días más capítulo está buenísima la novela
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