Segunda parte
Isabella creía haber dejado atrás los secretos del pasado, hasta que un contrato inesperado la obliga a unir su destino con el misterioso heredero Blackwood.
Un matrimonio por conveniencia, una regla que no pueden romper y sentimientos que jamás estuvieron en el contrato. 💍❤️
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Capítulo 24 — El mapa oculto
Todos permanecieron alrededor de la mesa.
La frase de la abuela de Isabella había cambiado por completo el sentido de todo lo que habían descubierto.
La llave no abría el archivo.
Indicaba dónde estaba.
—Entonces hemos estado buscando durante todo este tiempo en el lugar equivocado —dijo Sebastián.
—No exactamente —respondió la abuela—. El archivo que encontraron era real. Pero era solamente una copia de seguridad.
Daniel frunció el ceño.
—¿Una copia?
—La verdadera información nunca estuvo allí.
Damián tomó uno de los documentos.
—¿Dónde está entonces?
La abuela miró a Isabella.
—Eso debe descubrirlo ella.
Isabella negó con la cabeza.
—¿Por qué siempre yo?
—Porque Adrián lo decidió así.
Isabella miró a su padre.
—¿Tú sabías esto?
Adrián asintió lentamente.
—Sabía que existía un lugar oculto. Pero nunca descubrí dónde estaba.
—¿Y por qué no?
—Porque la ubicación solamente podía revelarse cuando aparecieran los tres herederos.
Daniel miró a Sebastián y Damián.
—Nosotros.
—Sí —respondió la abuela—. El primero, el segundo y el tercero.
Damián observó la página del antiguo registro.
—Sebastián. Yo. Daniel.
Daniel miró el símbolo de su muñeca.
—¿Y qué tenemos que hacer?
La abuela señaló la pequeña pieza metálica.
—Colocarla junto a los símbolos de los tres.
Isabella sacó la pieza.
—¿Dónde?
—En el mapa.
—¿Qué mapa?
La mujer sonrió.
—El que tienes delante.
Todos miraron la mesa.
Había un viejo papel extendido sobre ella.
Hasta ese momento parecía completamente vacío.
Daniel acercó su mano al papel.
El símbolo de su muñeca comenzó a reflejar la luz.
—Esperen…
Sebastián colocó su mano sobre una esquina.
Después Damián hizo lo mismo.
Isabella colocó la pieza metálica en el centro.
Durante unos segundos no ocurrió nada.
Entonces se escuchó un pequeño clic.
Una línea apareció sobre el papel.
Después otra.
Y otra.
El mapa comenzó a mostrar un dibujo oculto.
Era una propiedad antigua.
—¿Qué lugar es ese? —preguntó Victoria.
Adrián se acercó.
Su expresión cambió.
—La antigua residencia Blackwood.
Damián negó.
—Esa casa fue demolida hace años.
—Eso es lo que hicieron creer —respondió su abuela.
Isabella observó el mapa.
Había una habitación marcada en rojo.
—¿Qué hay allí?
La mujer tardó unos segundos en responder.
—La primera sala del archivo.
Daniel señaló otra marca.
—Hay algo escrito aquí.
Todos se acercaron.
La inscripción decía:
“Solo entrará quien haya sido elegido por los tres.”
Damián miró a Isabella.
—Eso significa que tú debes entrar.
Ella asintió.
—Entonces iremos.
Su madre, que había permanecido en silencio, se acercó.
—No.
Todos la miraron.
—No iremos a esa casa todavía.
—¿Por qué? —preguntó Isabella.
Su madre tomó el mapa.
—Porque si Amelia ya sabe que tienes la llave, también sabe dónde está el archivo.
Alexander frunció el ceño.
—Entonces tenemos que adelantarnos.
—No —respondió ella—. Tenemos que descubrir quién está trabajando con Amelia.
Isabella recordó la última página.
—¿Crees que Amelia es la líder?
—No.
—¿Cómo lo sabes?
Su madre miró a Adrián.
—Porque ella también está huyendo.
Adrián asintió.
—Amelia no controla la organización.
Damián preguntó:
—Entonces, ¿por qué quiere la llave?
—Porque quiere llegar al verdadero archivo antes que nosotros.
Un silencio incómodo llenó la habitación.
De repente, el teléfono de Isabella vibró.
Era un mensaje.
Esta vez no había número.
Solo una fotografía.
La antigua residencia Blackwood.
Y debajo una frase:
“Llegaron tarde.”
Isabella levantó la mirada.
—¿Qué significa esto?
Daniel tomó el teléfono.
Amplió la fotografía.
En una de las ventanas de la casa se distinguía una figura.
—Hay alguien dentro.
Damián se puso de pie.
—Tenemos que ir.
Adrián negó.
—Es exactamente lo que quieren.
—¿Entonces qué hacemos?
Adrián miró a Isabella.
—Esperamos.
—¿A qué?
Antes de responder, se escuchó un golpe en la puerta.
Todos se quedaron inmóviles.
La puerta se abrió lentamente.
Una mujer entró.
Cabello oscuro.
Abrigo largo.
Y el mismo colgante que aparecía en la fotografía del hospital.
Isabella la reconoció inmediatamente.
—Tú…
La mujer levantó la mirada.
—Sí.
Damián dio un paso adelante.
—Amelia.
Ella no respondió.
Miró directamente a Isabella.
—Tenemos muy poco tiempo.
Isabella apretó la pequeña pieza metálica.
—¿Por qué debería confiar en ti?
Amelia dejó sobre la mesa una fotografía.
Era una imagen reciente de Gabriel.
Pero detrás de él aparecía otra persona.
Isabella se quedó helada.
Amelia habló:
—Porque Gabriel no es el verdadero peligro.
Señaló la fotografía.
—El hombre que está detrás de él es alguien que ustedes creen que murió hace años.