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La Heredera Del Tiempo

La Heredera Del Tiempo

Status: En proceso
Genre:Mundo mágico / Romance / Viaje En El Tiempo
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: pitufina

El futuro regresa al pasado para evitar la destrucción completa, pero ¿como haces para pelear contra algo que es inevitable? ¿como fue posible que ellos terminaran juntos y encima tuviesen descendencia? quizás del odio al amor hay un solo paso o quizás, solo quizás, nunca fue odio ni rechazo.

NovelToon tiene autorización de pitufina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Por fin.... PAPÁ

Por suerte para Avelina, Serafine no permitió que nadie hablara de lo ocurrido.

La reina había sido clara.

Nadie debía mencionar la verdadera apariencia de Lyra.

Nadie debía hablar sobre su poder.

Y, sobre todo, nadie debía revelar que la pequeña había sido reconocida como hija de Kael, por el propio Pegazo.

Savvana, por su parte, recibió una sentencia inmediata.

—Serás enviada a la Torre del Exilio —declaró Serafine con una voz que no admitía discusión—. Permanecerás allí hasta que tus heridas hayan sanado y hasta que comprendas que atacar a un miembro de la familia real tiene consecuencias mucho más graves de las que estás preparada para soportar.

Savvana apenas podía levantar la mirada.

—Pero, majestad...

—Silencio.

La vampiresa cerró la boca.

Serafine se acercó.

—Hoy tuviste suerte.

Sus ojos se volvieron fríos.

—La próxima vez que levantes una mano contra mi familia, no habrá torre que pueda salvarte.

Savvana fue escoltada inmediatamente.

Avelina, en cambio, se preparó para regresar.

Antes de partir, Serafine tomó sus manos.

—Gracias por confiar en mí.

—Gracias a usted por protegerla.

—No tienes que agradecerme.

Serafine miró a Lyra.

—Ella es mi sangre.

La pequeña sonrió.

—Abuelita.

La reina sonrió con ternura.

—Nuestro secreto.

Avelina hizo una reverencia.

—Siempre será bienvenida en nuestra mansión.

—Y tú también en este castillo.

Serafine observó cómo ambas se alejaban.

Había prometido no contarles todavía a sus hijos.

Pero eso no significaba que permanecería de brazos cruzados.

Esa misma noche hablaría con su esposo.

Y juntos encontrarían la manera de advertir al rey de los elfos.

---

Durante el viaje de regreso, Avelina permaneció pensativa.

Quizás...

Solo quizás...

Había llegado el momento.

Kael debía saberlo.

No porque confiara plenamente en él.

Todavía no.

Habían pasado demasiados años intercambiando burlas, provocaciones y discusiones.

Pero si el futuro podía cambiarse, Lyra necesitaba más personas dispuestas a protegerla.

Y Kael era su padre.

Avelina no podía negarle eso.

---

La mansión Parker estaba completamente silenciosa cuando llegaron.

Evans había tenido que asistir a una reunión del concilio y no regresaría hasta el día siguiente.

Avelina decidió no pensar demasiado.

Necesitaba hacer algo normal.

Algo cotidiano.

Algo que le recordara que todavía existía una vida fuera de las profecías, los demonios, los anillos falsos y los secretos.

Así que cocinó.

Lyra quiso ayudar.

—¿Qué hago?

—Primero lava los tomates.

—¿Así?

—No, amor. Debes hacerlo con cuidado.

Avelina le enseñó.

Después limpiaron las hojas de lechuga.

—Y ahora vamos a preparar el pollo.

—¿Puedo poner las hierbas?

—Claro.

Lyra tomó una pequeña cantidad y la esparció sobre el pollo.

—Papá siempre decía que la comida con muchas hierbas era mejor.

Avelina se quedó inmóvil por un instante.

—¿Sí?

—Sí.

La pequeña continuó trabajando como si no hubiera dicho nada.

Avelina sonrió.

—Entonces tendremos que confiar en el criterio de papá.

El aroma comenzó a llenar la cocina.

Por unos minutos todo fue normal.

Hasta que...

Tocaron el timbre.

Avelina se quedó quieta.

El instinto volvió a activarse.

Miró hacia Lyra.

—Ven.

Le colocó un manto de invisibilidad.

—Quédate aquí.

—¿Por qué?

—Por seguridad.

—Sí, mami.

—No salgas hasta que te llame.

La pequeña asintió.

Avelina salió de la cocina.

Caminó hacia la puerta.

La abrió.

Y se quedó paralizada.

—¿Kael?

El príncipe estaba frente a ella.

—Vine a hablar contigo.

Sin esperar invitación, entró.

Avelina cerró los ojos.

—Claro.

Sonrió con ironía.

—Pasa. Mi casa es tu casa.

Kael se giró.

—¿No me ibas a invitar a pasar?

—Ya entraste.

—Tienes razón.

—¿Qué quieres?

Kael recorrió el salón con la mirada.

—Estuviste en mi palacio.

—Necesitaba información sobre algunas plantas que crecen en tu territorio.

—Mi madre fue una excelente maestra, supongo.

—Lo fue.

Kael la miró.

—¿Y en qué momento de esa clase de herbología entra Savvana?

Avelina se tensó.

Solo un segundo.

Pero para un vampiro era suficiente.

—No tengo idea de qué hablas.

Kael suspiró.

—Sabes perfectamente que los vampiros tenemos la capacidad de entrar en la mente de las personas.

Avelina endureció la expresión.

—Inténtalo.

—No lo haré.

Aquella respuesta la desconcertó.

Kael continuó:

—Mi madre hizo un excelente trabajo levantando barreras para proteger a los guardias y sirvientes.

Hizo una pausa.

—Pero Pegazo no se deja manipular.

Avelina sintió que el corazón se le detenía.

Kael la miró fijamente.

—Él me mostró lo que vio.

—¿Qué quieres?

La respuesta llegó inmediatamente.

—Verla.

Avelina quedó completamente inmóvil.

—No sé de qué hablas.

—No me tomes por idiota, Avelina.

Su voz se elevó.

—Quiero ver a la niña que consiguió poner de rodillas a más de veinte vampiros.

La bruja apretó los puños.

—Kael...

—La niña a la que Pegazo decidió defender.

Entonces lo escuchó.

Un pequeño sollozo.

Tan débil que un humano jamás lo habría percibido.

Pero Kael sí.

Sus ojos se dirigieron hacia la cocina.

Avelina también.

Y entonces él comprendió.

La había asustado.

Su expresión cambió.

Bajó inmediatamente el tono.

—No quería asustarla.

Avelina se colocó delante de la entrada de la cocina.

Kael observó su postura.

Las manos.

Los pies.

La forma en que mantenía el cuerpo preparado.

Ella estaba lista para atacar.

Pero no era odio.

Era protección.

El mismo instinto que había visto cientos de veces en su propia madre cuando alguien se acercaba demasiado a él o a Kiam.

Kael tragó saliva.

—Por favor.

Avelina lo miró.

Aquella palabra la sorprendió.

Kael Draven nunca pedía nada.

Y mucho menos a ella.

—Por favor —repitió—. Solo quiero verla.

Avelina respiró profundamente.

Sabía que aquel momento llegaría.

Él era el padre.

Tenía derecho a saberlo.

Pero el miedo seguía allí.

—No la asustes.

Kael asintió.

—No le grites.

Volvió a asentir.

—Y no te atrevas a mirarla mal.

Los ojos de Avelina se endurecieron.

—Porque juro por Merlín que te mataré.

Kael no dudó.

—Lo sé.

Aquello no era una amenaza vacía.

Él lo había entendido.

Avelina moriría por aquella niña sin pensarlo dos veces.

La joven miró hacia la cocina.

Luego volvió a mirar a Kael.

Asintió.

El príncipe observó cómo algo se movía lentamente.

—Hechizo de desilusión.

—No.

Avelina negó.

—Manto protector de invisibilidad.

Kael dio un paso atrás.

—Te lo prometo.

Su voz fue apenas un susurro.

—No le haré ningún daño.

El manto comenzó a desaparecer.

Primero aparecieron unas pequeñas sandalias.

Después el vestido azul oscuro.

Los cabellos negros.

Los reflejos rojos.

Y finalmente...

Aquellos ojos.

Uno verde esmeralda.

El otro rojo como la sangre.

Kael dejó de respirar.

La pequeña lo miró.

Y él cayó de rodillas.

No necesitaba ninguna prueba.

No necesitaba entrar en su mente.

No necesitaba preguntar.

Aquella niña era su hija.

Su sangre.

Su pequeña.

—Hola...

Su voz tembló.

—No voy a hacerte daño.

Lyra permaneció quieta.

Había escuchado su voz desde la cocina.

La misma voz que recordaba.

La misma voz que había escuchado en sueños.

La misma voz que había desaparecido de su vida.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

Y entonces corrió.

—¡PAPÁ!

Kael apenas tuvo tiempo de abrir los brazos.

La pequeña se lanzó contra él.

—¡PAPI!

Kael la abrazó.

—Lyra...

Ella lloraba con tanta fuerza que todo su pequeño cuerpo temblaba.

—¡Papito!

Kael cerró los ojos.

Una lágrima cayó por su rostro.

No le importó.

Nunca había llorado delante de nadie.

Pero aquella noche no era el príncipe de los vampiros.

Era simplemente un padre que acababa de recuperar a su hija.

—Mi niña...

La abrazó con más fuerza.

—Mi pequeña...

Lyra escondió el rostro contra su cuello.

—Te extrañé.

Kael sintió que algo dentro de él se rompía.

—Yo también.

No sabía cómo podía extrañar a alguien que jamás había conocido en aquel tiempo.

Pero lo hacía.

Porque aquella niña llevaba en su sangre un amor que parecía atravesar los años.

Avelina permaneció observándolos.

Y comprendió algo.

Lyra había estado esperando aquel momento desde que había llegado.

Quizás desde mucho antes.

Había pasado noches llorando por su padre.

Y ahora, por fin, estaba en sus brazos.

---

Los segundos se transformaron en minutos.

Los minutos en una hora.

Nadie quiso interrumpirlos.

Lyra ya no lloraba.

Simplemente permanecía abrazada al cuello de Kael.

Como si soltarlo pudiera hacerlo desaparecer nuevamente.

Avelina finalmente habló.

—Lyra, mi amor.

La niña levantó la cabeza.

—Debes cenar.

Lyra miró a Kael.

—¿Papá se queda?

Kael no dudó.

—Claro que sí.

La tomó en brazos.

—Me quedaré.

Lyra sonrió.

Apoyó la cabeza sobre su hombro.

Avelina preparó la mesa.

La escena era surrealista.

Ella colocaba los platos.

Kael estaba sentado con Lyra en brazos.

Y la niña se negaba a soltarlo.

—Lyra.

Avelina sonrió.

—Debes dejar que papá coma.

La pequeña levantó la cabeza.

—¿No te irás?

El temor en aquella pregunta destruyó cualquier defensa que Kael pudiera haber tenido.

—No.

La abrazó.

—Te prometo que no me iré.

Ya no hablaba como un príncipe.

Ni como un guerrero.

Ni como el hombre arrogante que Avelina había conocido durante años.

Hablaba como el padre que aquella niña había conocido en otra vida.

---

La cena transcurrió casi en silencio.

Los dos adultos apenas podían apartar los ojos de Lyra.

La pequeña comía tranquilamente.

Cada tanto los miraba.

Como si necesitara comprobar que seguían allí.

Hasta que se dio cuenta de algo.

—Mami.

—¿Sí?

—No estás comiendo.

Avelina miró su plato intacto.

—Estaba viendo cuánto te gusta el pollo.

Lyra frunció el ceño.

Luego miró a Kael.

—Papi.

—¿Sí?

—Mami cocina muy rico.

Kael sonrió.

—Lo veo.

—Y es de mala educación no comerse todo.

Kael levantó una ceja.

—¿Ah, sí?

—Sí.

La pequeña asintió muy seria.

—Tú siempre me lo dices.

Avelina y Kael se miraron.

Por primera vez...

ambos sonrieron.

Comenzaron a comer.

Despacio.

Sin demasiado apetito.

Pero comieron.

Por Lyra.

---

Cuando terminaron, Avelina utilizó magia para lavar los platos.

Después preparó café para los adultos y leche caliente para Lyra.

Estaba tan concentrada en sus pensamientos que no notó que Kael había entrado en la cocina.

Estaba apoyado contra el marco de la puerta.

Mirándola.

—¿Cuándo ibas a decírmelo?

Avelina se quedó quieta.

—Cuando fuera el momento.

Su voz tembló.

—No sabes el miedo con el que llegó.

Bajó la mirada.

—Estaba cubierta de sangre.

Kael sintió un nudo en la garganta.

—De mi sangre.

Avelina cerró los ojos.

—No sabía si iba a sobrevivir.

Su voz comenzó a quebrarse.

—No sabía qué hacer.

Entonces sintió unos brazos rodeándola.

Kael la abrazó por la espalda.

No pensó.

Simplemente lo hizo.

Necesitaba que supiera que no estaba sola.

No ahora.

—Tienes razón.

Avelina permaneció inmóvil.

—No lo sé.

Kael apoyó suavemente el rostro junto a su cabello.

—Perdóname por haber venido así.

Respiró profundamente.

—Todavía no puedo creerlo.

Se apartó apenas.

—Pero déjame estar en su vida.

Avelina lo miró.

—En sus vidas.

Kael sostuvo su mirada.

—Las protegeré con todo lo que tengo.

Su voz se volvió firme.

—Y si es necesario, incendiaré el mundo entero para mantenerlas a salvo.

Avelina quiso creerle.

Realmente quiso.

Pero no era sencillo.

No después de años de desprecios.

De burlas.

De provocaciones.

No podía olvidar todo aquello en unos minutos.

Se alejó lentamente.

—La estaba protegiendo.

Kael no respondió.

—Cuanta menos gente supiera de ella, menos personas podrían hacerle daño.

Lo miró directamente.

—No confío en nadie, Kael.

Hizo una pausa.

—Tú tampoco eres la excepción.

El príncipe asintió.

—Lo entiendo.

—No quiero que nadie más sepa de ella.

—De acuerdo.

—Hasta que sea necesario.

—Te lo prometo.

Avelina respiró profundamente.

—Y si algo me ocurre...

Kael endureció la mirada.

—No.

—Escúchame.

Él guardó silencio.

—Si algo me pasa, la protegerás con tu vida.

Kael asintió.

—Sí.

—De quien sea.

Avelina sostuvo su mirada.

—Incluso si tienes que protegerla de alguien de tu propio clan.

Kael no necesitó pensarlo.

—Lo prometo.

No hubo dudas.

Ni condiciones.

Ni preguntas.

Solo una promesa.

---

Regresaron al salón.

Lyra estaba sentada en el suelo dibujando con los lápices que Luna le había regalado.

Tarareaba una canción de cuna mientras llenaba una hoja de colores.

No sabía lo que acababa de cambiar.

No sabía que su padre estaba detrás de ella.

No sabía que su madre finalmente había dejado entrar a alguien más en aquel pequeño círculo de protección que había construido alrededor de ella.

Solo sabía que aquella noche...

Su familia estaba completa.

Avelina observó a Kael.

Kael observó a Lyra.

Y Lyra continuó dibujando.

Por primera vez desde que había llegado al pasado...

la pequeña no tenía miedo de quedarse dormida.

Porque su padre estaba allí.

Su madre también.

Y aunque ninguno de los tres podía saberlo todavía...

el futuro acababa de cambiar.

Pero en algún lugar muy lejano de aquella mansión, alguien estaba observando cómo las piezas comenzaban a moverse.

Y esa persona sabía algo que ellos todavía ignoraban.

El futuro no estaba dispuesto a desaparecer tan fácilmente.

1
patry
maravilloso 🥰 me encantó estos capítulo
patry 🌹
wowww que increíble capítulos mil gracias
patry
excelente narrativo me encantó como comenzó la historia
patry
como siempre ya me tiene atrapada querida autora muchos éxitos
Yanet Cristina Vilugron Salazar
interesante
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