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Esposa Despreciada

Esposa Despreciada

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Síndrome de Estocolmo
Popularitas:6.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Miry - C

La vida de Elif se vio trágica cuando el hombre más poderoso del pueblo la obligó a contraer matrimonio. Pero resultaba que era un hombre que cuatriplicaba en edad, por lo que en la consumación, murió de un infarto, quedando ella como heredera de toda esa fortuna.
Elif creyó que todo terminaba ahí, no obstante, aparecieron los familiares de aquel hombre, y la obligaron a contraer matrimonio con el nieto de su difunto esposo, un joven de 23 años, que la odiaba y despreciaba con cada segundo de su vida, por haberse quedado con todo lo que les pertenecía.

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2

Al momento en que las esposas se ajustaron en sus muñecas, Elif dejó rodar las lágrimas. Fue sacada de la hacienda Los Cascos como si fuera una ladrona o una criminal. Los invitados se quedaron murmurando sobre lo sucedido. No pasó más de media hora cuando el pueblo entero sabía que Elif había asesinado a Ahmet Demir. El chisme se esparció como pólvora; cada persona contaba las cosas a su manera, e inventaba detalles que no había visto. Lo único que hacían era dañar la reputación de una joven frágil como Elif, quien fue liberada una vez que se comprobó que la muerte de Ahmet Demir fue producto de un infarto.

Elif creía que su pesadilla terminaba ahí, que todo volvería a la normalidad, que ella continuaría en casa de sus padres hasta que llegara el hombre de su vida, el cual pidiera su mano y la esposara para construir juntos una vida llena de felicidad.

Pero todos sus sueños se volvieron a frustrar cuando el resto de la familia Demir llegó al pueblo. Después de enterrar a Ahmet, quisieron tomar posesión de los bienes del difunto y se encontraron con que había dejado un testamento donde especificaba que la mujer que se convirtiera en su esposa sería la heredera absoluta de toda su fortuna. Y si para cuando muriera no la tenía, todo su dinero sería donado a fundaciones, pero ningún centavo caería en manos de sus nietos, ni de su hijo.

—Esto es inaudito. Mi padre no pudo dejar esto —rugió Cem Demir—. Debió estar loco cuando escribió ese testamento.

—Estaba muy cuerdo, señor Cem —dijo el abogado—. La señorita Elif Yılmaz es la dueña absoluta de toda la fortuna del señor Demir.

Al escuchar eso, Hasan Yılmaz sonrió con emoción; sin embargo, la sonrisa se le esfumó cuando Cem se acercó a él y proclamó:

—Revocaré ese testamento. No cogerás ningún centavo de lo que mi padre nos dejó.

Ante lo cobarde que era, Hasan levantó las manos como excusándose de que ni él ni su hija eran culpables de la decisión que había tomado Ahmet Demir.

Hasan Yılmaz había asistido a la reunión de los Demir porque el abogado se lo pidió a su hija, y ante la negativa de aquella joven de pisar la hacienda Los Cascos, su padre tomó su lugar.

—Lo renovaré —dijo Cem dirigiéndose al abogado.

—Haz lo que quieras, Cem. Solo te digo que tu padre te dio la parte de tu herencia en vida, y esclareció aquel día que, si abandonabas el pueblo y no estabas a su lado cuando muriera, no te dejaría ningún centavo de lo que era suyo.

Los dientes de Cem chirriaron. Acercándose sigilosamente al hombre de lentes detrás del escritorio, masculló:

—Soy su único hijo. Mis hijos son sus únicos nietos. Todo lo que tenía ese anciano nos pertenece y nadie nos lo quitará, menos unos muertos de hambre. Esa zorra tenía pocas horas casada con mi padre; por lo tanto, ese matrimonio no es válido. El juez me otorgará la fortuna, ya lo verás.

El abogado estaba completamente seguro de que ningún juez podría impugnar ese testamento, ya que en él estaba esclarecido que los familiares de Ahmet Demir no recibirían ningún centavo después de su muerte.

Dejando a Cem echando chispas, salió de la hacienda Los Cascos junto a Hasan, que se relamía por tomar posesión del dinero. Pero al saber que, si su hija se negaba a recibirlo, este sería donado a fundaciones, se le acabó la emoción. Conocía a su hija; sabía perfectamente cómo era: una joven sin ambición, tonta e inocente. Estaba seguro de que se negaría a tomar posesión del dinero. Pero ya vería la forma de convencerla.

En la hacienda Los Cascos, Burak, hijo de Cem Demir, se mantuvo en silencio durante la reunión. Una vez que esta terminó se levantó. Estaba por irse cuando la imponente voz de su padre lo detuvo.

—Tú —pronunció al acercarse—. Si no consigo impugnar ese testamento, tendrás que ayudarme.

Girándose, cuestionó:

—¿Cómo podría ayudarte? Escuché muy bien lo que el abogado leyó. Ahí decía que tu padre no quería que tocáramos ni un centavo de su dinero. No veo cómo podría ayudarte.

—Sí hay una manera de ayudar, y creo que es la mejor opción.

Burak se cruzó de brazos y esperó las siguientes palabras de su padre.

—Te casarás con esa muchacha.

Burak sonrió y negó.

—¿Me estás vacilando?

—No te estoy vacilando; te estoy hablando en serio.

—Tengo novia. No voy a dejarla por una pueblerina hedionda y llena de piojos.

—No tendrás que dejarla. Simplemente te casas y, una vez que le saquemos todo el dinero a esa mugrienta, te divorcias y te casas con Leyla.

—Estás loco. No pienso casarme aún, menos con una mujer que no sea Leyla —dicho eso, se marchó.

—Vas a hacerlo. Si las cosas se complican, vas a tener que hacerlo —sentenció.

Se quedó observando en dirección a su hijo y, una vez que este desapareció, se giró hacia su esposa, la cual también había permanecido en silencio durante la lectura del testamento.

—Te lo dije: era una pérdida de tiempo venir y sepultar al viejo de tu padre. Conocía muy bien a ese anciano; estaba segura de que no te dejaría nada, menos a mi pobre hija, que lo soportó los últimos tres años. No quiero ni imaginar lo que fue de su vida estos últimos años al lado de aquel viejo decrépito.

—Ella se lo buscó. Si no hubiera andado de cusca con el jardinero, nunca la habría enviado a este pueblo miserable.

—Salgamos pronto de aquí. Yo ya no quiero estar en este pueblo miserable —dijo mientras se dirigía a las gradas.

Por otro lado, en la humilde cabaña donde vivía Elif y su familia, se encontraba reunida junto al abogado y todos los integrantes de su familia. Elif no quería nada que le perteneciera a ese hombre; se rehusaba a aceptar aquel dinero. En lo que le restara de vida no quería volver a tener que pisar ese lugar.

—Elif, no seas tonta —gruñó su padre mirándola con ojos afilados.

—¿Estás segura, Elif, de que no quieres nada?

—Muy segura, señor abogado. Haga lo que tenga que hacer con ese dinero; yo no quiero nada.

El abogado se levantó.

—Te haré otra visita cuando tenga redactado el documento donde cedes todo a las fundaciones —dicho eso, se despidió de todos.

El padre de Elif salió tras el abogado y le pidió un poco de tiempo mientras convencía a su hija de que aceptara el dinero. Este no se negó; le dio dos semanas para que pudiera convencerla. De lo contrario, en dos semanas volvería y, si no aceptaba, Elif debía firmar el documento donde cedía todos sus bienes.

Una vez que su padre ingresó, la tomó de los brazos, la levantó y, rugiendo, dijo:

—Vas a aceptar ese dinero o, de lo contrario…

—Ya no la amenaces —intervino su madre—. Es suficiente con el sacrificio que hizo al casarse con ese viejo. No voy a permitir que sigas obligando a mi hija a hacer cosas que no quiere. Ya no —dijo llevando su mano al pecho.

Al ver a su madre caer hacia atrás, Elif corrió a ayudarla.

La vida de Elif no pudo ir peor después de la recaída de su madre. Toda la culpa y responsabilidad de lo sucedido recayó sobre ella; así se lo hizo ver su padre. La culpó de todo, cosa que la destrozó y la hizo sentir más miserable de lo que ya se sentía.

Elif se vio obligada a aceptar el dinero que el señor Ahmet Demir había dejado. Incluso se vio forzada a contraer matrimonio con Burak Demir, pues el padre de este había agilizado las cosas para que su madre obtuviera el trasplante de corazón.

Cem sabía que con ese gesto los Yılmaz estarían agradecidos, y Hasan Yılmaz haría todo para agradecerle ese favor. Al ser un campesino ignorante que solo había aprendido a sumar y unos cuantos ganchos, se dejó convencer por el tiburón de Cem Demir.

Los Yılmaz y los Demir llegaron a un acuerdo, un acuerdo que favorecía a las dos familias: que sus hijos se unieran en matrimonio.

Para Hasan no fue difícil convencer a Elif; tenía un fuerte dominio sobre ella, su palabra era ley y su hija solo acataba las órdenes. En cuanto a Cem, sí la tuvo más difícil, ya que Burak tenía novia y no pensaba abandonarla por nada del mundo. Por eso se vio obligado a mover algunas fichas en la ciudad para que su hijo se desilusionara de aquella mujer y aceptara el compromiso con Elif. Después de haber conseguido su propósito, continuó con los planes.

1
Ana Elena Jiménez
ojalá las cosas mejoren aunque sea un poquito ahora que está su hermano
Ana Elena Jiménez
excelente trama
Ana Elena Jiménez
ay Dios que susto pensé que se lanzaría
Ana Elena Jiménez
🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
😢😢😢😢
Ana Elena Jiménez
bueno ni modo con Burak se vive en un sube y baja de emociones
Ana Elena Jiménez
😮😮😮😮
Ana Elena Jiménez
😮😮😮🫣🫣🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
😮😮😮😮🫪🫪🫪
Ana Elena Jiménez
no un momento ,eso fue culpa de los, que iban hacer tú suegros por su ambición
Ana Elena Jiménez
😮😮🫪🫪
Ana Elena Jiménez
👏👏👏👏👏👏
Ana Elena Jiménez
Dios con esta historia se sufre de una y mil maneras 🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
ya sabía yo que tenía otra enemiga mas
Ana Elena Jiménez
🫣🫣🤭🤭
Ana Elena Jiménez
santa maracha será que está embarazada
Ana Elena Jiménez
😢😢😢😢
Ana Elena Jiménez
eso es obra del miserable dizque papá tuyo
Ana Elena Jiménez
viejo demente 😡😡
Ana Elena Jiménez
🙄🙄🫣🫣
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