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BAJO LA CLAUSULA DE TU AMOR

BAJO LA CLAUSULA DE TU AMOR

Status: Terminada
Genre:Romance / Completas
Popularitas:5.1k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Rocío Vega, empresaria de moda de 24 años, arrastra la culpa de llevar seis años distanciada de su hermana. Cuando esta fallece trágicamente dejando huérfanos a Lucas (5 años) y Mía (3 años), el mundo de Rocío da un vuelco total.
En la notaría se encuentra con Mario Alva, el atractivo y frío CEO de una corporación de cruceros de lujo. Para su sorpresa, el testamento incluye una cláusula ineludible: para mantener la custodia de los niños y evitar que vayan a un orfanato, deben convivir juntos bajo el mismo techo.
El choque entre la empresaria que regala sueños y el magnate de alta mar es inmediato. Pero entre crisis médicas nocturnas e inspectores judiciales, las defensas caen. La paciencia de Mario empezará a sanar los traumas del pasado de Rocío, encendiendo un deseo irrefrenable.
Sin embargo, una sombra acecha: la muerte de sus hermanos no fue un accidente y alguien en la naviera los vigila. ¿Podrán salvar a los niños y descubrir que la cláusula más estricta era la del amor?

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 11. ACCION, REACCION Y EL EXAMEN FINAL

POV MARIO

El lunes por la mañana arrancó con una llamada directa a mi bufete corporativo de abogados. No iba a perder ni un solo segundo. Mientras Rocío preparaba a Lucas y a Mía para el colegio, yo caminaba de un lado a otro del porche, dándole instrucciones precisas a mi abogado principal.

—Quiero una orden de alejamiento preventiva contra ese tipo, Iván —sentencié, apretando el teléfono contra mi oreja—. No me importan los vacíos legales. Usad las grabaciones de las cámaras de seguridad del centro comercial del sábado para demostrar acoso y amenazas. Si ese miserable se acerca a menos de doscientos metros de Rocío o de los niños, quiero que termine entre rejas antes de que pueda parpadear. Pagad lo que haga falta, pero extended el escudo legal ya.

Al colgar, me di la vuelta y encontré a Rocío de pie junto a la puerta del porche. Llevaba un traje de chaqueta azul marino que resaltaba su figura, pero lo que realmente llamó mi atención fue su mirada. Ya no era la mirada rota y desamparada de la noche del sábado; había un brillo de profunda gratitud y alivio en sus ojos.

—Mi abogado ya está presentando el escrito en el juzgado de guardia —le dije, acercándome a ella—. Al mediodía tendremos la notificación oficial. Iván ya es historia, Rocío. Te lo prometí.

Rocío dio un paso al frente y, de manera espontánea, colocó una mano sobre mi pecho. Sentí el calor de sus dedos atravesando la tela de mi camisa, haciendo que mi corazón diera un vuelco salvaje.

—Gracias, Mario —susurró, mirándome fijamente—. Por primera vez en siete años, no he tenido pesadillas. Saber que estás de mi parte me hace sentir que... que puedo con todo esto.

Le sostuve la mirada, acortando la distancia entre los dos. El magnetismo que había nacido entre nosotros ya era imposible de ignorar.

—Podemos con ello, Rocío. Juntos —respondí, bajando la voz.

El claxon del autobús escolar rompió el momento. Los niños salieron corriendo de la casa, despidiéndose con un par de gritos alegres, y la rutina del lunes comenzó oficialmente. Nos quedamos a solas, sin siquiera imaginar que nuestra paz seria efimera.

POV ROCÍO

A las cinco de la tarde, la profecía de la trabajadora social se cumplió. El timbre sonó con la misma frialdad implacable de la semana pasada. Miré a Mario, que estaba sentado a mi lado en el sofá del salón repasando unos documentos en su tablet. Nos dedicamos un asentimiento de cabeza cómplice. El guion de la mentira —que cada vez se sentía menos mentira— debía comenzar.

Abrí la puerta y me topé con los ojos inquisitivos de Silvia Méndez. Su tablet ya estaba encendida en sus manos.

—Buenas tardes, señorita Alva. Como le advertí, he venido a comprobar si las deficiencias de la primera inspección se han solventado —dijo, cruzando el umbral sin esperar invitación.

—Buenas tardes, señora Méndez. Pase, por favor. Estábamos esperándola —respondí con una sonrisa ensayada, manteniendo la voz firme.

La inspectora avanzó hacia el salón y se detuvo en seco al ver a Mario. Él se puso de pie de inmediato, abotonándose la chaqueta con la elegancia innata de un CEO, pero con una calidez en el rostro que descolocó por completo a la trabajadora social.

—Señora Méndez, un placer —dijo Mario, extendiendo la mano con total seguridad—. Soy Mario. Lamento profundamente no haber estado disponible en su primera visita. Tuvimos una crisis internacional en la naviera, pero mis sobrinos son mi prioridad absoluta. Rocío y yo hemos reorganizado nuestras agendas por completo para que la casa esté siempre atendida.

Silvia Méndez entornó los ojos, estrechando su mano con desconfianza.

—Las palabras se las lleva el viento, señor Mario. El tribunal necesita hechos. Quiero ver cómo se desenvuelven como núcleo familiar. Los niños están a punto de llegar, ¿correcto?

—Mario y yo nos repartimos las tareas —intervine, manteniendo la sonrisa—. Él se encarga de preparar los biberones y los desayunos por la mañana, y yo me encargo de hacer las cenas y de ayudar a Lucas con sus fichas de la escuela. De hecho...

Justo en ese momento, la puerta principal se abrió con un golpe suave y Lucas y Mía entraron al recibidor. Al ver a la trabajadora social, los niños se frenaron un poco, intimidados por la presencia seria de la mujer.

—¡Hola, mis campeones! ¿Qué tal el cole? —exclamó Mario, soltándome de la cintura para agacharse de inmediato a recibir a Mía, que corrió hacia él soltando una risa limpia.

—¡Tío, tío! ¡Hoy jugué con plastilina de colores! —gritó la pequeña de tres años, orgullosa, enseñándole sus manitas todavía un poco manchadas.

—¿Y tú, Lucas? —pregunté, acercándome al niño de cinco años.

Lucas miró de reojo a la trabajadora social, luego a Mario y finalmente a mí. Recordó el trato de la mañana sobre su cuaderno y el pacto de ser un equipo para que no los separaran. Dio un paso al frente y, para sorpresa de la propia inspectora, me estiró los bracitos para que le quitara la mochila.

—Me fue bien, tía Rocío —dijo el niño con su vocecita tímida—. El maestro colgó mi dibujo de la casita con la estrella brillante en la pared de la clase. Dijo que mi tía me había enseñado un truco de magia con los dedos.

Giré la cabeza hacia Silvia Méndez. La mujer estaba inmóvil, observando la escena con atención, anotando con menos agresividad en su tablet. La complicidad entre los niños, el respeto de Lucas hacia mí y la devoción de Mía por Mario eran imposibles de falsificar. La atmósfera de la casa ya no era la de un campo de minas; se sentía como un verdadero hogar en reconstrucción.

—Bien... veo que las cosas han cambiado notablemente desde mi última visita —admitió la trabajadora social, guardando el lápiz óptico en su tablet—. El ambiente es adecuado y la interacción de los menores con ambos tutores es positiva. Sin embargo, seguiré el caso de cerca. Emitiré un informe provisional favorable para que mantengan la custodia temporal, pero volveré el próximo mes. No bajen la guardia.

—No lo haremos, señora Méndez. Gracias —sentenció Mario, acompañándola a la puerta de salida.

Cuando el portazo de la calle volvió a sonar, Lucas y Mía suspiraron aliviados y subieron corriendo a sus habitaciones a cambiarse de ropa.

Mario y yo nos quedamos solos en mitad del salón. La adrenalina de la actuación y la cercanía física de hace unos momentos nos dejaron con la respiración un tanto acelerada. Nos miramos fijamente. El peligro del orfanato se había alejado, la amenaza de Iván estaba bajo control judicial y, en mitad de toda esa tormenta, lo que había empezado como un guion pactado se estaba transformando en algo terriblemente real.

—Lo hemos logrado —murmuré, sintiendo que me temblaban las piernas por el alivio.

Mario dio dos pasos hacia mí, reduciendo el espacio entre los dos a la nada. Me tomó suavemente de los hombros, obligándome a mirar la intensidad de sus ojos oscuros.

—No lo hemos fingido del todo, Rocío —dijo con una voz profunda que me erizó la piel—. Al menos, por mi parte... cada caricia y cada palabra delante de ella han sido de verdad. No quiero seguir actuando.

Mi corazón latió desbocado contra mi pecho, atrapada en la red de una atracción que ya no tenía marcha atrás.

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Cliente anónimo
Muy linda la historia de amor de Mario y Rocio y su resilencia, además de la protección a sus sobrinos
Carolina Molnár
Excelente historia...
Helizahira Cohen
Excelente novela 👍 muy buena, creo que no la han leído pero fue Excelente
Helizahira Cohen
Esta muy buena, interesante
Helizahira Cohen
se equivoco al irse y abandonar todo pero era una chica que no sabía nada y la hermana una adolescente que asumió el rol de mamá, no supieron manejarlo y se perdieron los mejores años de sus vidas
Helizahira Cohen
Empezó muy bien
EM
muy linda
Zulema Neme
Pobres Niños perder.a sus Padres y Enfrentar a su tía que no visito por tantos años a s Madre Enferma 🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏. Dios los Consuele Angelitos ❤️❤️❤️
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