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LA OBSESIÓN DEL ZORRO

LA OBSESIÓN DEL ZORRO

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Romance
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Rishel23

Espero que les guste esta novela tanto como a mi...

NovelToon tiene autorización de Rishel23 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

18

Capítulo 18: No quiero escucharte

La tarde había comenzado tranquila.

Demasiado tranquila.

Richel estaba sentada en uno de los sillones de la sala, completamente alejada del resto.

Tenía unas orejeras nuevas.

Ren se las había comprado después de escucharla decir que necesitaba momentos en los que nadie pudiera molestarla.

Y, por primera vez...

Richel estaba disfrutando de su pequeño mundo.

Música.

Una bebida.

Y absolutamente nadie hablándole.

Ren la observaba desde el otro extremo de la habitación.

Había comprado aquellas orejeras especialmente para ella.

Y ahora estaba comprobando que realmente funcionaban.

Richel ni siquiera parecía notar lo que ocurría a su alrededor.

Ren sonrió.

—Al menos esto funciona.

---

Un poco más adelante...

Clara y Kaito discutían nuevamente.

—No puedes decidir por mí —dijo Clara.

—No estoy decidiendo por ti.

—Entonces deja de decirme lo que debo hacer.

Kaito suspiró.

—Solo intento evitar que te pongas en peligro.

—¡Eso no significa que puedas controlar mi vida!

Ren levantó ligeramente la mirada.

Richel seguía completamente ajena.

Kaito golpeó suavemente el escritorio con la mano.

—Después de lo que ocurrió...

—¡Ya pasó!

—¡Pero pudo haber sido peor!

Clara cruzó los brazos.

—No puedes protegerme de todo.

Kaito guardó silencio.

—Y tampoco quiero que lo hagas.

Él la miró.

—Entonces, ¿qué quieres?

Clara respiró profundamente.

—Quiero que confíes en mí.

Kaito bajó la mirada.

—Lo intento.

—No parece.

La discusión continuó.

Pero Richel no escuchaba absolutamente nada.

Ren la miró.

Ella estaba tranquilamente sentada, moviendo ligeramente la cabeza al ritmo de la música.

El magnate sonrió.

—Por fin encontró la forma de ignorarnos.

---

Una hora después...

La situación cambió.

Richel estaba en su habitación.

El dolor había comenzado.

Los cólicos eran fuertes.

Se encontraba acostada, abrazando una almohada.

Ren entró lentamente.

—Richel.

Ella abrió los ojos.

—¿Qué?

—Nuestra noche.

Ella frunció el ceño.

—¿Qué noche?

—La que prometí ayer.

Richel cerró los ojos.

—Ren...

—Dijiste que mañana sería nuestro turno.

—Lo sé.

—Entonces...

—Odio mi periodo.

Ren quedó en silencio.

Richel se acomodó.

—Me siento horrible.

Ren inmediatamente dejó de insistir.

—¿Te duele mucho?

—Sí.

Él se acercó.

—¿Quieres que llame al médico?

—No.

—¿Una compresa caliente?

—Sí.

Ren salió rápidamente.

Regresó unos minutos después.

Richel tomó la compresa.

—Gracias.

Ren se sentó a su lado.

—No tienes que disculparte.

—No iba a hacerlo.

Él sonrió.

—Bien.

Richel cerró los ojos.

—Solo necesito descansar.

Ren asintió.

—Entonces descansarás.

---

Unas horas después...

El dolor había disminuido.

Richel finalmente se levantó.

Se miró al espejo.

—Mucho mejor.

Ren estaba en la puerta.

—¿Cómo te sientes?

—Bien.

—¿Segura?

—Sí.

Richel tomó su bolso.

—Después de los cólicos necesito ir a la universidad.

Ren la miró.

—¿Hoy?

—Sí.

—Podrías descansar.

—No.

—Richel...

Ella se giró.

—Tengo que trabajar.

—Puedes hacerlo mañana.

—No.

—No tienes que exigirte tanto.

Richel respiró profundamente.

—Ren.

—¿Sí?

—Quiero salir a la piscina.

Él parpadeó.

—¿Ahora?

—Sí.

—Pero acabas de decir que necesitas trabajar.

—Después.

—Richel...

Ella lo miró fijamente.

Su expresión cambió.

Ya no parecía la joven tranquila de unos minutos antes.

Estaba enfadada.

Mucho.

—No.

Ren guardó silencio.

—¿No qué?

—No quiero discutir.

Richel señaló la puerta.

—No quiero hablar.

Ren levantó las manos.

—Está bien.

—Ni escuchar regaños tuyos.

Ren cerró la boca.

Richel continuó:

—Quiero ir a la piscina.

—Está bien.

—Sola.

Ren dudó.

Ella lo miró.

—Ren.

—Está bien.

—¿De verdad?

—Sí.

—¿Sin perseguirme?

Ren respiró profundamente.

—Sin perseguirte.

Richel tomó su bolso.

—Gracias.

Salió.

Ren se quedó en la habitación.

Una empleada que pasaba por el pasillo lo vio.

—¿Todo bien, señor?

Ren miró hacia la puerta.

—Sí.

—¿Seguro?

—Sí.

Hizo una pausa.

—Solo acabo de descubrir que Richel enfadada da más miedo que yo.

La empleada sonrió.

—Eso ya lo habíamos descubierto.

Ren la miró.

—¿Perdón?

—Nada, señor.

Y siguió caminando.

---

Richel llegó a la piscina.

Dejó sus cosas.

Se quedó mirando el agua.

Respiró profundamente.

—Ahora sí.

Entró lentamente.

El agua fría alivió completamente la tensión de su cuerpo.

Richel cerró los ojos.

Por primera vez en todo el día...

No había discusiones.

No había regaños.

No había preguntas.

Solo tranquilidad.

---

Desde la ventana del segundo piso...

Ren la observaba.

Pero esta vez no bajó.

No la llamó.

No la regañó.

Simplemente respetó su decisión.

Aunque le costaba.

Muchísimo.

Kaito apareció a su lado.

—¿No vas a ir?

Ren negó.

—No.

—¿Seguro?

—Me pidió espacio.

Kaito sonrió.

—Parece que estás aprendiendo.

Ren lo miró.

—No te acostumbres.

Kaito soltó una risa.

—Clara me dice lo mismo.

Los dos observaron a las mujeres que amaban desde lejos.

Y por primera vez entendieron algo importante.

Amar a alguien no significaba estar pegado a esa persona cada segundo.

A veces...

También significaba saber cuándo quedarse lejos

La piscina estaba tranquila.

Richel llevaba varios minutos nadando cuando escuchó una voz.

—¿Sigues enfadada?

Abrió los ojos.

Clara estaba sentada en el borde.

—Un poco.

—¿Con Ren?

—Con todo.

Clara sonrió.

—Entonces somos dos.

Richel salió del agua y tomó su toalla.

—¿Kaito?

—Discutimos otra vez.

—¿Otra vez?

—Otra vez.

Las dos se miraron.

Después comenzaron a reír.

—Necesitamos salir de aquí —dijo Clara.

Richel levantó una ceja.

—¿Salir?

—Sí.

—¿A dónde?

Clara sonrió.

—A cualquier lugar donde no haya lobos ni zorros.

Richel se quedó pensando.

—Un bar.

Clara abrió los ojos.

—¿En serio?

—¿Por qué no?

—Ren se volverá loco.

Richel sonrió.

—Precisamente.

---

Una hora después...

Las dos habían cambiado de ropa.

Richel llevaba un vestido sencillo y una chaqueta.

Clara había elegido algo igualmente cómodo.

Salieron por una puerta lateral de la mansión.

Ninguna de las dos avisó a los hombres.

—¿Estás segura? —preguntó Clara.

Richel sonrió.

—Necesito una noche de chicas de verdad.

—Entonces vamos.

---

Mientras tanto...

En el comedor de la mansión...

Ren y Kaito cenaban juntos.

La mesa estaba servida.

Pero había dos lugares vacíos.

Ren miró el asiento de Richel.

—¿Dónde está?

Kaito miró el de Clara.

—No lo sé.

Ren tomó su teléfono.

Nada.

La marca no le indicaba peligro.

Eso lo tranquilizaba.

Pero tampoco podía sentirla claramente.

—No está en la piscina.

Kaito sacó su teléfono.

—Clara tampoco responde.

Los dos se miraron.

—Esto no me gusta —dijo Ren.

—A mí tampoco.

---

En el bar...

La música llenaba el lugar.

Richel levantó su vaso.

—Por nuestra libertad.

Clara chocó el suyo.

—Por una noche sin hombres controladores.

—¡Exactamente!

Las dos bebieron.

Y durante las siguientes horas...

Rieron.

Hablaron.

Bailaron.

Y disfrutaron de una noche que ninguna de las dos había tenido en mucho tiempo.

Richel dejó su vaso sobre la mesa.

—Clara...

—¿Sí?

—Creo que bebimos demasiado.

Clara se rio.

—Un poco.

Richel miró el reloj.

Sus ojos se abrieron.

—¡Es tardísimo!

—¿Qué hora es?

—Casi medianoche.

Clara se quedó quieta.

—Kaito me va a matar.

Richel soltó una carcajada.

—Ren también.

—¿Regresamos?

—Sí.

---

En la mansión...

Ren caminaba de un lado a otro.

—¿Dónde está?

Kaito intentó tranquilizarlo.

—No sabemos.

—La marca no está reaccionando.

—Entonces probablemente está bien.

Ren lo miró.

—Eso no significa que no esté en problemas.

Kaito suspiró.

—Ren...

En ese momento...

Se escuchó el sonido de una puerta.

Ambos levantaron la cabeza.

Richel y Clara entraron.

Las dos intentaban caminar con absoluta normalidad.

Ren se quedó inmóvil.

Kaito también.

Richel sonrió.

—Hola.

Silencio.

Clara levantó una mano.

—Buenas noches.

Ren miró a Richel.

—¿Dónde estabas?

—Por ahí.

—¿Por ahí dónde?

Richel miró a Clara.

Clara miró a Richel.

—En un bar —respondieron al mismo tiempo.

Silencio absoluto.

Kaito cerró los ojos.

—Clara...

—No empieces.

Ren respiró profundamente.

—Richel.

—¿Sí?

—¿Tú bebiste?

Ella levantó un dedo.

—Un poquito.

Ren la miró.

—¿Cuánto es un poquito?

Richel pensó.

—No lo sé.

Ren se llevó una mano al rostro.

—Me vas a volver loco.

Richel se acercó.

—Pero estoy bien.

—No puedes desaparecer durante horas.

—Tú dijiste que debía tener mi propia vida.

Ren quedó callado.

Ella tenía razón.

—Y además...

Richel señaló la mesa.

—La cena está servida.

Kaito miró a Clara.

—¿Por eso regresaron?

Clara sonrió.

—Teníamos hambre.

Richel se sentó.

—¿Dónde está mi comida?

Ren la observó.

Por un instante parecía querer regañarla.

Pero recordó lo que ella le había dicho esa tarde.

"No quiero hablar, ni discutir ni escuchar regaños."

Suspiró.

—Voy a traértela.

Richel sonrió.

—Gracias.

Kaito miró a Ren.

—¿No vas a regañarla?

—No.

—¿Seguro?

—No.

Richel levantó la cabeza.

—¿No qué?

Ren la miró.

—No voy a regañarte.

Ella sonrió.

—Buen chico.

Ren arqueó una ceja.

—No abuses.

Clara comenzó a reír.

Kaito también.

Y por primera vez aquella noche...

Los cuatro terminaron sentados alrededor de la misma mesa.

Richel comiendo tranquilamente.

Clara intentando no reírse.

Kaito fingiendo estar molesto.

Y Ren observando a Richel con una mezcla de alivio y frustración.

Hasta que ella levantó su vaso de agua.

—Por nuestra noche de chicas.

Clara levantó el suyo.

—Por nuestra libertad.

Ren negó con la cabeza.

—Nunca volveré a dejarlas salir juntas.

Richel lo miró fijamente.

—¿Qué dijiste?

Ren cambió inmediatamente de expresión.

—Dije que...

Sonrió.

—Espero que hayan disfrutado su noche.

Richel sonrió satisfecha.

—Mucho mejor.

Y Kaito soltó una carcajada.

Aquella noche, los dos hombres aprendieron una nueva regla:

Nunca subestimar a dos mujeres decididas a tener una noche de chicas.

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Lariel Flowers
Exelente
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