hace siglos la puerta unida conectaba todos los territorios en un solo mundo sin fronteras,donde humanos ,elfos,hombres lobos,magos y el pueblo misterioso vivían en paz . pero cuando una adivina advirtió que la temida oscuridad .
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La Leyenda de las Coronas y el Arte de combatir
✨ Capítulo 24 — La leyenda de las coronas y el arte de combatir
El silencio de la gran biblioteca era profundo y acogedor, solo roto por el suave susurro del viento que rozaba los grandes ventanales y el ligero crujir de las hojas al pasar. Elara estaba sentada junto a una mesa de madera oscura, rodeada de libros antiguos de tapas duras, grabados con símbolos dorados que brillaban apenas con la luz tenue que caía sobre ellos. Sus ojos recorrían con atención cada línea, cada palabra escrita con tinta que parecía conservar aún el aliento de los tiempos pasados: leía sobre el gran Rey Aldric, noble, justo y valiente, que unió a todos los pueblos bajo una sola bandera de paz; sobre la hermosa Reina Lira, llena de bondad y dotada de una magia luminosa que calmaba las tormentas y sanaba las heridas; y sobre las coronas, aquellas joyas sagradas que no eran simples adornos, sino símbolos vivos de poder, unión y destino.
Ian se sentó a su lado, apoyando los codos en la mesa y mirando con respeto las páginas que Elara tenía abiertas, y comenzó a explicarle con voz suave pero llena de emoción la leyenda que pasaba de generación en generación:
—Lo que estás leyendo es la verdad más antigua de nuestro mundo. Se dice que cuando se formó la gran alianza, cada uno de los cinco grandes líderes recibió una corona propia, forjada con materiales únicos y bañada con la esencia misma de su pueblo: la de los elfos hecha de ramas de árboles eternos y perlas de río; la de los hombres lobo, trabajada en plata pura y adornada con colmillos de bestias antiguas que simbolizaban fuerza y lealtad; la de los magos, con piedras brillantes que guardaban destellos de hechizos inmemoriales; la de los guerreros, sólida y fuerte, con grabados que contaban batallas ganadas; y la del misterioso quinto reino, sencilla pero preciosa, como un secreto guardado en oro.
Hizo una pausa, miró hacia lo alto como si pudiera ver aquel tiempo glorioso, y continuó:
—Todas esas coronas tenían luz propia, brillaban con fuerza cuando quien las llevaba era digno y cumplía con su deber. Pero ninguna, absolutamente ninguna, brillaba con la intensidad y la hermosura de las dos coronas reales: la del Rey Aldric y la Reina Lira. Eran el corazón de todo el reino, su luz se extendía por cada rincón, protegía fronteras, ahuyentaba la oscuridad y hacía que todos se sintieran seguros y unidos. Eran las coronas de los verdaderos soberanos, elegidos por el destino y amados por todos.
Elara escuchaba sin apartar la vista, con el corazón latiéndole despacio, como si algo en esas palabras le tocara el alma sin saber bien por qué. Ian bajó la voz, volviéndose más serio y melancólico:
—Pero llegó el día terrible en que todo cambió. Cuando la oscuridad descendió y tuvieron que ocultar a la pequeña princesa para salvarla, las coronas perdieron su brillo. La corona real fue llevada al mundo de los humanos, para guardarla a salvo, lejos de las manos malvadas que querían apagarla para siempre. Hoy en día se exhibe en un gran museo, una vez cada año, para que todos la vean… pero es solo oro y piedra fría. Jamás ha vuelto a brillar ante nadie. Ni reyes, ni presidentes, ni sabios han logrado hacerla encenderse. Todos esperan, en silencio y con esperanza, que un día regrese la princesa perdida, nuestra futura reina… solo ante ella volverá a resplandecer con toda su gloria, reconociendo a su verdadera dueña.
Elara sintió un escalofrío suave recorrerle la espalda, y cerró el libro despacio, guardando cada palabra en lo más profundo de su memoria. La historia le parecía fascinante, pero también extrañamente cercana, como si en algún momento hubiera escuchado esas palabras antes, en sueños lejanos que no lograba recordar bien.
—Bueno —dijo Ian poniéndose de pie y sacudiendo levemente la cabeza para volver al presente—, ya hemos aprendido bastante de leyendas y pasado por hoy. Ahora es momento de prepararnos para el futuro, para poder defender lo que amamos y proteger a quien lo necesite. Vamos a la sala de entrenamiento, allí te enseñaremos lo esencial: cómo pelear con honor, cómo defenderte y cómo usar tu astucia más que la fuerza bruta.
Se levantaron juntos, dejaron los libros en su lugar y salieron de la biblioteca, caminando por pasillos amplios y silenciosos hasta llegar a la inmensa sala de entrenamiento. Era un espacio alto, con paredes de piedra resistente, suelos cubiertos de alfombras gruesas para amortiguar los golpes y ventanales grandes que dejaban entrar luz natural y aire fresco. Había espacios amplios para moverse, armas de práctica apoyadas en estantes y círculos mágicos dibujados en el suelo para concentrar energía.
—Leo, ven aquí conmigo —llamó Ian con voz firme, y el joven se acercó rápido, listo para ayudar y demostrar lo que sabía—. Presta mucha atención, Elara, porque lo que te voy a decir es la base de todo buen combate, sea con espada, con magia o solo con tus propias manos.
Ian se colocó frente a ella, con una postura erguida pero relajada, y explicó paso a paso, despacio y claro:
—Lo primero, y lo más importante: aprende a ver más allá de lo que tus ojos físicos pueden captar. Cuando estés frente a un enemigo, no mires solo sus movimientos rápidos o sus armas. Aprende a escuchar su respiración, a sentir cómo cambia su peso al moverse, a percibir el flujo de su energía, su magia o su fuerza interior. Desarrolla lo que llamamos “otros ojos”: una mirada interior que te permite anticiparte, saber cuándo va a atacar, qué camino tomará su golpe, incluso antes de que él mismo lo haga. Así podrás localizar cada movimiento con precisión, esquivar sin esfuerzo y nunca ser tomada por sorpresa.
Hizo una señal a Leo, y el joven comenzó a moverse lentamente alrededor de él, lanzando golpes suaves y simulados, mientras Ian los esquivaba sin mirarlo casi, solo con calma y concentración.
—Lo segundo —continuó Ian, con voz decidida—: cuando sea tu turno, no golpees sin sentido. Busca siempre el punto débil. Cada defensa, cada escudo, cada hechizo o postura tiene un lugar donde es más débil, donde no llega toda su fuerza. Concentra tu ataque justo allí: con menos esfuerzo lograrás mucho más, podrás romper defensas y hacer que tu golpe sea efectivo. Y si tu oponente usa magia contra ti, no te quedes paralizada ni huyas sin orden: bloquéala rápido. Concentra tu propia energía, levanta tu barrera mental o física, neutraliza su poder antes de que logre alcanzarte y hacerte daño. No esperes a que el rayo o el golpe llegue a ti: actúa rápido, con decisión y sin dudar.
Leo hizo un gesto de magia simulada, lanzando un destello inofensivo hacia Ian, quien levantó la mano al instante y detuvo la luz en el aire, con una facilidad que parecía sencilla, pero que Elara sabía que requería mucha práctica y control.
—Mira bien —agregó Ian—, no necesitas ser la más fuerte o la más poderosa para ganar una pelea. Necesitas ser lista, estar atenta, mantener la calma incluso cuando todo parece perdido y recordar siempre que estás luchando por algo bueno y justo. La ira ciega, pero la calma da claridad y ventaja.
Elara observaba todo con atención, guardando cada consejo en su mente, imitando las posturas sencillas que veía, probando cerrar los ojos un instante para intentar sentir el movimiento de sus compañeros, aunque al principio le costaba mucho y no lograba distinguir nada claro. Pero no se desanimó: sabía que el aprendizaje lleva tiempo, que cada paso que daba la acercaba más a ser fuerte, capaz de valerse por sí misma y ayudar a quienes quería.
Ian se acercó a ella, sonriendo con confianza al ver su esfuerzo y su voluntad:
—Así es, Elara. No te apresures. Poco a poco irás mejorando, tu sensibilidad crecerá y un día podrás hacer todo esto con naturalidad, como si fuera parte de ti. Y recuerda: lo más valioso no es saber vencer a otros, sino saber proteger lo que es importante y mantener la bondad en tu corazón, incluso en medio de la batalla.
Elara asintió con determinación, sintiendo que su camino apenas comenzaba, pero que ya no caminaba sola: tenía a sus compañeros, tenía conocimientos antiguos que descubrir, tenía una fuerza oculta que un día despertaría, y un destino que, aunque misterioso, parecía tejer su vida con la historia de aquel reino perdido y aquella corona que esperaba brillar una vez más.