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A Milímetros De Romperse

A Milímetros De Romperse

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Malentendidos / Reencuentro
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: AndyG1904

Ella guarda un secreto que la consume por dentro.
Él arrastra las ruinas de una vida que se desmoronó en una sola noche.

April Rossetti nunca imaginó que un error de una noche la perseguiría cada día. Enamorarse de la persona equivocada siempre es el comienzo de una caída. Ahora, la culpa la acompaña como una sombra que no la deja respirar.

Derek Baker lo perdió todo: su matrimonio, su hijo no nacido y la confianza en las personas. Destrozado y lleno de rabia, intenta reconstruir su vida cuando un encuentro casual lo cambia todo.

Conectados por hilos invisibles del destino, April y Derek se ven envueltos en miradas cargadas de deseo, conversaciones que despiertan lo que creían dormido y secretos que amenazan con destruirlos.

Están a milímetros de romperse... o de sanarse mutuamente.

Pero el pasado no se olvida tan fácilmente.

Y algunas atracciones están destinadas a arder, aunque quemen todo a su paso.

¿Podrán elegir el amor cuando todo parece condenarlos al dolor?

NovelToon tiene autorización de AndyG1904 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Casi Familia

-Derek-

La mañana era fría, pero no tanto como la expresión de Sarah cuando firmamos los papeles.

El abogado de ella cerró la carpeta con un gesto preciso.

—Mi clienta ha aceptado las condiciones. Agradecemos que se haya evitado cualquier controversia mediática, especialmente considerando que se quebrantó la cláusula de infidelidad.

El pecho se me tensó. La imagen del hospital regresó con demasiada claridad: la sangre, la confesión, la palabra “alivio”. Algunas heridas no se cierran. Solo se aprende a convivir con ellas.

Los abogados se estrecharon la mano.

Sarah evitaba mirarme. Cuando su teléfono vibró, su rostro cambió por completo. Contestó con una voz que yo conocía demasiado bien, esa que usaba cuando aún nos pertenecíamos.

—Justo he terminado —dijo, y por un segundo sus ojos se llenaron de algo parecido a la anticipación.

Al levantarse tropezó conmigo. Iba tan ensimismada que no me había visto.

La sostuve por el brazo un instante.

—Espero que seas feliz con él —dije en voz baja.

Ella me miró por primera vez en toda la reunión. Yo sostuve su mirada.

—Realmente lo espero.

No pude odiarla. Ni siquiera en ese momento. Después de tantos años, el amor no se apaga del todo. Solo se transforma en algo más pesado y más silencioso.

***

Viajé a Sídney unos días después usando el boleto que había comprado. Un reconocimiento internacional, una cena en el Bennelong, dentro de la Ópera. Peter Gilmore me saludó con cortesía, hablamos de negocios futuros y de cocina. Sonreí cuando debía, respondí lo correcto, y sentí el mismo vacío de siempre.

Hunter era lo único que me empujaba a volver a Londres.

***

Cuando llegué al penthouse, el silencio me resultó extraño. Hunter no salió a recibirme.

Llamé a Pierre quien respondió en la tercera tonada.

—¿Ahijado?

—Padrino. ¿Dónde está Hunter?

Hubo una pausa breve.

—Te envío una dirección. Surgió algo de último momento.

No pregunté más. Guardé el teléfono y salí.

La ubicación me llevó a una casa que se levantaba al final de un camino de piedra, de fachada blanca y ventanales altos de madera oscura.

Hunter apareció corriendo en cuanto bajé del coche. Ya no era el cachorro torpe de hace semanas. Me lamió la cara con entusiasmo mientras yo intentaba poner orden en mis pensamientos.

—Derek.

Reconocí la voz de inmediato. Pierre estaba en la entrada, con los brazos abiertos y una sonrisa que hacía tiempo no le veía.

Nos abrazamos con la familiaridad de siempre.

—¿Qué haces aquí con Hunter? —pregunté.

—Hace poco viajé a Venezuela —respondió mientras me hacía pasar—. Conocí a alguien.

Me detuve.

Pierre no era de los que improvisaban este tipo de encuentros. El hecho de que me hubiera traído hasta aquí ya decía bastante.

Al entrar, el aire olía a madera encerada y a galletas recién horneadas. El recibidor era amplio, con piso de baldosas antiguas y una escalera de madera que subía con solidez tranquila. Al fondo, grandes puertas de vidrio se abrían a un patio extenso, donde el jardín terminaba mirando las montañas. Todo en el lugar transmitía lo mismo: elegancia sencilla y la sensación de que alguien había decidido empezar de nuevo.

Una mujer apareció desde el interior. Elegante, de sonrisa cálida, con esa seguridad de quien ha vivido lo suficiente.

—Cariño, ¿quién es este joven?

—Derek —respondió Pierre—. Prácticamente es como mi hijo. Yo lo crié.

La saludé con dos besos. Su nombre era Elena.

—He escuchado hablar tanto de ti que siento que ya te conozco —dijo con naturalidad—. Preparé galletas.

Antes de que pudiera responder, una voz llegó desde la cocina.

—Madre, ¿prefieres té o…?

Me giré.

April estaba junto a la isla, recogiendo su cabello en una coleta alta. Al levantar la vista y encontrarse conmigo, se le congeló el gesto a mitad de camino. Los ojos se le abrieron apenas, lo suficiente para delatar la sorpresa. El tiempo pareció detenerse un segundo demasiado largo.

Pierre, ajeno a todo, hizo las presentaciones con naturalidad.

—Derek, ella es April. April, Derek… prácticamente es como mi hijo.

Ninguno de los dos se movió de inmediato. Ella fue la primera en reaccionar. Secó las manos en un paño con un movimiento mecánico y avanzó unos pasos. Yo sostuve la mirada sin sonreír.

Cuando estrechamos la mano, el contacto fue breve, firme y cargado de una incomodidad densa. Sus dedos estaban fríos. Los míos, tensos.

—Un gusto —dije, con una voz más baja y controlada de lo habitual.

—Igualmente —respondió ella. La palabra salió correcta, educada, pero no llegó a sonar natural.

Se hizo un silencio corto y pesado. Pierre ya había vuelto su atención a Elena, dejando el espacio entre nosotros demasiado evidente.

—Entonces… —dijo April después de un momento, cruzándose de brazos casi sin darse cuenta—. ¿Ustedes son como padre e hijo?

—Se podría decir que sí.

Ella asintió despacio, evaluándome.

Había algo cauteloso en su expresión, como si estuviera midiendo cada palabra antes de dejarla salir.

—Qué pequeño es el mundo —comentó finalmente.

—A veces demasiado —respondí.

Nuestros ojos se sostuvieron un segundo más. En el parque había habido confusión. En la cafetería, distancia educada. Aquí había algo distinto: una tensión contenida, incómoda, casi hostil en los bordes. Como si los dos recordáramos demasiadas cosas al mismo tiempo y ninguna de ellas fuera sencilla.

Elena regresó con una bandeja de galletas rompiendo el momento y empezó a servir el té. Pierre hablaba con naturalidad sobre Venezuela, sobre el clima, sobre lo rico de su gastronomía, sobre lo inesperado que había sido todo. Nosotros dos permanecíamos en una especie de tregua educada.

April se había quedado de pie junto a la isla de la cocina, con los brazos cruzados. Yo me senté en el sofá, demasiado consciente de su presencia.

En un momento, Hunter se acercó a ella y le olfateó la mano. Ella se agachó por reflejo a acariciarlo. Por un segundo, su expresión se suavizó. Cuando levantó la vista y se encontró con la mía, esa suavidad desapareció de inmediato.

—Se ha hecho grande —comentó, refiriéndose al perro.

—Sí. Crece demasiado rápido.

Fue lo único que dijimos durante un rato.

Pierre y Elena se movían por la casa con la comodidad de quienes empiezan a construir algo juntos. Reían por cosas pequeñas. Se tocaban el brazo al pasar. Yo los observaba de reojo, sintiendo una mezcla extraña de alegría ajena y un vacío conocido.

April también los miraba. En su rostro había algo más complejo: no era rechazo, pero tampoco aceptación plena. Como si todavía estuviera aprendiendo a acomodar a Pierre en el espacio que antes ocupaba otra persona.

En un momento, Elena le pidió ayuda con algo en la cocina. April se movió con rapidez, casi con alivio de tener una excusa para alejarse.

Cuando regresó, trajo dos tazas. Me ofreció una sin mirarme del todo.

—Gracias.

—De nada.

Nuestros dedos no se tocaron. El gesto fue cuidadoso, medido.

Volvió a sentarse, esta vez en el sillón individual, lo más lejos posible dentro de lo educado. Yo seguí en el sofá. Hunter se colocó exactamente en medio de los dos, ajeno a todo.

La conversación general continuó: viajes, comida, anécdotas ligeras. Cada vez que Pierre mencionaba algo sobre mí, April escuchaba con atención discreta. Cada vez que Elena hablaba de su hija, yo notaba cómo April se tensaba apenas, como si no quisiera ser el centro de ninguna narración.

En ningún momento hablamos directamente el uno con el otro más de lo necesario.

Y, sin embargo, la tensión no disminuyó. Se quedó ahí, quieta, instalada entre las risas de los dos adultos y el ruido suave de las tazas.

Cuando finalmente anuncié que debía irme, April se levantó también. No para despedirme de cerca. Solo se quedó de pie, a una distancia prudente, observando cómo Pierre me daba una palmada en la espalda.

Nuestros ojos se encontraron una última vez.

No había calidez. Tampoco hostilidad abierta. Solo un reconocimiento silencioso de que algo raro e incómodo acababa de instalarse entre nosotros y de que, por el vínculo que ahora compartíamos, probablemente no sería la última vez que tuviéramos que soportarlo.

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Andrea
Que rabia con Jhony 😭
AndyG
Trataré de hacer un maratón hasta el capítulo 20. Luego me daré un break. Gracias a todos 🥹❤️🫶
Andii
2 capítulos seguidos. Sospechoso... No nos vayas a abandonar ahora que estoy enganchado 🤣
Andrea
Si Derek se involucra solo espero que no se comporte como Jhony... Se volvió el villano de la historia. Narcisista. Pobre April...
Andrea
He leído todos los capítulos hasta ahora. Y no sé. Me tiene estresada/intrigada 😭😭
Andii
Nunca me había identificado tanto con un personaje y no se si eso es bueno o malo /Brokenheart/
Gerson Gonzalez
Muy interesante. Sigue así.
Isabella Connelly
Dioooos cuanta tensión...
Gerson Gonzalez: Muy interesante está historia. Por lo general lo mío es fantasía y acción. Veamos cómo sigue. Saludos!
total 1 replies
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