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UNA VUELTA PROHIBIDA

UNA VUELTA PROHIBIDA

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance / Traiciones y engaños
Popularitas:559
Nilai: 5
nombre de autor: Daniela escalante Jiménez

En el mundo de la Fórmula 1 no existen los amigos, solo rivales. Gael Rainer es la promesa de Mercedes: frío, calculador, imparable. Mara Varela es el orgullo de Ferrari: brillante, valiente y dueña de cada secreto de su equipo.

Se encontraron en una noche donde no existían los colores ni las reglas. Una noche de pasión que lo cambió todo. Pero cuando amaneció y se reveló la verdad, comprendieron que su amor es una traición para todos: para sus equipos, para sus familias, para el mundo entero.

Entre la velocidad de la pista y el silencio de los escondites, deberán elegir: ¿obedecer las leyes que los separan o arriesgarlo todo por una vuelta que nunca debió existir?

NovelToon tiene autorización de Daniela escalante Jiménez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 15 ACUERDOS ENTRE PUERTAS CERRADAS

 

El pasillo del hotel estaba envuelto en una calma profunda, solo interrumpida por el zumbido casi imperceptible de las luces empotradas y el eco lejano de un motor que se alejaba por la avenida principal. Eran casi las diez de la noche, y yo caminaba despacio, con una ligera sonrisa que no se me borraba de los labios, todavía llena de esa emoción serena que me había dejado recorrer Shanghai, perderme entre sus calles iluminadas y sentir que, poco a poco, este mundo vertiginoso empezaba a tener un lugar reservado para mí. Me acerqué al ascensor, presioné el botón y esperé con las manos hundidas en los bolsillos de mi chamarra, mirando cómo los números iban bajando uno a uno.

Cuando las puertas correderas se abrieron, me quedé inmóvil un instante, con el aire congelándose en mis pulmones. Allí estaba él.

Gael entró sin dejar de mirarme ni un segundo, con esa presencia magnética que parecía llenar cualquier espacio apenas él ponía un pie dentro. Llevaba ropa sencilla, una playera negra de algodón y pantalón deportivo oscuro, el cabello algo revuelto como si acabara de llegar o hubiera pasado la tarde descansando. Y por primera vez, esa media sonrisa siempre reservada se transformó en algo amplio, genuino, una alegría que no se esforzaba por ocultar.

—Vaya con quién me voy a topar —dijo con voz suave, apoyándose levemente en la pared del ascensor sin quitarme la vista de encima—. ¿Desde cuándo estás aquí?

—Desde anoche —respondí entrando y dejando que las puertas se cerraran suavemente detrás de mí—. apenas salí a conocer un poco. Me encanta este hotel, queda tan cerca del circuito que no tendré que levantarme al amanecer como en Austria.

Él soltó una risa baja, profunda, y asintió con la cabeza mientras el ascensor empezaba a subir con un movimiento suave y constante.

—Exactamente lo mismo pensé yo cuando llegué. No hay nada mejor que ganar unos minutos más de descanso antes de la tormenta.

El recinto se llenó de un silencio cómodo, solo roto por el zumbido de los motores, y yo sentía cómo su mirada recorría mi rostro despacio, como si quisiera comprobar si algo en mí había cambiado en estos días.

—¿Y cómo te fue en la celebración de los podios? —preguntó de repente, con ese tono directo que lo caracteriza, aunque con un matiz de curiosidad que antes no estaba—. Vi las imágenes, parecía que el equipo entero estaba en una nube.

—Fue algo que no se puede explicar con palabras —dije, y mis ojos brillaron al recordar el ruido, los abrazos, el olor a champán y alcohol—. La energía que se crea cuando todos remamos hacia el mismo lado es brutal. Todo salió perfecto, fue épico de principio a fin.

Gael inclinó levemente la cabeza, y sus ojos oscuros se clavaron en los míos con una intensidad que me hizo respirar más despacio.

—No me extraña en absoluto —dijo despacio—. Tú sola provocas miradas allá donde vas. Imagínate cómo fue con los tres juntos, con toda esa carga de emoción.

Me reí, bajando un instante la mirada hacia mis manos entrelazadas y volviendo a levantarla para encontrarme con la suya.

—¿Y tú celebraste algo?

—Cené con unos amigos cercanos —respondió él sin rodeos—. Nada de luces ni cámaras. Solo tranquilidad.

Las puertas se abrieron con un clic suave en mi piso. Salí al pasillo y él salió detrás de mí, caminando a mi paso, sin adelantarse ni quedarse atrás.

—Espero que ganes la próxima carrera —le dije deteniéndome frente a mi puerta y sosteniéndole la mirada con firmeza—. Dicen que traigo suerte. Y espero también que a mi equipo le vaya excelente, sea pole, sea podio o sea la carrera perfecta. Ya veremos.

Él sonrió de nuevo, acercándose un paso más, lo suficiente para que pudiera sentir el calor que emanaba su cuerpo.

—La suerte pesa más cuando se comparte.

Saqué la tarjeta magnética, la pasé por el lector y empujé la puerta para entrar. Antes de que pudiera darme la vuelta, él ya había cruzado el umbral detrás de mí.

—¿A dónde vas tú? —le pregunté con una risa sorprendida.

—Contigo —respondió con total naturalidad, dejando la puerta cerrarse tras él—. Parece que ninguno de los dos puede estar sin el otro.

—No es eso —dije dejando mi bolso sobre una silla y girándome hacia él—. Es que mañana tengo que resolver algo y quiero organizarme bien.

—¿Qué pasa te bajo? —preguntó al instante, y su voz cambió, volviéndose más atenta, más suave, sin perder esa firmeza que lo define. Se sentó en el borde del sofá y golpeó el espacio a su lado con la mano—. Cuéntame.

Me senté junto a él, y quedamos tan cerca que nuestras rodillas casi se tocaban, mirándonos a los ojos, sin necesidad de levantar la voz.

—Tengo que ir a depilarme —confesé al final, y una risa nerviosa se me escapó de los labios.

Gael se quedó mirándome unos segundos, procesando lo dicho, y luego soltó una risa profunda y sincera que iluminó todo su rostro.

—¿Eso es lo que te preocupa? Mara, eso no es nada.

—Para mí sí —le respondí con total sinceridad, sin bajar la mirada—. Me siento mucho más cómoda así. Es algo que hago por higiene, por cómo me siento conmigo misma. No me gusta andar a medias.

Él asintió lentamente, extendió la mano y tomó la mía entre las suyas, acariciando cada uno de mis dedos con movimientos pausados y suaves, como si estuviera memorizando su forma.

—Te respeto —dijo con una seriedad absoluta—. Lo que tú decidas, lo que te haga sentir bien, lo respeto al cien por ciento. Tenemos toda la temporada por delante, mucho tiempo. Pero… —hizo una pausa, apretando levemente mi mano— creo que deberíamos poner algunas cosas claras entre nosotros.

—¿Qué cosas? —pregunté, sintiendo cómo el corazón empezaba a latirme un poco más rápido.

—Esto que tenemos —dijo él, midiendo cada palabra—. Creo que sería mejor que nos organicemos, para que no nos sorprendamos, para que no estorbe en el trabajo.

—¿Quieres ponernos un horario? —me reí, sorprendida y divertida a la vez.

—Me parece lo más sensato —respondió él, aunque una media sonrisa se le escapó al decirlo—. Así sabemos a qué atenernos.

—Yo prefiero que sea sorpresa —le dije, acercándome un poco más—. Pero si hay que ponerle algún número… ¿qué te parecen cuatro veces a la semana?

Gael soltó una carcajada baja, sacudiendo la cabeza.

—Cuatro veces… me vas a dejar imposible para las carreras.

—¿Y si son cinco? —propuse con voz muy suave, rozando su pierna con la punta de mis dedos—. Solo cuando no haya tanta presión, cuando estemos tranquilos así, sin prisas. ¿Qué te parece?

Él me miró fijamente a los ojos durante unos segundos eternos, luego asintió muy despacio y apretó mi mano contra su pierna.

—Cuatro veces. Está bien.

Sin decir nada más, me levanté apenas del asiento y me acomodé sobre sus piernas, rodeándole el cuello con los brazos. Empecé a moverme despacio, trazando círculos lentos con mis caderas, sintiendo cómo su cuerpo respondía al mío al instante, cómo se tensaba bajo mis movimientos. Bajé mis labios hasta su cuello, besando suavemente la piel caliente, recorriendo la línea de su mandíbula, rozando suavemente su oreja con la punta de la lengua antes de volver a encontrarme con sus labios. Él no intentó adelantarse ni tomar el control; se dejó hacer todo, con las manos posadas firmemente en mi cintura, siguiendo cada movimiento mío con una paciencia y un deseo que me hacían temblar por dentro.

Cuando finalmente nuestros labios se unieron, el beso fue profundo, intenso, como si ambos hubiéramos estado guardando todo este tiempo para este momento. Gael tomó mi cara entre sus manos grandes y cálidas, guiando el ritmo, profundizando cada roce, y sentí claramente cómo su deseo crecía al mismo paso que el mío, cómo su cuerpo lo delataba sin palabras.

Me separé un instante para recuperar el aliento y me recosté suavemente sobre su pecho, escuchando los latidos fuertes y acelerados de su corazón.

—Mejor vemos una película —susurré.

Él soltó una risa baja y miró hacia abajo, donde su cuerpo lo decía todo sin necesidad de palabras.

—Elige tú —dijo pasándome el control remoto.

En lugar de tomarlo, deslicé mi mano despacio hacia abajo, desabroché el botón de su pantalón y bajé la cresta con un movimiento lento y deliberado. Lo saqué con suavidad, acariciándolo despacio, sintiendo cómo se endurecía más y más bajo el roce de mis dedos, y él cerró los ojos, echando la cabeza hacia atrás y soltando un suspiro largo y profundo que me recorrió entera de pies a cabeza.

 

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Ana Gonzalez
más capitulos excelente novela ❤️
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