Aranza Jordán murió atropellada cuando huía de un matrimonio arreglado... y de un amigo que la dejó desangrándose en plena calle.
Despierta en el cuerpo de Renata Anastasia Salvatierra, la nieta consentida de dos de las familias más poderosas del país. El problema: Renata es el personaje de relleno de una novela que Aranza nunca terminó de leer, la chica ingenua que, en la historia original, acaba muerta por culpa de su prima Selena.
Pero Aranza ya no está dispuesta a ser una víctima. Con una sonrisa dulce que no le llega a los ojos, una inteligencia afilada y un talento oculto para el hackeo, Renata se pone la máscara de la inocencia y juega con las cartas que la novela le dio. Ahora conoce el guion de todos: la prima que finge ser su amiga, la rival que la humilla, el protagonista que aún no sabe lo que se le viene encima.
Cinco primos que la adoran, abuelos que daría la vida por ella, un hacker de mirada fría que parece ver a través de su máscara... y enemigos que están a punto de descubrir que subestimar a la nueva Renata fue el peor error de sus vidas.
¿Astuta tú? Ella lo es más.
NovelToon tiene autorización de Klarina_za29 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
¿Siempre ha mentido?
La mesa de Renata, que hasta hacía un rato solo ocupaban cuatro personas, se había llenado.
Camilo, Andrés y sus dos amigos se habían sentado con ellas sin que nadie los invitara.
Clara, Isabel y Caro no sabían dónde meterse. Para colmo, ya se habían terminado la comida.
Renata, en cambio, seguía comiendo tranquila.
—Mejor volvamos al salón. Aquí no estoy cómoda —le susurró Caro a Clara.
Todos los alumnos de la cafetería las miraban de reojo. Caro sentía que no podía ni moverse.
Clara pensaba igual que sus dos amigas. Le encantaba ver los espectáculos que se armaban a diario en esa cafetería, pero jamás se le había pasado por la cabeza meterse en uno.
Y ahora resultaba que era amiga de la hermana del chico más guapo del colegio. Era seguro que acabaría involucrada con ellos.
—Espera, déjame preguntarle a Renata —respondió en voz baja.
Caro e Isabel asintieron. Ya hablarían con Renata después; por ahora lo mejor era irse de ahí.
Además, sabían que Renata y sus dos hermanos acababan de reencontrarse después de mucho tiempo.
—Rena, nosotras tres nos adelantamos al salón. Tenemos unas cosas que hacer —dijo Clara.
Renata se quedó quieta un momento. Miró a sus dos hermanos, que seguían pegados a ella, llenándole el plato sin parar.
—Está bien... Yo las alcanzo después —respondió con una sonrisa.
Clara y las demás la saludaron con la mano y se marcharon.
Camilo se volvió hacia sus dos amigos.
—¿No tenían que entregarle un trabajo al profesor Domingo? —dijo, marcando las palabras.
Rafa frunció el ceño.
—¿Cuándo? Hoy no tenemos clase con el profesor Domingo —dijo, confundido.
Plaf...
Bruno le dio un golpecito en el brazo.
—Ah, sí, el profesor Domingo nos pidió que fuéramos a la dirección. ¿Verdad, Rafa? —dijo, clavándole la mirada para que entendiera lo que Camilo quería.
Rafa seguía sin entender y estaba a punto de preguntar otra vez, pero sus ojos se toparon con los de Camilo, y por fin cayó en la cuenta.
—Caramba, se me había olvidado —dijo, dándose una palmada en la frente—. Vamos, Bruno.
Y se lo llevó casi a rastras.
Renata lo observó todo sin decir nada. Sabía perfectamente que aquello era puro cuento.
Si hubiera sido la Renata original, no habría entendido lo que pasaba. Pero ella no era la verdadera Renata.
—Rena... ¿no quieres contarle a tu hermano qué pasó en realidad? —preguntó Camilo, con la sensación de que ella ocultaba algo.
Renata puso cara de sorpresa y, enseguida, la sonrisa de siempre, la que mostraba a todo el mundo.
—¿A qué te refieres? No entiendo. Solo quería venir, nada más —contestó.
Camilo y Andrés se miraron. Habían alcanzado a ver el gesto de sorpresa de Renata, y por eso sospechaban más.
Ting...
Renata abrió el celular y vio quién le había escrito. La sonrisa se le dibujó sola en los labios.
Inclinó un poco el teléfono para que ninguno de los dos pudiera ver la pantalla.
Selena: Rena, creo que no deberías venir ahora. Mándale tu regalo como el año pasado y ya. Te prometo que se lo doy a la abuela.
Renata: ¿Y si solo la miro de lejos? ¿No pasa nada? Te prometo que no me dejo ver.
Selena: No se puede, Rena... En cuanto vengas, todos se van a enterar.
Renata: Está bien, Selena... No lo voy a hacer.
Selena: Gracias, Rena... Te quiero muchísimo.
Renata: Mm, te voy a hacer caso.
Cerró el celular con gesto triste.
—Rena... ¿qué pasa? —preguntó Camilo al ver esa tristeza. Le intrigaba quién le había escrito.
Y más aún porque la veía tan apagada.
—Nadie, Cami. Ah, oye, ¿dónde queda el baño de mujeres? Quiero ir —dijo, para cambiar de tema.
Camilo miró a Andrés.
—Acompáñala —pidió, y Andrés asintió enseguida.
Andrés entendía lo que su otro hermano estaba tramando.
—Ven, Rena —dijo, y la ayudó a levantarse tirando de ella con suavidad.
Renata dejó el celular sobre la mesa y siguió a Andrés, que ya le apretaba la mano con fuerza.
Camilo los siguió con la mirada. En cuanto se perdieron de vista, tomó el celular que ella había dejado.
Lo encendió y apareció la pantalla de contraseña.
Se quedó pensando un momento, tratando de recordar qué clave habría puesto Renata.
—¿Será su cumpleaños? —murmuró, y probó esa fecha.
Ting...
Camilo sonrió. Renata seguía usando la misma clave de hacía años.
Abrió la aplicación de mensajes. Estaba por tocar uno de los chats cuando entró un mensaje nuevo.
Al ver el nombre de Selena, frunció el ceño. Recordaba que Selena le había contado a la familia que Renata había bloqueado su número.
La curiosidad pudo más y abrió el chat de Selena.
Selena: No olvides borrar este mensaje, como siempre, Rena.
El mensaje nuevo lo dejó todavía más desconcertado.
—¿Qué quiere decir esto? —murmuró, y empezó a subir por la conversación.
Pero solo había mensajes de ese día. Los fue leyendo uno por uno, con los ojos muy abiertos.
Releyó los mensajes de Selena y las respuestas de Renata una y otra vez, por miedo a haber entendido mal.
Pero todo estaba claro. Reenvió toda la conversación a su propio número. Iba a averiguar qué estaba pasando.
Por esos mensajes, Camilo dedujo que Renata quería venir al país para ver a su familia, pero que Selena se lo prohibía.
Y lo más sospechoso: Selena le pedía que borrara los mensajes.
Por el último, intuyó que las dos se escribían siempre y que Selena siempre le pedía a Renata que borrara lo que le mandaba.
—O sea que Selena ha estado mintiendo todo este tiempo —murmuró, apretando los puños.
Camilo recordaba que Selena siempre se ponía triste porque Renata no le contestaba los mensajes. Y que con todos los demás pasaba lo mismo.
Por eso todos habían creído que Renata no quería contestarles a propósito.
—Maldita sea. Tengo que averiguar qué pasa aquí —masculló, furioso.
Estaba seguro de que Selena le había dicho a Renata alguna cosa para que se alejara de toda la familia.
Al ver que Andrés y Renata ya volvían hacia la mesa, guardó el celular de ella en su sitio.
La cara que hacía un momento era pura furia volvió a la normalidad. Miró a Renata con una sonrisa.
—¿Ya terminaste? —preguntó.
Renata sonrió.
—Sí... Pero, Cami, ya me voy al salón, que enseguida suena el timbre —dijo.
Camilo asintió.
—Sí, yo también tengo que ir a clase —dijo, y se levantó.
Renata miró el celular, que acababa de recoger de la mesa.
—Vamos... —dijo, y tomó de la mano a los dos.
Andrés y Camilo se dejaron llevar encantados.
Durante todo el camino, Andrés miró a Camilo para que le contara qué había pasado.
Camilo asintió y volvió la vista hacia Renata. Andrés lo entendió y se quedó callado, aunque se moría de curiosidad.