Una historia diferente, donde el amor y el sobrevivir van de la mano. 🥀
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ATRAPADOS POR EL DESTINO
"Solo los valientes asumen las consecuencias de sus propios actos”.
—¿No puedes dormir? —preguntó una voz suave detrás de mí. Me giré. Zarek estaba allí, con el cabello revuelto y sin camiseta, medio adormilado.
—No, no puedo —respondí con una sonrisa tenue—. Tenía mucha sed. No quise mencionar la visión. Mis hermanos sabían que era especial, pero no comprendían la dimensión real de mis capacidades.
—¿Seguro que es solo eso?… Creo que es otra cosa —Zarek sonrió de medio lado, avanzando hacia mí con esa expresión de hermano mayor que todo lo sospecha—. O mejor dicho… otra persona.
—¿Ajá? ¿Qué intentas insinuar?
—Nada —dijo, alzando una ceja—. Solo que me pareció ver a tu “amigo” muy cerca… tal vez demasiado cerca. Puede que sean ideas mías. Solo… no quiero que salgas lastimada.
Suspiró profundamente. —Eres mi hermana. Y aunque tengas poderes, siempre voy a protegerte. A ti y a los gemelos.
—No te preocupes. Nadie me lastimará. Y si lo hacen… sé que puedo enfrentarme a eso sola —tomé su mano con fuerza—. Soy fuerte y valiente.
Lo sé —admitió—. Pero, aun así, si ese chico te hace algo malo, me dices. ¿Sí? —bufó suavemente—. ¿Él es el otro chico con poderes?
—Oh… no. Él no. Mi compañero se llama Keiren. Y… bueno, no nos llevamos muy bien.
—Ah, pensé que era Erian. Mamá me contó que había otro igual a ti. — hizo una pequeña pausa— ¿Crees que podamos… no sé… recuperar el control del mundo alguna vez?
Su pregunta cayó entre nosotros como un recordatorio severo de mi misión.
—Creo que estaremos bien —dije, intentando sonar tranquila.
Ambos regresamos a nuestras habitaciones. Me recosté en la cama y respiré hondo. Tenía pocas horas para dormir, así que cerré los ojos obligándome a conciliar el sueño. Fue inútil. Durante la noche me desperté una y otra vez; sudaba, la piel se me pegaba a las sábanas y el aire parecía demasiado pesado para respirar.
Cuando la alarma sonó, ya tenía los ojos abiertos. Me rendí ante el cansancio acumulado y me levanté lentamente. Había escuchado a mi familia salir minutos antes: sus voces, sus pasos apresurados, el cierre automático de la puerta. Entré a la ducha, esperando que el agua fría me devolviera un poco de paz. Mientras me duchaba escuché ruidos en mi habitación, pero no les di importancia. Seguramente Axel estaba haciendo algún desastre. Él siempre se despertaba primero; cuando me levantaba, ya estaba escondido en su casita fingiendo que no había hecho nada.
Salí de la ducha con una toalla alrededor de mi cuerpo desnudo y otra enredada en mi cabello. Crucé la puerta… y me quedé paralizada. No podía creerlo. Keiren estaba ahí. En mi habitación. De pie, como si me hubiera estado esperando desde hacía horas. Me faltó el aire por un segundo. Él se giró en cuanto notó mi presencia y, al ver mi incomodidad, me dio la espalda de inmediato. Apreté la toalla con fuerza. Solo pensar en que pudiera caerse me llenó de pánico.
—¿Qué diablos haces aquí? —pregunté, incapaz de ocultar mi impaciencia.
Keiren ni siquiera se inmutó. —Vine porque VR15 quiere verte. Me envió a buscarte. Dice que tiene que decirnos algo importante.
—¿Mi mentor?… —mi voz salió más baja de lo que esperaba.
—Sí, él —resopló—. Y no era mi intención espiarte ni nada así, por si lo estás pensando. Solo… ponte ropa y vamos. Sus últimas palabras quedaron flotando en el aire, tensas, incómodas, casi culpables.
Yo seguía clavada en el mismo sitio, con el corazón acelerado, tratando de entender cómo demonios había entrado a mi casa sin activar el escáner… y por qué lo veía tan inquieto.
—No entiendo por qué no me buscó él directamente… y por qué entraste así… ¿cómo abriste la puerta? ¿Qué…?
—Ya cállate —bufó—. No dejas de hablar ni un solo segundo ¿Verdad? —Me quedé callada, así que me acerqué a mi clóset para sacar algo de ropa.
Me sentía nerviosa; tan solo pensar en que Keiren estaba en mi habitación hacía que mi corazón se acelerara sin control. Busqué algo cómodo: una blusa de manga corta y unos leggins ajustados. Tomé también mi ropa interior y regresé a la ducha para cambiarme con tranquilidad. Me puse todo rápidamente, peiné mi cabello y lo dejé suelto para que se secara. Salí de nuevo, tomé mi Dup y me miré por última vez en el espejo.
—Estoy lista… vamos. —Dejé para Axel su plato con comida y otro con agua. Keiren caminó detrás de mí sin decir nada. Me detuve frente a la puerta automática de la casa. Se suponía que, al igual que las ventanas, necesitaba un escáner para abrirse, únicamente de los integrantes de la familia, así que no comprendía cómo había logrado entrar.
—¿Cómo lograste entrar?
—Bueno, en realidad no fue muy difícil… Solo esperé un momento específico. Hay una hora exacta en la que el sistema de escáner deja de funcionar. Me puse frente a la puerta y se abrió.
—¿Cómo sabes que deja de funcionar a cierta hora? —pregunté con curiosidad mientras comenzábamos a caminar hacia el laboratorio, que no quedaba lejos.
—Porque yo lo descubrí —suspiró—. Cuando escapaba de casa y me iba a casa de Morty, algunas veces entraba sin problema y en otras se activaba esa alarma ruidosa. Así que me dediqué a buscar la falla y resultó que se trataba de la hora. Siempre se desactiva a las siete y siete de la mañana. Es extraño, pero así funciona.
—Vaya… —murmuré—. ¿Por qué escapabas de casa? ¿Y quién es Morty? ¿Hace cuánto descubriste eso?
—Son tres preguntas —resopló—. ¿Cuál quieres que te responda primero?
—No sé….
—Lo descubrí cuando aún era muy niño, creo que, tenía diez años. Y Morty era mi mejor amigo. Para mí era más como un abuelo, mi familia, aunque no de sangre.
—¿Era? —pregunté, sintiendo un nudo en el pecho.
—Sí. Murió hace un año. — Sus ojos se ensombrecieron con tristeza. Ya estábamos frente a la compuerta del laboratorio. Keiren la abrió y me dejó pasar primero.
Bajé las escaleras con rapidez; quería llegar ya al túnel para preguntarle el verdadero motivo de sus escapadas.
—¿Por qué escapabas de casa? —insistí.
Me miró serio, como si pensara la respuesta con cuidado. Luego, en un tono cortante, dijo: —Esa respuesta no te la daré.
Algo dentro de mí intentaba comprender aquel comportamiento: el de un niño rebelde que huía por capricho hacia casa de su amigo. Sin duda, Keiren había sido más libre que yo. Podía hacer cosas que jamás me atreví a intentar, ni siquiera a imaginar. Continuamos caminando hasta el laboratorio. El Bokly estaba ahí, de espaldas, sosteniendo algo entre sus manos metálicas.
—Buenos días, Ámbar —me saludó al girarse apenas sintió nuestra presencia.
—Hola, VR15 —respondí con una leve sonrisa. No pregunté ni cuestioné nada. Quería que él me explicara por qué estábamos allí, cuál era la urgencia.
—Chicos, es hora de que empiecen a entrenar sus poderes —dijo VR15 con tono firme—. Día y noche. Ya no podemos perder más tiempo. Creo que han asimilado muy bien su propósito, así que ahora es momento de actuar. Según sus padres, dejaron esta agenda. Aquí está el paso a paso de todo lo que debía hacerse desde el momento en que recibieron sus almas hasta el instante de la libertad
— Hizo una breve pausa. —Pero no todo sale como se planifica. Todo marchaba perfecto. Se suponía que tendríamos al menos un año para asimilar esto, para prepararnos y asegurar una victoria sin fallos —se sentó en el mueble marrón, apoyando los codos en las rodillas—. Sin embargo, hace unos meses noté que algo no iba bien. Eran nuevos experimentos, cometí un pequeño error y ahora… están a pocos meses de descubrirnos.
Mi pecho se apretó.
—Así que tienen menos de dos meses para perfeccionar por completo sus habilidades. Luego les daré las indicaciones para enfrentar al gran jefe.
—¿Eso es muy poco tiempo? —pregunté, intentando restarle peso a lo que acababa de decir. Siempre había creído que no necesitaba tanto para ser buena en algo.
—Es poquísimo —respondió VR15 con gravedad—. Si no logran dominar sus poderes en su totalidad, seremos derrotados. No habrá libertad para la humanidad. —El Bokly parecía consternado, cargando un peso que nosotros apenas comenzábamos a comprender.
—¿Qué error cometiste? —preguntó Keiren con voz seria.
VR15 bajó ligeramente la cabeza. —Yo… robé a Axel.
—¿Quién es Axel? ¿O qué es eso? —dijo Keiren, completamente confundido.
Yo, en cambio, sí comprendía. —Es un perro. Uno real. Y lo tengo yo —dije con un nudo en la garganta—. Nunca supe por qué corría peligro, solo lo recibí… y lo he cuidado todos los días.
—¿Por qué yo no sabía nada de esto? —me reclamó Keiren, mirándome de reojo. Esta mañana, cuando estuvo en mi habitación… había visto el plato con comida y el agua.
—Esta mañana… ¿no lo viste en mi cuarto? Dejé comida para él, su casita estaba ahí —comenté. Para mí ya era normal convivir con Axel. Pero para Keiren… un perro debía ser algo totalmente desconocido.
—No me di cuenta —respondió—. Pensé que la dejabas lista para ti. Además, la casita parecía decoración… y el perro no ladró ni hizo nada. —Sus ojos brillaban de asombro. Sus manos inquietas delataban emoción.
—Que mentira…
—No escuché nada, te lo juro —se apresuró a decir, casi defendiéndose.
VR15 intervino de nuevo: —Eso es lo de menos ahora. Axel hacía parte de un experimento tecnológico, al igual que otros animales.
Keiren y yo nos miramos, impactados.
—Eso significa que iba a ser usado hasta morir. Así que, antes de que lo hicieran, lo robé. Ahora lo están buscando. Saben que alguien muy cercano al gran jefe se lo llevó. Y cuando rastreen mi código como la llave que lo sacó de su cubículo… — Su voz se volvió más lenta. —Me van a reiniciar. Y cuando eso ocurra, ya no podré ayudarlos. Toda su información será revelada desde mi memoria. El silencio que cayó sobre nosotros fue tan pesado que dolía respirar.
―Dinos qué hacer. ¿Cómo empezamos con esto del entrenamiento? —pregunté con decisión. Estaba convencida de que podríamos lograrlo. Después de todo, habíamos sido diseñados para esto.
―Tenemos menos de diez minutos —respondió VR15—. Empecemos con algo simple, y después de las cinco nos volveremos a encontrar. ¿Entendido?
Keiren y yo nos miramos apenas un segundo. Tan rápido que ni siquiera alcancé a descifrar su expresión.
―Primero tú —señaló VR15 a Keiren—. Intenta calmar mis nervios. Necesito que mis cables y conexiones se estabilicen. Si fallan… podrían delatarme. Ayúdame a estar tranquilo.
Su tono no dejaba dudas: no solo estaba evaluando las habilidades de Keiren, también ponía las suyas propias a prueba.
―Yo… ¿cómo lo hago? —preguntó Keiren, confundido.
―Concéntrate. Tienes el poder, solo debes sentirlo. Visualízame tal cual te lo pido. Respira hondo, conéctate contigo mismo.
VR15 se acercó. Keiren lo observó fijamente, forzándose a seguir las instrucciones. Entonces algo cambió en el Bokly. Su postura se tensó, como si hubiera sentido un golpe emocional.
―No comprendo —murmuró VR15—. Siento algo extraño. No es calma… es inquietud. Siento ira… tristeza… miedo… —frunció el ceño—. Esto que siento… —respiró profundo— son celos.
Keiren apartó la mirada de inmediato. No entendía del todo lo que había ocurrido. De algún modo había provocado en VR15 algo totalmente distinto a lo que le pidió. ¿Eso era lo que realmente sentía Keiren? ¿O solo era un error por falta de control?
―Lo siento… ¿qué hago? —gruñó Keiren, alterado, dirigiéndose al Bokly, quien aún parecía procesar lo que había percibido.
―No lo sé… sigue intentando. Deja de lado tus emociones. No mezcles las cosas. Solo respira y proyecta lo que deseas que yo sienta —VR15 luego giró hacia mí—. Tú, Ámbar. Intenta visualizar si Keiren lo logrará. Busca el eco. Respira profundo. Concéntrate. Mira el futuro.
Tragué saliva. La tensión del ambiente me había descolocado por completo. Cerré los ojos e intenté ver una chispa, una imagen, algo. Pero… nada. Solo oscuridad.
―Keiren —dijo entonces VR15—, ¿puedes decirme quién es Erian?
Me quedé paralizada. ¿Cómo sabía su nombre? ¿Y qué tenía que ver con Keiren?
―Es… un compañero de trabajo —respondió Keiren, tenso—. Pero no tengo ningún tipo de conexión con él.
―No… entiendo —murmuré.
―Es cierto, tú no tienes conexión con él —dijo VR15—, pero Ámbar sí.
Mi corazón dio un vuelco. Keiren bajó la cabeza, resignado, y fue a sentarse en el sofá marrón. Se cubrió el rostro con ambas manos.
― ¿Qué tiene que ver Erian en todo esto? —pregunté, impaciente.