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La Joven Amante Del Lycano

La Joven Amante Del Lycano

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Hombre lobo / Mundo de fantasía
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

La Joven Amante del Lycano

Clara solo tenía dieciocho años cuando conoció al hombre que cambiaría su destino.

Sebastián era siete años mayor, atractivo, elegante y dueño de un encanto imposible de ignorar. Todo en él parecía perfecto: su sonrisa, sus atenciones y la forma en que la hacía sentir la única mujer del mundo.

Lo que Clara no sabía era que, desde el primer día, él le ocultaba el secreto más importante de su vida.

Mientras ella se enamora perdidamente, Sebastián observa, calcula y nunca deja nada al azar. Para él, perder a Clara no es una opción. Y cuando descubre cuál es la única cosa capaz de alejarla para siempre, decide adelantarse a su destino... aunque tenga que atarla a él de la forma más irreversible.

Pero Sebastián no es un hombre cualquiera.

Es un lycano.

Y cuando un lycano decide que alguien le pertenece, no acepta un "no" como respuesta.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La apuesta

Sebastián había pasado la noche en vela, no por insomnio, sino por pura, destilada anticipación.

Definitivamente, había convertido a Clara en su amante regular. Era hermosa, joven, lo amaba con una desesperación que rozaba lo religioso y cumplía hasta el más mínimo de sus caprichos íntimos. Era obediente. Sensata.

Pero Sebastián necesitaba subir la apuesta. Hacerlo más emocionante.

Había tenido amantes de todo tipo: secretarias, asistentes, hijas de sus socios, esposas de sus amigos, hermanas, primas. Había probado todos los sabores de la transgresión. Pero, ¿tener por amante a su propia estudiante? Eso era nuevo. La sola idea lo tenía impaciente, casi eléctrico.

Además, era práctico. Como profesor, tendría horarios regulares en la universidad. No sería extraño que lo vieran hablando con ella o con otros estudiantes. Sería la coartada perfecta para pasar más noches en esa habitación insonorizada bajo la escalera. La intimidad en el campus, con el riesgo latente de ser descubierto, había sido de lo más emocionante que había hecho en años. Incluso más que sus relaciones prohibidas con mujeres casadas.

Pero ese no era el único motivo.

Cuando había ido a visitar a Clara, había visto los pasillos. Cientos de muchachas. Diferentes edades, hermosas, con miradas inquietantes, hambrientas de atención. Él ya lo había dicho: *este mundo está lleno de mujeres hermosas. ¿Por qué limitarme a una?*

La universidad se convertiría en su nuevo coto de cacería.

Y, al mismo tiempo, sería la prueba definitiva para Clara.

Ella tendría que descubrir sus amoríos con otras estudiantes. Tendría que ver cómo las seducía, cómo se las llevaba a la cama, y tendría que soportarlo todo obedientemente. Tendría que sonreír, agachar la cabeza y esforzarse el doble por mantener su atención.

Ahí, soportando la humillación en silencio por miedo a perderlo, la amante perfecta recibiría su diploma. Y solo entonces, Sebastián pensaría en el siguiente paso con ella.

Sonrió en la oscuridad de su suite.

*Clara, mi pequeña Clara. Sé que no me decepcionarás.*

---

Cuando la clase terminó, el murmullo de los estudiantes llenó el auditorio. Sebastián guardó sus notas y tomó el micrófono.

—Antes de que se vayan, necesito un delegado de curso. Así que voten ustedes qué estudiante será.

El alboroto fue inmediato. Muchas muchachas levantaron la mano o empujaron a sus amigas. Querían el puesto. Querían más tiempo con el profesor Blackwood.

La única que no mostraba mucho entusiasmo era Clara. Estaba confundida. Él no le había comentado nada en los últimos días. O quizá... frunció el ceño, recordando una noche en la que él, acariciándole el cabello, le había mencionado que deseaba dar clases, que era un sueño que quería cumplir. Quizás se lo dijo, pero ella, embobada mirando sus labios o perdiéndose en sus ojos, no le había prestado atención.

*Qué tonta he sido*, se reprochó.

—Muy bien —resonó la voz de Sebastián—. Sara será la delegada de esta materia.

Clara la miró.

Sara era realmente bonita. Cabello castaño, ojos marrones, piel blanca. Y tenía una mirada seductora, de esas que saben exactamente lo que quieren.

Algo se oprimió en el pecho de Clara. Un pinchazo frío.

*¿Despertaría el interés de Sebastián? ¿La dejaría por ella?*

Clara sacudió la cabeza, tratando de apartar esos pensamientos. Lo que ella tenía con Sebastián era verdadero. Era único. Era amor. Y el amor verdadero no podía ser arrebatado por cualquiera, se dijo, aferrándose a su propia ingenuidad como a un salvavidas.

Tomó sus cosas y salió al pasillo.

---

Avanzaba entre la multitud cuando lo vio.

Sebastián estaba de pie junto a la puerta de la oficina que le habían asignado. Un letrero dorado decía: *Administración de Empresas*.

Él la miró. Le sonrió y, con un movimiento casi imperceptible de los ojos, le indicó que entrara.

Clara sintió que el corazón le daba un vuelco. Se deslizó dentro de la oficina.

Sebastián cerró la puerta.

Y pasó el pestillo.

No pudo contenerse. Se acercó a ella y empezó a acariciar su rostro con ambas manos, como si fuera la pieza de porcelana más valiosa del mundo.

—Clara, Clara... —susurró, con la voz ronca—. ¿A qué ha venido mi hermosa estudiante?

Clara le sonrió, apoyando la mejilla contra su palma.

—Sebastián... no me dijiste que ibas a ser profesor en mi facultad.

Él la miró con una ternura que parecía absolutamente genuina.

—Fue una decisión de última hora. Y motivada por ti, Clara. Quería pasar más tiempo contigo. No te he dedicado el tiempo que mereces las últimas dos semanas por estar pensando en el trabajo, así que esta será la excusa perfecta para poder ausentarme de la oficina y estar cerca de ti.

Hizo una pausa, bajando la voz.

—¿Por qué? ¿No te gusta mi idea?

Clara sintió que el corazón se le derretía, convirtiéndose en un charco de pura devoción. Él, un hombre tan ocupado, el heredero de un imperio, había decidido usar sus tiempos libres, los momentos que puede dedicar a otras actividades, para ser maestro... solo por estar junto a ella.

Lo único que pudo hacer fue saltar a sus brazos.

Lo besó con desesperación.

—Te amo, Sebastián. Te amo, te amo, te amo. ¿Sabes cuánto te amo?

Sebastián la abrazó, apretándola contra su pecho. Sobre el hombro de ella, mirando a la pared vacía, una sonrisa de triunfo curvó sus labios.

—Clara... claro que lo sé.

*Sé exactamente cuánto me amas, Clara. Claro que lo sé.*

Le devolvió el beso. Simple. Básico. Dueño absoluto de la situación.

Y le dijo muy quedo al oído:

—Iré a visitarte hoy en la noche. Ya sabes qué lencería me gusta, ¿verdad?

Clara lo miró, ruborizándose hasta las orejas.

—La negra... de encajes.

Él le sonrió, pellizcándole suavemente la barbilla.

—Esa es mi chica.

---

Clara salió de la oficina con las mejillas encendidas, confundida pero más enamorada que nunca. Él había decidido ser maestro por ella. No por nadie más.

Diez minutos después, alguien tocó la puerta de la oficina.

—Pase —dijo Sebastián perezosamente, sentándose detrás del escritorio.

La puerta se abrió y entraba la delegada de la clase.

—Profesor... traigo la información y la lista de los alumnos.

Sebastián levantó la vista. Y usando esa mirada lenta, pesada, con la que había desarmado a cientos de mujeres, le dedicó una sonrisa cautivadora.

—Excelente. ¿Cuál era tu nombre?

La muchacha se ruborizó de inmediato. Sara no era una primeriza en el amor; ya había tenido experiencias previas, sabía cómo moverse, cómo mirar. Pero este hombre... este hombre tenía algo que le movía el piso bajo los pies.

—Sara Connor, señor —dijo, con una timidez estudiada.

—Sara Connor. Mucho gusto. Así que tú eres la delegada de mi curso. Espero que estés preparada para que te cite en momentos... no apropiados. Entenderás que tengo empresas y un horario ajustado, así que en algún momento te mandaré a buscar para que recojas el material en mi empresa, o en un café, o en un restaurante de lujo. Espero que no te moleste.

Sara lo miró. Confundida, pero con el corazón acelerado.

¿Ir a recoger un trabajo a un restaurante de lujo? ¿Con *este* hombre?

Ella ya se estaba haciendo un mundo en la mente. Y Sebastián lo notó.

*Ya picó el anzuelo*, pensó él, con frialdad quirúrgica. *Estas muchachitas interesadas las huelo a kilómetros. Esta se cree lo suficientemente astuta para poder rivalizar con cualquier hombre y conseguir un benefactor. Lástima, te encontraste con alguien que sabe perfectamente cómo revertir tu juego, muchacha. Esperaremos a ver qué más haces.*

Sara dio un paso adelante. Apoyó las manos en el escritorio, inclinándose apenas lo suficiente para que el escote de su blusa hiciera su trabajo.

—Profesor, yo considero que debemos llevar una buena relación alumno-profesor. ¿Está usted de acuerdo?

*Ahí viene*, pensó Sebastián.

Él la miró, fingiendo inocencia.

—¿Alumno-profesor? ¿A qué se refiere, señorita Sara?

Ella, con una mirada coqueta, mordió ligeramente su labio inferior.

—Profesor... ¿tiene algo que hacer usted hoy a las ocho de la noche?

---

Mientras tanto, en la habitación bajo la escalera, Clara soñaba despierta.

Acariciaba el lobo de plata en su cuello.

*Sebastián, Sebastián. Eres mi príncipe azul.*

Su celular vibró sobre el escritorio.

*"Clara, iré a visitarte en la madrugada. Espérame. Tengo una reunión de última hora. Pero no te preocupes, no incumpliré lo que te prometí."*

Clara sonrió, sintiendo una punzada de adoración por lo trabajador que era.

Tecleó su respuesta.

*"Claro, bebé. Yo siempre te esperaré."*

Dejó el teléfono sobre la mesa.

Se levantó, abrió su cajón y sacó el conjunto de lencería negra de encajes. Lo dejó preparado sobre la cama, alisando la tela con los dedos.

Después, se sentó frente a su caballete, a dibujar, feliz, esperando la madrugada.

Sin saber que a las ocho de la noche, en la suite más cara del hotel de la ciudad, Sebastián estaría brindando con Sara Connor.

Sin saber que la "reunión" era ella.

Sin saber que la prueba final de su amor perfecto acababa de empezar.

1
yolanni
👏
EspirituCreativo
> 😂😂 María, ¡espere, espere! ¡No la despierte todavía!
Clara lleva 57 capítulos intentando descubrir dónde diablos está, y ahora resulta que está enamorada del licántropo que la secuestró. 😭

Pero le prometo algo: Sebastián todavía no ha mostrado todo lo que esconde. 👀

Y después de este comentario… me parece que usted va a querer matarme cuando lleguemos a los próximos capítulos. 😂🐺

Gracias por leer y por preocuparse tanto por Clara ❤️.
maria orellana
por Dios, despierta niña, hulle lejos de ese hombrecito que no vale nada
maria orellana
pero creo que está casado o no,,, que pena con clara ojalá pronto se de de cuenta pobre chiquita ojalá el se enamoré y sufra
maria orellana
desgraciado
Guillermo Vasquez Areque
emfermooo
Guillermo Vasquez Areque
hay no que le den su merecido a ese sinverguenza
EspirituCreativo: 🤭 Te apoyo
total 1 replies
EspirituCreativo
Bueno por eso una no debe ser tan confiada... Lo malo tambien viene en empaque de lujo
Maricruz Felix
Esta interesante
Maricruz Felix
Que malo se va aprovechar de la pobre muchacha
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