Pensé que lo más difícil ya había pasado. Luego encontré la firma de Kael en el documento que cambió todo. Ahora tengo que decidir si el amor que construimos puede sobrevivir conocer exactamente qué clase de hombre era antes de que yo llegara.
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Los documentos PARTE 1
Los cuadernos de Elara eran exactamente lo que parecían — décadas de trabajo de alguien que copió documentos porque era su trabajo y luego siguió copiando porque era su forma de entender el mundo.
La letra era pequeña y completamente legible, con la calidad específica de quien ha pasado miles de horas escribiendo y ya no necesita pensar en la formación de cada letra porque el cuerpo lo hace solo.
Cada entrada tenía fecha. Cada fecha tenía contexto — una línea o dos describiendo el documento original, de dónde venía, quién lo había firmado, qué significaba en el sistema administrativo del Ducado.
Kael tomó el primer cuaderno con los movimientos que Ren reconocía como los de su procesamiento más profundo — sin apresuramiento, sin la eficiencia de los documentos rutinarios. Con la atención que reservaba para las cosas que importaban de una forma que todavía no había medido completamente.
Ren tomó el segundo.
El salón de Elara estuvo en silencio durante varios minutos mientras los dos leían.
Sophia y Nitan esperaban junto a la puerta con la paciencia específica de las personas que entienden cuándo su presencia debe ser invisible.
Desde la cocina llegaba el sonido del agua hirviendo y el movimiento de Elara preparando el té prometido con una lentitud que sugería que estaba dándoles tiempo deliberadamente.
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Los primeros cuatro cuadernos contenían exactamente lo que Devan había identificado como el período incompleto — registros de administración del Ducado de los dieciséis años en que Elara trabajó ahí. Validaciones de acuerdos territoriales. Registros de impuestos. Correspondencia entre el Ducado y el palacio imperial sobre asuntos de administración rutinaria.
Nada que pareciera urgente en sí mismo.
Pero completo.
El tipo de completitud que un auditor como Lord Pellier podría usar para verificar que los acuerdos actuales del Ducado tenían continuidad legal con los acuerdos anteriores — o para cuestionarla si encontraba inconsistencias.
«Esto resuelve el problema de la auditoría», pensó Ren, pasando páginas con cuidado. «Si Elara nos permite usar estas copias, tenemos la documentación que cubre el período incompleto.»
Miró a Kael.
Kael estaba en el cuarto cuaderno con una concentración que Ren no podía leer completamente desde el exterior.
—¿Hay algo? —dijo Ren.
—Hay mucho —dijo Kael—. Nada inesperado todavía.
El todavía tenía un peso específico.
Ren lo registró.
Tomó el quinto cuaderno.
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El quinto cuaderno era diferente.
No en la letra — la misma letra pequeña y legible de Elara. No en el formato — las mismas fechas y contextos.
Diferente en el contenido.
Este no era registros administrativos del Ducado.
Era algo que Elara había copiado de una fuente completamente distinta.
En la primera página, Elara había escrito:
Copiado del Archivo Sellado del Templo del Norte, Sección de Profecías Históricas, Documento 14-B. El original fue retirado de circulación por orden imperial en el año 28 del reinado del Emperador Aldric Voss. Esta copia fue realizada tres días antes del retiro, cuando tuve acceso temporal al archivo durante la visita de supervisión administrativa. No debí haberlo copiado. Lo copié de todas formas porque algunas cosas no deben desaparecer aunque alguien decida que deben desaparecer.
Ren leyó eso dos veces.
«El texto original de la profecía», pensó. «No la versión que circulaba en el palacio. No la versión que el Templo del Norte publicó antes de que Julius la validara. El original. El que el Emperador retiró de circulación hace años.»
—Kael —dijo Ren.
Kael levantó los ojos.
Ren le extendió el cuaderno, señalando la primera página.
Kael lo leyó.
Su expresión hizo algo que Ren no había visto antes en él — no el ajuste de siempre, no la grieta ni la fractura. Algo más anterior. El movimiento de alguien que ve algo que cambia el tamaño de lo que creía estar mirando.
—¿Cuántos años lleva esto aquí? —dijo Kael, en voz baja.
—Desde que Elara lo copió —dijo Ren—. Antes de que el Emperador lo retirara de circulación.
Kael la miró.
—Julius validó la versión del Templo del Norte —dijo Kael—. El documento que circuló públicamente. —Una pausa—. ¿Es la misma versión?
—No lo sé todavía —dijo Ren—. Acabo de llegar a esta página.
Kael asintió.
Y los dos, en el silencio del salón de Elara mientras el agua del té hervía en la cocina, empezaron a leer lo que el Emperador había decidido que no debía existir.