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La Dama Doctora

La Dama Doctora

Status: En proceso
Genre:Época / Reencarnación / Edad media
Popularitas:34k
Nilai: 5
nombre de autor: Juna C

Una brillante Doctora reencarna en el cuerpo de una delicada aristócrata. Para evitar un matrimonio forzado y seguir su pasión, decide estudiar medicina, desatando el escándalo.
Su padre la envía a prueba al Hospital Central bajo las órdenes del doctor más estricto del imperio. Él cree que es una noble caprichosa y la manda al peor pabellón para que renuncie.
Pero ella no le teme a la sangre, domina técnicas del futuro y está lista para demostrar que nadie maneja el bisturí mejor que ella.

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Capítulo 15

Elara llegó a la entrada del hospital una hora después, justo como habían acordado.

Había tenido tiempo de sobra para arreglarse. No mucho, pero suficiente para dejar atrás el cansancio del día y transformarse en alguien que ni siquiera ella misma reconocía del todo.

Se había puesto un vestido sencillo pero bonito, de un tono azul suave que recordaba al cielo al atardecer. La tela caía con fluidez sobre su figura, sin demasiados adornos ni bordados, solo un pequeño lazo en la cintura que realzaba su silueta con delicadeza. No era ostentoso, no era el tipo de vestido que una noble usaría para un baile importante, pero era perfecto para una noche de festival.

Se había recogido el cabello en un moño bajo, dejando caer algunos rizos sueltos que enmarcaban su rostro. Los pequeños detalles —unos aretes discretos, un toque de color en sus mejillas— hacían que su belleza natural destacara sin necesidad de artificios.

Cuando se miró al espejo antes de salir, no pudo evitar sonreír.

No era la Isabel de su vida anterior. Ya no llevaba batas blancas ni el cabello recogido con prisas. Era Elara Crowe, una joven que comenzaba a sentirse dueña de su propia vida.

Y esa noche, iba a disfrutarlo.

Emilian la esperaba apoyado contra la pared de piedra, con los brazos cruzados y el cabello negro aún ligeramente despeinado. Vestía ropa más informal que la bata blanca del hospital: una camisa oscura y pantalones negros, sin chaqueta, sin corbata. Parecía más joven, más accesible.

Pero cuando sus ojos se posaron sobre ella, su cuerpo se tensó por completo.

Elara se detuvo frente a él con una sonrisa tímida.

—¿Espero que no haya llegado tarde, profesor?

Emilian no respondió de inmediato. Sus ojos recorrieron su rostro, el moño bajo que dejaba caer algunos rizos sobre sus mejillas, el vestido azul que se movía con cada paso, la forma en que la luz de las antorchas bailaba en sus ojos avellana.

—No —dijo finalmente, y su voz sonó más ronca de lo que pretendía—. Llegaste justo a tiempo.

Se aclaró la garganta y se enderezó, como si necesitara recuperar el control de sí mismo.

—Estás... diferente.

Elara sonrió.

—¿Diferente buena o diferente mala?

Emilian la miró a los ojos, y por un instante, la seriedad que siempre llevaba consigo se desvaneció.

—Buena. Muy buena.

Ella sintió un calor agradable extenderse por su pecho.

—Bueno, no podía ir al festival con el mismo vestido que usé para operar. Eso habría sido poco higiénico.

Emilian soltó una risa baja, y el sonido fue tan inesperado que Elara sintió que aquella noche ya valía la pena.

—Vamos —dijo él, ofreciéndole el brazo—. No quiero que te pierdas nada.

Elara tomó su brazo con naturalidad, y juntos comenzaron a caminar hacia la plaza central.

El camino estaba lleno de gente que se dirigía al festival. Familias con niños, parejas tomadas de la mano, grupos de jóvenes riendo y empujándose. Las calles estaban decoradas con guirnaldas de flores y farolillos de papel que iluminaban el camino con destellos cálidos.

Elara observaba todo con los ojos brillantes. Era tan diferente a lo que conocía. No había luces eléctricas, ni música grabada, ni pantallas gigantes. Solo antorchas, velas, el sonido de violines y la risa de la gente.

—Es hermoso —murmuró.

Emilian la miró de reojo.

—¿Nunca habías ido a un festival?

Ella negó con la cabeza.

—No. En mi... en mi vida anterior, nunca tuve tiempo para estas cosas.

Emilian frunció el ceño.

—¿Tu vida anterior?

Elara se tensó por un instante. Había hablado sin pensar.

—Quiero decir —se corrigió rápidamente—, antes de venir a la capital. Siempre estaba demasiado ocupada estudiando.

Él la observó unos segundos, pero no indagó más.

—Entonces disfrútalo —dijo—. Es uno de los pocos días en los que el hospital cierra temprano.

—Y usted siempre viene solo —dijo Elara, recordando sus palabras anteriores.

Emilian desvió la mirada.

—Sí. Aunque, hace muchos años no venia, pero es mi primera vez acompañado.

Elara sintió algo cálido en el pecho.

—Bueno, ahora tiene a alguien.

Él la miró, y por un instante, la expresión fría y seria que siempre llevaba consigo se suavizó.

—Sí. Ahora tengo a alguien.

Llegaron a la plaza central y el espectáculo los envolvió por completo.

Había puestos de comida por todas partes. El aroma a pan recién horneado, carne asada y dulces de frutas llenaba el aire. Los músicos tocaban violines y laúdes en una tarima de madera, y la gente bailaba alrededor de una gran hoguera encendida en el centro de la plaza.

—Ven —dijo Emilian, tomándola suavemente del brazo—. Hay algo que quiero mostrarte.

La guió hasta uno de los puestos, donde un anciano vendía pequeños pasteles cubiertos de azúcar glas.

—Prueba esto —dijo Emilian, comprando dos y ofreciéndole uno.

Elara lo tomó con curiosidad. Dio un mordisco y sus ojos se abrieron de par en par.

—Esto es... increíble.

Emilian sonrió, una sonrisa genuina que Elara no le había visto antes.

—Son pasteles de miel. Los hacen solo en este festival.

—Debería traer una docena al hospital —dijo Elara, mordiendo otro trozo—. Los pacientes se recuperarían solo con olerlos.

Él soltó una risa baja.

—No creo que el doctor Hawthorne apruebe que sus pacientes coman dulces.

—Pues el doctor Hawthorne debería ser más flexible —respondió ella, levantando una ceja—. Una vida sin dulces no es vida.

Emilian la miró con una mezcla de sorpresa y diversión.

—¿Acabas de darme una lección de vida?

—Sí. Y es gratis. La próxima vez cobro.

Él rió de nuevo, y Elara sintió que aquel sonido era lo más bonito que había escuchado en todo el día.

Caminaron entre los puestos, probando diferentes comidas. Emilian le compró unas frutas confitadas, un poco de queso asado y una bebida caliente con especias que Elara no reconoció pero que le encantó. Mientras ella probaba cada cosa con entusiasmo, él la observaba con una expresión que no lograba ocultar del todo.

—¿Qué? —preguntó ella, notando su mirada.

—Nada —dijo él, apartando la vista rápidamente—. Solo... me gusta verte disfrutar.

Elara sintió cómo el calor subía a sus mejillas.

—No estoy acostumbrada a que alguien me mire así.

—¿Así cómo?

—Como si valiera la pena mirarme.

Emilian no respondió de inmediato. Pero cuando lo hizo, su voz era más suave que nunca.

—Porque sí vales la pena.

El silencio que siguió fue cómodo, lleno de algo que ninguno de los dos se atrevía a nombrar.

De repente, la música cambió a una melodía más rápida y alegre. La gente comenzó a formar círculos alrededor de la hoguera, tomándose de las manos y bailando en ronda.

—¿Bailas? —preguntó Elara, con una sonrisa traviesa.

Emilian la miró con escepticismo.

—No sé bailar.

—Pues aprende —dijo ella, tomándolo de la mano sin esperar su respuesta—. Vamos.

—Elara, yo...

—No me digas que el gran doctor Hawthorne le tiene miedo a un baile.

Él la miró, y por un instante su expresión fue de pura incredulidad. Luego, lentamente, una sonrisa apareció en sus labios.

—No le tengo miedo. Solo... no quiero pisarte los pies.

—Pues no me pises —dijo ella, riendo—. Sigue mi ritmo.

Y antes de que pudiera protestar, lo arrastró al círculo de bailarines.

La música era rápida, alegre, y la gente se movía con energía. Elara siguió el ritmo con naturalidad, moviendo los pies con soltura y riendo cada vez que Emilian tropezaba con sus propios pasos.

—¡No es tan difícil! —gritó ella por encima de la música.

—¡Para ti! —respondió él, casi chocando con una pareja que bailaba a su lado.

Pero poco a poco, fue relajándose. Sus movimientos se volvieron más fluidos, y aunque no era el mejor bailarín, su sonrisa se hizo más amplia cada vez que Elara lo miraba.

Cuando la canción terminó, ambos estaban sin aliento y sonriendo como niños.

—No fue tan terrible —dijo Elara, soltándole la mano.

Emilian negó con la cabeza.

—Fue... divertido. No esperaba que lo fuera.

—¿Ves? —dijo ella, con una sonrisa—. A veces hay que dejar de lado el trabajo y vivir un poco.

Él la miró a los ojos, y la luz de la hoguera bailó en su mirada.

—Contigo, parece más fácil.

Elara sintió que el corazón le daba un vuelco. Aquellas palabras, dichas con esa voz tan suave, eran más peligrosas que cualquier herida que hubiera tratado en el hospital.

—Profesor... —comenzó.

—Emilian —la corrigió él—. Esta noche, solo Emilian.

Ella tragó saliva.

—Emilian... ¿por qué haces esto?

—¿El qué?

—Invitar a alguien como yo. A una persona que apenas conoces. A una aprendiz que debería estar en el hospital y no en un festival.

Emilian guardó silencio durante un momento. Luego, dio un paso más cerca.

—Porque desde que llegaste, todo ha cambiado. Y no puedo explicar por qué.

Elara lo miró, sintiendo cómo el aire se volvía más pesado entre ellos.

—Eso no tiene sentido.

—No —admitió él—. Pero tampoco lo tiene que tengas el conocimiento de un médico experimentado sin haber pisado una academia. Ni que hayas salvado a un hombre con una herida que yo consideraba imposible. Ni que estés aquí, en este festival, riendo conmigo como si hubiéramos hecho esto toda la vida.

Elara no supo qué responder.

Porque tenía razón.

Todo aquello era extraño. Imposible, incluso.

Y sin embargo, allí estaban.

—Emilian... —susurró.

—No tienes que decir nada —dijo él, alzando una mano para apartar un mechón de cabello que había escapado de su moño—. Solo quería que lo supieras.

El contacto fue breve, apenas un roce. Pero Elara sintió que su piel ardía donde sus dedos la habían tocado.

—¿Y ahora qué? —preguntó ella, en voz baja.

Emilian sonrió.

—Ahora... hay un puesto de tiro al blanco que vi más allá. Y tengo la intención de ganarte.

Elara parpadeó, y luego soltó una risa.

—¿Ahora resulta que eres competitivo?

—Solo cuando tengo una buena razón para serlo.

Y antes de que ella pudiera responder, la tomó de la mano y la guió hacia el puesto de juegos.

Elara lo siguió, riendo, sintiendo que aquella noche era un sueño del que no quería despertar.

Pasaron las horas entre risas, juegos y conversaciones. Emilian le ganó en el tiro al blanco, pero ella le ganó en un juego de anillas. Él le compró un pequeño colgante de madera tallada con forma de hoja, y ella le regaló un pañuelo bordado que encontró en un puesto, diciendo que combinaba con sus ojos.

—No sé si eso es un cumplido o un insulto —dijo él, observando el pañuelo.

—Es un cumplido —respondió ella—. Tus ojos son bonitos.

Emilian se quedó callado un segundo.

—¿Acabas de decir que mis ojos son bonitos?

—Sí. ¿Y qué?

—Nada —dijo él, guardando el pañuelo con cuidado en su bolsillo—. Solo que es la primera vez que alguien me lo dice.

Elara sonrió.

—Pues deberían decírtelo más seguido.

Cuando la noche comenzó a oscurecer y las antorchas empezaron a consumirse, Emilian la acompañó de vuelta al hospital. El camino estaba más tranquilo ahora, con menos gente y un silencio cómodo que los envolvía.

—Gracias —dijo Elara cuando llegaron a la entrada—. Por esta noche. Fue... perfecta.

Emilian la miró, y en sus ojos había algo que ella no lograba descifrar.

—Gracias a ti —respondió—. Por aceptar venir. Por hacerme recordar que hay cosas más allá del hospital.

Elara sonrió, y por un momento, ninguno de los dos dijo nada.

—Buenas noches, Elara —dijo finalmente él.

—Buenas noches, Emilian.

Él esperó a que ella entrara, y solo cuando la puerta se cerró detrás de ella, se permitió soltar el aire que había estado conteniendo.

Y mientras caminaba de vuelta a su habitación, supo que aquella noche había cambiado algo en él.

Algo que no sabía si podría controlar.

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Sara Manzanilla
Maravillosa. me encanta la historia de una mujer fuerte, que se abre su propio camino.
Akame Gk
Tanto drama para decir la verdad 🙄
Ana Parra
ya Elara no le des tantas vueltas al asunto y dile todo a Emilian
Ana Parra
así es Elara, cuentas claras conservan amistades.
Viviana Maldonado
creo q debería hablar con emilian
Mitsuki G
Sigo sin entender ya que me acuerdo que solo los necesarios lo sabían y este Emilian al principio la subestimó por ser noble o me equivoco pero por lo menos no se dejó chantajear y a ver si con eso Kael se rinden
Mitsuki G
Por lo menos están curando a las personas y pueden ver más vidas a salvos aunque Emilian contó lo que pasó en esa guerra no entendí como se iría habrá sido el mismo ataque pero el vivió y su amada murió?
Mitsuki G
Pero el sabe que es una noble al inicio lo digiero aunque no de que familia pero lo era por la ropa que usaba y que subestimó verdad? pero debería ser sincera con el y más si quiere que su madre lo acepte y no vea el interés por ser nobles de mejor estatus
Ana Parra: cierto, no 🤷‍♀️ el miedo de Elara en contarle a Emiliano todo sobre su vida, que es una resucita, que era medico en un mundo mucho mas avanzado y que en este en una noble de cuna.
total 1 replies
Mitsuki G
Si tendrá que ser sincera con el más adelante más que ya reviso esa información que al verla debió dejarla no revisar toda por lo menos Emilia dió un paso con ella a ver qué pasa con su venta que su madre está negociando
Mitsuki G
Por lo menos fue sincera con Kael sobre que no tiene los mismos sentimientos para no ilusionarlo de nuevo pero ahora su madre no entendió que ella escoja quiere otra vez que sea una muñeca decorativo a ver si logra evitarlo
Estrella Reyes Reyes
que paso autora,ella,no esta en su casa,vive en el hospital,o fue a visitar a su familia?no me quedo claro
Magnolia
cómo se lanzan miradas asesinas por debajo de la mesa????🤔🤔🤔
que alguien me explique 🤔🤔🤔
Ana Parra
Elara, como de lo único que estas bien clara y segura es que no sientes y no quieres nada con Kael, tienes que decirle con toda honestidad y sinceridad que no insista porque no hay nada que te haga quererlo y desearlo como hombre .
Elizabeth Yepez
la próxima vez se dan un beso
Elizabeth Yepez
simplemente está celoso
Ana Parra
Elara debería confiar en Emiliam y contarle que ella tubo otra vida donde era medico y que murió por posponer su salud ante s7 vocación de servicio
Elizabeth Yepez
elara viene de un mundo moderno actualizado
Mitsuki G
Se notan los celos de Emilian por lo menos se disculpo por ese momento pero también confesó que ese que tiene no le importa que pase va muy bien la verdad
Mitsuki G
Tengo una duda no se supone que tiene su dormitorio cerca del consultorio y como está su madre o solo fue a verla pero se nota que su hermano si sabe y los celos se huelen
Mitsuki G
Si como dije son un buen equipo y ambos ya están reconociendo que algo está empezando a crecer ahí y dejará que todo sea natural
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