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El Umbral De Las Almas

El Umbral De Las Almas

Status: En proceso
Genre:Romance / Reencuentro / Mundo de fantasía
Popularitas:427
Nilai: 5
nombre de autor: Alicegxoxo

Hay una razón por la que el Emperador Celestial jamás tomó una emperatriz.
No fue porque no pudiera amar.
Fue porque la perdió.
Treinta mil años después...
ella despierta sin recordar quién es.
Y él está dispuesto a poner de rodillas a los siete reinos para conseguir que vuelva a mirarlo como antes.
El problema es que ella ya eligió al hombre equivocado.

NovelToon tiene autorización de Alicegxoxo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15 : Lo que el cuerpo recuerda

No vuelvo a verlo.

Y me molesta más de lo que debería.

No porque espere encontrarlo.

Claro que no.

Simplemente...

resulta irritante besar a alguien y descubrir que, al día siguiente, parece haber desaparecido del universo.

Cruzo los brazos mientras camino por el jardín principal.

—Cobarde.

—¿Perdón?

Levanto la cabeza.

Gabriel me observa con una expresión confundida.

—Nada.

—Juraría que acabas de insultar a alguien.

—No puedes demostrarlo.

Él arquea una ceja.

—Empiezo a preocuparme.

—¿Por qué?

—Porque cuando sonríes así, normalmente alguien termina metido en problemas.

—Qué poca fe me tienes.

—La experiencia habla por mí.

Resoplo.

Sigo caminando.

Sin darme cuenta, mis ojos recorren cada sendero.

Cada árbol.

Cada rincón.

Buscándolo.

Cuando descubro lo que estoy haciendo, aparto la vista inmediatamente.

—Ridícula...

Gabriel me mira de reojo.

—¿Ahora te insultas a ti misma?

—Estoy teniendo una conversación privada.

—Bastante ruidosa.

Le saco la lengua.

Él ríe.

Pero yo ya no consigo hacerlo.

---

Esa noche me duermo más tarde de lo habitual.

No dejo de pensar en aquella última conversación.

"Llevo treinta mil años aprendiendo a vivir sin tocarte."

¿Quién dice algo así?

¿Y por qué cada vez que intento olvidarlo...

lo recuerdo con más claridad?

Cierro los ojos.

El sueño me vence poco a poco.

Y entonces...

vuelvo a aquel jardín.

No es el Jardín Sagrado.

Lo sé sin saber cómo.

El cielo tiene un color dorado.

Las flores llegan hasta mis rodillas.

El viento huele a lluvia.

Escucho unos pasos detrás de mí.

No me asusto.

Al contrario.

Sonrío antes incluso de girarme.

Como si hubiera esperado a esa persona toda la vida.

—Siempre consigues encontrarme.

La voz masculina me hace reír.

No veo su rostro.

Nunca lo veo.

Solo distingo una silueta alta envuelta por la luz.

Él se acerca despacio.

Demasiado despacio.

Levanta una mano.

Aparta un mechón de cabello de mi cuello.

Sus dedos apenas rozan mi piel.

Un escalofrío recorre todo mi cuerpo.

No es miedo.

Es...

otra cosa.

Algo que no sé nombrar.

Mi respiración cambia.

Él también parece notarlo.

—Sigues haciendo eso.

Frunzo el ceño.

—¿Qué cosa?

Una risa baja.

Cálida.

Terriblemente familiar.

—Contener el aire cuando estás nerviosa.

No respondo.

Porque tiene razón.

Él da un paso más.

Ya casi puedo sentir el calor de su cuerpo.

Apoya la frente contra la mía.

Cierra los ojos.

Yo también.

Durante un instante...

el mundo entero desaparece.

No hay guerra.

No hay muerte.

No hay Purgatorio.

Solo existe la paz.

Y una sensación tan intensa de pertenecer a ese lugar...

que duele.

Entonces siento unos labios rozando mi frente.

Muy despacio.

Como si aquel gesto hubiera sido repetido cientos de veces.

Quiero levantar la cabeza.

Quiero verlo.

Quiero saber quién es.

Pero la imagen empieza a romperse.

—No...

Intento sujetarlo.

Mi mano atraviesa la luz.

Todo desaparece.

---

Despierto de golpe.

La habitación está completamente silenciosa.

Tengo el corazón desbocado.

La respiración agitada.

Y una extraña sensación de vacío.

Me llevo los dedos a la frente.

Todavía puedo sentir...

el lugar donde aquel beso nunca existió.

—No...

No, no, no.

Esto es absurdo.

Me levanto de la cama.

Camino de un lado a otro.

—Solo fue un sueño.

Me detengo.

—¿Verdad?

Nadie responde.

Me asomo a la ventana.

El Purgatorio duerme.

Yo no.

---

A la mañana siguiente tengo tanto sueño que casi me quedo dormida sobre el desayuno.

Gabriel deja una taza frente a mí.

—Toma.

La huelo.

—¿Qué es?

—Algo que evita que te duermas de pie.

Le doy un sorbo.

Hago una mueca.

—Esto sabe horrible.

—Funciona.

Lo miro con desconfianza.

—¿Cómo sabes que dormí mal?

Él sonríe.

—Llevas bostezando desde que llegaste.

Bajo la vista hacia mi plato.

Espero que no note el calor que vuelve a subir a mis mejillas.

Porque, cada vez que cierro los ojos...

recuerdo el sueño.

Y vuelvo a sentir el roce de aquellos dedos apartándome el cabello.

—¿Nirvana?

Parpadeo.

—¿Sí?

Gabriel me observa con atención.

—¿Estás segura de que te encuentras bien?

Asiento demasiado rápido.

—Perfectamente.

Él no parece convencido.

—Mientes fatal.

Resoplo.

—Estoy empezando a odiar que todos sepan cuándo miento.

—No todos.

Solo quienes te miran de verdad.

No sé por qué esa frase me deja pensando el resto del día.

---

Aquella noche prometo que no volveré a pensar en él.

Prometo que voy a dormir.

Prometo que dejaré de darle vueltas a un beso, a una frase y a un hombre que parece decidido a desaparecer cada vez que intento entenderlo.

Incumplo las tres promesas.

Porque, en cuanto cierro los ojos...

él vuelve.

Y lo peor de todo...

es que una parte de mí empieza a desear que nunca deje de hacerlo.

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Cristian Bermudez
Buen inicio de historia, está interesante. 🥰
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