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El Rey Sin Trono

El Rey Sin Trono

Status: En proceso
Genre:Apocalipsis / Mundo de fantasía / Venganza
Popularitas:140
Nilai: 5
nombre de autor: Braian Cazzuchelli

Alguien ocupo su lugar ¿estara dispuesto a perder todo para recuperarlo?

NovelToon tiene autorización de Braian Cazzuchelli para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Un dia de paz

Arlen regresó al refugio todavía pensando en el anciano.

La imagen de aquellas lágrimas seguía dando vueltas en su cabeza.

Cuando entró al comedor encontró a todos desayunando.

Todos excepto Ailén.

Luna estaba terminando una taza de café.

Dorian ya iba por su tercer plato.

Y Adrián parecía discutir con él sobre quién estaba comiendo más.

—Buenos días.

Saludó Arlen.

—¡Buenos días!

Respondió Luna.

—Llegas tarde.

Comentó Dorian.

—¿Dónde está Ailén?

Preguntó Arlen mientras se sentaba.

Adrián soltó una pequeña risa.

—Entrenando.

—¿Otra vez?

—Es implacable para esas cosas.

Arlen sonrió.

—Está bien que sea así.

Dorian levantó una ceja.

—Entonces ve y pídele otra lección.

—¡Dorian!

Protestó Luna.

—No digas eso.

El hombre se encogió de hombros.

—¿Qué? Sólo digo que la última vez terminó bastante interesante.

Arlen soltó una carcajada.

—La vencí de suerte.

—Claro.

Respondió Dorian.

—Y yo soy emperador.

Las risas llenaron la mesa.

Excepto en una persona.

Kael.

Permanecía en silencio.

Pensativo.

Como si estuviera muy lejos de allí.

Adrián lo observó de reojo antes de mirar nuevamente a Arlen.

—¿Qué sentiste durante el combate?

Arlen dejó la taza sobre la mesa.

Pensó unos segundos.

—Sentí que podía superarla.

Todos lo escucharon.

—Pero también sentí una fuerza extraordinaria.

Su expresión se volvió seria.

—Ya no parecía velocidad.

Era algo diferente.

Algo imposible de explicar.

Guardó silencio.

—Sentía como si estuviera rompiendo el tiempo.

Las palabras hicieron que Kael levantara la mirada.

—Y tenía la sensación de que podía derribar un edificio.

Pero al mismo tiempo...

Sentía que tenía el control absoluto.

El comedor quedó en silencio.

Entonces Kael habló.

—Espero que siga siendo así.

Arlen lo miró.

—¿A qué te refieres?

—Perder el control sería una condena de muerte para todos.

El silencio regresó.

Más pesado esta vez.

Arlen terminó sonriendo.

—Eso no va a pasar.

Adrián intervino inmediatamente.

—Por eso debes seguir entrenando.

—Todavía me duelen todos los músculos.

Se quejó Arlen.

—Mentira.

Dijo Luna.

—Te conozco.

—Traición.

—Verdad.

Todos volvieron a reír.

Entonces Arlen se puso de pie.

—Luna, ¿puedes ayudarme con algo?

—Claro.

Respondió ella.

Dorian sonrió de inmediato.

—Ya parecen novios.

—¡No!

Respondió Luna.

Demasiado rápido.

—Definitivamente sí.

—¡Dorian!

—Ya nos vamos.

Interrumpió Arlen.

Y ambos abandonaron el comedor.

---

La puerta se cerró.

Y la sonrisa desapareció del rostro de Kael.

Adrián lo observó.

—¿No vas a decir nada?

Kael permaneció callado.

—Llevas toda la mañana en silencio.

¿Te preocupa algo?

Esta vez Kael respondió.

—Tenemos que estar preparados.

El tono de su voz era tan serio que incluso Dorian dejó de bromear.

—Necesito que entrenes a Arlen.

Adrián asintió lentamente.

—Pensaba hacerlo.

Dorian cruzó los brazos.

—Jefe...

Yo también sentí algo.

Todos lo miraron.

—Una presencia.

Algo maligno.

Kael cerró los ojos.

—Por eso debemos estar listos.

Miró a ambos.

—Pero esto queda entre nosotros tres.

—Entre nosotros cuatro.

Dijo una voz desde la puerta.

Ailén estaba apoyada contra el marco.

Con los brazos cruzados.

—Escuché todo.

Kael soltó un largo suspiro.

—Claro que sí.

Ailén se acercó.

—Necesito respuestas.

¿A quién le temen?

Kael tardó unos segundos en responder.

—A nadie.

Luego levantó la mirada.

—Pero dime algo.

¿Sabes quién es Varkor?

Ailén frunció el ceño.

—He oído hablar de él.

Sólo sé que es un asesino.

Y que fue desterrado a Gael.

Kael soltó una risa amarga.

—Lo enviaron allí para darle algo con lo que jugar a ser rey.

El ambiente se volvió pesado.

—Varkor también es un Señor de la Guerra.

Yo lo vi luchar.

Y su poder es algo que jamás olvidé.

Nadie dijo una palabra.

—Posee el Don de las Sombras.

Puede estar en cualquier lugar.

Puede observar sin ser visto.

Y puede otorgar poder a otros.

Adrián negó con la cabeza.

—Eso es imposible.

—Lo sé.

Respondió Kael.

—Pero Varkor hace posibles muchas cosas imposibles.

Ailén permaneció pensativa.

—Creo que tiene dos dones.

Kael sonrió sin alegría.

—Si existe un dios...

Tiene un pésimo sentido del humor.

El silencio volvió a instalarse.

Finalmente Ailén habló.

—No diremos nada de esta conversación.

Todos asintieron.

—De acuerdo.

—De acuerdo.

—De acuerdo.

Adrián se apoyó contra la mesa.

—Por cierto...

Lo que vi ayer en el entrenamiento.

Miró hacia la puerta.

Por donde Arlen había salido.

—Fue como observar a una figura histórica.

Y aquello preocupó a Kael más de lo que quería admitir.

---

Mientras tanto...

Arlen y Luna caminaban por las calles de Kilop.

Arlen cargaba una caja llena de ropa.

Luna llevaba otra llena de comida.

—¿Por qué hacemos esto?

Preguntó ella.

Arlen sonrió.

—Porque se siente bien ayudar.

—Eso es todo.

—Sí.

—Eres raro.

—Lo sé.

Continuaron caminando.

Y Luna se sorprendió al descubrir que Arlen ni siquiera le había explicado adónde iban.

---

Minutos después llegaron al callejón.

Pero estaba vacío.

Completamente vacío.

El anciano había desaparecido.

Luna observó los alrededores.

—Aquí no hay nadie.

Arlen también comenzó a mirar.

Confundido.

—Tal vez se fue.

—Tal vez.

El viento atravesó el lugar.

Y por algún motivo...

Ambos sintieron algo extraño.

Algo incómodo.

Hostil.

Luna frunció el ceño.

—No me gusta este sitio.

Arlen asintió.

—A mí tampoco.

Miró una última vez.

Esperando encontrar al anciano.

Pero no había nadie.

—Vámonos.

---

Poco después estaban sentados en una vieja banqueta.

Las cajas seguían llenas.

Arlen parecía desanimado.

—Quería ayudarlo.

Luna sonrió.

—Y lo intentaste.

—Pero no funcionó.

—Entonces ayudemos a alguien más.

Arlen la miró.

—¿Hay alguien más?

Luna señaló una dirección.

—Tengo una idea.

---

El refugio era modesto.

Pequeño.

Antiguo.

Pero estaba lleno de personas.

Niños.

Ancianos.

Familias enteras.

Arlen observó todo sorprendido.

—¿Cómo conoces este lugar?

Por un instante algo cambió en los ojos de Luna.

Una nostalgia profunda.

Antigua.

Dolorosa.

Pero desapareció tan rápido como apareció.

—Casualidad.

Respondió.

—Sólo casualidad.

---

Pronto comenzaron a repartir la comida.

Y la ropa.

Las sonrisas aparecieron por todas partes.

Los niños corrían felices con los alimentos.

Los adultos agradecían una y otra vez.

Arlen no podía creer lo que estaba viendo.

—No es mucho.

Dijo.

—Pero tenemos más.

Y aquellas palabras provocaron todavía más alegría.

Las horas pasaron.

Conversaron.

Escucharon historias.

Rieron.

Y poco a poco Arlen comenzó a sentirse mejor.

Mucho mejor.

---

En un rincón del refugio.

Luna jugaba con varios niños.

Las risas llenaban el lugar.

Arlen observaba la escena.

Y sintió algo cálido dentro del pecho.

Algo que nunca había sentido.

Paz.

—¿Qué haces ahí parado?

Preguntó Luna.

—Mirando.

—Ven.

—No.

—Ven.

—No sé jugar.

Luna parpadeó.

—¿Cómo que no sabes jugar?

—Nunca jugué.

Los niños quedaron en silencio.

—¿Nunca?

Preguntó una pequeña.

Arlen negó con la cabeza.

Luna lo empujó suavemente.

—Entonces hoy aprenderás.

---

Una hora después...

Arlen estaba sobre una hamaca.

Compitiendo con tres niños para ver quién llegaba más alto.

Perdió.

Luego jugaron con juguetes.

Perdió otra vez.

Después inventaron reglas nuevas.

Y volvió a perder.

Pero no le importó.

Porque estaba riendo.

Riendo de verdad.

Y por primera vez en mucho tiempo...

Era feliz.

---

Cuando el sol comenzó a ocultarse.

Luna se acercó.

—Es hora de irnos.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

—No.

Los niños comenzaron a reír.

Finalmente Luna cruzó los brazos.

—Podemos volver otro día.

Los ojos de Arlen se iluminaron.

—¿En serio?

—En serio.

Entonces todos los niños comenzaron a hablar al mismo tiempo.

—¡Que vuelva!

—¡Sí!

—¡Cuando quiera!

—¡Prometido!

Luna los observó.

Y de repente sus ojos se llenaron de lágrimas.

Arlen se preocupó inmediatamente.

—Perdón.

Ya nos vamos.

No hace falta llorar.

El refugio entero estalló en carcajadas.

—No es por eso.

Dijo Luna entre risas.

Arlen la abrazó.

—Todo va a estar bien.

Y por un instante...

Ella realmente lo creyó.

---

Abandonaron el refugio mientras el sol desaparecía lentamente en el horizonte.

Las calles se tiñeron de naranja.

Y una suave brisa acompañó sus pasos.

Ninguno dijo nada.

No hacía falta.

Por unas horas habían olvidado las guerras.

Los peligros.

Las amenazas.

El miedo.

Y mientras caminaban bajo aquella puesta de sol...

La vida parecía sencilla.

Como si nada doliera.

Como si el futuro no existiera.

Como si por una tarde...

Hubieran encontrado algo mucho más valioso que la fuerza.

Un motivo para seguir adelante.

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