En el reino de , una serie de secretos y decisiones prohibidas comienzan a sacudir los cimientos de la familia real. Lo que parece una vida perfecta dentro del palacio esconde amores imposibles, alianzas inesperadas y peligros que amenazan con cambiar el destino del reino para siempre.
Mientras las tensiones aumentan y un enemigo oculto mueve sus piezas desde las sombras, los miembros de la corona deberán enfrentarse a sus propios sentimientos, a las expectativas de la sociedad y a las consecuencias de sus elecciones.
Entre romance, intriga, traiciones, sacrificios y momentos inolvidables, Valdoria se convierte en el escenario de una historia donde el amor y el deber chocan constantemente, y donde una sola decisión puede cambiar el futuro de todos.
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La carta secreta
Isabella cerró rápidamente la puerta de su habitación mientras observaba el sobre dejado sobre la mesa. Emilia, que se preparaba para dormir, notó inmediatamente su preocupación.
—¿Qué sucede?
La joven le mostró la nota.
“El rey miente.”
Emilia palideció al leer aquellas palabras.
—¿Quién dejó esto aquí?
—No lo sé.
Isabella revisó nuevamente el sobre, pero no tenía sello ni nombre.
—Alguien entró mientras no estábamos.
Emilia caminó nerviosa por la habitación.
—Esto es peligroso. Significa que alguien dentro del castillo sabe por qué vinimos a buscar la verdas.
Isabella volvió a leer la frase varias veces.
—O alguien quiere ayudarme.
La mujer negó rápidamente.
—En este lugar nadie ayuda gratis.
Mientras tanto, en otra parte del castillo, Alejandro discutía con Arturo Belmonte en su despacho.
—La situación se está saliendo de control —dijo el rey.
—Los nobles ya comenzaron a hablar sobre los Montenegro otra vez.
Alejandro golpeó la mesa molesto.
—Nunca debieron regresar al castillo.
Arturo dudó antes de hablar.
—Tal vez esconder la verdad durante tantos años fue un error.
El rey levantó la mirada con furia.
—¿Ahora tú también vas a cuestionarme?
—Solo digo que los secretos siempre terminan saliendo a la luz.
Alejandro se acercó lentamente a la ventana.
—Ramiro Montenegro amenazaba la estabilidad del reino.
Arturo guardó silencio. Aunque llevaba años sirviendo al rey, cada vez dudaba más de las decisiones tomadas en el pasado.
En ese momento, tocaron la puerta.
Era Esteban.
—Necesitamos hablar.
Alejandro suspiró cansado.
—¿Ahora qué ocurre?
El príncipe entró serio.
—Quiero saber qué pasó realmente con Ramiro Montenegro.
El ambiente cambió inmediatamente.
—Ese asunto no te interesa.
—Claro que sí. Todos reaccionan extraño cuando escuchan ese apellido.
El rey intentó mantener la calma.
—Ramiro fue acusado de traición.
—Eso ya lo sé. Lo que quiero saber es si era culpable.
Alejandro se acercó a su hijo.
—Hay cosas que un futuro rey debe aprender a no preguntar.
Esteban frunció el ceño.
—Entonces definitivamente escondes algo.
Antes de que la discusión continuara, Arturo intervino.
—Majestad, los duques del norte esperan su presencia.
Alejandro aprovechó para terminar la conversación.
—Hablaremos después.
Pero Esteban ya estaba cansado de las evasivas de su padre.
Horas más tarde, Isabella salió discretamente de su habitación llevando la nota escondida entre sus mangas. Necesitaba pensar lejos de Emilia y del castillo.
Caminó hasta uno de los balcones oscuros sin notar que alguien la observaba desde las sombras.
—Sabía que eras tú.
Isabella se sobresaltó al ver a Esteban.
—¿Qué haces aquí?
—Podría preguntarte lo mismo.
La joven dudó unos segundos antes de mostrarle la nota.
El príncipe leyó lentamente las palabras.
“El rey miente.”
Esteban levantó la mirada confundido.
—¿Quién te dio esto?
—No lo sé.
El príncipe observó nuevamente el mensaje.
Por primera vez en su vida, comenzó a preguntarse si su padre realmente era el hombre honorable que todo el reino admiraba.
Desde un pasillo cercano, Camila escuchó parte de la conversación entre Isabella y Esteban. Al comprender que el príncipe confiaba cada vez más en ella, decidió actuar antes de perderlo definitivamente.