Scarlett Padro Castello es una mujer empoderada, CEO de su propia firma de maquillaje y presidenta de una potencia automotriz. Ha construido un imperio desafiando los prejuicios de género, demostrando que su intelecto es tan afilado como su sentido de los negocios. Sin embargo, su mundo perfectamente controlado se tambalea cuando su padre le impone un proyecto junto al gigante tecnológico de la familia Robles Di Bianco. El problema tiene nombre y apellido: Rodrigo Robles Di Bianco.Rodrigo, el frío y calculador dueño del imperio tecnológico, no quiere tenerla cerca "ni en pintura". Su rechazo es visceral; ambos comparten un pasado marcado por escándalos y una competitividad feroz que los llevó a detestarse públicamente. Para Rodrigo, Scarlett es una distracción peligrosa; para Scarlett, Rodrigo es el único hombre que ha logrado herir su orgullo.Lejos de amedrentarse, Scarlett decide utilizar toda su astucia y elegancia para infiltrarse en el mundo del multimillonario.
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Capítulo 15
...SCARLETT:...
La tensión en la cocina era tan espesa que el aire parecía vibrar.
Me sostuve firme, disfrutando de la grieta que acababa de abrir en su armadura de acero.
— Si crees que has ganado algo por hurgar en mis cosas, estás muy equivocada — sentenció, rozando mi mejilla con su aliento —. La guerra acaba de empezar, y te aseguro que no tienes ni idea de lo que soy capaz de hacer para proteger mi territorio.
Rodrigo me miraba con una intensidad que habría hecho flaquear a cualquiera, pero yo no era cualquiera.
Era la mujer que había encontrado su punto débil en una caja de cartón, y no pensaba soltar la presa.
— ¿Vigilancia competitiva, Rodrigo? — repetí, soltando una risa suave y cargada de sarcasmo mientras daba un paso hacia atrás, fingiendo que la conversación había terminado —. Qué excusa tan pobre para un hombre tan brillante. Casi me das lástima.
Me giré con elegancia, dispuesta a salir de la cocina y dejarlo con la palabra en la boca.
Sentía su mirada clavada en mi espalda como un láser.
Sin embargo, apenas puse un pie fuera del umbral, sentí una mano firme cerrarse sobre mi antebrazo.
Antes de que pudiera procesar el movimiento, Rodrigo me giró con una fuerza controlada y me empujó contra la pared del pasillo.
El impacto no dolió, pero el choque de su cuerpo contra el mío me dejó sin aliento.
Me tenía acorralada, con sus brazos bloqueando cualquier salida a mis costados.
Sus ojos verdes ya no eran hielo; eran fuego puro, una tormenta de rabia y deseo que nunca le había visto antes.
— ¿Crees que puedes decir algo así y simplemente irte, Scarlett? — su voz era un gruñido bajo, peligroso, que me hizo vibrar hasta los huesos —. ¿Crees que puedes entrar en mi casa, hurgar en mi pasado y burlarte de mí como si fuera uno de tus juguetes?
— Suéltame, Rodrigo — respondí, aunque mi voz me traicionó sonando más como una súplica que como una orden.
— ¿Por qué? ¿Te pone nerviosa mi cercanía? — inquirió con un tono suave, elevando una ceja de manera insinuante y dejando escapar una sonrisa que me hizo desear borrársela de un golpe.
— No digas tonterías — murmuré entre dientes, conteniendo mi frustración.
Intenté empujarlo, pero era como intentar mover una montaña de músculos y voluntad.
— Estás perdiendo el control. ¿Dónde quedó el gran empresario calculador?
— Se fue en el momento en que entraste por esa puerta — respondió él, acortando la distancia hasta que su pecho rozó el mío.
Su respiración era errática, golpeando mi boca con una urgencia que me hizo flaquear las rodillas.
Era una sensación abrumadora, como si el aire se hubiera vuelto denso y cada respiración se convirtiera en un esfuerzo monumental.
Mi pecho se sentía apretado, como si una mano invisible lo presionara, dificultando cada aliento.
— Te mueres por descubrir lo que se oculta bajo la superficie, ¿cierto? Anhelas traspasar los muros que he construido a mi alrededor. Pues felicidades, Scarlett. Lo lograste.
Bajé la mirada a sus labios, presa del pánico y de una excitación que me quemaba por dentro.
Por primera vez en mi vida, no supe qué decir.
La astucia me había abandonado.
Intenté girar la cabeza para escapar de esa cercanía insoportable, pero él tomó mi mentón con firmeza, obligándome a mirarlo.
— Mírame a los ojos, Scarlett — ordenó con su voz profunda y rasposa, y sentí cómo se me secaba la garganta mientras tragaba saliva.
— Rodrigo, suéltame — le rogué, a pesar de que en el fondo sabía que era lo último que deseaba en ese momento.
Él simplemente movió la cabeza de lado a lado, negando mi solicitud.
— No huyas ahora — susurró, y antes de que pudiera protestar, cerró la distancia.
Sentí el roce de sus labios sobre los míos, y en ese instante, algo dentro de mí estalló en una mezcla intensa de emociones.
Fue como si se encendiera una chispa, dando paso a una explosión de sensaciones que recorrieron todo mi cuerpo, llenándolo de calor y un éxtasis inexplicable.
Cada latido de mi corazón resonaba con fuerza, marcando el ritmo de ese momento, mientras la realidad que me rodeaba se desvanecía y solo quedábamos nosotros dos, atrapados en una burbuja de pasión y deseo.
No fue un beso tierno.
Fue un choque de electricidad, una explosión de diez años de odio, competencia y deseo reprimido.
Sus labios reclamaron los míos con una voracidad que me dejó sin defensas.
Sus manos subieron a mi cabello, deshaciendo mi peinado perfecto, mientras yo, olvidando mi orgullo, enredé mis dedos en su corbata para atraerlo más hacia mí.
En ese pasillo estrecho, la guerra de negocios se convirtió en una rendición absoluta ante lo que ambos sabíamos, pero nadie se atrevía a decir: lo que empezó jugando, finalmente nos había consumido.
Pues quien se ceee este 🤭