Veinticinco años antes de los eventos que cambiarían el mundo, la verdad permanecía oculta bajo silencio, sangre y recuerdos prohibidos.
Mientras antiguas fuerzas observan desde las sombras, personas marcadas por la pérdida, la culpa y la soledad intentan seguir adelante en un mundo que lentamente comienza a desmoronarse.
Esta es la historia de quienes existieron antes de la tragedia. Antes de los bucles. Antes de que alguien pudiera regresar de la muerte.
NovelToon tiene autorización de kingofcurses_rb. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 15: El nacimiento de la Envidia
Las semanas pasaron lentamente en Japón.
Y Stella empeoró.
La enfermedad avanzó de forma agresiva.
Demasiado rápido.
El hospital comenzó a convertirse en su único mundo.
Paredes blancas. Máquinas. Medicinas. Y noches interminables donde apenas podía dormir por el dolor.
Pero aun así…
cada mañana esperaba algo.
A Kenji.
Y él llegaba.
Siempre.
Sin importar lluvia. Escuela. Cansancio.
Kenji aparecía todos los días llevando comida barata, libros absurdos o simplemente historias tontas para intentar hacerla reír.
Y Stella esperaba esos momentos más que cualquier medicina.
Porque cuando él estaba ahí…
el miedo desaparecía un poco.
Aunque fuera solo un poco.
Una tarde ella lo observó dormir sentado junto a su cama.
Ojeras profundas. Cabello desordenado. Y expresión agotada.
Stella sonrió débilmente.
—Idiota…
Le dolía verlo así.
Porque entendía perfectamente algo.
Kenji estaba destruyéndose lentamente intentando mantenerse fuerte frente a ella.
Y eso hacía que lo amara todavía más.
Pero el tiempo siguió avanzando.
Y el cuerpo de Stella comenzó a fallar.
Cada respiración dolía. Cada movimiento agotaba.
Hasta que finalmente llegó ese día.
El último.
La lluvia golpeaba las ventanas del hospital mientras Stella permanecía acostada observando la puerta de la habitación.
Esperando.
Porque Kenji siempre llegaba.
Siempre.
Incluso cuando parecía imposible.
Por eso siguió esperando.
Pasaron horas.
La noche comenzó a caer.
Y él nunca apareció.
La chica apretó lentamente las sábanas con manos temblorosas.
—…Kenji…
Las lágrimas comenzaron a bajar lentamente por sus mejillas.
El dolor dentro de su pecho ya no era solo físico.
Era abandono.
Miedo.
Desesperación.
Porque ella estaba muriendo.
Y la única persona que deseaba ver…
no estaba ahí.
Stella intentó convencerse.
“Tal vez ocurrió algo.” “Tal vez viene en camino.”
Pero las horas siguieron pasando.
Y Kenji nunca llegó.
El monitor cardíaco comenzó a sonar lentamente.
La respiración de Stella se volvió más débil.
Más rota.
Y entonces…
algo horrible comenzó a nacer dentro de ella.
Ira.
Una ira desesperada.
Dolor.
Y un amor enfermizo que se negó a desaparecer incluso en sus últimos momentos.
—…¿Por qué…?
Las lágrimas seguían cayendo.
—Prometiste… que vendrías…
El odio comenzó a mezclarse con tristeza.
No quería morir sola.
No quería desaparecer así.
No quería ser olvidada.
Y sobre todo…
no quería dejar a Kenji ir.
Porque Stella amaba a Kenji de una manera peligrosa.
Profunda.
Desesperada.
Casi obsesiva.
El monitor cardíaco aceleró violentamente.
Y entonces…
su corazón se detuvo.
El silencio llenó la habitación.
Pero el alma de Stella…
no desapareció.
Porque algo dentro de ella seguía aferrándose desesperadamente.
A Kenji.
A su dolor.
A su amor roto.
Y entonces…
algo imposible ocurrió.
Muy lejos de Japón.
En otro mundo.
Alicia caminaba tranquilamente por un bosque bajo la lluvia nocturna.
Todavía era solo una niña.
Todavía no existía la Envidia.
Todavía no existían las autoridades.
Liz estaba lejos. Las demás chicas dormían. Y Alicia simplemente caminaba observando las luciérnagas cerca del lago.
Entonces…
se detuvo.
El aire cambió.
La oscuridad del bosque comenzó a deformarse lentamente.
Alicia abrió ligeramente los ojos confundida.
Y sin que ella pudiera entenderlo…
algo atravesó mundos.
El alma rota de Stella.
Llena de: ira, desesperación, abandono, y amor enfermizo.
Aquella alma chocó directamente contra Alicia.
La niña cayó inmediatamente al suelo sujetándose el pecho.
—…A-Ah…?
El bosque entero comenzó a temblar.
Las sombras aparecieron violentamente alrededor de ella.
Por primera vez.
Los espíritus huyeron aterrados.
El cielo se oscureció.
Y una presión monstruosa cubrió el mundo entero.
Alicia comenzó a llorar desesperadamente sin entender qué ocurría.
Pero dentro de ella…
algo acababa de despertar.
Una emoción imposible.
Una necesidad enfermiza de no ser abandonada jamás.
Las sombras explotaron alrededor del bosque.
Y en ese instante…
la Autoridad del Pecado Capital de la Envidia nació.
Capítulo 15
El nacimiento de la Envidia — Parte 2
Los días pasaron.
Y el mundo dejó de ser tranquilo.
Todo comenzó demasiado rápido.
Primero fueron rumores.
Pueblos enteros cubiertos por sombras. Personas desapareciendo. Espíritus huyendo de bosques completos.
Luego…
comenzaron las muertes.
La oscuridad de Alicia crecía sin control.
La Autoridad recién nacida reaccionaba violentamente a sus emociones.
Miedo. Tristeza. Soledad.
Todo provocaba desastres.
Y lo peor…
era que Alicia ni siquiera entendía qué estaba ocurriendo.
La niña lloraba constantemente.
Porque escuchaba voces dentro de su cabeza.
La desesperación de Stella. Su miedo. Su amor roto.
“¿Por qué no vino?” “No me abandones.” “No quiero estar sola.”
Aquellas emociones se mezclaban lentamente con las de Alicia.
Y la estaban destruyendo.
Liz fue la primera en encontrarla después del despertar de la Autoridad.
El bosque entero estaba cubierto de sombras vivas.
Árboles destruidos. Animales muertos. Y espíritus completamente aterrados.
En el centro…
Alicia temblaba abrazando sus piernas.
Pequeña.
Rota.
Las sombras reaccionaban violentamente alrededor de ella como criaturas protegiéndola.
Liz observó aquello en silencio.
Y por primera vez en su vida…
sintió miedo real.
Porque entendió inmediatamente algo horrible.
Aquello no era magia común.
Era un concepto.
Una emoción convertida en poder.
Y peor aún…
Alicia estaba fusionándose lentamente con ello.
La niña levantó lentamente la mirada llena de lágrimas.
—Liz… ayúdame…
Las sombras explotaron violentamente apenas habló.
El bosque tembló.
Pero Liz avanzó igualmente hacia ella.
Aunque las sombras intentaban atacarla.
Aunque el aire mismo parecía romperse.
Porque Alicia seguía siendo Alicia.
Su amiga.
La niña pelirroja finalmente logró abrazarla.
Y apenas lo hizo…
las sombras se calmaron unos segundos.
Solo unos segundos.
Pero bastó para que Liz entendiera algo más.
La Autoridad reaccionaba al miedo de abandono.
Mientras Alicia se sintiera sola…
la Envidia seguiría creciendo.
Entonces comenzaron las guerras.
Porque las personas tuvieron miedo.
Y como siempre…
intentaron destruir aquello que no entendían.
Reinos enteros enviaron soldados. Magos. Espadachines.
Todos con el mismo objetivo.
Matar a Alicia.
Pero cada ataque solo empeoraba todo.
Porque Alicia no quería pelear.
Solo quería dejar de sufrir.
Y la Autoridad respondía automáticamente a ese dolor.
Las sombras comenzaron a devorar ciudades.
Montañas completas desaparecieron.
El cielo permanecía oscuro durante días enteros cerca de ella.
Y poco a poco…
el mundo dejó de llamar a Alicia por su nombre.
Ahora era:
“La Maga Oscura.”
“La Calamidad.”
“La Envidia.”
Chloe intentaba protegerla constantemente.
Golpeaba soldados. Destruía ejércitos enteros si intentaban acercarse demasiado.
Vanessa lloraba cada vez que veía a Alicia perder más el control.
Lucia discutía violentamente con nobles y reyes que querían ejecutarla.
Ariana permanecía siempre cerca de Alicia cuando las voces dentro de su cabeza empeoraban.
Lestia intentaba hacerla comer incluso cuando Alicia pasaba días enteros sin reaccionar.
Y Liz…
Liz investigaba desesperadamente cómo salvarla.
Pero ya era demasiado tarde.
Porque algo dentro de Alicia ya se había roto completamente.
Una noche…
mientras observaba un reino arder a la distancia…
Alicia habló en voz baja.
—¿Por qué todos quieren abandonarme…?
Nadie respondió.
Porque no existía respuesta correcta.
Y entonces…
las sombras detrás de ella comenzaron a cubrir el cielo entero.
La guerra contra la Maga Oscura de la Envidia acababa de comenzar.