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Entre Marea Y Silencio

Entre Marea Y Silencio

Status: Terminada
Genre:Romance / Reencuentro / Completas
Popularitas:920
Nilai: 5
nombre de autor: Orozco

ella es bióloga marina volviendo a su pueblo costero para salvar el arrecife. el es el hijo del empresario que quiere construir el resort que lo destruiría. se odiaban en el colegio.diez años después la química no se fue

NovelToon tiene autorización de Orozco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La sala del enemigo

La oficina de Ricardo Vargas olía a caoba recién pulida y a amenazas veladas.

Marina se sentó frente al escritorio de 3 metros sin tocar el café que le habían ofrecido. Era una prueba. Si bebía, significaba que se sentía cómoda. Si no bebía, significaba que no confiaba. Había aprendido esas cosas en las negociaciones de la ONU sobre pesca ilegal. Ricardo no tenía idea de a quién tenía enfrente.

"Doctora López", dijo él, entrelazando los dedos. Tenía 58 años y la cara de un hombre que no había perdido una discusión en 20. "Gracias por venir. Lamento que mi hijo no haya podido estar presente. Asuntos urgentes en la obra".

Mentira. Lo había visto salir por la puerta trasera 5 minutos antes de que ella entrara.

"Señor Vargas, voy a ser directa. El arrecife de Punta Negra tiene una población reproductora de _Acropora cervicornis_. Está en peligro crítico según la UICN. Si construyen ahí, no solo matan el coral. Matan la única barrera natural que protege a San Cristóbal de los huracanes categoría 3".

Ricardo asintió como si le estuviera hablando del clima.

"Lo leí en su informe. Muy dramático. Muy bien escrito". Se recostó en la silla. "Pero mi informe, hecho por tres ingenieros de la Universidad de Monterrey, dice que el impacto es mínimo. Mitigable. Compensable".

"Compensable con dinero", escupió Marina. "No puedes compensar un ecosistema con un cheque".

"¿Y tú puedes compensar a 400 familias que viven de la construcción con tu título de doctora?" Él se inclinó hacia adelante. "Marina, te conozco desde que tenías 10 años. Tu papá trabajó para mí en el muelle. Sé que amas este pueblo. Pero el amor no paga las cuentas".

El golpe fue bajo. Y efectivo.

Su padre llevaba 2 años desempleado desde que el cierre del puerto pesquero. Su hermano menor estaba considerando irse a Tijuana. Si el resort se caía, se caían con él.

"Por eso te traje una alternativa", dijo ella, deslizando una carpeta sobre la mesa. "Proyecto de ecoturismo controlado. Buceo, educación marina, centro de rehabilitación de tortugas. Genera 60% menos ingresos que tu resort, pero es sostenible. Y el gobierno federal da subsidios para ese modelo".

Ricardo abrió la carpeta. La cerró en 10 segundos.

"Linda. Para otro pueblo".

Marina sintió la rabia subirle a la garganta.

"¿Así que la decisión ya está tomada?"

"La decisión se tomó hace 5 años cuando compré el terreno". Se puso de pie, señalando la ventana. Afuera se veía el mar y las boyas naranjas. "Mira, Marina. Yo no soy el malo de la película. Soy el hombre que evita que este pueblo se convierta en un museo muerto. Tú te fuiste. Nosotros nos quedamos a pelear con lo que hay".

La puerta se abrió sin tocar.

Mateo entró con una carpeta bajo el brazo y la cara de quien acaba de pelearse con alguien. Cuando vio a Marina, se detuvo en seco.

"Papá, te dije que no firmaras hoy".

Ricardo ni siquiera lo miró.

"Fuera, Mateo. Esto es de adultos".

"Conozco el contrato, papá. Hay una cláusula de impacto ambiental que no se revisó. Si la doctora López presenta pruebas de anidación de tortuga carey en la zona, podemos tener una demanda federal en 48 horas".

El silencio que siguió fue pesado.

Ricardo miró a su hijo como si lo viera por primera vez. Luego miró a Marina.

"¿Es cierto eso, doctora?"

Marina tragó. Tenía las fotos en el bolso. Podía sacarlas ahora y terminar con todo. Pero si lo hacía, Mateo se quedaba sin trabajo. Y sin padre.

"No tengo pruebas concluyentes aún", mintió. "Necesito 72 horas para confirmar".

72 horas. El tiempo que él le había dado en el muelle.

Ricardo la estudió un largo rato. Luego suspiró y se sentó de nuevo.

"72 horas. No una más. Si no tienes nada, firmamos el lunes a las 9 AM".

"Gracias", dijo Marina, levantándose rápido antes de que cambiara de opinión.

Salió de la oficina sin mirar a Mateo. No podía. Si lo miraba, iba a preguntarle por qué lo hacía. Y no estaba segura de querer escuchar la respuesta.

---

La encontró esperándolo en el estacionamiento.

"¿Por qué me cubriste?" le preguntó sin preámbulos.

Mateo cerró la puerta del coche.

"Porque si mi papá firma hoy, no hay vuelta atrás. Y porque vi lo que hiciste con el coral en la muestra 7".

Marina parpadeó.

"¿La muestra 7? Esa no estaba en el informe público".

"Lo sé". Se pasó una mano por el pelo. "Te vi subirla a la nube del laboratorio a las 3 AM. No duermo bien desde que volviste".

Ella se cruzó de brazos.

"¿Me estás espiando?"

"Te estoy cuidando". La palabra salió antes de que pudiera detenerla. Se arrepintió al instante. "Quiero decir... cuidando que no te metas en problemas. Si presentas esa foto sin el permiso de colecta, te denuncian por extracción ilegal. Te quitan la licencia".

Marina se quedó sin aire. Tenía el permiso. Pero estaba vencido por 4 días. Un detalle que se le había pasado en el caos del viaje.

"¿Cómo lo sabes?"

"Porque yo firmé la renovación". Él sacó un papel del bolsillo y se lo dio. "Lo hice el viernes. Tu permiso es válido por 6 meses más".

Marina tomó el papel con manos temblorosas. Sello oficial. Firma de él. Fecha del viernes. Dos días antes de que ella llegara.

"¿Por qué?" preguntó de nuevo. Su voz salió rota.

Mateo la miró. Por primera vez en diez años, sin sarcasmo. Sin defensa.

"Porque a los 17 te dije que eras una mentirosa frente a todo el colegio. Y fue mentira. La que mintió fui yo".

Marina sintió que el suelo se le movía.

"¿Qué?"

"Tu ex, Diego. Me pagó 500 pesos para que dijera que te vio copiando. Quería que te corrieran del equipo de natación para que no fueras a la competencia nacional. Él quería ir en tu lugar". Soltó una risa sin humor. "Yo acepté. Porque estaba enojado contigo. Porque te besé en la fiesta y al día siguiente actuaste como si no hubiera pasado nada".

Marina se llevó una mano a la boca.

"Yo... yo pensé que te arrepentías".

"Me arrepentí al segundo siguiente". Se acercó un paso. "Pero era demasiado orgulloso para decirlo. Y luego te fuiste. Y fue más fácil odiarte que decir la verdad".

El viento del mar se coló entre ellos, cargado de sal y de años perdidos.

Marina no sabía qué decir. Diez años de odio, de noches sin dormir, de pensar que había sido ella la que arruinó todo... y había sido él. Por miedo. Por orgullo estúpido de adolescente.

"72 horas, Marina", dijo él, dando un paso atrás como si el contacto la quemara. "Usa el tiempo. Salva el arrecife. Y después... después hablamos de lo otro. Si quieres".

Se subió a la camioneta y se fue.

Marina se quedó en el estacionamiento, con el permiso en la mano y la verdad haciéndole un agujero en el pecho.

Tenía 72 horas para salvar el arrecife.

Y ahora tenía que decidir si quería salvar también a Mateo.

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